Viaje del alma

para meditar mediante la lectura

 Página de inicio / nota biografica

 

Las tres etapas de la meditación por la lectura

1. En la primera etapa el aspirante tiene que leer a diario las explicaciones, pensando en ellas a fondo simultaneamente.

2. En la segunda etapa la lectura propiamente dicha deja de ser necesaria, aunque el tema sea repasado y meditado constantemente en la mente.

3. Al llegar a la tercera fase la mente ya no necesita en absoluto repasar las palabras del texto por separado y de forma consecutiva, cesando al mismo tiempo todo trabajo de razonamiento sobre el tema. La mente está ya vacía de todo raciocinio y posee una percepción clara, espontánea e intuitiva de la Verdad sublime que se expresa en el texto.

 El alma y su ilusión

 

El atman, o alma, es en realidad idéntica al Paramatman, o Superalma, que es una, infinita y eterna. En realidad el alma está más allá de los mundos grosero, sutil y mental, si bien se siente limitada por su identificación con el sharir (sthul sharir, o cuerpo grosero); el pran (sukshma sharir, o cuerpo sutil, que es el vehículo de los apetitos y de las fuerzas vitales); y el manas (karan sharir, o cuerpo men­tal, que es el asiento de la mente). El alma, en su estado trascendental, es una — informe, eterna e infinita — y, sin embargo, se identifica con el mundo fenomenológico de las formas que son muchas, finitas y perecederas. Esto es lo que denominamos el maya o Ilusión cósmica.

 

Fases del mundo fenomenológico

El mundo de los fenómenos, compuestos por objetos finitos, es absolutamente ilusorio y falso. Pasa por tres fases: la grosera, la sutil y la mental. Si bien las tres fases del mundo son falsas, cada una de ellas representa distintos grados de falsedad. El mundo grosero es el que está más lejos de la Verdad (Dios), el mundo sutil se encuentra más cerca y el mundo mental es el más próximo a la Verdad. Los tres estados del mundo son producto de la Ilusión cósmica que el alma ha de superar antes de llegar al conocimiento de la Verdad.

 

Finalidad de la creación

La única finalidad de la creación es que el alma pueda gozar del estado infinito de la Superalma de forma consciente. Si bien el alma existe eternamente en y con la Superalma en una unidad indestructible, aquella no puede tener conciencia de esa unidad independientemente de la creación que está dentro de los límites del tiempo. En consecuencia, tiene que caminar hacia la conciencia para poder comprender su verdadera categoría y su naturaleza que es idéntica a la de la Superalma infinita, que es una sin segundo. Para ello la evolución de la conciencia y del entorno (el mundo de las formas).

 

Génesis de la Ilusión cósmica

¿Cómo cae el alma individualizada en la trampa de la Ilusión? ¿Cómo llegó el Alma informe, infinita y eterna a sentirse con forma, a pensar que es finita y perecedera? ¿Cómo pudo Purusha o el Espíritu supremo a contemplarse como Prakriti o mundo de la naturaleza? Dicho de otro modo, cual es la causa de la Ilusión cósmica en la que el alma se encuentra envuelta? Para comprender cual es la esencia autentica de la Superalma que es una, indivisible, real e infinita, el alma ha de recurrir a la percepción. El alma es consciente, pero no percibe a Dios sino al universo porque lo que ve no es la Superalma sino su sombra. No percibe al ser Uno sino la pluralidad; tampoco ve lo Infinito sino lo finito, ni lo Eterno sino sólo lo temporal. En consecuencia, el alma en vez de percibir la Superalma se enreda en la Ilusión cósmica que acaba haciendo que se contemple a si misma como un ser finito, siendo así que en realidad es infinita. Dicho de otro modo, cuando el alma despliega su conciencia no adquiere la conciencia de su naturaleza autentica sino la del mundo de los fenómenos que no es más que su propia sombra.

 

La evolución y los grados de la percepción

Para llegar a ser consciente del mundo de los fenómenos, el alma tiene que adoptar alguna forma como instrumento para percibir el mundo, por lo que tanto el grado como el género de conciencia empleados vendrán determinados por la naturaleza de la forma que se emplea como instrumento. En la primera etapa el alma adquiere conciencia del mundo grosero por un cuerpo grosero, siendo su conciencia del mundo grosero del género más parcial y rudimentario. Para ello el alma adopta la forma menos desarrollada, la de una piedra.*

 

* Para la identificación más temprana del alma con formas gaseosas, ver «God Speaks» de Meher Baba.

