Acerca de la desigualdad e igualdad humanas.

NOTAS PEDAGÓGICAS DE EMILIO ICHIKAWA

PROYECTO DE FORMACIÓN DE VALORES DEL CUBANO Ministries to the Rescue

 Ministerios al Rescate

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Our purpose: To alleviate the anthropological damage in Cuba.

Nuestro propósito: Aliviar el daño antropológico en Cuba. 

 Acerca de la desigualdad e igualdad humanas.

En el filme español “El principio de Arquímedes” (Gerardo Herrero-2004) se pueden encontrar varias de esas conocidas consideraciones que a diario utilizamos para lidiar con la realidad de la desigualdad entre los seres humanos.

 

El mismo título de la película alude ya a lo que algunos consideran una ley inexorable de la convivencia: el mundo se divide en aquellos que flotan y aquellos que se hunden. Y para flotar hay que empujar para desplazar a otro ocupando su lugar, como sugería el físico antiguo en su “ley de flotación”.

 

Otro personaje asegura que solo hay dos bandos: las víctimas y los aprovechados. Mientras una hermosa actriz recita que la vida es un paseo donde nos caen gotas de agua en el rostro, sin saber si son un aviso de una persona feliz que riega sus flores o de un nuevo diluvio universal que ya se acerca.

 

Todo esto demuestra la enorme sensibilidad que el tema de la igualdad y la desigualdad humanas tiene entre las personas, lo que ya es un avance en la realización de la conciencia de la libertad. Un objeto inerme, o un animal esclavizado, no se formula ese tipo de problemas. La Ilustración inscribió en  su programa pedagógico un principio importante:

 

a-“Todos los hombres son iguales por nacimiento”.

 

Ese principio trataba de contestar a otro que establecía:

 

b-“Todos los hombres son diferentes por nacimiento”, que trataba de hacer legítima la diferencia de castas, de familias, “de sangre”.

 

Por supuesto, el pensamiento ilustrado era lo suficientemente lúcido y observador crítico de su presente para percatarse de que, a pesar haber nacido iguales, los hombres eran diferentes. Lo que habían postulado era solo una igualdad de partida, una igualdad de fundamento, como “derecho humano”.

 

Entonces, si los hombres eran iguales por nacimiento y desiguales por crecimiento, significaba que “la desigualdad era adquirida”. Este fue un importante paso en la consecución de la conciencia de la libertad pues, si la desigualdad era histórica, igual que apareció podría desaparecer. Es decir, que no había ningún fundamento divino o natural que impidiera la igualdad entre los seres humanos.

 

Este razonamiento está en la base de los sueños igualitarios y las utopías niveladoras del pensamiento utópico moderno; independientemente de la calidad de los regímenes políticos que se hayan servido de su nombre, es una aspiración noble de la moralidad humanista.

 

La Ilustración creía más bien en una “desigualdad legítima”: aquella que se basaba en los distintos niveles de “luces” adquiridas por los hombres a través del ejercicio de su “libertad de saber”.

 

En el aula, en la clase, se presupone siempre una desigualdad de conocimientos a favor del profesor o maestro. Aunque esta sea, comparada con las otras, una desigualdad justificada, no deja nunca de entrañar el peligro del autoritarismo para quien tiene la ventaja.

 

De ahí que un proceso pedagógico óptimo debe ser siempre autocontrolado. Uno de los deberes del profesor o maestro es preguntarse constantemente por el racional y justo empleo de la autoridad.

 

Emilio Ichikawa

Marzo - 2008

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