Marianne Moore poemas

   Poemas de  Marianne Moore                  traducidos por Olivia de Miguel

 

El héroe (The Hero)

 

Donde nos apetece, vamos.

  Donde el suelo es áspero; donde hay

  malas hierbas altas como frijoles,

  dientes hipodérmicos de serpiente, o

  el viento trae la «voz espantaniños»

  desde el descuidado tejo con

  los semipreciosos ojos felinos del búho-

despierto, dormido, «orejas erectas erguidas en finas puntas»-,

en tales lugares el amor no florecerá.

 

No nos gustan ciertas cosas, y al héroe

  tampoco; ni las lápidas extravagantes

  ni la incertidumbre,

  ir donde no se desea

  ir; sufrir y no decirlo;

  quedarse escuchando donde algo

  se oculta. El héroe se encoge ante

lo que se precipita con aleteo amortiguado y un par

de ojos amarillos –de aquí para allá-

 

con un trino vibrante y acuoso, bajo,

  alto, con gorjeos en basso falsetto

  hasta que la piel se eriza.

  Jacob agonizante preguntó

  a José: ¿Quiénes son estos? y bendijo

  a ambos hijos, más al más joven, irritando a José.

  Y a su vez, José irritaba a otros.

Y también Cincinato, Regulo y algunos de nuestros

compatriotas, se han sentido, aunque piadosos,

 

como Pilgrim obligado a caminar despacio

  para encontrar su pergamino, cansados pero esperanzados-

  sin que la esperanza sea esperanza

  hasta que toda base para la esperanza se ha

  desvanecido; e indulgentes, considerando

  el error de sus semejantes con los

  sentimientos de una madre-

mujer o gata. El correcto Negro de levita

junto a la gruta

 

contesta a la intrépida turista que visita el lugar

  y pregunta al hombre que la acompaña: qué es esto,

  qué es aquello, dónde está Marta

  enterrada; «el general Washington,

  allí; su señora, aquí»; hablando como

  si representara un papel, sin verla; con

  sentido de la dignidad humana

 

y reverencia por el misterio, de pie como la sombra

del sauce.

 

Moisés no sería nieto del faraón.

  No es lo que como

  mi alimento natural,

  dice el héroe. Él no sale

  a ver paisajes, sino cristal

  de roca para ver –el asombroso Greco

  rebosante de luz interior- que

no ambiciona nada de lo que ha dejado. A este lo reconoceréis

como el héroe.

 

                                       Cabeza de chorlito (Bird-witted)

 

                         Con inocentes ojos abiertos de pingüino, 

                           tres grandes sinsontes inexpertos bajo

                               el sauce

                               permanecen en fila,

                         ala con ala, delicadamente solemnes,

                          hasta que ven

                          a su madre tan grande

                          como ellos trayendo

                          algo que parcialmente

                          alimentará a uno.

 

Hacia el agudo crujido intermitente

  de carro con ballestas rotas, que

emiten los tres cuerpecitos sumisos

  moteados de prímulas,

ella se dirige; y cuando

del pico

       de uno, el escarabajo

       aún vivo cae

al suelo, ella lo recoge y se lo

vuelve a dar.

 

Permanece en la sombra hasta que ellos se peinan

  su denso plumaje filamentoso,

recubierto del pálido manto del sauce,

  extienden la cola y

las alas, mostrando, uno a uno,

la sencilla

       raya blanca que recorre la

       cola y atraviesa

el ala por debajo, y el

acordeón

 

se vuelve a cerrar. ¿Qué delicioso trino,

  de rápidos e imprevistos sones

aflautados brotando de la garganta

  del astuto

pájaro adulto, llega del

lejano

       aire tibio

       otoñal antes

de que la prole estuviera aquí? Qué áspera

se ha vuelto la voz del pájaro.

 

Un gato moteado los observa,

  arrastrándose lento hacia el pulcro

trío sobre el tronco del árbol.

  Como no lo conocen

los tres le hacen sitio, inquietante

y nueva dificultad.

       Una pata que pende, perdido

       el control, se levanta

y encuentra la ramita sobre la

que planeaba colgarse. La

madre como una saeta, animada por lo que hiela

  la sangre y recompensada por la esperanza-

de la lucha- puesto que nada llena

  las chirriantes bocas

hambrientas, emprende un combate a muerte

y medio mata

       con pico de bayoneta y

       alas despiadadas al

gato intelectual

que r e p t a cauteloso.

 

                                              Inglaterra (England)

 

con sus riachuelos y pueblos con abadía o catedral,

con voces –quizá una voz, resonando en el crucero- la

sabiduría de lo útil y lo conveniente; e Italia

con sus equilibradas costas, logrando un epicureísmo

del que se ha extirpado la vulgaridad;

 

y Grecia con sus cabras y calabazas,

cuna de moderados espejismos; y Francia,

«crisálida de la mariposa nocturna»,

en cuyos productos el misterio de la construcción

te distrae del propósito inicial:

solidez medular; y Oriente con sus caracoles, su emocional

 

taquigrafía y cucarachas de jade, el cristal de roca y su imperturbabilidad,

todo con calidad de museo; y América donde

en el sur conducen el pequeño, viejo y desvencijado victoria,

y en el norte fuman puros en la calle;

donde no hay lectores de galeradas, ni gusanos de seda, ni digresiones;

 

la tierra del salvaje; sin césped ni vínculos, país sin lengua en el que las letras

      no se escriben

en español, griego, latín o taquigrafía,

¡sino en simple americano que perros y gatos saben leer!

La letra a en salmo y calmo,

pronunciada con el sonido de la a en candil, es claramente perceptible,

 

pero ¿por qué este hecho debería explicar

continentes de malentendidos?

¿Se deduce de esto que por haber hongos venenosos

parecidos al champiñón, ambos son venenosos?

