En lugar de ir contra los procesos naturales, mejor funcionemos conjuntamente con ellos

¿Por qué?

Nuestro entorno, el mundo físico en el que vivimos, es como es por la acción y modelado realizado a lo largo de muchos millones de años por los procesos naturales: la interacción entre los materiales y procesos geológicos, atmosféricos, hidrológicos, y biológicos. El que exista una atmósfera con oxígeno, las lluvias, los ríos y los mares, los valles y las montañas, los suelos fértiles, los bosques y una extraordinaria diversidad de organismos vivos, es gracias a los procesos naturales, por tanto sus aportaciones son fundamentales para el bienestar humano. Por otra parte, los procesos naturales son inherentes al medio en el que vivimos y no son evitables, lo que unido a la enorme cantidad de energía y materia que movilizan, hacen muy costoso, agotador y nunca resolvible el intentar luchar contra ellos (y conlleva una degradación de ecosistemas que ocasiona consecuencias negativas en muchos sentidos y con frecuencia insospechadas). Por tanto, resulta mucho mejor opción una organización humana que funcione de forma conjunta y en sinergia con los procesos naturales, que el establecer un enfrentamiento eterno contra ellos.

Debido a la importancia trascendental de los procesos naturales y el propio interés de su estudio, las diversas ramas de las ciencias ambientales, desde la geomorfología (ciencia que estudia las formas de la superficie del planeta) a la ecología (ciencia que estudia las relaciones de los organismos vivos con su ambiente[1]), llevan investigando estos temas desde hace siglos, lo que permite tener actualmente una gran cantidad de conocimientos. Pero lamentablemente, la comprensión de cómo funcionan los procesos naturales no ha trascendido a la mayoría de la población, que todavía creen en muchas ideas incorrectas y en función de ellas se toman continuamente decisiones equivocadas.

Uno de los principales prejuicios o ideas preconcebidas subyacentes es "el hombre como necesario guía o pastor de la naturaleza". Esta visión sesgadamente antropocéntrica del mundo tiene su origen y difusión en varias de las religiones actualmente mayoritarias en el planeta. Considera que las personas han de ejercer un papel de "cuidado, control y regulación" de la naturaleza para "mantener el equilibrio" y de esa forma evitar "el caos" o "el colapso" que "inevitablemente" ocurrirá de no hacerlo. La verdad es que los procesos naturales que han hecho que el mundo sea como es llevan funcionando "sin ayuda humana" desde muchísimo antes de que apareciera la especie humana y un repaso de la historia muestra el efecto sobre la naturaleza de la acción humana ha sido claramente negativo y no positivo (degradación y destrucción de ecosistemas, extinción de especies,...). Lamentablemente, esta idea de raíces religiosas persiste hoy en día reformulada con apariencia engañosamente objetiva como "visión intervencionista de la conservación y gestión del medio natural", muy popular en el ambiente de las ingenierías e ingenierías técnicas.

Un sesgo perceptual que también tiene peso aquí es la "concepción estática del entorno" y la dificultad para las personas de asumir como normales fenómenos o sucesos perturbadores (que alteran las condiciones existentes durante la mayor parte del tiempo) que tienen lugar cada bastante tiempo desde un punto de vista humano y que deben ser estudiados, para una adecuada comprensión de su funcionamiento, a una escala temporal superior a la vida media de las personas. Aquí influye nuestra condición ecológica de ser una especie con una estrategia de ciclo de vida de tipo "K" y mayoritariamente bastante sedentaria, y la influencia en la llamada "cultura occidental" (la cultura predominante en Europa y extendida a América y Oceanía por medio del colonialismo) de religiones con una visión fijista y estática del mundo.

Algunos ejemplos (que desarrollan varios de los puntos enumerados en el listado de problemas ambientales):

