Emigración a la Medina

La Vanguardia de la Emigración

Después de la confirmación del segundo Juramento de ‘Aqabah y del establecimiento de un pequeño estado musulmán en un gran desierto inmerso en la incredulidad y la ignorancia, el Profeta autorizó a los musulmanes para que emigren hacia Medina, cuna del naciente Estado islámico.

La emigración hacia Medina, en términos personales, no fue más que el abandono de los bienes materiales, a cambio de que sus vidas estén a salvo. Pero el que emigraba estaba expuesto a que le roben o maten al comienzo o al final de su partida. El futuro era oscuro, impregnado de impredecibles contrariedades.

Teniendo todo esto en cuenta, los musulmanes empezaron a emigrar, mientras los Politeístas se esforzaban en impedirlo y en prohibirlo, sabiendo de antemano que esto implicaba el peligro de que se desintegre y destruya toda su sociedad: 

  1. El primero en emigrar fue Abu Salamah, un año antes del Gran Juramento de‘Aqabah, acorde a la opinión de Ibn Ishâq. Cuando decidió abandonar La Meca, sus parientes, en un desesperado intento de obstaculizar su  partida, detuvieron a su esposa, secuestraron a su hijo e hirieron su mano. Umm Salamah, después de la partida de su marido y de la pérdida de su hijo pasó un año lamentándose y llorando. Un pariente se compadeció de ella y pidió que liberen a su hijo y que la dejen unirse a su marido. Entonces viajó recorriendo los 500 kilómetros hasta Medina sin ninguna ayuda. En un lugar llamado AtTan‘im, 'Uzmân Ibn Talhah le ofreció una montura para facilitarle el viaje a Medina. Ella junto a su hijo, encontraron a Abu Salamah en Qubá, un suburbio de Medina.[
  2. ]
  3. Otro caso de injusticia y crueldad de los paganos de La Meca, es lo que hicieron a Suhaib Ibn Sinan Ar-Rumi. Cuando este hombre expresó su deseo de emigrar, causó conmoción entre los politeístas. Empezaron a insultarlo y a decirle que había llegado a La Meca pobre, pero esta ciudad había sido generosa y gracias a ellos pudo enriquecerse. Así fue que le prohibieron partir. Teniendo en cuenta su situación, ofreció dejarles todas sus riquezas para que lo dejen emigrar, y los paganos aceptaron dejarlo ir en esas condiciones. Cuando el  Profeta se enteró de lo ocurrido dijo:

Suhaib ha ganado, Suhaib ha ganado.” [

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  1. También conocemos la historia de 'Umar Ibn AlJattâb, ‘Aîiash Ibn Abi Rabi‘a y Hishâm Ibn Al‘Asi, quienes acordaron juntarse una mañana en un determinado lugar para de ahí partir hacia Medina; 'Umar y ‘Aîash pudieron hacerlo pero Hishâm fue detenido por los Quraishíes.

Al poco tiempo Abu Ÿahl, y su hermano AlHâriz fueron a  Medina para visitar a su hermano ‘Aiîash. Trataron de conmoverlo usando su  relación con su madre. Le dijeron que su madre había jurado no peinarse y exponerse al sol hasta que que regrese. ‘Aîâsh se apiadó de su madre, pero 'Umar se dio cuenta del ardid y le advirtió  a ‘Aîâsh: “tu madre se peinará si los piojos aparecen en su cabeza y se protegerá del sol de La Meca si este es muy fuerte.” Estas palabras no le impidieron a ‘Aîâsh volver para ver a su madre, entonces 'Umar le entregó su veloz camello y le recomendó que esté atento a cualquier actitud sospechosa de parte de ellos. Partieron los tres hacia La Meca y cuando recorrieron un tramo de la distancia, Abu Ÿahl se quejó de su camello y le pidió a ‘Aîiash que le permita montar atrás de él. Cuando se arrodilló el camello y a la altura del piso los dos Politeístas agarraron a ‘Aîâsh y lo ataron y llevaron a La Meca.[

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Estos son solo tres relatos que demuestran la reacción de los Quraishíes con respecto a aquellos que querían emigrar. Sin embargo, los creyentes se las ingeniaron para poder escapar en sucesivos grupos tan rápidamente que a los dos meses del segundo Juramento de ‘Aqabah, un cuarto de La Meca estaba vacía. Todos los seguidores de Muhammad habían emigrado a la nueva morada, excepto Abu Bakr, ‘Ali, el Profeta y los desafortunados detenidos. El Profeta junto a Abu Bakr y ‘Ali, hicieron todos los preparativos necesarios para emigrar pero esperaban la orden de Su Señor.[

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Al-Bujâri reportó con la autoridad de ‘‘Aishah que el Mensajero de Allâh dijo a los musulmanes:

“Se me ha mostrado en un sueño el lugar de emigración, una tierra con palmeras de dátiles entre dos montañas.” 