De la vivacidad que se puede confundir con apetito,

de la vehemencia que puede parecer atolondramiento

no puede concluirse nada.

Haber malinterpretado el asunto es confesar que no se ha investigado lo suficiente.

 

La sublimada sabiduría china, el discernimiento egipcio,

el devastador torrente de emoción

condensado en los verbos de la lengua hebrea,

los libros del hombre capaz de decir:

«No envidio a nadie excepto a él, y sólo a él,

mejor pescador que yo»,

la flor y el fruto de todo lo que indicaba superioridad,

si no se encontraban casualmente en América,

¿hay que imaginar que no existen allí?

Jamás estuvieron confinados a una localidad.

                                    © de los poemas: Marianne Craig Moore/Random House Mondadori

                                                   © de la traducción: Olivia de Miguel Crespo

                                                               The Barcelona Review is a registered non-profit organization

 

 

TO A SNAIL

If “compression is the first grace of style,”

you have it. Contractility is avirtue

as modesty is a virtue.

It is not the acquisition of any one thing

that is able to adorn,

or the incidental quality that occurs

as a concomitant of something well said,

that we value in style,

but the principle that is hid:

in the absence of feet, “a method of conclusions”;

“a knowledge of principles,”

in the curious phenomenon of your occipital horn

 

A UN CARACOL

Si “la condensación es la principal gracia del estilo”,

tú la tienes. Lo contráctil es una virtud,

del mismo modo que lo es la modestia.

No es la adquisición de algunacosa

que sirva de adorno,

o la casual cualidad que acontece

en conjunción con algo bien dicho

lo que apreciamos en el estilo,

sino el principio oculto:

a falta de pies, “un método de conclusiones”;

“un conocimiento de los principios”

en el curioso fenómeno de tu cuerno occipital.

 

EL PASADO ES EL PRESENTE

Si se agotó la acción externa

y el ritmo pasó de moda,

me volveré hacia ti,

Habakkuk, tal como fui incitada a hacerlo hace poco, por XY, que hablaba de verso sin

rima.

Este hombre dijo –creo repetir exactamente

sus palabras:

“La poesía hebrea es

prosa con una especie de conciencia acrecentada. ‘El éxtasis

genera la ocasión y la conveniencia determina la forma.’”

 

THE PAST IS THE PRESENT

If external action is effete

and rhyme is outmoded,

I shall revert to you,

Habakkuk, as on a recent occasion I was goaded

into doing, by XY, who was speaking of unrhymed verse.

This man said –I think I repeat

his identical words:

“Hebrew poetry is

prose with a sort of heightened consciousness. ‘Ectasy affords

the occasion and expediency determines the form.

 

POESÍA

A mí también me desagrada: hay cosas más importantes que esta fruslería.

Leyéndola, eso sí, con el más completo desdén, uno descubre que, después de todo, hay

en ella espacio para lo genuino.

Manos que pueden agarrar, ojos

que pueden dilatarse, pelos que se paran

si es necesario, estas cosas son importantes no porque una

interpretación altisonante puede imponérseles sino porque son

útiles; cuando se vuelven derivadas hasta lo ininteligible,

lo mismo puede decirse de todos nosotros, que

no admiramos lo que

no entendemos: el murciélago,

colgado cabeza abajo a la espera de algo que

comer, elefantes empujando, un caballo salvaje revolcándose, un lobo infatigable bajo un

árbol, el crítico inmutable crispando la piel como un caballo que siente una pulga, el

hin-

cha del fútbol, el estadístico–

tampoco vale

ejercer la discriminación contra los “documentos de negocios y textos

escolares”; todos estos fenómenos son importantes. Uno debe distinguir,

empero: cuando la empujan hacia la notoriedad los poetastros, el resultado no es

poesía,

al menos no hasta que aquellos de entre nosotros que son poetas puedan ser

“literalistas de

la imaginación” –por sobre

la insolencia y la trivialidad y puedan presentar,

para ser inspeccionados, jardines imaginarios con sapos de verdad en ellos,

la tendremos. Por el momento, si solicitas por una parte

la materia prima de la poesía en

toda su crudeza y

por otra parte lo

genuino, entonces te interesa la poesía.

 

POETRY

I, too, dislike it: there are things that are important beyond all this fiddle.

Reading it, however, with a perfect contempt for it, one discovers that there is in

it, after all, a place for the genuine.

Hands that can grasp, eyes

that can dilate, hair that can rise

if it must, these things are important not because a

high sounding interpretation can be put upon them but because they are

useful; when they become so derivative as to become unintelligible,

the same thing may be said for all of us, that we

do not admire what

we cannot understand: the bat,

holding on outside down or in quest of something to

eat, elephants pushing, a wild horse taking a roll, a tireless wolf under

a tree, the immovable critic twitching his skin like a horse that feels a flea, the base-

ball fan, the statistician–

nor is it valid

to discriminate against “business documents and

school-books”; all these phenomena are important. One must make a distinction

however: when dragged into prominence by half poets, the result is not poetry,

nor till the poets among us can be

“literalists of

the imagination”–above

insolence and triviality and can present

for inspection, imaginary gardens with real toads in them, shall we have

it. In the meantime, if you demand on one hand,

the raw material of poetry in

all its rawness and

that which is on the other hand

genuine, then you are interested in poetry.

 

TALISMAN

En un mástil quebrado

por el mar arrojado

       junto a la nave rota,

un pastor tropezó

y en la arena encontró

       una gaviota

 

de lapizlázuli, fino

amuleto marino

       con alones abiertos,

 

crispadas garras de coral

y pico en alto para saludar

       a los marineros muertos

 

 

“En defensa de su mundo”

Su carne y su espíritu, en sentido literal, son nuestro escudo.