  • Gestión de los ríos e inundaciones: Si los valles de los ríos disfrutan de una orografía llana y fértiles suelos que los hacen buenas tierras para cultivar, es gracias a la ocurrencia de inundaciones todos los años, que aportan nuevos sedimentos con nutrientes. Evitar las inundaciones periódicas supone eliminar el fenómeno responsable precisamente de que existan esas características favorables, es costoso en términos monetarios y tiene un elevado impacto negativo en el funcionamiento ecológico de todo el sistema río-costa que necesita para conservarse el mantenimiento de los ciclos naturales de variaciones del caudal de los ríos (las inundaciones son el factor clave de la existencia de las bandas de vegetación riparia de las que dependen muchos seres vivos, la construcción de presas cambia las condiciones ecológicas aguas abajo al alterar las características bio-físico-químicas del agua, retener sedimentos y modificar el caudal además de obstaculizar las migraciones ascendentes y descendentes de peces y otros animales, mientras que la canalización y hormigonado de cauces convierten a los ríos en "ataúdes de cemento" al destruir todo el ecosistema fluvial y matar a todos los organismos vivos que habitan en él) (1, 2). El enfoque debe centrarse preferiblemente en adaptar los sistemas de cultivo a la existencia de inundaciones periódicas, trasladar las viviendas fuera de la llanura de inundación de los ríos (3), y conservar la vegetación de ribera tanto en tramos altos como medios y bajos de los ríos.
  • Gestión de las playas: Las playas se forman gracias a los sedimentos aportados por los ríos (y otras fuentes) y su distribución por parte de las corrientes marinas, las mareas, los vientos, los oleajes y las marejadas. El problema se encuentra cuando la alteración humana de las costas y ríos modifican estos procesos naturales: las presas impiden el transporte de sedimentos hasta el mar, las obras costeras como puertos, diques y escolleras rompen la dinámica de las corrientes marinas, y las urbanizaciones costeras alteran los patrones de viento y arrastre de arena. La medida paliativa suele ser dragar bancos de arena submarinos para aportar artificialmente sedimentos a las playas (la mal llamada "regeneración de playas"), que además de su elevado coste anual también implica la destrucción de los ecosistemas establecidos en los bancos de arena y todos los organismos vivos que habitan en ellos. Resulta mejor estrategia limitar y mejorar el diseño de integración ecológica de presas y puertos, parar la urbanización masiva del litoral por motivos recreativos-turísticos, y rechazar la creación de playas artificiales (hay que hacer autocrítica del egocentrismo inculcado y concienciarse de que "no todo vale" aunque sea técnicamente posible hacerlo, el derroche de recursos por caprichos es contrario a la ética, además el planeta es finito y tiene límites queramos o no, y lo compartimos con muchos otros seres vivos además de ser nuestro legado para las siguientes generaciones humanas – "la Tierra no es una herencia de nuestros padres sino un préstamo de nuestros hijos").
  • Gestión de la vegetación: Limpiar significa quitar la basura o suciedad de un sitio o lugar. Un bosque, un río o una charca puede limpiarse, esto es, quitar todos los elementos de origen humano extraños o ajenos al ecosistema: plásticos, papeles, latas, botellas, restos de papel de aluminio, envases, neumáticos,... pero no puede "limpiarse" de plantas o vegetación como tampoco puede "limpiarse" de agua un río o charca, de la misma forma que no puede "limpiarse" de personas un colegio o de médicos un hospital. Sí es posible quitar toda la vegetación de un río y hormigonar su cauce, o quitar todo el sotobosque y árboles muertos de un bosque, pero lo que se tiene es respectivamente un "desierto azul" o un "desierto verde", biológicamente muerto, al haber matado a la casi totalidad de los organismos vivos que habitaban, y de cuestionable belleza estética (aunque extrañamente, hay quien así lo aprecia mostrando una completa falta de empatía y sensibilidad hacia la naturaleza y los seres vivos). Es necesario difundir los conocimientos acumulados sobre la importancia crucial para el funcionamiento de los ecosistemas y la diversidad biológica, de la vegetación de porte bajo (herbáceas y arbustivas, muchas veces despreciadas bajo el calificativo de "malas hierbas", "maleza" o "matas") y los árboles muertos, hojarasca y demás restos vegetales muertos (4, 5/6, 7). No obstante, es habitual la acusación, carente de cualquier fundamento eco-lógico, que señala a la vegetación de porte bajo (herbáceas y arbustivas) y a los restos vegetales muertos (árboles muertos, hojarasca,...) como "problemas", origen de "plagas" y "causa" de incendios:
    • Llamar "maleza" a la vegetación natural es un despectivo inasumible, equivalente a llamar "vejestorios" a las personas de edad avanzada. La vegetación natural tiene su propio valor intrínseco como plantas vivas que son y valor adicional como sustento y hábitat necesario de muchos otros seres vivos. No son "basura", "molestos" ni "estorbos", ni las plantas silvestres ni los ancianos.
    • La palabra "plagas" (al igual que "malas hierbas") carece de lógica en ecología y de sentido científico, simplemente es la expresión despectiva usada para cualquier organismo vivo que perjudica a los intereses de alguna persona. Sin embargo, estas especies forman parte de los ecosistemas y los procesos naturales, y son tan habitantes de este planeta como nosotros, por lo que no deben ser tratadas con desprecio. Hay especies cuya dinámica demográfica natural implica picos puntuales de población, pero son fenómenos naturales que forman parte de los ecosistemas y controlados por sus propios mecanismos reguladores (p. ej.: 8). También existen incrementos poblacionales de algunas especies oportunistas que son provocados por alteraciones humanas de los ecosistemas, pero en estos casos se debería procurar corregir la causa (la alteración humana) y no la consecuencia (el aumento poblacional). Muchas especies habitualmente catalogadas como "plagas de la madera", como muchos insectos y hongos xilófagos, están actualmente amenazados de extinción por la retirada de madera muerta de los montes y bosques. Solo como ejemplo del potencial exterminador humano, la paloma migratoria (Ectopistes migratorius) pasó en un solo siglo de ser el ave más abundante de Norteamérica (y posiblemente del planeta) a estar completamente extinta. Por otra parte, no hay que confundir "plaga" con "invasión ecológica", que sucede cuando un taxón o especie llega a un ecosistema en el que nunca estuvo presente y se extiende provocando la alteración de las relaciones ecológicas existentes.
    • Quienes provocan los incendios son las personas (mayoritariamente), nunca las plantas (que son quienes sufren las consecuencias). El enfoque debe ser acabar con las causas (determinadas acciones humanas), no con las víctimas (por supuesto que sin víctimas no hay delito, pero es absurdo). Obviamente los desiertos, al no existir plantas a diferencia de las zonas boscosas o de matorral, no arden y no hay incendios, ¿pero convertir los montes en desiertos para que no haya incendios es una buena idea? Porque hay que tener muy claro que una formación vegetal arbórea a la que se le elimina el sotobosque no es un bosque sino una plantación de árboles, biológicamente casi muerta, un "desierto verde". Al margen de esto, un apunte: los incendios de origen natural han existido desde mucho antes de la aparición de la especie humana y son un proceso natural que forma parte de la dinámica de los ecosistemas (una parte significativa de los organismos vivos existentes no son capaces de vivir en bosques y depende de la existencia de zonas herbáceas y arbustivas originadas de forma natural a partir de incendios y por las limitaciones climáticas de las especies arbóreas, y en tiempos recientes, de forma artificial por acciones humanas – es un error simplista considerar a los bosques como máximo exponente de la diversidad biológica y a las formaciones herbáceas y arbustivas como comunidades degradadas y pobres, cuando en realidad cada una cuenta con su propia riqueza ecológica; indicar que incluso hay una rama de la ecología centrada específicamente en el estudio de los incendios: la "ecología del fuego"), pero esto no debe malinterpretarse como que hay que dejar simplemente que se propaguen libremente los incendios porque: por un lado, las acciones humanas provocan incendios en una frecuencia muy superior a la natural; por el otro, la superficie actual de bosques naturales y otras formaciones vegetales no pirófitas (y ligado a ello, las poblaciones de las especies que dependen de ellos) ha sido bastante disminuida por las actividades humanas y en gran medida lo que queda son los últimos fragmentos relictos de formaciones más extensamente distribuidas en el pasado y su incendio puede implicar pérdidas ecológicas y de biodiversidad difíciles o imposibles de recuperar.