Entonces algunos emigraron hacia Medina, y la mayoría que se encontraba en Etiopía también partieron hacia Medina. Cuando Abu Bakr se preparó para ir a Medina el Mensajero de Allâh le dijo:

"Espera, porque esperaré hasta que se me permita emigrar."

Abu Bakr le preguntó, “¿Tú te quedarás esperando…?”

Le respondió: “Si.” Entonces Abu Bakr no emigró para esperar al Mensajero de Allâh y acompañarlo. Preparó dos camellas durante cuatro meses alimentándolas con hojas del árbol de Samur.” [

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El parlamento de Qurai
sh

Los Politeístas estaban sorprendidos por el cuidadoso plan y veloz movimiento de los seguidores de Muhammad hacia su nueva morada en Medina. Estaban preocupados y temían por su  situación económica. Se dieron cuenta del influyente líder que era Muhammad; y de la determinación, decencia y sacrificio de sus seguidores que siempre estaban dispuestos a sacrificar todo por la causa del Mensajero de Allâh . Las tribus de Al-Aus y AlJazraÿ, los que prometieron hospedar a los musulmanes de La Meca, eran conocidas en toda Arabia por su coraje y habilidad en la guerra, y por ser inteligentes y sensatos durante la paz. Se oponían al rencor y a la hostilidad debido a que habían pasado dolorosos días a causa de las guerras entre tribus. Medina misma, el futuro cuartel general del naciente estado islámico gozaba de una excelente ubicación estratégica. Interfería en las rutas mercantiles que conducían a La Meca, cuyas relaciones comerciales entre ambas ciudades significaban alrededor de un cuarto de millón de dinares de oro por año. La seguridad de las caravanas era muy importante para la prosperidad de la vida económica. Todos estos factores hicieron sentir a los politeístas que estaban ante un gran dilema. Sin embargo empezaron a buscar el plan más efectivo para evitar el inminente peligro. Acordaron una reunión para el jueves por la mañana, 26 del mes de Safar, del año catorce de la Profecía, correspondiente al 12 de septiembre del 622 d.C.,

o sea dos meses y medio después del Gran Juramento de ‘Aqabah. En ese día, “el parlamento de La Meca” tuvo una importante reunión con un solo punto en la agenda: como acabar, mediante métodos efectivos, con el delicado problema. Delegados representantes de todas las tribus Quraishíes asistieron a la reunión, los más destacados eran:   Abu Ÿahl Ibn Hishâm, de Bani Majzûm; Yubair Ibn Mut‘im, Tuaima Ibn ‘Adi, y AlHâriz Ibn ‘Amir representando a Bani Naufal Ibn ‘Abd Manâf; los dos hijos de Rabi‘a :Shaibah y ‘Utbah además de Abu Sufián Ibn Harb de Bani ‘Abd Shams Ibn ‘Abd Manâf; An-Nadr Ibn AlHâriz de Bani ‘Abd Ad-Dar; Abul Bujtari Ibn Hishâm, Zama‘a Ibn AlAsuad y Hakim Ibn Hizâm representando a Bani Asad Ibn ‘Abd Al‘Uzza; los dos hijos de Al-Haÿÿâÿ: Nabih y Munbih de Bani Sahm; Umaiah Ibn Jalaf  de Bani  Ÿumah.

Camino al parlamento (la casa de An-Nadua) Iblís (el demonio) asumiendo la forma de un venerable anciano se paró en la entrada interrumpiendo la charla y presentándose como un hombre de Naÿd que quería participar de la reunión y escuchar el debate.

