Ganadería, incendios y despoblamiento rural en Asturias

Cada año, Asturias es la primera o segunda comunidad española con más incendios, rivalizando con la vecina Galicia. Mientras que en las dos última décadas se ha reducido progresivamente el número de incendios en España, en Asturias no. Es una realidad lamentable. Mucho se ha escrito y hablado en Asturias sobre las causas de ello. Pero es una realidad lamentable también que mucho de lo escrito y hablado se ha hecho sin fundamento, obviando la información disponible sobre las causas de los incendios, debido a prejuicios y sesgos subjetivos... y también como estrategia de manipulación de la población. Los datos de las brigadas de investigación de incendios dejan claras las causas de los incendios. En Asturias, la gran mayoría de los incendios de tamaño destacado son provocados para destruir matorral y crear pasto (a diferencia de otras regiones españolas). Esa es la realidad, guste o no. Y para cambiar la realidad, lo primero es reconocerla. Mintiendo o tergiversando acerca de las causas, no es posible cambiar la realidad. Seamos honestos y sinceros, por favor.

Afortunadamente, hemos avanzado mucho éticamente en las últimas décadas en Europa. Esto ha promovido que se haya comenzado a regular legalmente muchos aspectos que en el pasado las personas decidían y actuaban según su propio parecer e interés privado. Las carencias de telecomunicaciones y acceso a la información de las zonas rurales han provocado que éstas hayan permanecido bastante aisladas de estos cambios, y sumado a la avanzada edad de la gran mayoría de sus habitantes (son las personas jóvenes quienes suelen introducir las nuevas ideas en una población), han hecho que la llegada de estas nuevas normas y regulaciones a sus vidas haya sido en general mal recibidas. Antes se podía arrasar la vegetación de cualquier terreno, matar o tratar como se quisiese a cualquier animal, con la única condición de que no fuese propiedad de un vecino. Ahora esto cambió profundamente y las nuevas restricciones, regulaciones y prohibiciones no han agradado a quienes se beneficiaban y obtenían provecho de la situación anterior, y en consecuencia muestran su oposición e intentan formar un bloque común contra quienes identifican como sus "enemigos". Esta polarización en bloques o bandos enemigos es mala cosa, pues fomenta la transigencia, anuencia y ausencia de autocrítica dentro y la aprobación de cualquier recurso (por contrario a la racionalidad o ética que sea) contra los "enemigos", generando actitudes lamentables como defender y proteger incondicionalmente a cualquier compañero frente a reprobaciones externas por muy rechazable que sea lo que haya hecho.

De esta forma, llegamos a la situación actual, donde muchos ganaderos están haciendo fuerte campaña mediática para sembrar la percepción en el imaginario social de que ellos no son los "culpables" sino las "víctimas" de los incendios (como estrategia ante una previsible creciente crítica popular contra ellos debido a la contundencia de los datos sobre las causas de los incendios). Esto es una profunda desvirtuación del tema: la cuestión que nos ocupa es reducir los incendios, esto no trata de juzgar globalmente la moralidad de una parte de la población por su profesión. Los aspectos claves son que en Asturias se producen todos los años un gran número de incendios intencionados que queman una extensión considerable, y se sabe que la mayoría son provocados para destruir matorral y crear pasto, por tanto para cambiar esta realidad necesitamos la colaboración y participación de todas las personas, y especialmente de los habitantes de los entornos rurales donde se originan estos incendios.