New York Times, 7 de junio de 1944

 

Me gustaría ver los azulejos, las habitaciones, los patios de piedra

y los pozos antiguos

                   de esa tierra (la patria de Rinando

Caramonica el remendón, de Frank Sblendorio

                   y Dominick  Agelastro;

                   del tendero, del hombre del hielo y de la bailarina; de la bella

   Miss Damiano), la Italia

 

                   de la sabiduría y de todos los ángeles, en el día de Navidad

de este año navideño.

                   Hay un piano silencioso,

una guerra inocente y el corazón que puede actuar contra sí mismo. Aquí,

                   todos diferentes aunque parecidos, que tanto

                   tropiezan, caen y se multiplican

hasta que los cuerpos cubren la tierra por donde pasar,)

 

                   contra esta forma de victoria podrían decir:

“Si Cristo y los apóstoles murieron en vano,

          yo moriré en vano con ellos”

¡Aquel bosque de cruces blancas!

                   Mis ojos no se cerrarán ante él.

 

Todos preparados como animales para el sacrificio,

como Isaac en el monte,

                   eran su propio sacrificio.

                   ¿Marchando hacia la muerte, hacia la vida?

“En defensa de su mundo”

                   cuyos espíritus y cuerpos,

en sentido literal, eran y siguen siendo

           nuestro escudo.

 

                   Ellos combatieron al enemigo,

nosotros combatimos la vida superflua y la autoconmiseración ..

                   Luce, oh luce,

sol que nunca engañas, sobre este panorama enfermizo.

 

 

A un ave de rapiña

Me convienes, pues me puedes hacer reir

y no te ciegas la paja

                   que los vientos mandan –en remolino- desde el almiar.

 

Sabes pensar, lo que piensas lo dices

con mucho del orgullo de Sansón y de su desolado

                   remedio, por lo que nadie se atreve a mandarte callar.

 

El orgullo te sienta bien, pájaro colosal que tanto te pavoneas.

Ningún corral te hace parecer absurdo;

                   tus garras de bronce son firmes ante la derrota.

 

 

SILENCIO

Mi padre solía decir:

"La gente de clase jamás hace visitas largas,

hay que mostrarles la tumba de Longfellow

o las flores de vidrio en Harvard.

Bastándose a sí mismos como el gato

-quien se lleva su presa a un retiro,

colgante la cola fláccida del ratón como un cordón de su boca-

a veces disfrutan con la soledad

y pueden quedarse privados de habla

al oír palabras que los hayan deleitado.

El sentimiento más hondo se muestra siempre en el silencio;

no en el silencio sino en la sobriedad".

Tampoco era insincero él al decir: "haga Ud. de mi casa su posada".

Las posadas no son residencias.                                                                                                                                                                                                       Imagen de Globalia

 En la desconfianza de los méritos

¿Afianzado en vivir, en morir

por medallas y victorias confiables?

Luchan, luchan, lucha el ciego

que cree ver, -

quien no puede ver que el esclavizador

está esclavizado; el odiador, dañado. Oh brillo,

oh firme estrella, oh tumultuoso

océano azotado hasta que las diminutas cosas van

como lo desean, la montañosa

onda nos hace conocer a quienes miramos

 

lo profundo. ¡Perdidos en el mar antes de luchar!

Oh estrella de David, estrella de Belén,

oh negro león imperial

del Señor – emblema

de un mundo levantado – sean juntados al fin, sean

juntados. Hay la corona del odio y debajo de ella todo es

muerte; hay la del amor sin la que nadie

es rey; los actos benditos santifican

el halo. Así como el contagio

de la enfermedad hace la enfermedad,

 

el contagio de la verdad puede hacer la confianza. Están

luchando en cavernas y desiertos, uno por

uno, en batallones o escuadrones;

ellos están luchando para que yo

pueda todavía curarme de la enfermedad, Mi

Yo; algunos están ligeramente enfermos; algunos morirán. "El hombre

lobo del hombre y nos devoramos

entre nosotros. El enemigo no hubiera

podido abrir una brecha mayor en nuestras

defensas. Alguien

 

que guía a un ciego puede hacerlo escapar, pero

Job descorazonado por el falso alivio supo

que nada puede derrotar tanto

como un ciego que

puede ver. Oh, vivos quienes están muertos, quienes están

satisfechos de no ver, oh, nimio polvo de la tierra

que camina tan arrogante,

la confianza engendra poder y la fe es

una cosa afectuosa. Juramos,

hacemos esta promesa

 

a los que luchan – es una promesa – "Jamás

odiaremos el negro, lo blanco, lo rojo, lo amarillo, al judío,

el gentil, al intocable". No somos

aptos para jurar.

Con las mandíbulas apretadas ellos luchan,

luchan, luchan, - amamos a algunos que conocemos,

amamos a algunos pero no los conocemos – para

que los corazones puedan sentir y no se entumezcan.

Eso me cura; ¿o soy yo lo que

no puede creer? Algunos

en la nieve, o en despeñaderos, otros en arenas movedizas,

poco a poco, mucho a mucho, ellos

luchan luchan luchan para que donde

había muerte pueda haber

vida. "Cuando un hombre es presa de la ira,

es movido por cosas exteriores; cuando se sostiene

en su sitio con paciencia paciencia

paciencia, eso es acción o

belleza", la defensa del soldado

y la más dura coraza para

 

la lucha. El mundo es el hogar de un huérfano. ¿Jamás

tendremos paz sin tristeza?

¿Sin las súplicas de los que mueren

por una ayuda que no ha de venir? Oh,

tranquila forma sobre el polvo, no puedo

mirar y sin embargo debo. Si estos grandes y pacientes

moribundos – todas estas agonías

y heridas soportadas y sangre derramada –

nos pueden enseñar cómo vivir, estos

moribundos no fueron en vano.

