El ‘Ángel de la piedra’

El ‘Ángel de la piedra’
(Apoc. 18:21-24)

 Parte 1: Una Autoridad política mundial (diapositivas)
 Parte 2: El ‘Ángel de la piedra’ (diapositivas)

Consta de dos partes:

I. «Una Autoridad política mundial». Fascinante estudio profético en 9 capítulos:

1. Iglesia-Estado: El caso de una esposa ninfómana
2. Una Autoridad mundial: Sus orígenes modernos
3. Crisis planetaria a favor de la Autoridad (Primera y segunda partes)
4. La ‘Autoridad’ disputando terreno
5. Pseudo-mesianismo revelado (Primera y segunda partes)
6. Dos Trinidades enfrentadas
7. Sus embajadores enfrentados
8. Babilonia la grande: Supremacía y caída
9. El tiempo de la actuación del Señor

II. «El ‘Ángel de la piedra’»

1. Los eventos finales y el ‘Ángel de la piedra’
2. El primer antecedente del ‘Ángel de la piedra’
3. Un segundo antecedente: Un profeta que lo prefigura
4. Otro antecedente, tan extraño como el símbolo
5. El ‘Ángel de la piedra’ contra Babilonia
6. Este símbolo en el concierto angélico de Apocalipsis
7. Precedencia entre los dos Ángeles de Apocalipsis 18
8. Más características del ‘Ángel de la piedra’
9. La Séptima Trompeta y el Tercer Mensaje Angélico
10. La Séptima Trompeta y el ‘Ángel de la piedra’

Extracto de la argumentación:

Antecedentes del ‘Ángel de la piedra’: Los mensajeros de calamidades

Antecedentes proféticos. La obra que promueve el “Ángel que arroja la piedra” revela una irreversible condenación a la forma de vida de Babilonia (Apoc. 18:21-23), al tiempo que trae refrescante alivio a los santos (v. 24, cf. v. 20). Se basa en antecedentes proféticos que le precedieron, a saber, las acciones y palabras del camarero Seraías, el profeta Jeremías y el labriego Jesús hijo de Ananías.

El camarero Seraías. Inspirado en Jeremías 51:59-64, el “Ángel de la piedra” imita la acción que el camarero real Seraías (año 594/93 AC) debió haber realizado en las márgenes del Río Eufrates, cuando llevó consigo un mensaje de condenación a la iniquidad de Babilonia. Si tal obra se hubiera sostenido hasta la caída de la gran Ciudad … ¡55 años más tarde! (539 AC), los cautivos israelitas, allegados a Seraías, habrían mantenido despierta su esperanza de liberación: El cautiverio duraría no más de 70 años (Jer. 25:11-12).

El profeta Jeremías y el labriego Yeshúa. También el “Ángel de la piedra” pronuncia calamidades que están contenidas en las calamidades dos veces anunciadas en distintos momentos de Jerusalén: una, por el profeta Jeremías (cap. 25:10) en los años 605-586 AC, y, la otra, por el labriego Yeshúa ben Jananiá (citado por Flavio Josefo) en los años 62-70 DC -durante siete años cual si fuera una profecía viviente-, cuyos ayes fueron precedidos en más de tres décadas por los ayes de Cristo (Mat. cap. 23).

¿Más paralelos? Dado que la historia de la segunda caída de Jerusalén (66-70 DC) es ricamente ilustrativa, ¿podrían hallarse paralelos entre el hundimiento de Babilonia” (Apoc. 18:21-24) y el “hundimiento” de la ciudad de Jerusalén (66-70 DC)?, y ¿entre el mensaje que se predica en un caso y el mensaje que se dio en el otro?
Recordemos la profecía de Jesús. El Señor había dicho, de acuerdo a Mateo: Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de la que habló el profeta Daniel” [Mat. 24:15], o de acuerdo al historiador Lucas: “Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea huyan a los montes” [Luc. 21:20-21].

El sitio romano y la ley dominical. Es interesante advertir que Elena White establece un paralelo entre aquel asedio o cerco romano que culminó en horrible devastación y el venidero cerco legal (las leyes dominicales) que rodeará al mundo con una obligación religiosa que traerá desastrosos resultados. Veamos dos pensamientos suyos.
Como el sitio de Jerusalén por los ejércitos romanos fue la señal para que huyesen los cristianos de Judea, así la asunción de poder por parte de nuestra nación [los Estados Unidos], con el decreto que imponga el día de descanso papal, será para nosotros una amonestación” (2 JT 166). También señala: “Como el acercamiento de los ejércitos romanos fue para los discípulos una señal de la inminente destrucción de Jerusalén, esta apostasía podrá ser para nosotros una señal de que se llegó al límite de la tolerancia de Dios, de que nuestra nación colmó la medida de su iniquidad, y de que el ángel de la misericordia está por emprender el vuelo para nunca volver” (2 JT 151).