Hay que romper la percepción notablemente extendida entre los habitantes de zonas rurales de que las nuevas normas y regulaciones son "imposiciones externas" de "personas forasteras o ajenas al mundo rural". Es necesario que los habitantes de zonas rurales (agricultores, ganaderos,...) participen en el diseño y aplicación de las medidas y regulaciones (y que el gobierno-administración destine los recursos necesarios para su ejecución), porque hay que buscar su apoyo, considerar sus intereses y promover estrategias que fomenten sinergias, aprovechar sus conocimientos locales, y lograr que se sientan partícipes de las decisiones y planes e integrados en la sociedad asturiana. Esto último, conseguir su integración plena en la sociedad actual, es importante no solo por los aspectos emocionales positivos de sentirse integrado y no excluido, sino porque es imprescindible que permee en los habitantes de entornos rurales los avances en valores éticos y de conocimientos científicos disfrutados por la mayoría de la población. Por ejemplo en lo que se refiere a las cuestiones de bienestar animal y maltrato animal, el derecho a la existencia de especies diferentes a la nuestra, o el deseo de lograr dejarle también espacio a los ecosistemas naturales en el mundo actual (en lugar de transformar la totalidad del planeta con la visión única de lograr la máxima explotación para beneficio directo humano). Debe rechazarse despreciar a los ecosistemas naturales descalificándolos como "improductivos / inservibles" o a la sucesión ecológica natural que sucede tras dejar de cultivar o pastar un terreno tachándola, en el más puro uso de "guerra del lenguaje", como "matorralización", palabra inventada expresamente para cargarla de connotación negativa o peyorativa (en lugar del término correcto pero carente de esa connotación: "naturalización"), cuando además los matorrales constituyen ecosistemas naturales valiosos para muchas especies. También hay que ser conscientes de que hay peticiones que no pueden ser asumidas en la forma en la que habitualmente se suelen plantear porque están mal enfocadas, p. ej. lamentar con aire nostálgico que se ha reducido la superficie de pastos herbáceos en Asturias y reclamar que debería ser un objetivo recuperar las cifras del pasado, cuando dicha reducción es debida a que hay menos ganado como consecuencia de existir menos personas viviendo en entornos rurales, por tanto la reducción de los pastos no es una causa sino una consecuencia del éxodo rural, y no puede establecerse el aumentarla como objetivo en sí mismo si no existe ganado que vaya a usarlo (además, antes de proceder al aumento de la superficie de pastos en Asturias hay que analizar y plantear en los ya existentes la optimización mediante incremento de la densidad o carga ganadera para de esa forma incrementar la productividad y fomentar el mantenimiento de los pastos sin tener que recurrir al fuego para eliminar los matorrales – no olvidemos que el infrapastoreo o subpastoreo tiene un peso fundamental en la reducción de la superficie de pastos herbáceos y que es criticable intentar compensar este hecho con el uso del fuego).

Allí donde las características climáticas establece que la vegetación clímax es herbácea, no hace falta hacer nada para lograr la existencia de pasto. Pero esto apenas sucede actualmente en Asturias. Donde la vegetación clímax es arbustiva o arbórea, para conseguir mantener la sucesión ecológica natural en sus primeras fases herbáceas, hace falta la eliminación regular de las plantas propias de las siguientes fases. Existen varias formas de conseguirlo, principalmente: herbivoría, eliminación mecánica, fuego. Y debido a su impacto ambiental, el orden de preferencia de su aplicación debería ser precisamente el orden en que se acaban de citar. La herbivoría es el método de menor impacto ambiental de los tres pues supone un factor que actúa de forma contínua, en lugar de un episodio perturbador como es la eliminación mecánica o un evento catastrófico como es el fuego (que supone la muerte de la práctica totalidad de los organismos vivos del lugar que son incapaces de desplazarse más rápido que el avance del fuego). (Obviamente, la herbivoría puede tener un impacto ambiental crítico si el ganado pasta en comunidades vegetales amenazadas o reduce cuantitativa o cualitativamente el hábitat de especies amenazadas). El fuego provoca la degradación del suelo por la combustión de la materia orgánica y la muerte de los organismos vivos del suelo que desempeñan un papel fundamental en aspectos tan cruciales como la fertilidad y la textura, además ocasiona la pérdida de suelo (que es de muy lenta formación) debido al arrastre por el agua de escorrentía tras la total desaparición de la cubierta vegetal debido al fuego. La eliminación mecánica tiene un coste económico elevado y el empleo de maquinaria pesada provoca la degradación del suelo por compactación. Una estrategia adecuada de empleo del ganado para el mantenimiento de pastos (como alternativa a la eliminación mecánica y el fuego) requiere la combinación de las diferentes especies de ganado (debido a sus diferencias de dieta y estrategia de pastado) y un manejo adecuado de la densidad o carga ganadera (factor que tiene una importancia fundamental, pues el sobrepastoreo degrada la calidad del pasto mientras que el infrapastoreo o subpastoreo impide ejercer la función de mantenimiento del pasto). Lamentablemente, en el último siglo se ha reducido bastante el caprino y el ovino en Asturias mientras que el vacuno ha ido ganando un porcentaje cada vez mayor siendo la especie de ganado predominante actualmente, una lástima porque los sistemas de ganadería mixtos, debido al carácter complementario de las diferentes especies, proporcionan mayor productividad y mejoran la calidad del pasto al mismo tiempo que permiten su mantenimiento. Debido a esto, es necesario hacer una apuesta decidida por la promoción de los sistemas de ganadería mixtos en Asturias junto con la gestión adecuada de la densidad o carga ganadera como la estrategia para el mantenimiento de pastos frente a las alternativas más habituales actualmente (fuego y eliminación mecánica). Más información sobre el uso de sistemas de ganadería mixtos para el mantenimiento de pastos en Javier Álvarez Martínez (1998, especialmente las páginas 17-19), Antonio Rigueiro Rodríguez et al. (2000), y Antonio Rigueiro Rodríguez (2015).