 

Corazón endurecido de odio, oh, corazón de hierro,

el hierro es hierro hasta hacerse herrumbre.

Jamás ha habido una guerra que no lo fuera

de adentro; debo

luchar hasta conquistar en mí lo que

causa la guerra, pero no lo creeré.

Yo en mis adentros nada hice.

¡Oh, crimen de Iscariote!

La belleza es eterna

y el polvo dura un rato.

 

Críticos y conocedores

Hay una gran cantidad de poesía en las inconscientes

afectaciones. Algunos objetos

Ming, las imperiales alfombras de coches

de ruedas amarillas, están muy bien donde están, pero yo

he visto algo

que me gusta más – un

simple y pueril intento de hacer que un imperfectamente

estable animal estuviera de pie,

un similar propósito al hacer que un cachorro

comiera en un plato.

 

Yo recuerdo un cisne bajo los sauces en Oxford,

con patas como hojas de arce

y color flamingo. Se desplazaba como un barco

de guerra. Incredulidad y consciente melindre eran

el ingrediente

fundamental de sus pocas ganas de moverse. Por último, su osadía

no era una prueba en contra

de su propensión a estimar enteramente los pedazos

de alimento que la corriente

le allegaba; se fue con lo que le di

para comer. He visto este cisne y

los he visto a ustedes; he visto la ambición

sin sutileza en una variedad de formas. Sucede que estando

cerca de un hormiguero, he visto

una escrupulosa hormiga llevar un tallo hacia el norte, al sur,

al este, al oeste, hasta que giró

sobre sí misma, caminar desde el lecho de flores

hacia el césped,

y volver al punto

desde el que había partido. Luego abandonó el tallo

como algo inútil y esforzando sus mandíbulas

con un pedazo de cal – diminuto

pero pesado, comenzó de nuevo el mismo camino.

¿Qué hay

en ser capaz

de decir que uno ha dominado la corriente

en una actitud de defensa propia;

en probar que uno ha tenido la experiencia

de cargar un tallo?

No hay cisne tan delicado

"No hay agua tan quieta como la

de las fuentes muertas de Versalles". Ni cisne

de turbia y ciega mirada recelosa

y patas gondoleras tan delicado

como el de china acharolada de ojos

castaño cervato y collar dentado

de oro donde se lee a quién perteneció el pájaro.

 

Alojado en el candelabro

Luis XV con capullos pintados

de amaranto, dalias,

erizos marinos y siemprevivas,

montado en la ramificada espuma

de bruñidas flores esculpidas,

cómodo y erguido. El rey ha muerto.

                                                              Traducción: Douglas Palma

 

EL REFUGIO DEL MAGO

de moderada altura,

(lo he visto)

sombrío pero brillante por dentro

como una piedra lunar,

mientras un destello amarillo

desde la grieta de una contraventana

y un destello azul desde el farol

junto a la puerta principal brillaban.

No daba pie a ninguna queja,

no se podía pedir más,

consumadamente sencillo.

 

La mole negra de un rosal en la parte de atrás

casi tocando los aleros

con la exactitud de un Magritte,

era ante todo discreto.

Puedo, podría, debo

Traducción de Olivia de Miguel

Si me dices por qué el pantano

parece infranqueable, entonces

te diré por qué pienso que

puedo atravesarlo si lo intento.

 

ROMERO

La Belleza y el hijo de la Belleza y el romero

–en suma: Venus y Amor, su hijo–,

se supone nacidos del océano,

en Navidad, en mutua compañía

tejen una guirnalda festiva

aunque no siempre de romero –

 

desde que voló a Egipto, florece indiferente.

Con hojas como lanzas, verdes, pero plateadas por debajo

las flores –blancas originalmente–

se volvieron azules. La hierba del recuerdo,

que imita el manto azul de la Virgen María,

no es demasiado legendaria

 

para dar flores que a la vez son símbolo y aroma penetrante.

Tras brotar de las rocas junto al mar,

la estatura de Cristo a los treinta y tres años,

se nutre del rocío y con la abeja

“habla un lenguaje mudo”; en realidad

es una especie de árbol navideño.

 

El San Jerónimo (Leonardo da Vinci’s Saint Jerome)

de Leonardo da Vinci y su león

en esa ermita

de muros derrocados,

comparten refugio para un sabio

-marco idóneo para el apasionado y lúcido

Jerónimo versado en el lenguaje-

y para un león pariente de aquel en cuya piel

no dejó huella el garrote de Hércules.

 

La bestia, recibida como un huésped,

aunque algunos monjes huyeran

-con su pata curada

que una espina del desierto había enrojecido-

guardaba el asno del monasterio…

que desapareció –según Jerónimo pensó-

devorado por el guardián. Así el huésped, como un asno,

sin ofrecer resistencia, fue encargado de transportar la leña;

 

pero, poco después, el león reconoció

al asno y entregó toda la caravana de camellos

de sus aterrorizados

ladrones al afligido

san Jerónimo. La bestia absuelta y

el santo quedaron de esa suerte hermanados;

y desde entonces su similar aspecto y comportamiento

estableció su parentesco leonino.

 

Pacífico, aunque apasionado

-porque de no ser ambas cosas,

¿cómo podría ser grande?-

Jerónimo –debilitado por las pruebas sufridas-

la cintura afilada comiera lo que comiera,

nos dejó la Vulgata. Bajo el signo de Leo,

la crecida del Nilo ponía fin a la hambruna, lo que hizo

de la boca del león un elemento apropiado para las fuentes,

un emblema que si no es universal

al menos no es oscuro.

Y aquí, aunque solo sea un esbozo, la astronomía

o los pálidos colores hacen que la dorada pareja

en el dibujo de Leonardo da Vinci parezca

bronceada por el sol. Resplandece, cuadro,

santo, animal; y tú, León Haile Selassie, con tu escolta

de leones símbolo de soberanía.