¿Otro cumplimiento de la «abominacion desoladora»? En verdad, la expresión «abominación desoladora de Daniel» (Dan. 11:31; 12:11), que Jesús aplicó a los ejércitos romanos cuando pusieran sitio a Jerusalén y tuvo un segundo cumplimiento en la hegemonía papal durante la Edad Media (538-1798 DC), puede aplicarse también a otra notable abominación (el cerco dominical), esto es, cuando el gran país del norte (EE. UU.) cumpla la predicción contenida en Apoc. 18:5: “Sus pecados han llegado hasta el cielo”, y se lo entienda a la luz de un comentario de Elena White: “¿Cuándo sus pecados llegan al cielo [Apoc. 18:2-5]? Cuando la ley de Dios finalmente sea invalidada mediante legislación [humana]” (Eventos 202).

Un despertador oportuno. En vista de la doble advertencia dada (sitio romano, por Jesús; cerco dominical, por E. White), ambos grupos de cristianos, tanto los del primer siglo como los de nuestra generación, necesitamos de una gracia especial: el despertamiento y la vigilancia. La parábola de las 10 vírgenes (Mat. 25) provee tal despertador: una voz desconocida, cuyo grito rasgó la noche y que significó que 5 vírgenes despertaran a una experiencia salvadora: se habían abastecido de aceite para iluminarse en la noche. Pues tal despertador aparece en ambas generaciones de cristianos, en la primera y en la última. Pero ¿cómo es eso?

El grito despertador: Nuevo paralelo. E. G. White establece paralelos entre el suceso de la caída de Jerusalén (70 DC) y el castigo final de nuestro planeta, cuando dice: “Se usa la destrucción de Jerusalén para tipificar la última gran destrucción del mundo por fuego” (Eventos 18), o cuando señala otro, ya visto: el sitio romano con el venidero cerco dominical (2 JT 151, 166). Pero ¿podríamos mirar más al respecto? ¿No se podrían apreciar más paralelos, si se compara la gritería del rústico labriego de Jerusalén, que se parece a la voz que despierta en la medianoche a las 10 vírgenes, con el sonoro mensaje que el Ángel de la piedra levanta por el inminente “hundimiento de Babilonia”, el cual despierta los sentidos embotados de todos?

Un profeta de calamidades y el fin de Jerusalén. ¿Quién fue Yeshúa ben Jananiá? Elena White (CS 33) lo llama el “extraño personaje” que recorrió durante 7 años las calles de Jerusalén anunciando a sus compatriotas el fin que les esperaba. Josefo describe el contexto de la época, cuando salvaron sus vidas los que creyeron en Cristo: el ejército romano a cargo de Cestio Galo con la misión de capturar a Jerusalén, facciones judías que habían tomado la ciudad, el pueblo en agonía, nobles judíos (cristianos) que lograron escapar, y nuestro protagonista, el rústico labriego.
Emil Schürer, historiador judío, analizando el informe de Josefo (Guerras 6:300-310), escribe en su Historia del pueblo judío… (1:599-600): “Cuatro años antes del estallido de la guerra, y unos siete años y cinco meses antes de la destrucción de Jerusalén, Albino era ya procurador, cuando, en la fiesta de los Tabernáculos, un profeta de calamidades, llamado Jesús hijo de Ananías, hizo su aparición. Ambas fechas apuntan hacia la fiesta de Sukkot [tabernáculos], en el 62 DC.”
Similar al pregón de Jonás contra Nínive, este labriego conmovió profundamente al pueblo a 4 años antes que sucediera el cumplimiento directo de la profecía dada por el Señor en el 31 DC: el asedio romano contra Jerusalén (66 DC). Aunque nunca sabremos más de él (¿fue discípulo de Jesús?, ¿tuvo revelación del Cielo?), su prédica reavivó --como debió haberlo hecho Seraías (Jer. 51:59-64)-- las esperanzas de los fieles hijos que esperaban el cumplimiento de la señal de la liberación . . .

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Un moderno profeta de calamidades y el fin de Babilonia. El mensaje del “Ángel que arroja la piedra” contiene los mismos y peculiares elementos ya predicados por el profeta Jeremías, el camarero Seraías, y el labriego Jesús hijo de Ananías. Entonces preguntamos: ¿Sería ilógico suponer que, a través de modernos voceros de calamidades (atalayas que cumplen con el símbolo del “Ángel de la piedra”), el Señor dirigiera sus ayes a la Babilonia mística como lo hiciera con Nínive (Jonás, siglo VIII AC) o con Jerusalén (Jesús hijo de Ananías, siglo I DC), y con ello preparara el camino para la gran manifestación de la “lluvia tardía” del Espíritu Santo? . . .

(A continuación, el estudio en diapositivas [
 parte 1] [