 

La fuerza motriz de la evolución

La fuerza motriz de la evolución viene dada por el impulso que recibe la conciencia al retener las impresiones (sanskaras) recibidas de los apetitos o condiciones porque los sanskaras cultivados de cierta manera nos piden que los desarrollemos y les demos satisfacción acudiendo al instrumento de una forma más elevada y, por tanto, más desa­rrollada del mundo grosero. Siguiendo este imperativo, el alma va adoptando formas cada vez mis elevadas (vg. me­tal, vegetal, gusano, pez, ave y animal) hasta adoptar finalmente la forma humana en la que desarrolla la plena conciencia (en lo que se refiere al saber, sentir y desear) del mundo grosero.

El proceso según el cual los sanskaras provocan la evolución de la conciencia y sus formas correspondientes tiene paralelo en la experiencia ordinaria. Si se nos antoja desempeñar el papel de rey en una obra de teatro sólo podremos llevar a la práctica este deseo poniéndonos las ropas de rey y presentándonos en un escenario. Lo mismo ocurre con los deseos y los apetitos que sólo podrán ser llevados a la práctica y, por tanto, satisfechos, alterando una situación completa y el instrumento del que nos valemos para percibir correctamente esa situación. Este paralelo nos explica muchas cosas acerca de la fuerza motriz de la evolución que no es mecánica sino intencional.

 

Identificación con la forma

Los sanskaras no solo son los causantes de la evolución de la forma (el cuerpo) y del genero de conciencia vinculada a ella, sino también de la sujeción de la conciencia al mundo de los fenómenos. Ellos son los responsables de la imposibilidad de la emancipación de la conciencia (es decir, la retirada de la conciencia desde el mundo de los fenómenos al alma en si misma) en la etapa infrahumana y de su dificultad en la etapa humana. Como la conciencia se agarra a los sanskaras anteriores y la experiencia del mundo de los fenómenos está condicionada por el empleo de una forma adecuada (cuerpo) como instrumento, el resultado es que el alma acaba identificándose en cada una de las etapas con la forma, por lo que el alma que en realidad es infinita y sin forma, se contempla a si misma como algo finito y cree que es de piedra, metal, vegetal, gusano, pez, ave o animal, según sea el grado de desarrollo alcanzado por la conciencia. Por ultimo, cuando experimenta el mundo grosero a través de la forma humana, el alma cree que es un ser humano.

 

La reencarnación y la ley del karma

Una vez que el alma ha conseguido la plena y completa conciencia bajo la primera forma humana ya no hay nada que exija una posterior evolución de la forma grosera (cuerpo). Por consiguiente, la evolución de las formas llega a su fin cuando se adopta la forma humana. Ahora bien, para poder experimentar los sanskaras que cultivó bajo su forma humana el alma se ve obligada a reencarnarse una y otra vez en otras formas humanas. Las innumerables formas humanas por las que el alma ha de pasar están determinadas por la ley del karma o la naturaleza de sus sanskaras anteriores (virtudes o vicios, felicidad o miseria). Durante todas estas vidas el alma, que es eterna, se identifica con el cuerpo grosero, que es perecedero.

 

El cuerpo sutil y mental

Al tiempo que desarrolla su plena conciencia del mundo, el alma también despliega simultáneamente el cuerpo sutil y mental. Sin embargo, mientras su conciencia se halla restringida al mundo grosero, el alma no puede utilizar conscientemente esos otros cuerpos en estado de vigilia. Sólo adquirirá conciencia de esos cuerpos y de sus mundos correspondientes en el instante en que su plena conciencia se vuelva hacia dentro, o sea hacia si misma. Una vez que el alma es consciente del mundo sutil por medio del cuerpo sutil, se identifica con el cuerpo sutil, y no bien adquiere conciencia del mundo por medio de su cuerpo mental que se identifica con ese cuerpo mental, por lo mismo que se identificaba con el cuerpo grosero cuando era consciente del mundo grosero a través del cuerpo grosero.

 

El camino espiritual

El viaje de regreso del alma a su casa consiste en la emancipación de las ilusiones por las que se identifica con cada uno de los cuerpos grosero, sutil y mental. En el momento en que la atención del alma se orienta hacia el conocimiento de si misma y la autorrealización, se produce una liberación y desaparición graduales de los sanskaras que hasta entonces mantuvieron a la conciencia dirigida hacia el mundo de los fenómenos. A la desaparición progresiva de los sanskaras acompaña la penetración progresiva a través del velo de la ilusión cósmica mientras el alma no sólo comienza a trascender de las distintas etapas del mundo de los fenómenos, sino que además empieza a darse cuenta de que es distinta de sus diferentes cuerpos. El camino espiritual se inicia cuando el alma trata de hallarse a si misma y dirige su plena conciencia hacia la Verdad (Dios).