Suficiente: 1969

¿Soy una fanática? Todo lo contrario.

Y ¿dónde me gustaría estar?

Sentada bajo el olivo de Platon

o apoyada contra su grueso tronco viejo,

Lejos de la controversia

o de cualquier ser colérico.

Si vieras piedras bien colocadas, indemnes

de agramasa (los albañiles dicen “morteros”)

cuadradas y lisas, déjalas que se alcen como quieran,

dijo Ben Jonson, o lo dio a entender.

En Discoveries, dijo además:

“Defiende la verdad. Con eso basta.”

 

Los peces

cruzan

vadeando el negro jade.

Entre las conchas de mejillón azul cuervo, una se queda

componiendo los montones de ceniza;

abriéndose y cerrándose como

 

un

abanico herido.

Los percebes incrustados al borde

de las olas no pueden ocultarse

allí porque los sumergidos rayos del

 

sol

se resquebrajan como lana

de vidrio, se mueven con ligereza de proyector

entre las grietas-

dentro y fuera, iluminando

 

el

mar turquesa

de cuerpos. El agua atraviesa cuña

de hierro por el borde de hierro

del acantilado, sobre el que las estrellas,

 

rosados

granos de arroz, medusas

salpicadas de tinta, cangrejos como lirios

verdes y hongos

submarinos se deslizan unos sobre otros.

 

Todos

los rasgos

externos del abuso están presentes en este

desafiante edificio,

todas las características físicas del

 

ac-

cidente: falta

de cornisa, estrías de dinamita, quemaduras y

golpes de destral, estas cosas se destacan

en él; el abismo está

 

muerto.

La envidencia

reiterada prueba que puede vivir

a costa de lo que no revive

su juventud. El mar envejece dentro de él.

                                          (versión de Olivia de Miguel)

 

A una aplanadora

La ilustración

no es nada para ti sin la aplicación.

Te falta la mitad del sentido. Aplastas todas las partículas

en apretada conformidad, y vas y vienes sobre ellas.

 

Las centelleantes astillas de piedra

son aplastadas hasta el nivel del bloque original.

Si no fuera "el juicio impersonal en materia

estética una imposibilidad metafísica", tú

 

podrías limpiamente alcanzarlo.

En cuanto a las mariposas, apenas concibo

la atención de una sobre ti, pero interrogar

la congruencia del complemento es vano, si es que existe.

Marianne Moore (Kirkwood, Missouri, 1887-Nueva York, 1972), "Selected poems", 1935, Complete Poems, Macmillian Publishing Company/Penguin Books, Nueva York, 1994

Versión de J. Aulicino

 

Esta mujer me atrapo con su definición de la poesía en tres líneas:

"A mi también me desagrada.

Sin embargo, al leerla con perfecto desprecio, se descubre

en ella,

después de todo, un sitio para lo genuino"

 

El reparador de agujas de campanario

EL CAMPANERO

Durero habría encontrado motivos para vivir

en una ciudad como ésta, con ocho ballenas varadas

para contemplar; con el dulce aire marino llegando hasta la casa

en un día claro, desde el agua grabada

con olas tan formales como las escamas

de un pez.

De a una, de a dos, de a tres, las gaviotas no dejan

de sobrevolar de un lado a otro el reloj de la ciudad,

o de planear en torno al faro sin mover las alas

-elevándose firmemente con una leve

torsión del cuerpo- o de congregarse

graznando donde

un mar del púrpura del cuello de un pavorreal

se empalidece hasta el azul verdoso, del mismo modo que Durero cambió

el verde pino del Tirol por el azul pavorreal y el gris

guinea. Se puede ver una langosta

de veinticinco libras y redes de pesca

puestas a secar. El

remolino de pífano y tambor de la tormenta mece el salado

pastizal de la marisma, perturba a las estrellas del cielo

y a la estrella de la aguja; es un privilegio ver

tanta confusión.

El reparador de agujas, de rojo, ha dejado

caer una cuerda como una araña que hila una hebra;

podría ser parte de una novela, pero en la vereda

un cartel reza C.J. Poole, Reparador de agujas de campanario,

en blanco y negro; y otro en rojo

y blanco dice

Peligro. El pórtico de la iglesia tiene cuatro columnas

acanaladas, cada una de piedra de una pieza, vueltas

más modestas por el encalado. Sería adecuado refugio

de granujas, niños, animales, prisioneros,

y presidentes que han pagado

a senadores

propensos al pecado no acordándose de ellos. Se ve

una escuela, una estafeta postal en una

tienda, casas de peces, casas de aves, una goleta de tres palos

en construcción. El héroe, el estudiante,

el reparador de campanarios, cada uno a su manera,

se siente en su casa.

Difícilmente podría ser peligroso vivir

en una ciudad como ésta, de gente simple

que hace que el reparador de campanarios ponga avisos de peligro

junto a la iglesia cuando está dorando la sólida

estrella puntuda que, sobre la aguja,

representa la esperanza.

                              Marianne Moore. La traducción es de Mirta Rosenberg y Hugo Padeletti.

 

La poesía, para decirlo de una manera poética, está antes que las necesidades.

 

La belleza es eterna y el polvo sólo dura un tiempo.

 

El sentimiento más profundo se revela siempre en el silencio. ¿Cuál es nuestra inocencia? ¿Cuál es nuestra culpa? Todos estamos desnudos, nadie está a salvo.

 

 

Está en la naturaleza humana encontrarse en medio de algo.

 

 

Un escritor es desleal cuando no puede ser duro consigo mismo.

 

Usted no es varón o mujer, sino un plan en el corazón de un hombre.

 

Lo que no es posible forzar es imposible de obstaculizar.

