(20) La marcha de 150.000.000

los cantos



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Sumario de los Cantos:

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XXIV

XXX

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XLIV

XLVII

XLIX

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LV


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Enrique Falcón

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La marcha de 150.000.000
(Eclipsados, 2009)


XX



[1] la batalla... 

         He aquí la batalla en el cristal contra el licor del miedo.

         A la salida de la fruta

         cargando con la tarde sobre la pesadez del mundo,

         siendo aullido, barrozal, lengua extinguida,

         Rosales López nuca y piedad de incienso

         sale a los espejos

         rompe el agua

         sus ojos suman agua a las vitrinas

         de-

         bidamente uniformados im-

         pecablemente armados, y sin

         pecado alguno,

         con la misma exacta eternidad de espuela de otras veces,

         entre los insistentes ruegos y súplicas del familiar de Rosales López

         setenta y dos horas fermentando a las magnolias

         y la tiza escupiendo el nombre (hasta que ya no te encuentren

         dormido y espantado en las cunetas) se-

         tenta y dos horas de que no se preocuparan

         que ya no iban a torturarlo

         que sólo unas preguntas;

         pero no allí.

 

...en el cristal contra el licor...

         { “...transparencia de la voz en una cumbre esbelta

         donde hay peines, y espejos, y agua en el desorden,

         sin perfil como el tuyo nadie va a tocarnos

         no habrá presa en el desierto nadie que nos diga

         ven, salgamos más despacio, na-

                                                             die más sino su nombre

         en esta carne otra en la carencia de palomas

         cicatrices pero no del junco

         donde nadie va a temerte, donde nadie

         –intemperie, espera, maleficio blanco– va a sangrarte

         amor, nadie

         va esta vez a asustarte, duerme

         y duerme en la corteza de las norias...” }

 

...contra el licor del miedo

         A la salida del silencio

         sepultando el golpe en un lugar prohibido,

         siendo rabia, agosto, santidad de bueyes,

         Rosales López que no ve los agujeros

         es subido al camión de las cigüeñas

         prende las ortigas

         sus caderas alarido a las canciones

         de-

         bidamente identificados im-

         pecablemente armados y sin

         duda alguna honestos,

         con la misma exacta ebriedad de zarza de otras veces,

         ante las insistentes peticiones de habeas corpus rosales lópez

         noventa y tres horas en los caudales del aullido

         y la estrofa temblando como un ciervo antiguo

         (hasta que ya no seas

         páramo y hoguera en el declinar del frío) no-

         venta y tres horas de que no se preocuparan

         que en algún lugar estaría triste y mudo,

         que sólo unas preguntas

         que sólo   las pocas, las / necesarias.

         *** Pero no vivo.

 



[1] El canto está dedicado a Juan Rosales López, carpintero salvadoreño muerto en 1990 a manos de la Policía Nacional, a sus 42 años de edad. El día 2 de febrero había salido hacia sus frutales en San José Cortés, donde fue detenido por varios soldados uniformados del Batallón Atlacatl. Fue encerrado en una iglesia. A uno de sus familiares se le informó que esta detención era pura rutina y que sólo le interrogarían, pero no allí, sino en otro lugar que no precisó. Al día siguiente se le subió a un camión con rumbo ignorado. Cinco días después, se informó que el cadáver de Rosales López se encontraba en el Centro Judicial Isidro Menéndez, en San Salvador, la capital. La causa directa de su muerte: las intensas torturas que le fueron aplicadas por parte de miembros de la Policía Nacional. Datos publicados en «Carta a las iglesias», nº 204, de marzo de 1990 (recogidos en M.López Vigil y Jon Sobrino: La matanza de los pobres).

 

 

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