Hubo un extenso debate donde se expusieron diferentes opiniones acerca de lo que harían con el Profeta . La expulsión de La Meca fue propuesta y discutida pero finalmente desechada porque temían que las dulces y profundas palabras del Profeta ejercieran influencia sobre otros árabes y sean atacados por ellos en su propia ciudad (La Meca). Encerrarlo de por vida también se propuso pero fue descartado por temor a que sus seguidores aumenten en número y lo liberen por la fuerza. A esta altura, Abu Ÿahl Ibn Hishâm sugirió asesinarlo. Pero que lo mate una sola persona no sería conveniente porque quedaría expuesto él y su familia a la venganza. Esta dificultad fue resuelta por Abu Ÿahl mismo, quien sugirió que un grupo de jóvenes, uno de cada tribu, debería simultáneamente participar en el asesinato de Muhammad con sus espadas para que la responsabilidad, y la indemnización, sea compartida entre todos ellos, y su gente llegaría a una solución razonable. Esta malvada propuesta fue aceptada por todos, y los representantes volvieron a sus hogares con la total convicción de implementar inmediatamente el plan.

 


La  Emigración del Profeta

Cuando la decisión de matar al  Profeta , fue resuelta por los Quraishíes, el ángel Gabriel fue enviado a Muhammad para informarle del plan de Quraish y le comunicó el permiso proveniente de Su Señor para abandonar La Meca.

Dijo ‘Aishah: “Estabamos sentados en la casa de Abu Bakr al mediodía, cuando alguien le dijo a Abu Bakr: ‘Aquí viene el Mensajero de Allâh   con su cara cubierta durante una hora que nunca vino antes.’ Abu Bakr dijo: ‘¡Que mi padre y mi madre sirvan de rescate por él! por Allâh que no viene en este horario sino por algo importante. El Mensajero de Allâh pidió permiso para entrar. Cuando le permitieron entrar le dijo a Abu Bakr: 

‘Dile a todos que abandonen la habitación.’

‘¡Sólo tu gente está presente, que mi padre y madre sirvan para tu rescate Mensajero de Allâh!’ dijo Abu Bakr. El Profeta dijo:

‘Se me ha permitido emigrar.’

Abu Bakr dijo: ‘¿Te puedo acompañar Oh Mensajero de Allâh?’. Le respondió: “Si.” 


Después de terminar con los planes de la emigración el Mensajero de Allâh retornó a su casa esperando la noche.


Vigilando la casa del Mensajero de Allâh

Para llevar a cabo el malvado plan, los jefes de La Meca habían elegido once hombres: Abu Ÿahl Ibn Hishâm, Hakam Ibn Abil Al‘As, ‘Uqbah Ibn Abi Mu‘ait, An-Nadr Ibn Hâriz, Umaiah Ibn Jalaf, Zama‘a Ibn AlAsuad, Tu‘aima Ibn ‘Adi, Abu Lahab, Ubai Ibn Jalaf, Nabih Ibn AlHaÿÿâÿ y su hermano Munbih Ibn Al Haÿÿâÿ.

 Todos estaban alertas. Cuando anocheció, rodearon de asesinos la casa del Profeta . Estuvieron vigilándola toda la noche, esperando que salga el Mensajero para asesinarlo temprano por la mañana, espiando con frecuencia por un agujero de su puerta para estar seguros de que se encontraba en su cama. Abu Ÿahl, el gran enemigo del Islam, solía caminar con arrogancia ridiculizando las palabras de Muhammad , diciéndole a la gente que lo rodeaba: “Muhammad dice que si lo seguimos, nos hará gobernar sobre los Árabes y no-Árabes y en la otra vida seremos recompensados con jardines similares a los que hay en el Jordán, de lo contrario, nos matará y después de morir nos quemaremos en el fuego.”[1]  Estaba muy seguro del éxito de su malvado plan. Pero Allâh , el más Poderoso, en cuyas Manos está la soberanía de los cielos y de la tierra, hace lo que desea; a quien Él brinda ayuda, nadie puede vencerlo. Hizo lo que más tarde dijo a Su Profeta :

Y cuando los que se niegan a creer urdieron contra ti para capturarte, matarte o expulsarte. Ellos maquinaron y Allâh también maquinó, pero Allâh es el mejor de los que maquinan. [8:30]


