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EL PASTOR

 
 

EL PASTOR

 2 Timoteo

 

 

Autor: Eliseo M. Martinez

 

Esta carta es la última que el apóstol Pablo escribió, cuando ya había sido condenado y sólo está esperando el momento en que el verdugo haga acto de presencia y ejecute la sentencia. Pablo comienza señalando que su apostolado es por la voluntad de Dios. Es la iniciativa de Dios, es la voluntad de Dios, no es de hombres, ni siquiera la voluntad del mismo Pablo. Todo pastor en el día de hoy como el apóstol Pablo, debe tener la seguridad de ser llamado por Dios al ministerio de la Palabra.

 

El ministerio de la Palabra es de suma importancia por su mensaje y contenido cuya fuente es Dios mismo. Juan Calvino en su comentario dice: “es como si dijera, como  desde el principio Dios prometió la vida eterna en Cristo Jesús, así él ahora me ha designado para ser el ministro que proclame esa promesa. Pablo está afirmando que la vida eterna es en Cristo y él cómo apóstol, ha sido llamado a predicar a Cristo a los hombres (1:1).” Desde el principio señala lo importante de saber cuál es el propósito para lo cual somos llamados al ministerio.

 

Hoy vivimos tiempos acelerados, vertiginosos y los pastores estamos sumergidos en un mar de actividades y por regla general descuidamos el ministerio de la Palabra; como comunicadores de la Palabra debemos ser muy cuidadosos con el contenido del mensaje, de ser el Cristo crucificado cuyo resultado es dar vida eterna y debemos ser cuidadosos con la metodología empleada; somos predicadores de la palabra no somos ideólogos humanistas, no somos politiqueros con promesas vacías. Somos llamados a predicar la vida eterna en Cristo Jesús.

 

Pablo nos habla de su estrecha relación con Timoteo; lo llama mi querido hijo Timoteo (1:2, NVI). Habla de una relación de padre e hijo, entre quienes hay un profundo afecto como lo señala el versículo 4: “Y al acordarme de tus lagrimas, anhelo verte para llenarme de alegría” (NVI). Esta es la razón del deseo de Pablo para que Timoteo reciba de Dios Padre y de Jesucristo: gracia, misericordia y paz. (1:2).

 

A continuación Pablo escribe a Timoteo en primer lugar y a todo aquel que ha sido llamado al ministerio pastoral en segundo lugar, para que puedan prepararse espiritualmente para dicho ministerio y qué cualidades son necesarias para el desempeño del mismo.

 

Preparación espiritual 1:3-6

Cualidades necesarias en el ministerio 1:6-8

En la preparación espiritual de Timoteo se distinguen dos influencias benéficas. La primera es la de la abuela y madre de Timoteo, la segunda influencia benéfica es la del apóstol Pablo.

 

Pablo señala la fe de Timoteo (1:5) como una fe genuina, auténtica, no fingida; es la misma de la abuela y de la madre. Son tres generaciones en la familia de Timoteo que se caracterizaron por tener la misma fe. No hay ninguna duda que estas dos mujeres trasmitieron su fe, por que practicaron las instrucciones de Deuteronomio capítulo 6, en las cuales encontramos la importancia de aprovechar cada oportunidad posible de transmitir la fe, las creencias reveladas por Dios a través de Moisés y la vivencia de ellas. En el 3:15 Pablo le dice a Timoteo: “y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras…”. Timoteo creció bajo la dirección de la Biblia Antiguo Testamentaria. Hoy en día hay un lamento generalizado sobre los valores; pérdida de valores, pero nadie dice qué valores se han perdido.

 

Un valor que se ha perdido en la familia cristiana es normar la vida de acuerdo al precepto bíblico, y conectado con este el de la responsabilidad primaria de los padres de brindar instrucción a  los hijos, Proverbios 22:6. Los padres han abandonado toda instrucción en manos de maestros, que en su mayoría son incrédulos. O en manos de la iglesia que no tiene un plan educativo adecuado que responda al reto y desafío de formar de manera integral al niño. Somos los padres los llamados a formar nuestros hijos, especialmente en su relación con Dios.

 

La segunda gran influencia en la vida de Timoteo fue el apóstol Pablo, (1:3-6). Al analizar este texto nos encontramos con un proceso de discipulado. ¿Cómo llevarlo a cabo?

 

Siendo ejemplo

Con oración

Compartiendo

Enseñando

Pablo hace alusión a su forma de servir a Dios desde sus mayores, con conciencia limpia (1:3). Antes de su conversión Pablo servía a Dios, aunque en ignorancia, lo hacía con sinceridad. Aun cuando perseguía a la iglesia, Pablo creía que estaba sirviendo a Dios. Ya convertido manifestó el mismo celo, la misma entrega en el servicio a Dios.

 

Pablo le da gracias a Dios, porque siempre recuerda a Timoteo en oración, día y noche (1:3). Juan Calvino nos ofrece una interpretación que él mismo llama sencilla: “No había tiempo en que él no estuviera empleado en la oración.”

