Las barreras arquitectonicas del Palacio de Justicia burgalés

publicado a la‎(s)‎ 2 mar. 2012 7:16 por Miguel Martín Camarero   [ actualizado el 22 jul. 2012 14:50 ]
El nuevo Palacio de Justicia burgalés, recuperado del antiguo edificio de la Isla, es un producto claro de la especulación que nos ha conducido a donde estamos, una profunda crisis, sobre todo en nuestro sector, del que no atisbamos el final. 

En vez de conservar un edificio en su estructura primigenia, y no me refiero a sus elementos estructurales sino a su estructura espacial, haciendo todas las obras necesarias para ello incluida la de eliminación de barreras arquitectónicas, se ha preferido vaciarlo por dentro e intentar, como de costumbre, sacar cuanta más superficie mejor, haciendo más plantas de las que tenía aún a costa de que los huecos de ventanas no coincidan exactamente con las plantas y abriendo nuevos huecos donde había y debería de haber fábrica maciza de piedra.


Se ha eliminado, sin ningún pudor, una magnífica escalinata flanqueada por dos balaustres que, junto con las cinco monumentales arcadas, formaba una espectacular entrada  a la planta baja, como es lógico, del hasta ahora noble edificio. Sin embargo, ahora la lectura que se hace es que se entra a la planta semisótano a través de una fachada escenario(ya que no se corresponde el exterior con el interior) pasando por unos macizos que recuerdan garítas de antiguos cuarteles y que tienen una altura de puertas que resulta ridícula, debajo de los arcos proporcionados  de la planta baja. Y todo en base a una pretendida justificación de la Ley de Eliminación de Barreras Arquitectónicas. En mi opinión, la eliminación de la barrera arquitectónica de acceso al edificio se tenía que haber eliminado en cualquiera de las otras tres entradas existentes, dos en los laterales y una en la fachada trasera, o en las tres si es preciso, pero respetando la entrada principal a través de la escalinata. 


Sin embargo, se han colocado seis potentes postes de iluminación con evidente falta de sensibilidad en medio de la acera peatonal que recorre la fachada principal del edificio. Supongo que, no a mucho tardar, algún invidente o peatón despistado será frenado en su recorrido por uno de estos postes.  Esto sí que es una nueva y autentica barrera en mitad de la acera, en busca, tarde o temprano, del tropiezo seguro de los ciudadanos burgaleses, máxime cuando la tecnología actual en materia de iluminación permite la colocación de los focos en cualquier otro lugar, despejando la acera de elementos distorsionadores, cuando menos.

   
Todo lo anterior no quiere ser una critica a los técnicos intervinientes, ni en la redacción del proyecto ni en la ejecución de la obra, pero sí una crítica al sistema que, en su día,, seguro que impuso un programa al proyectista imposible de calzar en el edificio existente teniendo que aumentar la superficie construida y el número de plantas, a la vez que condicionaba la entrada. Y ahora, ese mismo sistema decide que la Audiencia Provincial no se traslade al nuevo edificio. 

Lo cierto es que, gracias a todas estas mentes preclaras que organizan, ordenan y dan permisos, normalmente bajo la cobertura de un buen sueldo seguro a fin de mes, los burgaleses de a pie nos acordaremos todos los días, según pasemos por la Isla (llamado oficialmente Paseo de la Audiencia) de aquella potente escalinata donde, en nuestra niñez y juventud, pasamos más de una tarde. 

Quisiera creer que esta es la última de las barbaridades que infringimos a nuestro patrimonio burgalés, pero mucho me temo que, en cuanto pase esta crisis y vuelva a circular el dinero, volveremos a la especulación pura y dura haciendo viviendas de 20 m2 para familias con un solo hijo, porque más no caben, macizando parcelas y solares con volúmenes fuera de toda escala humana y haciendo, de Palacios neoclásicos con espacios amplios y agradables, oficinas sombrías e impersonales. Pero todo en base a un neoliberalismo en el que todo vale con tal de sacar el mayor beneficio monetario a todo y por todo, incluso a costa de nuestra dignidad humana.