Paralelos con el desenlace de la Iglesia Apostólica en Jerusalén (siglo I)


Breve contenido de la presentación:

Introducción: Paralelismo entre dos modelos, o ‘tipología’.

El meollo: ¿Un discurso con doble cumplimiento? (Luc. 21)
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I. Dos cosmovisiones confrontadas
II. Dos mensajes excluyentes
III. Liderazgo impreciso ante los eventos finales
IV. Profecías escatológicas: ¿Cuáles cumplimientos? (Luc. 21:8-11)
V. Giro inesperado: Zarandeo y testificación (vers. 12-19)
VI. El cerco: La última gran señal salvadora (vers. 20-23)
VII. La destrucción final (vers. 24)

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Introducción: Paralelismo entre dos modelos, o ‘tipología’.

El principio de los “tipos bíblicos” (modelo o “tipo” que se corresponde con otro modelo homólogo, o correlato, o contraparte, llamado “antitipo”) es explicado por el apóstol Pablo en 1 Cor. 10:6, 11. [Cf. M. S. Terry. Hermenéutica, cap. 8 (interpretación de los tipos bíblicos).]
Este principio aparece revelado en las tres grandes catástrofes con las cuales el Señor Jesús ilustró la destrucción que vendrá sobre nuestro mundo: (1) el diluvio universal, (2) el fuego sobre Sodoma y (3) la desolación romana sobre la ciudad de Jerusalén.
Como fue en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre” (Luc. 17:26; Mat. 24:38-39; cf. Dan. 12:10).
Asimismo como sucedió en los días de Lot… así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste” (Luc. 17:28-30).
Los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas [en que no quedará piedra sobre piedra], y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?” (Mat. 24:1-3). “Él entonces dijo: … Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado … Entonces habrá señales en el sol, la luna . . . y angustia de las gentes … y verán al Hijo del Hombre” (Luc. 21:20-27). Mientras Jesús reveló la devastación de Jerusalén como una señal del fin, E. White señala que es un tipo de ese fin (la destrucción de Jerusalén “tipifica la última gran destrucción del mundo por fuego”, EUD 18), un símbolo de la destrucción final (DTG 692).
Una pregunta es importante: ¿Qué atributos caracterizaron a aquellos “modelos” o “tipos” (dignos de imitar), por lo cual ellos fueron librados?

Noé, predicador de justicia (2 Ped. 2:5), creyó y obró acerca de cosas que no se veían y así salvó a su familia al meterla en el arca (Heb. 11:7). Así el Señor actuará con los creyentes “piadosos” como él (2 Ped. 2:5, 9). Aun el diluvio (tipo), pero más el rescate del agua de que fue objeto Noé se convierte en “modelo” para un mandato del Señor: el bautismo (éste visto como antítüpos [en griego] por el apóstol, 1 Ped. 3:21).
Lot fue librado porque, siendo justo, afligía su alma justa viendo y oyendo las iniquidades de los sodomitas. De la misma manera el Señor librará a iguales piadosos (cf. Eze. 9:4) en el día del juicio final (2 Ped. 2:6-9).
Los que obedecieron la advertencia respecto del sitio romano llevado por el general Cestio Galo (Mat. 24:15-18: “el que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa”) constituyen un modelo para los que esperan la Segunda Venida: “Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás” (Luc. 17:30-31). Aun la esposa de Lot se convierte en un tipo para el último tiempo (v. 32, 30).
¿Qué conducta ejemplar tuvieron aquellos primeros cristianos (“tipos”) que se correspondan con nosotros hoy (“antitipos”)? ¿Podrán hallarse más paralelos en la obra de los que, habiendo oído el discurso profético de Jesús (Luc. 21, año 31 DC), se afianzaron por 35 años hasta la intervención salvadora de Cestio Galo (66 DC)? ¿Qué lecciones hay de ello para nosotros hoy?

(A continuación, el 
 
estudio en diapositivas)