Presentación

Su pintura es sencilla, sin estridencias: un rayo de sol que se filtra entre los árboles, una sombra alargada en el atardecer,  reflejos de luz misteriosa...

Es su sensibilidad la que nos comunica una sensación de alegre complacencia ya que, siendo sus cuadros en su mayor parte oscuros, no son tristes sino tan intensos que, al contemplarlos, Zárate nos entrega parte de sus emociones con una carga de símbolos a descifrar.

Esos cristales que casi no se ven pero que ahí están, con su técnica de espátula y arrastrados que practica con valentía, nos permiten ser partícipes del momento en que fueron pintados; delante de sus cuadros nos adentramos en su atmósfera para gozar de una obra que se trasmite a través del talento con que se realiza.

Sus bodegones, fruto de mucha meditación, no se limitan a representar unos objetos más o menos bellos; tratan de hacernos pensar, mientras contemplamos sus juegos de luz que nos hacen descubrir nuevos matices al mirarlos una y otra vez. He asistido desde el principio a su formación y siento el orgullo de ser su madre.

María Luisa Terol - Pintora