 

Poesía son todos los nombres y verbos.

 

La poesía es el arte de crear jardines imaginarios con sapos reales.

 

Si la técnica no es de interés para un escritor, dudo que el escritor sea un artista.

La impaciencia es la marca de la independencia, no de la servidumbre.

Nunca ha existido una guerra que no fuera hacia dentro. Debo luchar hasta haber conquistado dentro mío lo que causa la guerra.

Si me dices por qué un pantano parece impenetrable, te diré luego por qué creo que puedo cruzarlo si lo intento.

 

CUANDO COMPRO CUADROS

Cuando compro cuadros

o- lo que está más cerca de la verdad-

cuando contemplo aquello de lo que me puedo imaginar dueña,

prefiero lo que podría darme placer en cualquier momento:

la sátira de la curiosidad en la que sólo es discernible

la intensidad del ánimo;

o justo lo contrario – la antigüedad, la sombrerera con adornos medievales

en la que aparecen sabuesos con cinturas que se estrechan como la del reloj de arena,

ciervos, aves y gente sentada.

Puede ser simplemente una losa, tal vez una biografía literal

(con letras espaciadas, sobre una especie de pergamino),

una alcachofa con seis tonos azules, el tripartito jeroglífico con patas de agachadiza,

la cerca de plata que protege la tumba de Adán o Miguel tomando a Adán por la muñeca.

El énfasis intelectual demasiado estricto sobre cual o tal cualidad

merma el placer.

No debe pretenderse desarmar nada, ni tampoco debe honrarse a la ligera el éxito generalizado,

aquello que es grande por que otra cosa es pequeña.

En conclusión: sea lo que fuere,

debe estar “iluminado por miradas penetrantes en la vida de las cosas”,

debe reconocer las fuerzas espirituales que los crearon.

 

¡¡Ay, Ser un DragonN!!!

Si, como Salomón...,

yo pudiera cumplir mi deseo

-mi deseo... ¡ay, ser un dragón!,

símbolo del poder del cielo- del tamaño

del gusano de seda o inmenso; invisible a veces.

¡Extraordinario fenómeno!

 

If I, like Solomon,...

could have my wish-

my wish... O to be a dragon,

a symbol of the power of Heaven-of silkworm

size or immense; at times invisible.

Felicitous phenomenon!

Marianne Moore, Poesía completa, trad. Olivia de Miguel, Lumen

 

ÉL HIZO ESTE BIOMBO

no de plata ni de cuerda

sino de laurel curtido por la intemperie.

 

Aquí, introdujo un mar

uniforme como tapiz;

 

aquí, una higuera; allá, una cara;

más allá; un dragón circundando el espacio;

 

apuntando aquí, una glorieta;

allá, una puntiaguda pasionaria.

 

 

TEMPORADA EN LA BALLENA

Intentando abrir puertas con una espada, enhebrando

agujas por la punta, plantando árboles de sombra

boca abajo; engullida por la opacidad de una a quien los mares

aman más que a ti, Irlanda,

 

has vivido y has sobrevivido a toda clase de escasez.

Los duendes te han obligado a hilar

paja en hebras de oro y has oído a los hombres decir:

 

" Es un temperamento femenino opuesto por completo al nuestro

el que la obliga a comportarse así. Circunscrita por una

herencia de ceguera y nativa

incompetencia, se volverá sensata y tendrá que rendirse.

Constreñida por la experiencia, retrocederá;

el agua busca su propio cauce".

 

Y tú has sonreído. "El agua en movimiento rebasa

el cauce." Tú la has visto, cuando los obstáculos bloqueaban

el camino, alzarse automáticamente.

 

En los días de color prismático

no en los días de Adán y Eva, sino cuando Adán

estaba solo; cuando no había humo y el color era

fino, no con el refinamiento

del arte primitivo, sino a causa

de su originalidad; sin nada que la modificara salvo la

 

niebla que subía, la oblicuidad era una varia-

ción de la perpendicular, simple de ver y

de explicar: ya no

lo es, ni tampoco la banda de incandescencia

azul-roja-amarilla, que era el color, conserva sus franjas; también es

una de

esas cosas en las que mucho de peculiar puede

leerse: la complejidad no es un crimen, pero llévenla

hasta el punto de lo

sombrío y nada es simple. Más aún,

la complejidad que se ha comprometido con la oscuridad, en vez de

reconocerse a sí misma

como la pestilencia que es, gira en torno

como para aturdirnos con la funesta

falacia de que la insistencia

es la medida del logro y de que toda

verdad debe ser oscura. Principalmente garganta, la sofisticación está

donde

siempre ha estado -en las antípodas de las grandes

verdades iniciales. "Una parte se arrastraba, otra parte

estaba a punto de arrastrarse, el resto

estaba aletargado en su cubil." En el avance espasmódico

de piernas cortas, en el gorgoteo y todas las trivialidades -tenemos

la clásica

multitud de pies. ¡Con qué propósito! La verdad no es Apolo

Belvedere, ni algo formal. La ola puede pasarle por encima si

quiere

Sepan que estará allí cuando dice:

"Estaré allí cuando la ola haya pasado".

Marianne Moore (Kirkwood, Missouri, 1887-Nueva York, 1972), El reparador de agujas de campanario y otros poemas, selección y traducción de Mirta Rosenberg y Hugo Padeletti, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988

 

La caridad triunfante sobre la envidia

¿Tienes tiempo para una historia

(representada en un tapiz)?

La Caridad, montando un elefante,

sobre un «mosaico de flores», se enfrenta a la Envidia,

las flores «en manojos, sin plantar».

