la gran guerra
 

 

Los wat-hers iban ganando porque eran más en cuanto a número. Eran muchos wat-hers, miles, quizás millones, pero después de una ardua batalla los capicachi fueron perdiendo aunque lograron resistir un poco hasta que llegó la caballería pesada. Habían llegado como ciento cinquenta capicachi montados en unos lagartos verdes gigantes entrenados para comer cualquier persona que haya lastimado a un capicachi. Con esa gran ayuda el numero de wat-hers fue disminuyendo notablemente, asi los capicachi lograron ganar la guerra, 

 ¨Ha habido una disminucion en la poblacion de los capicachis, muchas vidas han sido sacrificadas en la batalla, y por siempre  recordaremos a quienes han muerto en nuestros corazones¨ esas fueron las ultimas palabras de nuestro amigo Enzo antes de morir por un dardo venenoso infectado con una poderosa mezcla de orina, caca y diarrea que le llegó en la espalda. Antes de morir dió un horrible grito,   !!!!!!!!mmmaaaaaaaaaaaaaaaammmmmmmaaaaaaaaaaaaaa¡¡¡¡¡¡¡ y después de ese grito, falleció. Como no podíamos llevarnos el cuerpo de Enzo, decidimos hacerle un pequeño funeral despiediéndonos  de él con gran tristeza. Luego hicimos los preparativos para los demás muertos estando dos días de luto por ellos y más tarde partimos a encontrar la salida de aquel extraño edificio.

Dentro de aquel edificio blanco habíamos encontrado una gran puerta con unos escritos extraños grabados en ella, así que necesitamos de mucha fuerza para poder abrirla. Después que cruzamos la gran puerta tuvimos que pasar un inmenso pasillo, super largo, pero luego de entrar por el pasillo escuchamos que alguien nos llamaba; eran Juan, Alvaro y Abraham que habian logrado alcanzarnos así que como estábamos todos juntos, decidimos seguir nuestra búsqueda. Nos adentramos en aquel gigantesco pasillo y depués de unos minutos de caminar y caminar, por fin encontramos lo que estábamos buscando desde que bajamos del tren; el frasquito que contenía la poción magica que devolvería a la normalidad a todas las personas de Puente Alto.  Nos acercamos a el con cautela porque no fuera cosa que hubiera una trampa en el camino. Lo tomamos con gran cuidado para que no se cayera y uno de nosotros lo guardó en el bolsillo. La misión había sido todo un suceso y sólo nos quedaba regresar al tren y volver a Santiago.

Vimos un hoyo que estaba en la sala y nos tiramos por el. Tenía forma de tobogán bien viejo, oxidado y caímos en una especie de colchoneta que estaba toda rota, pero lo que vimos fue increíble porque estábamos justo frente al tren. Todos los otros niños nos estaban esperando y quienes murieron en este viaje fueron olvidados  por siempre..ni siquiera sus familias los recordaron...FIN.