Un vistazo a los resultados del plebiscito

Leopoldo Fergusson Carlos Molina
3 de octubre de 2016
(Actualización 4 de octubre abajo)

El país que no sufre el conflicto le da la espalda al que sí lo sufre 

Donde la gente ha sufrido más por el conflicto, en promedio, el Sí tuvo un mayor apoyo. Esto es claro cuando se compara el apoyo al Sí con el número de desplazados por la violencia por cada 100.000 habitantes desde 1997 hasta 2015.



Nota 1 (la minucia): La relación positiva con el Sí, también se cumple para desplazamiento producido antes de Uribe (1997-2002), durante Uribe (2003-2010), y durante Santos (2011-2015).

Nota 2 (más minucia): La relación positiva entre impacto del conflicto y apoyo al Sí también se cumple para ataques de la guerrilla por persona durante los períodos de Uribe y Santos (no para ataques antes de Uribe). Pero preferimos el desplazamiento como una medida más precisa del impacto de la guerra sobre el sufrimiento humano.   

El país rico le da la espalda al país pobre

En promedio, los lugares más pobres por necesidades básicas insatisfechas, o según el índice de pobreza multidimensional, están con el Sí. Los más ricos, con el No. 

El Sí y el No reflejan la división Santos-Unidad Nacional versus Uribismo

El Sí es más fuerte donde Santos 2014 fue más fuerte. 

El No es más fuerte donde Uribe 2014 (también conocido como OIZ) fue más fuerte. 


Mateo tiene (en parte) la culpa

Pregúntese qué tanto salieron a votar los colombianos en este plebiscito en comparación con las presidenciales de 2014 (segunda vuelta). Compare este contraste en los municipios de los departamentos afectados por el Huracán Matthew (según El Tiempo) y en todos los demás. Los primeros, son los puntos rojos de la figura. 

Aunque toda Colombia salió menos a votar esta vez (casi todos los puntos están por debajo del cero), la caída fue especialmente pronunciada en donde estuvo Mateo.  

Además, si usted tiene en cuenta que estos son lugares que apoyan en promedio más a Santos (lo que se ilustra en la figura con el eje horizontal), hace suponer que sin Huracán el apoyo al Sí hubiese sido más alto. 



¡Nuevo! Actualización 4 de octubre de 2016

¿Qué interpretaciones de estos datos tienen más mérito?

Algunos acuciosos tuiteros (gracias Nelson Amaya, @NelsonAmayaD, y Roberto Angulo, @RobertoAnguloS) discuten con razón que estas correlaciones admiten múltiples interpretaciones. Concretamente, no implican causalidad, algo difícil de establecer cuando se estudia la sociedad. Sin suscribir al Talibán de la Identificación que tira por la borda la alternativa de aprender algo con simples correlaciones, somos conscientes de estos riesgos y debemos reconocer que los dejamos de lado en nuestro texto inicial en el esfuerzo por privilegiar la simplicidad en la exposición. 

Lo que sigue es un ejercicio un tanto más sofisticado que el presentado originalmente, que pretende ofrecer evidencia sugestiva sobre posibles interpretaciones alternativas a las que sugieren nuestros (simplificadores) títulos.

Primero, algunos señalan que la correlación con pobreza puede deberse a que esos municipios también tienen personas menos educadas, que no estaban informadas de lo nocivo de los acuerdos, y por ello votaron más por el Sí. 

Segundo, otros afirman que la relación con la votación por Santos y Zuluaga revela que el voto maquinaria es lo fundamental; ese voto comprado y amarrado a los aparatos clientelistas.

Estas interpretaciones son posibles, pero la evidencia periodística y circunstancial conspira contra cada una de ellas. 

Primero, los detectores de mentiras de La Silla Vacía de las campañas tendieron a dejar más mal parado al No que al Sí, por lo que uno creería que gente más educada (y si es que esta es la que más se informa) tendría más juicio para desmitifcar al No.  

Segundo, el trabajo de La Silla Vacía (nuevamente, nos perdonan pero es la fuente reputada en cubrimiento del proceso de paz y no lo decimos nosotros sino el premio Gabriel García Márquez) sugieren que la maquinaria no estuvo verdaderamente aceitada en estas elecciones. 

