Capítulo 0: SINOPSIS

Contrastada valía de esta genuina Mecánica a bajas velocidades que, sin embargo, en absoluto cumple a altas velocidades por cuanto los impulsos que comportan en los cuerpos altas velocidades: se manifiestan en velocidades muy inferiores a la presupuestada. Y ello debido a que su dinámica conlleva una velocidad sin límite, que no se cumple. Lo verifica su propia cinemática midiendo experimentalmente a los cuerpos velocidades siempre inferiores a la de la luz, por más impulso que reciban. Lo que da lugar a que su dinámica, cinemática y cinética ya no se correspondan como a bajas velocidades; el trabajo transferido a los cuerpos no le concuerde con la energía cinética; la composición de altas velocidades le sea inviable; en definitiva, le esté vedada a la Mecánica Clásica la interpretación de los procesos físicos que ocurren a altas velocidades.

Divergencia entre la velocidad teórica y la manifestada que, como queda dicho, ocurre porque la velocidad tiene límite. El cual, y sus consecuencias, obviamente no pudieron prever los creadores de la Mecánica, Galileo y Newton. Velocidad límite, significada en la velocidad de la luz, denominada constante c, que invalida asimismo a la Mecánica Relativista (especial y general) y a la Mecánica Cuántica (en sus diversas vertientes). Curiosamente, en el mismo contexto de las altas velocidades que, en función de c, presumen resolver al margen de la Mecánica Clásica. Atribuyéndose, sin más, pues carecen de dinámica, cinemática y cinética propias, la interpretación del macrocosmos y del microcosmos, respectivamente. Supliendo dichas ramas que conforman la Mecánica con hipótesis relativistas e indeterministas que, por definición, aborrece esta ciencia exacta y, por extensión, quien la rige, el Principio de la Conservación de la Energía: que violan desmedidamente ambas mecánicas.

Desde toda perspectiva, las ecuaciones relativistas de la energía (cinéticam=E/c2 y la popular E=mc2), que también emplea la Mecánica Cuántica a altas velocidades, atribuyen a los cuerpos tanta menos energía cuanto más cerca de c o velocidad de la luz se mueven. Nada extraño. Pues sin dinámica, ni una ni otra mecánica pueden presupuestar la velocidad que adquirirá un cuerpo a un determinado impulso, máxime admitiendo c. Sin cinemática, cotejar la velocidad que le procura el impulso. Y sin cinética, determinar la energía cinética en función de la masa y velocidad resultantes en el cuerpo.

En su lugar, tergiversan los fundamentos y resultados de la Mecánica Clásica aprovechando que no cumple a altas velocidades. La Mecánica Relativista, relativizando el Principio de la Relatividad del Movimiento o Ley de la Inercia de Galileo. Y la Mecánica Cuántica amparando y amparándose en las erradas fórmulas relativistas de la energía con un antiprincipio, el Principio de Indeterminación de Heisenberg. Con el que se exime de dar cuentas exactas de la energía, en su caso a las partículas: tanta menos cuanto más cerca de c se mueven.

Bajo ese permisivo antiprincipio, las hipótesis cuánticas vienen dando como fruto una interminable lista de partículas virtuales, actualmente más de 200 y sin solución de continuidad: Un círculo vicioso, por cuanto más se aceleran las partículas en los Grandes Aceleradores, menos energía le asignan dichas fórmulas y más necesidad de partículas virtuales y más inverosímiles propiedades y funciones les atribuye la Mecánica Cuántica. Sin conseguir, aún así, dar cuentas de las energías puestas en juego en esas enormes máquinas que aceleran las partículas electromagnéticamente. Ni, por supuesto, tratar energéticamente las naturales. Verbigracia, las fantásticas energías que portan los rayos cósmicos son tan elevadas respecto a las que pueden asignarles las fórmulas relativistas en función de sus masas y velocidades detectadas que, ante tal reto, ambas dos mecánicas no hacen otra cosa que solaparse mutuamente sus desatinos ante el principio de conservación de la energía.

En resumen, si a altas velocidades el impulso que reciben los cuerpos no concuerda con la velocidad que manifiestan; ni el trabajo con la energía. Y dado que el impulso y el trabajo transferible a los cuerpos no tienen límite, pero sí la velocidad. Y como quiera que estas magnitudes tienen que corresponderse con la cantidad de movimiento y la energía cinética, como exigen sus respectivos principios de conservación. Luego, si las magnitudes de la Mecánica no se corresponden a altas velocidades y quien lo refleja es quien a bajas velocidades tiene su razón de ser, precisamente, en su mutua correspondencia: la mecánica galileana-newtoniana, única que tiene estructura de tal. En consecuencia, habrá que convenir que sin su concurso no es posible a altas velocidades conseguir lo mismo que a bajas velocidades: que se correspondan entre sí la dinámica, la cinemática y la cinética. Coordinarlas, pues, es sentar las bases para la consecución de una Mecánica Unificada que no distinga entre altas o bajas velocidades, macrocosmos o microcosmos. Que es lo que lleva a cabo este trabajo en esta primera parte. Cómo no, asumiendo, en primera instancia, la necesidad de la Transformación de la Mecánica Clásica.Naturalmente, sin desvirtuar, en absoluto, lo que en ella es incuestionable a bajas velocidades: su condición de exacta, predictiva y determinativa.

Quien recorre siempre el mismo camino, ve siempre el mismo paisaje. No es el caso de este trabajo, que se adentra por paisajes inéditos.


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