 

Recordemos que Pablo estaba encadenado en una prisión romana pero la oración es un ministerio que no puede ser atado por nada. Una hermana que ya está con el señor, fue muy activa en el ministerio femenil y como consejera en un canal de televisión, al enfermarse (la enfermedad que Dios utilizó para llevarla a su presencia) me dijo: “Hermano, ya no sirvo para nada, no puedo hacer nada.” Mi respuesta fue: “Hermana, tiene un gran ministerio, el más grande, el de la oración.”  La segunda vez que la visité era una hermana renovada, enferma sí, pero muy contenta ocupada en la oración.

 

Pablo oraba constantemente por su discípulo, oraba para que el señor le permitiera verlo y gozarse en ello en medio del sufrimiento de sus prisiones. Este señalamiento nos habla de compartir, de un compañerismo sincero, auténtico, en el cual había lágrimas por la separación.

 

Pablo aconseja a Timoteo que avive el fuego del don de Dios (1:6). Primero recordemos que los dones son dados por Dios para que el creyente realice el ministerio que se le ha encomendado. Duane Litfin dice: “Los dones divinos deben usarse si se quiere alcanzar y mantener el máximo potencial.” Pablo le ordena a Timoteo, que avive el fuego del don de Dios, esta expresión sugiere que Timoteo había bajado la guardia intimidado por la oposición contra su mentor y la oposición que el mismo experimentaba en el ejercicio de su pastorado. Timoteo era dado al desánimo, por eso Pablo le recuerda (7) que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder.

 

Al animar Pablo a Timoteo a no dejarse amilanar por la oposición; le señala qué cualidades son esenciales en el ministerio:

 

La diligencia en el uso del don recibido de Dios (6-7)

La potencia del Espíritu (7)

El amor de Dios (7)

El dominio propio (7)

La capacidad de soportar las pruebas que acompañan el ministerio (8-12)

El retener la sana doctrina (13-18).

Para poder desempeñar fielmente el ministerio asignado es esencial saber cuál es el don que poseemos y desarrollamos mediante su uso. Pablo en 1 Corintios nos dice que el don es para provecho de la iglesia, nos ha sido dado para servir al Señor en beneficio de la iglesia.

 

Dios nos capacita por medio de su santo Espíritu (Hechos 1:8), para que le sirvamos. Un ministerio realizado sin la participación del Espíritu santo es un ministerio realizado en la carne. Charles Spurgeon reataba a los ministros con esta analogía: No seamos nunca sacerdotes de Dios en el altar, e hijos de Belial fuera de la puerta del tabernáculo.

 

El ministerio requiere amor, mucho amor y Dios ha dado ese amor que da sin esperar recibir. Ese amor cuya fuente es el Espíritu Santo que nos ha sido dado. También el Espíritu Santo nos ayuda a tener control sobre nosotros mismos y no nos permite que nos descontrolemos por las presiones y tensiones provocadas por el desempeño del trabajo de la obra.

 

Estas cualidades mencionadas en el versículo 7, son muy necesarias para poder enfrentar las aflicciones que vienen con el ministerio (1:8-12). Todo aquel que acepta el llamado al ministerio debe saber que el ministerio viene acompañado de pruebas que pueden provocar vergüenza, sufrimiento (1:8). El texto bíblico dice: “Así que no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor.” Pablo es un ejemplo (12),  de no avergonzarse de Cristo aun en medio del sufrimiento como el de un malhechor. En 1:16 Pablo cita el ejemplo de Onesíforo, como alguien que animó a Pablo en sus prisiones, no se avergonzó de que lo relacionaran con un preso condenado a muerte.

 

Timoteo no debía de avergonzarse de testificar de Cristo y tampoco de Pablo, prisionero por la causa de Cristo. Timoteo tenía que seguir testificando de Cristo, a pesar de la oposición violenta contra la predicación del evangelio. Recordemos que el ministerio esencialmente es la predicación de Cristo, su persona y su obra salvífica. El pastor nunca debe olvidar que ha sido llamado a ser un heraldo de Cristo, un comunicador de buenas noticias las cuales provocan reacciones contrarias en el mundo, un sistema anti-Dios.

 

Esta oposición recurre a cualquier estratagema para impedir que se desarrolle el ministerio, siendo Pablo un ejemplo de alguien que sufre prisiones por causa de Cristo. Pablo exhorta a Timoteo a estar dispuesto a pagar el precio que se le exige a todo fiel ministro de Dios, sufrimiento a causa de la predicación del evangelio.

 

Pablo explica cómo llegó a ser predicador, apóstol y maestro (1:11) y nos presenta un proceso de la obra salvífica de Dios, dice que Dios nos salvó, nos rescató de la sentencia de condenación eterna. Nos rescató para que seamos santos. El texto bíblico dice: “y nos llamó a una vida santa (NVI)”, siempre ha sido la voluntad de Dios que todo nuestro estilo de vivir sea alejado de todo acto pecaminoso y vivamos en santidad. En un libro titulado, Esfuérzate Joven, leemos: “Ser puro es el estilo de vida más feliz.” Realmente es el único estilo de vida que da felicidad. Es importante observar que Dios ha hecho la provisión para mantenernos en santidad, dice que no son nuestras obras, sino que es determinación de Dios, es por su gracia.