Pero no crean en nuestros prejuicios, construidos a partir de estos pedazos de información. Miremos los datos para examinar qué sugieren. Claro, esto tampoco es prueba definitiva porque no nos encontramos frente a un experimento controlado, pero puede servir para actualizar nuestras creencias sobre el mérito de algunas interpretaciones frente a otras. 

Primero, ¿cómo podemos medir clientelismo? Para una muestra particular de municipios en Colombia podemos hacerlo muy bien, como lo discutimos en esta entrada que resume nuestro trabajo con James Robinson. En particular, tenemos una medida de compra de votos, el intercambio cleintelista por excelencia. No está disponible para todos los municipios, infortunadamente, pero está fuertemente correlacionada con algo que sí podemos medir en todos los municipios: el voto preferente (lo medimos para Senado 2014). La figura muestra esta correlación.


 
Con esto, aunque imperfecto, tomemos el voto preferente como variable que aproxima a nivel municipal en Colombia la importancia del clientelismo. 

Medir educación es más fácil. Cobertura es casi universal en Colombia en niveles bajos, por lo que preferimos los resultados en pruebas, tomando matemáticas que los expertos en educación han mostrado son los más sensibles a esfuerzos en mejoras de calidad. 

La tabla muestra los resultados. A primera vista (y solo a primera vista), las columnas 1 a 3 sugieren que las interpretaciones alternativas tienen mérito. Estas columnas corren una regresión para la proporción del Sí en cada municipio contra pobreza (medida por necesidades básicas insatisfechas), clientelismo (medida con voto preferente), educación (resultados en pruebas del ICFES en matemáticas, Saber 11). Los resultados indican que así como más pobreza favorece al Sí, más clientelismo y menos educación también lo fortalecen. La columna 4, muestra la otra variable que examinamos originalmente: el apoyo por los partidos en el 2014, acá capturado por el voto por Santos, que explica muy fuertemente (tiene el R-cuadrado más alto entre todas las correlaciones de las columnas 1 a 4) el desempeño del Sí en el plebiscito. 

¿Pero qué sucede si incluímos todas las variables en una regresión multivariada? La columna 5 lo hace, excluyendo la votación por Santos que parece tan importante (para poder ver el papel de las demás variables). Los resultados muestran que una vez se controla por la influencia conjunta de estas variables, las que menos se modifican en magnitud son la pobreza y nuestra variable proxy de clientelismo: caen cerca del 25%. En cambio, la educación aunque sigue siendo importante, se reduce a menos de la mitad en magnitud.

Este ejercicio sencillo sugiere que en efecto las 3 historias tendrían algún mérito, pero ayudan a descartar la interpretación alternativa según la cual la correlación con la pobreza vendría explicada únicamente por clientelismo o falta de educación. 

Más aún, cuando en la columna 6 incluimos además la votación por Santos en el 2014 capturando las preferencias históricas de la población, la educación deja de ser una variable significativa en la regresión. Esto sugiere que no es por ignorancia que ganó el Sí en lugares de mayor pobreza. Nuestra proxy de clientelismo, sigue jugando algún papel, pero su importancia cae dramáticamente en significancia estadística y en magnitud, dándonos un nivel de significancia sólo del 90%, en el límite de lo convencionalmente aceptado, y desplomándose en magnitud a menos de una séptima parte del coeficiente de la columna 2. Nada de esto ocurre con la pobreza. 


Las regresiones multivariadas por mínimos cuadrados ordinarios no son la panacea para establecer la causalidad posible entre estas variables. Otras explicaciones son posibles. Otras variables adicionales omitidas en el análisis pueden estar detrás de estas correlaciones. También puede ser que la votación por Santos, que agrupa todo un conjunto de motivaciones del electorado (la simpatía por el proceso de paz, pero también en alguna medida, el funcionamiento de las maquinarias) tenga menor "error de medida" que nuestra proxy de clientelismo y por ello le reste significancia. 

Pero hechas estas salvedades, que caiga tan dramáticamente el papel de nuestra medida de clientelismo y de la educación, pero no lo haga el de la pobreza, es un elemento más que contribuye a avanzar en nuestra comprensión de las posibles fuerzas detrás del resultado electoral. Nosotros los tomamos como un ingrediente adicional que actualiza nuestras creencias en la dirección de los titulares que originalmente planteamos arriba. Reconocemos que en esos titulares fuimos exagerados al no reconocer estas minucias, pero sirvió para generar una discusión de la que algo hemos aprendido.