(7) La marcha de 150.000.000:

los cantos


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Sumario de los Cantos:

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XXIV

XXX

XXXIII

XXXVII

XLII

XLIV

XLVII

XLIX

LIV

LV


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Enrique Falcón

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La marcha de 150.000.000
(Eclipsados, 2009)

VII

Nacida Nueva

 

 

Quitad los tropiezos del camino de mi pueblo, [1]

porque así le ciñeron las sandalias

así el polvo de la arena, los caminos de mi pueblo,

           la simiente empapada de mi pueblo. [2]

Porque allí lo vieron recostado [3]

y mirando sus clavículas de cerca,

allí le dieron nombres profundísimos (“tú”, “piedra”, 

                                            “marea alta de la boca”:

         “labio de viento”).

Paz al alejado y paz al que yace en la heredad [4]

del camino, paz al polvo, paz al árbol

con la mesa del banquete. Porque allí ha fermentado el mosto,

la vendimia saqueadora de la sangre;

               he pisado en el lagar yo solo, y no había conmigo 

                                                                           nadie [5]

               ni jugo de rastrojo.

                                                             Allanad esta calzada, [6]

esta borrachera larga de vías lácteas y estaciones, esta

                                                                             recompensa

de hijos hondos. No miréis

la tierra abandonada, no el desierto,

el impuro cenagal del ciervo acuclillado:

 

            He salido de la casa de los padres

 

                      y besado vuestros nombres de cobre herido.

 

Pero tuvimos la vergüenza

destructora de la especie que bate lejos, la estirpe del Sabbath,

las ingles repudiadas y el carbunclo.

Como agua el nuevo niño

dio mi nombre en los altares de la noche,

los altares profundísimos de la noche,

a la noche los altares

mi nombre escampado en buitres y sangre de cuásar con altares,

la noche portadora de los sueños negros.

Dadme oídos y haré un pacto eterno [7]

                           de falanges rotas y caminos,

una entera profesión de muslos rojos,

paz al alejado, paz al que está cerca.

                 Voy a dar luz a un árbol nuevo.

 

En vez de los espinos creció el ciprés y luego el mirto

                          (no las ortigas), [8]

pero nosotros esperábamos el espino el espinar tremendo

de los bueyes locos en el agua—

nosotros esperábamos el espanto

        y el espanto se cruzó con la carrera

        y la carrera con el miedo

y el miedo fue ojo de niño

y espaldar de labios en el monte.

Nosotros esperábamos un vientre desgajado

o un pánico de lunas

                     y una espada, una

                                     adormidera honda

de hombres cercenados.

Pero el mirto creció

en el vientre de todas nuestras hembras

y estalló como una granada hendida

de gritos y rosales.        ...No hubo ruido

y el silencio empapó los campos,

                             los amplios arrozales del otoño

y el misterio largo de los hombres

se paró por 10 años como un perro muerto,

un perro matemático de abismos.

Yo he visto sus caminos, he mirado dentro del pesebre [9]

y una luz sanadora de tendones

abrió los muslos, sacó la pulpa de su cáscara

de nervios y lianas y músculos heridos.

Mis ojos se durmieron en las cuencas del pesebre

reposados por 1.000 años en galaxias de arena y tizne,

y paja, y clavículas, el saqueo de la lengua.

 

En vez de miedo brotó la leche y luego el polvo

cósmico del agua (así lo vimos).

Los pies del extranjero

hollaron el camino de los reyes, del establo vino la tormenta

y de la tormenta un Tiempo Seminal.

Como peregrino vivió el pueblo por espacio de 1.000 años

y 100.000 más anduvo encendiendo una generación 

                                                                                  hambrienta

         tras otra generación hambrienta: círculo de tibias

alejándonos del rostro.

                                       Por eso el pueblo conoce de su nombre

la astilla y la serpiente (pero también vértigo y espera)

encorvando al poderoso [10]

y ensalzando el limo de lo humilde,

            el limo bosqueador de las galaxias.

Hermosos sobre los montes son los pies del mensajero,  [11]

el ojo de la rabia embriagadora:

quitad los tropiezos del camino de mi sangre

alimentad la furia, el desamparo,

el bautismo del halcón,

la embestida de los muslos, la flauta el canto negro

de los abisales golpes de los llanos.

Como amante ciñéndose la frente [12]

                     y adornando sus joyas en la alcoba

así sustentará tu cuello el que ha de edificarte, [13]

        como desposándose contigo

        como novia que amamanta al nuevo hombre.

 

Y que nadie llore,

por Dios, ninguno calle los nombres de la espiga

que con dolores de parto y agua-lamento

nació de esta risa de venas y pesebre.

             —Belem, Andrómeda, Limbúe-Kutu— [14]

Que la Marcha

arranque.

 



[1] Quitad los tropiezos de mi pueblo. Isaías 57, 14.

[2] La simiente empapada. Is 55, 10

[3] Lo vieron recostado. Lucas 2, 16.

[4] Paz al que está lejos y al de cerca. Is 57, 19.

[5] He pisado en el lagar...conmigo nadie. Is 62, 3.

[6] Allanad la calzada. Is 62, 10.

[7] Dadme oídos...eterno pacto. Is 55, 3.

[8] Espinos-ortigas / ciprés-mirto. Is 55, 13.

[9] Yo he visto sus caminos. Is 57, 18.

[10] Encorvar al poderoso y ensalzar al humilde. Magníficat de María, en Lc 1, 52.

[11] Hermosos...los pies del mensajero. Is 52, 7.

[12] Como amante. Is 62, 5.

[13] El que ha de edificarte. Is 62, 5.

[14] Belem. Belén, Jesús-histórico. Andrómeda. Constelación, Jesús-cósmico. Limbúe-Kutu. Barrio (imaginario) de Kinshasa, en el Zaire, Jesús-actual.

 

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