La Envidia, sobre un perro, está agotada por la obsesión,

su codicia (ya que sólo una parte de la propiedad

ajena puede arrebatar). Arrastrándose ansiosa

sobre la floreada filigrana, entre la amplia maleza

dentada por conchas que se arremolinan,

pequeños girasoles aplastados,

tenues tallos arqueados de coral, y —horizontalmente acanaladas—

mechas verdes, la Envidia, sobre su perro,

levanta los ojos hacia el elefante,

recula agazapada, con la mejilla ligeramente rasguñada.

Dice: «¡Oh, Caridad, apiádate de mí, Diosa!

Oh, despiadado Destino,

¿qué será de mí,

tullida a manos de la Caridad —Caritas—, la espada desenvainada

sobre mí ya? La sangre mancha mi mejilla. Estoy herida».

Vestida con peto sobre cota de malla, una camisa de acero

hasta las rodillas, repite: «Estoy herida».

El elefante, al que la autocompasión no desanima en ningún momento

convence a la víctima

de que el Destino no consiste en tramar una conjura.

 

El problema está superado —insoportablemente

agotador cuando era amenazante.

La liberación explica lo que parece un axioma.

 

No es preciso cortar el nudo gordiano.

                                                                                   Versión de Olivia de Miguel

 

El pasado es el presente

Si se agotó la acción externa

y el ritmo pasó de moda,

me volveré hacia ti,

Habakkuk, tal como fui incitada a hacerlo hace poco, por XY, que hablaba de verso sin rima.

 

Este hombre dijo –creo repetir

exactamente sus palabras:

“La poesía hebrea esprosa con una especie de conciencia acrecentada.

‘El éxtasis genera

la ocasión y la conveniencia determina la forma.’

                                                                                             Versión de Fernando Pérez

 

Eres como el producto realista de una búsqueda

idealista de oro al pie del arcoiris

 

Oculto en el follaje y fruto

        augustos de la vid

                lía

                tu anatomía

                en el tallo pulido y podado,

                        camaleón.

                        Fuego tendido

                en la esmeralda larga

        como la gema enorme del Oscuro Rey,

no podría atrapar al iris y engullirlo

  como lo has hecho tú.

 

                 UMA GARRAFA EGÍPCIA DE VIDRO SOPRADO

EM FORMA DE PEIXE            

               Há uma sede, que  cresce,

desde o início,  da paciência

    e da arte, como se uma onda se detivesse

    na perpendicularidade de sua essência;

 

não frágil, todavia,

intensa — o espectro em seu feixe

    de cores, e, espetacular e ágil, o peixe,

    espelho-escamas onde a espada do sol se desvia.

 

                         

 

                            ÁGUA-VIVA

 Visível, invisível,

    um encanto flutuante

uma ametista âmbar-viva

    a habita, teu braço

se aproxima e ela abre

   e fecha; o pensamento

de agarrá-la e  ela estremece;

   abandonas teu intento.

 

 

ARTHUR MITCHELL*

 Libélula sutil

rápida demais para o olho

     enjaular —

gema contagiosa de virtuosidade —

visibiliza a mentalidade.

Tuas mobilidades de esmeralda

 

      revelam

           e velam

                pavão e cauda.

*Arthur Mitchell,  1934 – famoso dançarino negro americano de música moderna.

 Traduções: Augusto de Campos

 

Emperifollado o en cueros,

El hombre, el yo, el ser que llamamos humano, escriba

De este mundo, garabatea algo oscuro:

“Al semejante no le gusta lo semejante detestable”, y escribe

error con cuatro

erres. Entre los animales hay uno con sentido del humor.

 

El humor evita algunos pasos, evita años. Sabio

modesto, inconmovible, y todo emoción,

tiene un vigor inagotable

capacidad de crecer,

aunque hay pocas criaturas más capaces

acelerarnos la respiración y ponernos erguidos.

                                       (“El pangolín”, Qué son los años, 1941)

 

Marianne recopiló citas de su madre en una libreta, pueden confundirse con Emerson, Tolstoi, Plinio o Henry James, sin que el más avezado lector apenas lo note:

¡Ay! Los compañeros de Ulises son ahora políticos

y viven con desenfreno hasta ahogar el sentido de la proporción,

creen que la licencia emancipa, “esclavos de aquello

a lo que están condenados”

Autores desvergonzados, totalmente corrompidos,

Malogrados como si lo íntegro

Y excepcional fueran viejas posturas pseudos elegantes (…)

 

Bendito sea el hombre cuya fe es distinta

de la dominante – a la que moldea “la simple apariencia

de las cosas”,

que no concibe la derrota, demasiado entregado para

desanimarse,

cuyo ojo iluminado ha visto el rato que dora la torre del sultán.

(“Bendito sea el hombre”, Como un baluarte (1956)

 

http://trenzamocha.blogspot.com.es/2009/10/antipoetisa.html

y su resistencia a utilizar la pasión amorosa como material poético”. ¿Por qué imagino que Marianne, ataviada con alguna de sus corbatas, habrá leído estas afirmaciones con una sonrisa entre displicente y sobria en los labios?:

 

Sea lo que sea es una pasión-

una demencia benigna que debería

engullir a América, alimentada de forma

opuesta al modo en que

se alimentó el Minotauro.

Es un Midas de ternura;

del corazón;

nada más. De alguien capaz

de soportar ser incomprendido-

de aceptar la censura con “nobleza

que es acción”, y que se identifica

con el entusiasmo de un pionero

sin arrogancia ni

pomposidad de raquítica

triviliadad pretenciosa.

 

Sea lo que sea, que viva sin

Afectación

 

Sí, sí, sí,

 

Una tumba

Un hombre mira hacia el mar,

adoptando el punto de vista de aquellos que tienen tanto derecho

                                                                           /a eso como vos,

está en la naturaleza humana pararse en el medio de algo,

pero no podés pararte en el medio de esto;

el mar no tiene nada para dar excepto una tumba bien cavada.