El Mensajero escapa de su casa

En ese momento crítico los planes de Quraish fallaron. Mientras asechaban su casa, el Profeta y ‘Ali estaban dentro de la misma. El Profeta le dijo a ‘Ali que duerma en su cama, que se cubra con su manto verde y le aseguró la total protección de Allâh y le dijo que no tema nada.[2] El Profeta luego salió de la habitación y tomo un puñado de tierra que arrojó hacia los criminales recitando las aleyas del Noble Corán:

Hemos puesto una barrera por delante de ellos y otra por detrás y les hemos velado para que no puedan ver. [36:9] 

Después procedió directamente a la casa de Abu Bakr, quien inmediatamente lo acompañó rumbo hacia el sur, escalando lo alto de la Montaña Zaur, decidiendo refugiarse en una cueva.


Mientras los asesinos que rodeaban la casa esperaban el momento adecuado para matar al Profeta, fueron informados que este se había marchado. Cuando miraron dentro de la casa, vieron a ‘Ali durmiendo y, cuando se despertó, le preguntaron dónde estaba el Profeta pero les contestó que no sabía.

 Todo esto creó una gran conmoción en toda la ciudad.

El Profeta abandonó su hogar durante la noche del 27 de Safar, en el decimocuarto año de la Profecía; equivalente al 12 o 13 de Septiembre del 622 d.C.

 Fue a la casa de su amigo, mayor confidente y colaborador Abu Bakr y se marcharon apresuradamente antes del amanecer.

Sabiendo que Quraish movilizaría todo sus recursos para encontrarlo, decidió una estrategia inteligente y en vez de tomar la ruta norte hacia Medina como lo esperarían los incrédulos, tomó una ruta hacia el sur de La Meca que se dirige al Yemen. Recorrió 5 millas hasta llegar a una rocosa montaña llamada Zaur. 


Dentro de la cueva

Abu Bakr ingresó primero para examinarla y ver que fuera segura, tapó todos los agujeros con pedazos de telas de su vestimenta, la limpió y luego le dijo al Profeta que ingresara. El Profeta lo hizo inmediatamente, reposó su cabeza sobre los muslos de Abu Bakr y se durmió. De repente un insecto venenoso picó el pie de Abu Bakr. Le dolió tanto que sus lágrimas cayeron en la cara del Profeta quien despertó y colocó algo de su saliva en el pie de Abu Bakr y así calmó su dolor.

 Pasaron tres noches en esa cueva, viernes, sábado y domingo.

 ‘Abdullah, el hijo de Abu Bakr, los visitaba cuando oscurecía, pasaba ahí la noche informándoles lo que pasaba en La Meca, y luego se marchaba por la mañana temprano para mezclarse entre los habitantes de la ciudad como era su costumbre, evitando de esa forma que se sospeche de sus actividades clandestinas. ‘Amir Ibn Fuhairah, cuidaba el rebaño de su patrón, Abu Bakr, y se escabullía sin ser visto todas las noches con algunas cabras para suministrarles leche.


Los Quraishíes estaban muy irritados y enojados al enterarse de la fuga de los dos Compañeros. Llevaron a ‘Ali hacia AlKa'bah , lo golpearon brutalmente y lo retuvieron una hora tratando desesperadamente de que divulgue el paradero de los dos fugitivos, pero no obtuvieron ninguna respuesta de su parte. Luego fueron a ver a Asma’, la hija de Abu Bakr, pero tampoco les informó nada. Abu Ÿahl la abofeteó tan fuerte que le rompió uno de sus aros.


Los notables de La Meca convocaron a una reunión de emergencia para determinar las futuras acciones a seguir y debatir todas las alternativas que ayuden a encontrar a los dos hombres. Decidieron bloquear todas las rutas que salen de La Meca y pusieron guardias fuertemente armados en lugares y accesos potenciales. Ofrecieron una recompensa, a quien los atrape, de 100 camellos por cada fugitivo.

 Caballería, infantería y exploradores del desierto emprendieron la búsqueda. En una ocasión llegaron hasta la entrada de la cueva donde estaban el Profeta y Abu Bakr escondidos, pero Allâh impidió que fueran vistos. Al-Bujâri citó a Anas Ibn Malik, narrando de boca de Abu Bakr: “Dije: ‘¡Oh Profeta de Allâh! si alguno de ellos se agacha nos verá.” El Profeta me respondió:

“¡Silencio Abu Bakr! ¿Qué opinas de dos cuyo tercero es Allâh?”