    Por tanto, no hay justificación para la retirada o eliminación de la vegetación de porte bajo y los restos vegetales muertos, y sí razones de peso para su mantenimiento debido a su importancia ecológica fundamental. Y sin embargo, las pautas habituales decretadas por ingenieros y gestores suelen ser contrarias a esto. Así, encontramos que las extensas plantaciones de árboles (eucaliptos, pinos,... frecuentemente mal llamadas "repoblaciones forestales" – 9) sometidas a tratamientos regulares de eliminación de sotobosque y ejemplares muertos, no pueden considerarse bosques sino plantaciones o cultivos (aunque puedan dar otra impresión desde lejos), con suelos que están siendo degradados y pocos organismos vivos capaces de vivir en ellos. Igualmente, es habitual que tras un incendio forestal se realice una corta intensiva de la madera quemada usando maquinaria, que provoca la retirada de gran cantidad de valiosos nutrientes, un fuerte daño al suelo (retirada de los elementos que retienen el suelo, compactación,...) en un estado especialmente sensible y la destrucción de la cubierta vegetal pionera que comienza a germinar tras el incendio, cuando lo adecuado sería permitir que tengan lugar los procesos naturales de regeneración vegetal (solo en casos especiales –como afección a grandes extensiones o a ecosistemas con escasa resiliencia ante incendios– se puede plantear la posibilidad de facilitar estos procesos naturales mediante acciones como la dispersión de semillas de especies autóctonas recolectadas en la propia zona, evitando la introducción de genotipos alóctonos) y dejar los árboles quemados como están o cortando parte de ellos mediante medios manuales pero no para su retirada sino para su colocación en horizontal sobre el suelo apoyado en los tocones a modo de barreras de contención del suelo (otra medida para reducir el arrastre de suelo es esparcir paja, que realiza a pequeña escala el mismo rol que los mencionados troncos).