 

La vida en santidad ejerce una gran influencia en la vida espiritual. Es verdad que hay personas de altos principios  morales sin ser creyentes en Cristo, pero ninguno puede vivir una vida impura y ser cristiano. Pablo dice que este favor lo concedió Dios al creyente antes del comienzo de los tiempos; antes que ocurriera todo ese proceso creativo del que nos habla Génesis 1. Pero la manifestación de esta salvación es la venida de Cristo (1:10); Jesús vino a destruir la muerte y sacar a la luz la vida incorruptible. Jesús destruyó a la muerte con su muerte en la cruz del Calvario, muriendo es que da vida eterna a los que creen en él. En Juan 3:36 leemos: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios.” Esto es el evangelio, salvación y vida eterna en Cristo, es nuestra responsabilidad, predicar a tiempo y fuera de tiempo, no importa las consecuencias a que nos veamos enfrentados por hacerlo. Pablo dice que de este evangelio, él es predicador, apóstol y maestro (1:11).

 

Un predicador es un heraldo y su función es proclamar públicamente un mensaje. Solo que el mensaje debe ser bíblico, Cristo céntrico, debe presentar a Cristo con claridad. Un predicador es un comunicador de buenas noticias de Dios para el hombre.

 

Un maestro tiene la función de adoctrinar a otros. Explica la verdad de manera comprensible para que otros puedan responder con fe y obediencia. El maestro en realidad, es un facilitador del aprendizaje. Cuando no hay aprendizaje el maestro no ha enseñado; se puede decir que el maestro no enseña sino que facilita el aprendizaje de sus alumnos.

 

El apóstol, hoy en día, es el misionero pionero. Es el que va a territorios sin evangelio, abriendo brecha al mensaje, como Pablo buscaba tierras donde todavía no se había predicado el evangelio.

 

En el cumplimiento de estas tres tareas evangélicas para las cuales ha sido comisionado, a Pablo no le importa sufrir prisiones como si fuese un criminal. Para Pablo no había motivo de vergüenza si el mismo Señor Jesús murió como un criminal en medio de dos asesinos.

 

Para Pablo no hay ningún motivo de vergüenza, Pablo sabía en quién había depositado su confianza. Dice: “Pero no me avergüenzo, porque yo sé en quien he creído y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día” (1:12 BA). Pablo dice: “Yo sé en quién he creído; he puesto mi confianza en un Dios soberano que tiene todo bajo control. Nada sucede sin que Dios cumpla su propósito.”

 

Confío, dice Pablo, que es capaz de guardar mi depósito. La palabra depósito ha sido objeto de mucha discusión sobre a qué se refiere. No hay manera de que los expertos en idioma griego se pongan de acuerdo. Guillermo Hendriksen, dice en su comentario del Nuevo Testamento: “La idea del versículo 12 es que esta vida verdaderamente inmortal poseída ya en principio, y depositada en las manos de Dios para ser guardada, le será devuelta a Pablo más gloriosa que antes en aquel día, el día de la gran consumación. Pablo ha estado hablando de su señor y de él mismo, con el deseo de que Timoteo siga su ejemplo y cumpla su deber de retener la sana doctrina 1:13-18.”

 

En 1:13-14, en la VP leemos: “Sigue el modelo de la sana enseñanza que de mí has recibido y vive en la fe y el amor que tenemos gracias a Cristo Jesús, con la ayuda del Espíritu Santo que vive en nosotros, cuida de la buena doctrina que se te ha encomendado.” Timoteo tiene ya una guía doctrinal sana dada por Pablo, una enseñanza sana es el fundamento de una vida sana y trasmite al mismo tiempo una sana doctrina.

 

Esta doctrina que Timoteo recibió de Pablo, la debe cuidar como un tesoro precioso. El buen ministro de Jesucristo, responsablemente cuida no tergiversar la enseñanza bíblica tal como está en la Palabra de Dios.

 

Pablo le escribe a Timoteo como algunos traicionan el compañerismo (15); menciona dos obreros: Figelo y Hermógenes. Estos obreros no tuvieron el valor de sufrir; el obrero de Dios nunca debe olvidar las palabras de su Señor: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo [dígale no al yo]; tome su cruz [pague el precio], cada día y sígame.”

 

Pablo menciona un excelente obrero; Onesíforo, un hombre que no sólo estuvo dispuesto a pasar vergüenza, sino a sufrir juntamente con Pablo; lo buscó con ahínco para brindarle refrigerio. No era una tarea fácil y, según el versículo 18, no fue una acción eventual, sino que era característica de este hombre de Dios. Un verdadero compañero a toda prueba, Pablo ora por Onesíforo y su familia, que sean objetos de las misericordias de Dios. Aquí está implicada una gran lección espiritual muy importante: las acciones de un padre son base para la bendición de toda la familia.