El camino hacia Medina

Durante tres días Muhammad y Abu Bakr se ocultaron en la cueva mientras Quraish continuaba su ferviente esfuerzo por encontrarlos.

Alguien llamó a ‘Abdullah Ibn Uraiqut, quien todavía no había abrazado el Islam, pero Abu Bakr confiaba en él, y se lo contrató como guía, alcanzándolos en la cueva luego de tres noches con dos camellos según el plan de Abu Bakr. Ambos nobles ‘fugitivos’ quedaron complacidos cuando les informó que la búsqueda había disminuido. La oportunidad para partir había llegado. Abu Bakr le ofreció al Profeta una montura para el viaje, pero este sólo la aceptó con la condición de pagarle su precio. Llevaron con ellos la comida que les había preparado Asmá, la hija de Abu Bakr, habiendo ella cortado su cinto en dos partes para envolver las viandas, de esta anécdota surge su sobrenombre de: “Asmá la de los dos cintos.”


El  Profeta , Abu Bakr y ‘Amir Ibn Fuhairah partieron, junto a su guía ‘Abdullah Ibn Uraiqut, que los llevó por caminos dificultosos cercanos a la ruta costera. Esto ocurrió en Rabi‘ AlAuual, el primer año de la Hégira, equivalente a  Septiembre 16 del año 622 d.C. La pequeña caravana viajó  y atravesó muchos pueblos en su camino a Qubá .

 Enumeraremos algunos hechos relevantes que ocurrieron durante la emigración:

1. Al-Bujâri registró que Abu Bakr As-Siddîq dijo: “Viajamos toda la noche y durante el día hasta el mediodía, cuando no se podía divisar a nadie sobre el camino (debido al severo calor). Luego apareció una gran roca que proyectaba sombra. Entonces desmontamos ahí, nivelé el lugar y lo cubrí con hierbas secas y piel de animal para que el Profeta pueda dormir. Le dije, ‘Duerme, Mensajero de Allâh, que te cuidaré.’ Entonces se durmió y salí a vigilar. De repente, vi a un pastor acercarse con sus ovejas a la roca buscando sombra. Cuando llegó le pregunté: ‘¿A quién perteneces, niño?’ respondió: ‘Pertenezco a un hombre de Medina- o La Meca-.’ Dije: ‘¿Tienen leche tus ovejas?’ dijo: ‘Si.’ Dije: ‘¿Podrías darnos un poco?’ dijo: ‘Si.’ Agarró una oveja y le pedí que limpie su tetilla de toda suciedad. El pastor ordeñó un poco de leche en un recipiente de madera y junto a un odre de cuero con agua se lo alcancé al Profeta para que beba y realice la ablución. Fui hacia el Profeta no queriendo despertarlo pero cuando llegué ya había despertado, entonces derramé agua en el medio del recipiente de leche hasta que se enfrío. Luego le dije, ‘¡Bebe, Mensajero de Allâh!’. Bebió hasta que estuvo satisfecho. Luego preguntó:

‘¿Ha llegado la hora de nuestra partida?’ le dije: ‘Si.’ Entonces, salimos después del mediodía. 


2. Cuando una persona preguntaba a Abu Bakr acerca de la identidad de su honorable compañero, le respondía que era un hombre que lo guiaba en su camino. El que preguntaba pensaba que Muhammad era un guía en términos de camino, pero Abu Bakr se refería al guía que conduce hacia la virtud.