Para revertir el éxodo rural y la extinción por envejecimiento de la población rural, es necesario lograr un flujo neto de personas jóvenes desde ambientes urbanos a zonas rurales. Si bien es cierto que durante varias décadas del siglo XX la vida en entornos rurales fue bastante despreciada (por considerarse una vida penosa y carente de las ventajas urbanas como facilidad para realizar compras o actividades de ocio), actualmente esta percepción ha cambiado notablemente y una parte creciente de los habitantes urbanos comienzan a poner en valor las ventajas rurales frente a los inconvenientes urbanos (tráfico, contaminación atmosférica, estrés,...). Sin embargo, existen dos grandes obstáculos que deben ser solucionados si se quiere promocionar el flujo de personas jóvenes desde las ciudades a entornos rurales:

  • Fomentar el pago de precios dignos por los productos a los habitantes de zonas rurales. Las principales actividades económicas en ambientes rurales son la agricultura, la ganadería y la producción artesana de productos derivados. Mientras se mantenga el actual funcionamiento de mercado, en el que es generalizado pagar a los productores precios en origen con escaso margen de beneficio (cuando no directamente nulo o incluso déficit) que hacen desalentadoras y desmotivantes las horas de trabajo dedicadas (cuando no directamente la imposibilidad de sustento económico), no será posible que personas jóvenes se asienten en entornos rurales. Existen diferentes estrategias posibles que deberán ser analizadas en profundidad, como es el establecimiento de un sistema de precios mínimos en origen o el fomento de la creación de mercados de productos locales y "canales cortos de comercialización".
  • Fomentar el acceso a los servicios en entorno rurales. Mientras sea necesario conducir el coche particular 30 o 40 km para ir a la consulta del médico o para llevar y traer diariamente a los hijos del colegio o instituto, difícilmente se logrará que personas jóvenes se establezcan en zonas rurales. Pero no se trata sólo de los servicios habitualmente considerados básicos como los mencionados salud y educación: actualmente Internet es una herramienta cotidiana e insustituible para la gran mayoría de las personas jóvenes que lo usan para comunicarse, acceder a información de interés y trabajar colaborativamente, por lo que resulta imprescindible igualmente garantizar la conexión a Internet de calidad y barata en entornos rurales. Es por ello que tienen un valor excepcional recursos como la Red Asturcón (red pública de fibra óptica desplegada por el gobierno asturiano con el loable objetivo de llevar Internet de calidad a los habitantes de zonas rurales), cuyo futuro es actualmente incierto.



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