En la primera etapa el alma se vuelve totalmente inconsciente de su cuerpo grosero, experimentando el mundo sutil por medio de su cuerpo sutil con el que se identifica. En la segunda etapa el alma se halla totalmente inconsciente de sus cuerpos grosero y sutil, experimentando su mundo mental mediante su cuerpo mental con el que se identifica ahora. Al llegar aquí podemos decir que el alma se encuentra cara a cara con Dios o la Superalma cuya infinitud acepta. Sin embargo, aunque admite la infinitud de la Superalma, lo hace de modo objetivo, ya que se considera a si misma finita por su identificación con el cuerpo mental, o mente.

De esta guisa nos encontramos ante la paradoja de que el alma, que en realidad es infinite, percibe su estado de infinitud pero sigue considerándose finita porque al percibir su infinitud se confunde a si misma con la mente. Ello es debido a que se imagina que es la mente y contempla a la Superalma como objeto de la mente. Por otra parte, no sólo trata de ser una con la Superalma sino que además trata de satisfacer ese anhelo.

 

La meta

En la tercera etapa la plena conciencia del alma se ve atraída mis hacia el interior (es decir hacia si misma), con lo cual deja de identificarse con el cuerpo mental. Así el alma al llegar a la tercera y ultima etapa, que es la meta, deja de identificarse con ninguno de los tres cuerpos que tuvo que desarrollar para alcanzar la plena conciencia. En este momento no sólo sabe que carece de forma y que trasciende de todos los cuerpos y de todos los mundos, sino que además percibe con plena conciencia su propia unidad con la Superalma, que es una, indivisible, real e infinita. Al percibir la Verdad siente una alegría, una paz, un poder y una sabiduría infinitos que son las características de la Superalma.

 

Resumen del viaje del alma hacia la Superalma

En un principio, el alma, en la que no se había desarrollado la plena conciencia, no tenia conciencia de su identidad con la Superalma. Aun siendo inseparable de la Superalma, el alma era incapaz de percibir su propia identidad ni experimentar la dicha, la paz, la fuerza y la sabiduría infinites. Ni siquiera después de la evolución de su plena conciencia lograba percibir el estado de la Superalma, aun cuando no dejó en ningún instante de estar en y con la Superalma, porque su conciencia quedaba restringida al mundo de los fenómenos por obra de los sanskaras vinculados a la evolución de la conciencia. Incluso cuando ya ha emprendido el camino, el alma todavía no tiene conciencia de si misma porque sólo percibe el mundo grosero, el sutil y el mental que son sus propias sombras ilusorias.

Sin embargo, al llegar al final del camino el alma se libera de todos sus sanskaras y apetitos vinculados con el mundo grosero, sutil y mental, al mismo tiempo, que se siente capaz de liberarse de la ilusión de ser finita, ilusión provocada por su identificación con el cuerpo grosero, sutil y mental sucesivamente. En este punto, el alma trasciende por complete del mundo de los fenómenos y consigue ser consciente de Si misma autorealizándose. Para llegar a este meta, es necesario que el alma conserve su plena conciencia y que al mismo tiempo comprenda que es distinta del sharir (cuerpo grosero), del pran (cuerpo sutil, vehículo de los apetitos y de las fuerzas vitales) y del manas (cuerpo mental que es la sede de la mente), y que comprenda también que se encuentra mas allá de los mundos grosero, sutil y mental.

El alma tiene que liberarse progresivamente de su ilusión de ser finita por medio de su emancipación de la esclavitud de los sanskaras, y dándose cuenta de que es distinta de sus tres cuerpos (grosero, sutil y mental). Este es el proceso que sirve para aniquilar el ego falso (es decir, mi ilusión de que «Soy mi cuerpo grosero», «Soy mi cuerpo sutil» o «Soy mi cuerpo mental»). Mientras el alma se libera de todas sus ilusiones, conserva su plena conciencia que le permite llegar al conocimiento de si misma a la realización de la Verdad. La meta del largo camino que debe recorrer el alma es la liberación de la ilusión cósmica y el conocimiento con plena conciencia de su identidad con la Superalma infinita.

 

[de Discursos de Meher Baba, pg. 231-37]