3. Fueron perseguidos por Suraqah Ibn Malik. Suraqah dijo: “Cuando estaba presente en una de las asambleas de mi tribu Banu Mudliÿ, un hombre de ellos se acercó a nosotros y dijo: ‘¡Suraqah! Sin duda he visto algunas personas a lo lejos, en la ruta que bordea el mar y pienso que son Muhammad y sus Compañeros.’” Suraqah agregó: “Yo pensé lo mismo. Pero dije: ‘No, no son ellos, tu has visto a fulano y a tal y tal persona que vimos partir.’ Permanecí en la reunión un rato y luego fui hacia mi casa, y le ordené a mi sirvienta que prepare mi caballo que estaba detrás de una colina. Luego tomé mi lanza y salí por la puerta trasera ocultando la lanza tanto como pude. Luego cabalgué hasta alcanzarlos, y cuando los alcancé mi caballo tropezó y me caí. Me levanté, luego tomé las riendas y saqué las flechas para consultarlas en el asunto, o sea si debía seguir o no,  saliendo la que yo no quería. Pero monté nuevamente sin darle importancia. Cuando escuché la recitación del Corán del Mensajero de Allâh quien no miró hacia donde yo estaba pero si lo hizo Abu Bakr reiteradas veces, de repente; las patas de mi caballo se hundieron en la arena y caí. Luego lo golpeé para que se levante y con dificultad sacó las patas de la arena causando una polvareda. Nuevamente consulté las flechas y salió aquello que yo no quería. Entonces los llamé para sentirme seguro. Se detuvieron y monté hasta alcanzarlos. Cuando vi lo que me sucedió por haber tratado de dañarlos pensé que la causa del Mensajero de Allâh (el Islam) triunfaría. Entonces le dije: ‘Tu pueblo ha puesto una recompensa por tu cabeza.’ Y también les informé de todos los planes que la gente de La Meca había hecho en su contra. Luego les ofrecí comida para el viaje pero no la aceptaron, y el Profeta dijo:

‘No le informes a nadie sobre nosotros.’ Luego le solicité que escriba para mí un acuerdo de paz y seguridad. Entonces le ordenó a ‘Amr Ibn Fuhairah que lo escriba y luego siguió su camino.”


En una versión narrada por Abu Bakr dice: “Emigramos bajo la persecución de los quraishíes. Ninguno nos alcanzó excepto Suraqah Ibn Malik montando su caballo. Dije: ‘Mensajero de Allâh, esta persona nos atrapará.’ El Profeta respondió:

‘No te aflijas, ciertamente Allâh está con nosotros.’”

4. Continuaron el viaje hasta llegar a dos solitarias carpas pertenecientes a una mujer llamada Umm Ma‘bad Al- Ÿuza‘iah. Ella era una amable señora que se sentaba en la puerta de su tienda con un manto extendido preparado para cualquier viajero que pase por ahí. Fatigado y sediento, el Profeta y sus Compañeros desearon refrescarse, comer y beber leche. La dama les informó que poseía una cabra que no tenía leche. Había sido un año sin lluvias. El Profeta tocó sus ubres invocando el nombre de Allâh , suplicándole, y para el asombro de todos empezó a brotar leche. El  Profeta   primero le ofreció a la señora de la casa, y compartió el resto con el resto de sus acompañantes. Antes de partir, ordeñó la cabra, llenó un recipiente y se lo entregó a Umm Ma‘bad. Más tarde, su marido llegó con las pocas cabras  que apenas tenían algo de leche en sus ubres. Se sorprendió al ver leche en su casa. Su esposa le comentó que un hombre bendecido había pasado por ahí, y luego le detalló acerca de su aspecto físico y de sus modales al hablar. En ese momento Abu Ma‘bad se dio cuenta que aquel hombre era el que Quraish estaba buscando y le pidió que le de una completa descripción de él. Entonces lo describió de una forma fascinante contándole sobre su apariencia y su carácter, que detallaremos en este libro más adelante.

Abu Ma‘bad, después de escuchar a su esposa, expresó su deseo de acompañar al Profeta siempre que fuera posible, y reiteró su admiración  componiendo una poesía que repercutió en toda la La Meca a tal punto de que la gente pensó que un genio le dictaba tales expresiones. Asmá, la hija de Abu Bakr, escuchando esas palabras, se enteró de que los dos Compañeros estaban encaminados hacia Medina.

 El corto poema empezaba con el agradecimiento a Allâh por haberles dado la oportunidad de hospedar al Profeta . Luego describía las bendiciones que recibían los corazones de los Compañeros del Profeta; y terminaba con una invitación a toda la humanidad para que vean por si mismos la cabra de Umm Ma‘bad, y el recipiente con leche ya que todo esto era una prueba de la veracidad del Profeta .

5. En su camino a Medina, el Profeta se encontró con Buraidah Ibn Hasib Al-Aslami junto a ochenta personas aproximadamente. Todos aceptaron el Islam y el Profeta rezó con ellos la plegaria de la noche. Buraidah permaneció en la tierra de su gente hasta que el Profeta volvió de la batalla de Uhud.

