Por una pesca realmente sostenible. Ecología aplicada a la gestión de poblaciones

La casi totalidad de la "carne" (aves y mamíferos) que come la población humana del planeta proviene de animales no silvestres, criados expresamente por las personas en recintos; solo un porcentaje muy reducido (limitado a los grupos humanos cuyo alimentación todavía está basada en una parte importante en la recolección y caza de alimentos en la naturaleza) proviene de animales silvestres que son capturados en el medio natural. Nos parecería extraño que la "carne" (aves y mamíferos) que comemos cotidianamente gran parte de la población humana del planeta no procediese de las aves de corral y ganado (como gallinas, vacas, ovejas, cabras,...) sino de animales (aves y mamíferos) silvestres que tuvieran que ser capturados (cazados) diariamente en la naturaleza (como perdices, búfalos, gacelas, ciervos, cabras monteses,...). Sin embargo, esto es lo que sí sucede con el "pescado" (peces y otros animales acuáticos) que come la población humana del planeta: solo una parte pequeña procede de animales criados expresamente por las personas en recintos sino que la mayoría son capturados (pescados) diariamente en la naturaleza (ríos, lagos y mares). Esto nos debería llamar bastante la atención y hacernos reflexionar. (Es llamativa la discriminación lingüística arbitraria existente en varias de las lenguas humanas más extensamente habladas en el planeta: de los diferentes animales que habitualmente comemos –mamíferos, aves, peces,...– , agrupamos por un lado conjuntamente a aves y mamíferos como "carne" y por otro lado a los peces y animales acuáticos como "pescado", y a su captura le llamamos "caza" en el caso de los primeros y "pesca" en el caso de los segundos.)

Ya que actualmente la mayoría del "pescado" (peces y otros animales acuáticos) que come la población humana del planeta procede de la captura (pesca) en la naturaleza (ríos, lagos y mares), y es una realidad que no cambiará drásticamente a corto plazo (aunque la acuicultura está aumentando bastante), es necesario aplicar criterios de sostenibilidad a la pesca. Verdaderos criterios de sostenibilidad, basados en el conocimiento científico de la ecología aplicada a la gestión de poblaciones, y no en función de prejuicios, sesgos cognitivos y asunciones sin fundamento.

Los tres mecanismos principales usados en la actualidad por los países son: el control de las técnicas permitidas y prohibidas, el establecimiento de una cantidad máxima globalmente extraíble por especie en una zona e intervalo de tiempo determinados (los llamados "cupos de pesca") y el establecimiento de un tamaño mínimo de ejemplar que se permite pescar (las "tallas mínimas"). El control de las técnicas permitidas y prohibidas es la herramienta básica, debido a las grandes diferencias de impacto ambiental / ecológico de las distintas técnicas de pesca (en materia de destrucción o alteración de hábitats y ecosistemas, captura de especies no objetivo,...), como recoge esta guía. Se complementan añadiendo el enfoque de gestión poblacional que aportan los cupos de pesca, pero lamentablemente muchas veces se fijan en función de negociaciones políticas e ignorando o menospreciando los datos científicos existentes, por tanto no siendo realmente sostenibles. Por otra parte, las "tallas mínimas" es un concepto bastante más cuestionable en sus propios fundamentos: se basa en la idea de permitir para cada especie la pesca solo de los ejemplares grandes que superan el tamaño promedio de primera reproducción y que por tanto probablemente ya se hayan reproducido una vez, y evitar la pesca de juveniles que todavía no han sido capaces de reproducirse al menos una vez. El concepto de "tallas mínimas" es bastante simple e ignora la compleja dinámica poblacional de las especies. Evitar la pesca de juveniles puede no ser una estrategia adecuada, los juveniles suelen tener tasas de mortalidad bastante superiores a los adultos, y parte de esa tasa de mortalidad es dependiente de la densidad (es decir, mayor mortalidad a mayor densidad de juveniles), por tanto una extracción de juveniles dentro del rango densodependiente de la tasa de mortalidad puede permitir obtener un volumen significativo de peces para alimentación humana con un pequeño impacto ecológico. Concentrar la pesca en los ejemplares grandes puede tener consecuencias indeseables, p. ej. puede disminuir la tasa de reclutamiento de nuevas generaciones (los ejemplares grandes producen mayor número de descendientes que los pequeños) que es un factor con gran importancia en la evolución demográfica de las poblaciones, supone una presión selectiva que modifica la dinámica evolutiva (p. ej. los ejemplares pequeños que se reproducen varias veces antes de alcanzar el tamaño promedio de primera reproducción logran dejar mayor descendencia y en consecuencia se produce una progresiva reducción de la talla promedio de la población), y esos ejemplares grandes pueden desempeñar un papel ecológico en el ecosistema que no desempeñan ejemplares de menor tamaño (p. ej. al alimentarse de especies grandes sobre las que realiza un papel de regulación poblacional, o ser presas de determinadas especies grandes). Más información sobre los inconvenientes de las "tallas mínimas" en este artículo y en este vídeo ([1]). Un problema práctico adicional de las "tallas mínimas" es que fácilmente puede provocar un incremento notable de la mortalidad antropogénica (lo contrario a lo que se busca) debido a que las técnicas habituales de pesca suelen capturar grandes cantidades de peces con tamaño inferior a sus respectivas "tallas mínimas" específicas y también muchos peces de especies sin interés comercial, los cuales (debido a la prohibición legal de vender los primeros y la carencia de valor de mercado de los segundos) tras el proceso de separación a bordo del barco son devueltos muertos al agua, los llamados "descastes", que no son contabilizados en los cupos de pesca (son la llamada "pesca fantasma") lo que provoca que la cantidad de peces realmente pescados en el planeta sea mayor que las cantidades oficiales.



[1]: La mejor opción para gestionar cualquier población es conseguir recopilar la información ecológica necesaria para construir un modelo demográfico bien ajustado a la realidad. En su defecto, la "pesca balanceada" o "pesca equilibrada" podría ser una buena estrategia, pero son necesarios más estudios sobre esta propuesta.


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