Los abetos se alzan en procesión, cada uno con una pata de

                                               /pavo verde esmeralda en la punta,

reservados como sus contornos, sin decir nada;

la represión, sin embargo, no es la característica más obvia del mar;

el mar es un coleccionista, rápido en devolver una mirada voraz.

Hay otros además de vos que llevan esa mirada

cuya expresión ya no es más de protesta; los peces ya no

                                                                                     /los investigan

porque sus huesos no han perdurado:

hombres que arrojan redes, inconscientes del hecho de estar             

profanando una tumba,

y se alejan remando rápido, las hojas de los remos

moviéndose juntas como patas de arañas de agua, como si no existiera algo como la muerte.

Los pliegues avanzan entre ellos en forma de falange,

                                                                           /hermosos bajo

redes de espuma

y se desvanecen sin aliento mientras el mar crepita, entrando y saliendo de las algas;

los pájaros nadan por el aire a toda velocidad, emitiendo silbidos hasta entonces,

el caparazón de tortuga golpea contra el pie de los acantilados, meciéndose  por debajo;

y el océano, con las pulsaciones de los faros y el ruido de las boyas,

avanza como siempre, como si no fuera ese océano donde las cosas que caen están destinadas a hundirse, y si dan vueltas o se enredan, lo hacen sin voluntad y sin consciencia.

 

LOS TRABAJOS DE HERCULES

Popularizar la mula, cuyo neto exterior

expresa el principio de adaptación reducido a un mínimo:

persuadir al señor de gusto austero, orgulloso de su hogar y músico

de que el piano es campo libre para incisiones, de que sus "encantadoras notas de /renacuajo"

pertenecen al pasado cuando había tiempo para tocarlas:

persuadir a esos autoforjados Midas de la inteligencia

cuya ignorancia de catorce quilates aspira a llegar hasta el cielo

de que la conducta excesiva augura desengaño,

de que uno no debe colgarse una barba blanca prestada

y amenazar al curioso casual con la guadaña del tiempo:

enseñar al bardo de selectividad demasiado elástica

que el poder creativo se detecta por su capacidad de conquistar el desapego,

que mientras tenga más elasticidad que lógica,

sabe adónde va,

y vuela en línea recta como la electricidad

despoblando áreas que se jactan de remotas

para probar a los altos sacerdotes de la casta

que el esnobismo es estupidez,

la mejor cara exterior de la vieja adulonería,

que besa los pies del que está arriba

y patea la cara del que está abajo;

enseñar a los santos-patrones-para-ateos, al trovador

sensiblero del Coliseo (encontrémonos-a-solas-a-la-luz-de-la-luna)

que el gusto por los remiendos rápidos no es la vida

aunque tampoco son apropiados para la muerte -que estamos hartos de la tierra,

hartos de los chiqueros, de los gansos salvajes y de los hombres salvajes;

convencer a los controversistas encantadores de serpientes

de que una cosa es cambiar de opinión

y otra cosa erradicarla -que uno sigue sabiendo

"que el negro no es brutal,

que el judío no es codicioso,

que el oriental no es inmoral,

que el alemán no es un huno".

                                           Versión de Mirta Rosemberg y Hugo Padeleti

                                                                                En El reparador de agujas de campanario y otros poemas

 

Los monos

Guiñaban demasiado los ojos y temían las serpientes. Las cebras, destacadas

en su anormalidad; los elefantes con su piel neblinosa

y sus apéndices rigurosamente prácticos

estaban allí, los pequeños gatos; y el periquito–

trivial y monótono cuando al examinarlo, destruyendo

las cortezas y porciones de la comida que no podía comer.

 

Recuerdo su magnificencia,  ya no más magníficas

sino difusas. Es difícil recordar el ornamento,

el discurso, el modo preciso de eso que uno puede

llamar relaciones menores de

hace veinte años; pero no olvidaré

—aquel Gilgamesh entre

los peludos carnívoros— aquel gato con manchas

en sus patas con forma de cuña, de color pizarra y su cola concluyente,

comentando caústico, “Ellos abusaron de nosotros con sus burdas

declaraciones encubiertas, temblando

en desarticulado frenesí, diciendo

que  no es para nosotros comprender el arte; encontrando

todo tan difícil, examinando la cosa

como si fuera incomprensiblemente arcana, —simétricamente frígida como si hubierasido esculpida en calcedonia

o mármol— rígida en su tensión, maligna

en su poder sobre nosotros y más profunda

que el mar cuando adula a cambio de cannabis,

centeno, lino, caballos, platino, madera y pieles".

                                            Marianne Moore, Kirkwood, 1887 - Nueva York, 1972

                        Versión © Silvia Camerotto

 

El espíritu es una cosa encantadora
es una cosa encantada

al igual que el lustre en un
ala de chicharra
subdividida por el sol
hastas que las redes son legión.
Al igual que Gieseking tocando Scarlatti;
al igual que la lezna del ápterix
como un pico o el
chal para la lluvia de kiwi
con sus plumas peludas, el espíritu
avanza tanteando como un ciego,
sigue su marcha con los ojos fijos en el suelo.
Tiene el oído de la memoria
que puede escuchar sin
tener que escuchar.
Al igual que la caída del giróscopo,
realmente inequívoca
porque la certifica una certeza reinante,
es un poder de
enérgico hechizo. Es
como el cuello
de la paloma animado por
el sol; es el ojo de la memoria.
Es una concienzuda inconsistencia.
Arranca el velo; rasga
la tentación, la
bruma que lleva el corazón,
en sus ojos; siempre que el corazón
tenga cara; desarma
el abatimiento. Es fuego en el cuello irisdicente
de la paloma; en las
inconsecuencias
de Scarlatti.
La no-confusión pone
a prueba su confusión; no
es un juramento de Herodes que no se puede cambiar.

 

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