‘Abdullah Ibn Buraidah contó que el Profeta   solía ser optimista, y cuando Buraidah, junto a setenta personas de la tribu de Sahm, se encontraron con él mientras montaba, le preguntó:

“¿A qué tribu pertenecen?”

Respondió: “A la de Aslam.”("lo más seguro" en árabe) Luego le dijo a Abu Bakr:

“Entonces estamos seguros.”

Después le preguntó:

“¿A qué partido?”

Respondió, “Al de Banu Sahm” (Sahm significa "flecha" en árabe, literalmente significaría: los hijos de la flecha) Entonces le dijo a Abu Bakr:

“Tu victoria ha llegado.” 


6. El Mensajero de Allâh pasó por Abu Aus Tamîm Ibn Haÿar, o Abuamim Aus Ibn Haÿar Al-Aslami en Quhdawat entre Al-Shuhafah y Harsha en Al-‘Arsh. Abu Aus vio como arrastraban sus provisiones, lo cual dificultaba la marcha de su camello, entonces; les ofreció su propio camello para tal fin y envió un niño llamado Mas'ûd para colaborar con ellos. Los acompañó para asegurarse que lleguen a salvo a Medina. Cuando los paganos vinieron el día de Uhud Aus envió a Mas'ûd Ibn Naÿdah de Al-‘Arash para que informe al Mensajero de Allâh sobre sus movimientos. Abrazó el Islam después de que el Mensajero de Allâh llegó a Medina, mientras aún vivía en Al-‘Arsh. 


7. Fue durante este transcurso que se encontraron con Az-Zubair que regresaba con una caravana de musulmanes volviendo de Siria. Se saludaron con mucha emoción y Az-Zubair les obsequió dos vestimentas de color blanco que aceptaron agradecidos.



Qubá 

El lunes  8 de Rabi‘ Al-Auual, el decimocuarto año de la Profecía, equivalente al 23 de septiembre del año 622, el Mensajero de Allâh llegó a Qubá .


‘Uruah Ibn Az-Zubair dijo: “Cuando los Musulmanes de Medina se enteraron de las noticias de la salida del Mensajero de Allâh de La Meca empezaron a frecuentar la zona de Harra todas las mañanas. Lo esperaban hasta que el calor del día los obligaba a volver. Un día después de haber esperado mucho tiempo, volvieron a sus casas, y cuando retornaban un judío subió a uno de los fuertes y vio al Mensajero de Allâh y a su Compañero vestidos de blanco apareciendo por el desierto. El judío no pudo evitar gritar: ‘¡Oh vosotros los Árabes! Aquí está el gran hombre que estabais esperando.’ Entonces los musulmanes se apresuraron para ir a recibir al Mensajero de Allâh en lo alto de Harrah.”


Ibn AlQaîim  dijo: “Los gritos de ‘Allâhu Akbar’ (Allâh es el más grande) resonaron entre Banu ‘Amr Ibn ‘Auf y los musulmanes eufóricos y alegres por su llegada salieron a recibirlo. Salieron con sus animales a darle la  bienvenida que el Profeta merecía. Todos lo rodearon y la serenidad lo envolvió mientras que Allâh le revelaba el siguiente versículo: 

Ciertamente Allâh es su Protector, y Gabriel, y los piadosos entre los Creyentes. [66:4]


‘Uruah Ibn Az-Zubair dijo: “El Profeta se dirigió con ellos hacia la derecha rumbo a Banu ‘Amr Ibn 'Auf, y esto ocurrió un lunes durante el mes de Rabi‘ AlAuual. Abu Bakr recibía a la gente mientras el Mensajero de Allâh estaba sentado y en silencio. Algunos de los ansâr que fueron y que todavía no habían visto al Mensajero de Allâh empezaron saludando a Abu Bakr. Pero, cuando el sol molestaba al Mensajero de Allâh , Abu Bakr lo cubría haciéndole sombra con su tela, la gente se percató quien de los dos era el Mensajero de Allâh .”