    Un ejemplo urbano de artificialismo que partiendo en principio de cierta biofilia o naturafilia espontánea termina degenerando casi en una naturafobia es la jardinería habitual empecinada en usar plantas alóctonas en lugar de plantas autóctonas con mejor adaptación a las condiciones ambientales locales y carentes del riesgo de convertirse en alóctonos invasores, cortar sistemáticamente la vegetación herbácea (césped / prado) a uno o dos centímetros de altura impidiendo el desarrollo de las plantas ocasionando una gran pérdida de biodiversidad (p. ej. toda la rica fauna polinizadora, polinivora y nectarívora requiere de flores), retirar sistemáticamente todas las hojas caídas de la vegetación caducifolia a pesar de su  función de aporte de nutrientes al suelo, y eliminar sistemáticamente todos los árboles añosos a pesar de su papel crucial para toda la fauna que requiere de huecos y agujeros (no solo en ambientes naturales y rurales, también en ambientes urbanos es importante subrayar la importancia crítica para aves como picos y rapaces nocturnas así como murciélagos arborícolas que tienen los árboles añosos con huecos donde poder criar, refugiarse y/o guarecerse). Y absurdamente no pocas personas que se autocalifican como defensoras o protectoras del medio ambiente urbano no critican e incluso ven estéticamente bien estas prácticas antiecológicas de jardinería ("un jardín guapo y bien cuidado (sic) es un jardín con la hierba mantenida bien corta y sin maleza" –llamando "maleza" a las plantas silvestres–) y además alimentan y defienden la existencia de grupos de gatos asilvestrados o callejeros ("colonias felinas") cuando fuera del ambiente doméstico de las viviendas humanas los gatos causan un gran daño ecológico especialmente por depredación de muchas especies (10, 11) (no entraremos a considerar aquí otros posibles problemas relativos a los grupos de gatos callejeros como pueden ser los sanitarios asociados a zoonosis y parásitos como pulgas y garrapatas).

  • Control biológico puede ser o no ecológicamente responsable y ambientalmente beneficioso: Aunque afortunadamente está aumentando la concienciación ambiental de la población (la concienciación sobre las repercusiones de las acciones humanas en los restantes organismos vivos, la biosfera y el planeta en su conjunto), la rápida popularización de términos y conceptos de la ciencia llamada ecología pero sin una adecuada comprensión de los mismos está trayendo consigo su mal entendimiento y su mal uso. Un ejemplo, es el caso de presuponer o asumir sin cuestionamiento que el control biológico es bueno ecológicamente. "Biológico", "ecológico" y "ambientalmente beneficioso" no son simples sinónimos. El control biológico puede ser un mecanismo de control ecológicamente responsable y ambientalmente beneficioso, o no. "Control biológico" simplemente significa que se está utilizando organismos vivos para controlar o erradicar a la especie considerada como perjudicial. Pero esos organismos vivos liberados al medio pueden tener consecuencias negativas para otras especies y el funcionamiento ecológico. Numerosos estudios alertan del riesgo para las especies autóctonas y los ecosistemas que puede suponer la liberación de una especie alóctona al medio como método de control biológico, debido a que la especie liberada fuera de su área de distribución natural puede atacar a especies autóctonas (incluidas amenazadas) diferentes de las especies objetivo. Ha ocurrido, por ejemplo con Bessa remota en las isla Fidji, Cactoblastis cactorum, Compsilura concinnata y Rhinocyllus conicus en Norteamérica, Trichopoda pilipes y Trissolcus bassalis en las islas Hawaii, Trigonospila brevifacies y Glabrodorsum stokesii en Nueva Zelanda. Resulta evidente que se debe ser extremadamente cauteloso a la hora de liberar una  especie alóctona al medio como método de control biológico, más cuando especies autóctonas de la misma familia u orden están presentes, puesto que una vez liberada esa especie alóctona frecuentemente es imposible eliminarla.
  • Gestión de la fauna: Ver aquí.


[1] No confundir "ecología" con "ecologismo / ambientalismo". El primero es una ciencia, que aplica el método lógico científico para la comprensión del mundo, mientras que el segundo es la postura o movimiento que defiende la protección de la naturaleza respecto a las influencias negativas de la acción humana.


Dirección estática: http://www.miscelaneanatural.org/proteccion-ambiental/en-lugar-de-ir-contra-los-procesos-naturales-mejor-funcionemos-conjuntamente-con-ellos