LOS MITOS Y EL COSMOS

 

¿Quién no ha escuchado las leyendas y mitos de forasteros venidos de las estrellas, del cosmos, y quién no se ha encogido escépticamente de hombros al oírlos? Pero quizás haya ALGO que da pie a tan sorprendentes historias, acerca de lo cual vale la pena reflexionar…

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La creencia en un cosmos habitado se halla reflejado en la mitología de muchos pueblos. Tanto en Perú, como entre los dogones de África y los maoríes de Nueva Zelanda, existen leyendas que nos hablan de estrellas lejanas, donde viven seres semejantes a la gente. El Popol-Vuh, Biblia de los quichés, explica la existencia de una civilización infinitamente antigua que conocía las nebulosas y el sistema solar. Asombran las ideas astrocósmicas de los pascuenses, particularmente, el que “los moradores de Júpiter establecieron enlace entre los planetas…”. Los ostiacos de Siberia

Poblaron el cosmos con seres. El mundo superior es representado por ellos como un sistema de siete círculos, distribuidos por encima de la tierra. Cuando mas alto se hallen, tanto mas grande será la fuerza y actividad de los “celícolas” que, a propósito, poseen aspecto humano…

 

Poblando el espacio con humanoides pensantes, los pueblos antiguos dieron preferencia a determinado sector del universo, concretamente a las Pléyades. Los etnólogos establecieron que las tribus sudamericanas y los aborígenes australianos, aunque han vivido completamente aislados unos de otros, poseen un amplio y parecido folklore que menciona precisamente a este grupo de estrellas, al que llaman “constelación de las Siete Hermanas”, exactamente igual que los pueblos antiguos de Europa y el Oriente Medio. Muchos textos conocidos afirman también que la patria de “la gente del cielo” son las Pléyades.

 

La noción mitológica atribuye a las “civilizaciones estelares” una cultura superior: de ellas arribaron los antecesores de los antepasados y los demiurgos, que enseñaron a los habitantes de la Tierra los diversos conocimientos; son ellas, pues, la cuna de la humanidad.

 

Los antepasados de los antiguos germanos “vinieron a la Tierra en torres volantes”. Muchos pueblos africanos y tribus sudamericanas, los agnus del Japón septentrional y Sajalín, los aborígenes de las islas Nuevas Hébridas y ciertos indígenas de Nueva Guinea, consideran que los terrestres descienden de los “hijos del cielo”.

 

A estos mitos e halla estrechamente vinculadas las leyendas sobre los demiurgos, héroes que bajaron de las alturas y  transmitieron al hombre el arte y la sabiduría de una cultura superior. La mitología china tiene a Hoang-Ti. En las leyendas acerca de él –que habría existido en el siglo XXVI antes de nuestra era- hay mucho de maravilloso, pero no parece una deidad. Hoang-Ti y sus ayudantes enseñaron a la gente a construir botes y arneses para bueyes, a excavar pozos artesianos, a erigir muros defensivos, a curarse por medio de la acupuntura, etc. El héroe de las leyendas coreanas Guanón “mandaba a los espíritus del Viento, la Lluvia y las Nubes, señalaba los tiempos a todo cereal, curaba enfermedades, mensuraba los castigos y enseñaba a diferenciar el mal del bien”.

 

Entre los habitantes de las islas de la Reina Carlota (Canadá) perdura el recuerdo de grandes sabios llegados de las estrellas en “naves de fuego”. Los indios norteamericanos nos hablan sobre maestros que “vinieron del cielo, permanecieron largo tiempo en la Tierra y regresaron luego a su mundo”. Muchas lunas atrás, durante la época de los antiguos Padres, del firmamento bajó una enorme rueda. Sus flancos despedían enceguecedoras lenguas de fuego… Se posó en la cima de una montaña, sintiéndose al mismo tiempo el ruido de muchos vientos… Y en memoria de ella y con el fin de que las visitas celestes puedan determinar el lugar donde aterrizar cuando regresen, la gente colocó piedras en forma de una rueda (Estado de Wyoming, EE.UU).

 

En 1952, por primera vez, los investigadores establecieron contacto con una tribu del Alto Amazonas. Y pronto comenzaron a tomar nota de las leyendas acerca de un extraterrestre aparecido muchas generaciones atrás, que enseño a los hombres a usar las armas para cazar, organizo una escuela y los inició en las leyes agrícolas. El se presentó llamándose “Ben-Kororoti”. Que significa “Yo llegué del cosmos”.

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