Era un día muy especial en Medina. Muhammad permaneció en Qubá con Kulzum Ibn AlHadm, un hospitalario jefe de la tribu de ‘Amr Ibn 'Auf. Algunos dicen que se quedó con Sa ‘d Ibn Jaizamah, pero lo primero es más correcto. ‘Ali permaneció en La Meca tres días para devolver a los dueños las cosas que le habían confiado al Profeta . Después de eso emprendió su emigración para alcanzar al Profeta en Qubá .


El Mensajero de Allâh permaneció en Qubá cuatro días, lunes, martes, miércoles y jueves. Construyó una mezquita y rezó en ella. Esta fue la primera mezquita después del comienzo de su Profecía. El quinto día, el viernes, por la orden de Allâh partió junto a Abu Bakr. Mandó un mensaje a sus tíos maternos de Bani An-Naÿÿâr, para que lo escolten a él y a Abu Bakr hasta Medina. Fue ingresando a la ciudad en medio del cordial recibimiento de los ansâr que marcaban su camino. Se detuvo en un lugar en el valle de Banu Salim y ahí rezó junto a cientos de musulmanes la plegaria del Viernes.


Entrando a Medina

Mientras, las  tribus y familias de Medina competían unas con otras para hospedar al noble visitante en sus hogares. Las niñas medinenses solían entonar bellos versos de bienvenida acompañados de palabras de obediencia al nuevo Mensajero.

Aunque no eran ricos, todos los ansâr querían con ansiedad hospedar al Mensajero en sus casas. Rodeaban al camello de Muhammad   y todos los jefes de la ciudad vestidos con sus mejores prendas decían: “Quedate aquí, Oh Mensajero de Allâh, hospédate con nosotros.” Pero Muhammad les respondía con cortesía y amabilidad:

“Dejad que (la camella) siga su camino ya que está cumpliendo una orden (de Allâh ).” 

El camello avanzó y se arrodilló en el sitio donde sería construida la mezquita del Profeta. Él no desmontó hasta que el camello se levantó y siguió hacia delante para luego volver al mismo lugar donde se había arrodillado. Aquí se hospedó en un lugar perteneciente a Banu Naÿÿâr, una tribu emparentada con el Profeta por el lado materno. De hecho quiso honrar a sus tíos maternos y hospedarse con ellos. El afortunado fue Abu Aiîûb AlAnsari, que lo llevó a su casa y As‘ad Ibn Zurarah tomó las riendas de su montura mientras estaba sobre ella. 

 

En la narración de Anas registrada por Al-Bujâri el Profeta dijo: 

“¿Cuál es la casa más cercana de mis parientes?”

Abu Aiîûb dijo: “¡La mía, Mensajero de Allâh! Esa es mi casa.” El  Profeta le dijo:

“Ve y prepárame un lugar para que pueda descansar.”

Abu Aiîûb dijo: “Vengan  (ambos) con las bendiciones de Allâh.” 


Luego de unos pocos días, arribaron la esposa del Profeta, Saudah, sus dos hijas, Fátimah y Umm Kulzum, Usama Ibn Zaid, Umm Aiman, ‘Abdullah — el hijo de  Abu Bakr con los miembros de la casa de Abu Bakr incluída ‘Aishah; Zainab no pudo emigrar y permaneció con su marido Abi Al‘As hasta la batalla de Badr.

 

‘Aishah dijo: “Cuando el Mensajero de Allâh llegó a Medina, Abu Bakr y Bilâl enfermaron, entonces los fui a ver y dije: ‘Padre mío, ¿cómo te sientes? Bilâl, ¿cómo te sientes?; cuando la fiebre de Abu Bakr empeoraba decía: ‘Todos están con vida entre su gente a pesar de que la muerte está más cercana a él que los cordones de sus zapatos.’ Y cuando  la fiebre afectaba mucho a Bilâl decía en voz alta: ‘Me gustaría estar toda la noche en un valle, donde pueda adquirir Idhjir y Jalil (dos clases de hierbas de buen aroma), me gustaría beber un día el agua de Mijannah, y Shamah y Tafil (dos montañas de La Meca)’ Luego fui a comentarle esto al Mensajero de Allâh quien dijo:

 ‘¡Allâh! haz saludable y bendito su clima y sus mercancías y llévate la fiebre hacia Al- Ÿuhfa.’” 


Aquí termina esta fase de su vida, completando la fase del llamado islámico en la La Meca. 


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