(54) La marcha de 150.000.000

los cantos


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Sumario de los Cantos:

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XLVII

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LV


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Enrique Falcón

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La marcha de 150.000.000
(Eclipsados, 2009)

LIV



Ya no quiero descender por tu patria

ni saltar de dos en dos escalera abajo

                                                       por delante la luz

desabre las puertas hasta obtener sus astillas

de caliza rota y nieve aguardándote:

ya no quiero entregarte mi patria.

 

Recuesta entonces esta tierra de trapo

en buscarse entonces la luz y las vitrinas,

asciende a tus tumbas de salón idiota,

ya no quiero dispararte a la cabeza

ni bajar al sobresótano

a comprarte la mentira la risa la escafandra

su confortable techo

y toda la pasión de sus ahogados. [1]

 

Ya no puedo decirte aullido

ni reclamar derecho a tus incendios

dulces y manchados como un niño largo.

Desde luego entonces

voy a privarte de las cosas

que se han roto y se desprenden

de tu modo de plantarte ante la casa

y ocupar las chimeneas y vivir en sus rincones.

Ya no puedo acoger a tus hermanos

(los que aquí murieron

te abrieran la lengua con su pan encendido)

ni cambiar mi abrigo por un hacha.

 

Deberías salir por tanto de mis dedos lentamente

renunciar a tus enigmas y partir muy pronto:

ya no puedo recoger tu bandera

y guardarla en el cajón-de-meter-los-miedos—

(puedo, desde luego,

olvidar tu asco pobre y de mentira

a tu pizca de amistad hecha masacre

y a razón de cinco balas por segundo

colocarte en tus agujeros y traerte más bufandas).

 

Ya no tengo intención de cuadrarte más las cuentas

ni salir por consiguiente con tu niño muerto

a estrujarte en las palabras o a posarme nuevamente [2]

en tu puzzle de conquistas.

Desde luego, que no cuentes ya conmigo

ni aparezcas en las fiestas del Ashura en Muharram: [3]

para desquiciar las puertas y abatirlas sobre el miedo

bastan tus aullidos y tu sangre ronca.

 

Al final de la tarde

no podrás descender a mi casa

ni danzar por más tiempo por los codos del cuarto.

Ni podrás desvestir a las muñecas

ni podrás esconderte más del lobo:

no podrás atiborrarte de cenizas—

son otros mis amigos y no hay tiempo

ya casi no hay más tiempo

no sobran ni dos balas más de tiempo

en vomitar tu nombre Europa, aullido,

tras el cementerio blanco.

 



[1] su confortable techo / y toda la pasión de sus ahogados son dos versos de la poetisa cubana Damaris Calderón (La Habana, 1967), en el libro Con el terror del equilibrista.

[2] las palabras: «Sólo podemos confesar nuestra confusión y nuestra impotencia, nuestra ira y nuestras opiniones, con palabras. Con palabras nombramos aun nuestras pérdidas y nuestra resistencia porque no tenemos otro recurso, porque los hombres están indefectiblemente abiertos a la palabra y porque poco a poco son ellas las que moldean nuestro juicio. Nuestro juicio, temido a menudo por quienes detentan el poder, se moldea lentamente, como el cauce de un río, por medio de corrientes de palabras. Pero las palabras sólo producen corrientes cuando resultan profundamente creíbles» (John Berger: Cada vez que decimos adiós, 1997).

[3] Muharram. Mes sagrado musulmán : recuerdo del éxodo tras el que los chiíes sobreponen en trance el dolor de la memoria de la matanza del desierto de Kerbala : la crueldad de Yazid contra el nieto del mensajero del islam : la cabeza de Husein exhibida en el Damasco omeya : el castigo.


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