No hay déficit de recursos, sobra derroche

Nos bombardean con la idea de que necesitamos forzosamente consumir siempre más y más recursos para poder mantener la "salud" de nuestra economía y nuestra calidad de vida. "No podemos permitirnos no explotar recurso alguno", aunque dicha explotación tenga graves impactos negativos sobre la población y el medio ambiente, incluyendo la violación de derechos humanos de los habitantes de la región y la contaminación irreversible del aire, los suelos y las aguas. "Hay que fomentar el crecimiento permanente del consumo doméstico e industrial para que no se resienta la economía", aunque esto suponga consumir más y más recursos en un planeta finito (uno de los paradigmas fundamentales del capitalismo liberal / neoliberal es la necesidad de un crecimiento económico ilimitado y siempre en aumento). Estos mensajes, si los analizamos de forma crítica, lo que nos indican es que el sistema económico vigente es realmente pésimo, un sistema económico que (al contrario de lo lógico) en lugar de estar al servicio de la población (satisfación de las necesidades humanas y fomentar la realización personal satisfactoria de cada persona), exige que la organización social se amolde a las necesidades del sistema.

Un resultado de esto es el fomento del consumismo y el derroche de recursos en lugar del ahorro de recursos y la reducción del consumo. Por ejemplo, los vehículos de transporte son responsables del 40% de la energía consumida en España, superando notablemente al consumo industrial (que es el segundo sector que más gasta). El rendimiento óptimo del motor (que permite la relación más eficiente entre desplazamiento, consumo y emisiones contaminantes) se obtiene (en llano) a un número de revoluciones (rpm) conocido como "par máximo", que suele coincidir en muchos coches en su marcha mayor con una velocidad de 90 km/h. Buena cifra, si tenemos en cuenta que la velocidad legal en autovías y autopistas en España es mínimo 60 km/h y máximo 120 km/h, por tanto una velocidad media de 90 km/h. ¿Pero qué ocurre? Que la mayoría de las personas circulan a una velocidad igual o algo superior al máximo legal: 120-125 km/h (esos 5 km/h extra supuestamente se aprovecharían del rango de precisión de los radares de velocidad) o más en los tramos sin radares (en España, a diferencia de otros países, son legales los dispositivos de aviso de existencia de radares). Y a 120 km/h se consume un 35-50% más de combustible que a 90 km/h. Este destacado incremento es debido a la evolución de la curva de potencia a altas revoluciones, pero también a la resistencia aerodinámica (a partir de unos 50 km/h, la resistencia del aire aumenta de forma cuadrática con la velocidad). ¿Pero esto no es notable derroche? Sí, pero en España en lo que a conducción se refiere existe una verdadera cultura del derroche / despilfarro, del culto a la velocidad y a "saltarse las normas" (y se ha creado una larga lista de mitos y falsedades para defender la circulación a alta velocidad). Pero esto significa que si las personas ajustasen su velocidad al "par máximo" del motor y circulasen en autovías y autopistas a la velocidad media legal, se conseguiría reducir un 25-33% el consumo del sector transporte, un ahorro muy significativo.

La cultura del derroche / despilfarro no se limita a la conducción, sino que está presente en todas las áreas: la calefacción al máximo en invierno para poder estar con ropa veraniega mientras fuera hace falta ir con abrigo, guantes y bufanda; el aire acondicionado al máximo en verano para pasar incluso un poco de frío; la vitrocerámica, el horno eléctrico y la tostadora eléctrica en lugar de cocinar con gas o combustibles renovables (cuando la generación de calor a partir de electricidad es una de las transformaciones energéticas con peor rendimiento y más ineficientes); el desdeño de mantener los aparatos eléctricos inútilmente en "modo espera" (stand-by) y los cargadores enchufados cuando no están cargando (acumulando un gasto absurdo de varios cientos de kWh al año por casa); etc. Todas estas acciones suelen ser defendidas con afirmaciones tan insultantes a la inteligencia como "lo pago yo y gasto como me da la gana", cuando los impactos negativos (sociales, ambientales,...) de la producción eléctrica (incrementada notablemente por estas acciones de derroche y despilfarro) los sufren la población y el medio ambiente en su conjunto. Resulta de gran interés mencionar aquí una herramienta tan valiosa de análisis ambiental como es la huella ecológica, que permite evaluar las repercusiones del consumo personal sobre el conjunto del planeta. Por ejemplo, el consumo de España cuadruplica la capacidad de carga de su territorio, lo que significa que está apropiándose de los recursos de otras regiones del planeta equivalentes a tres veces netas la superficie del país.