(1) La marcha de 150.000.000

los cantos

la marcha de  150.000.000

>>>>>>>>>>  I

 

 

Porque nada sé de ti

que no sea el paso de los bueyes por el rostro

 

no

de ti porque frente eres

                                        alta de piedra y cordillera en lucha

empinándote con venas sobre todas estas marchas

gimiendo tú de fugas y estaciones secas en la cárcel

 

por

        eso digo

que nada es tuyo y que dibuja

mi palabra nevados por la sangre

        que la hambruna habría de robarnos

(así los muertos) pájaros heridos y asco de montañas curvándote los ojos—

bien-

aventuradas estas manos es-

tas clavículas en paso incierto por las lomas

       dolorosas de mi cuerpo blanco,

porque sé que no eres cáncer

ni hierba triste torciéndote los hombros

 

Como un músculo mordido,

como un cuenco de salitre

vi tu huída de las chozas, tu muerte en matemática

oleada de sogas y puñales,

la mordaza de la hoja tras el ruido

cuando era necesario detenerse frente al mar, [1]

no yo,

antes que cayeran las sonajas de la noche

y cantaran con tu nombre los aullidos del mundo.

 

        (Porque nada sé de ti,

para dejarme matar

he de dejar de mirarte):

                                                                                Del

desastre entre nosotros hay un hombre que escapa

un hombre

perdido en la tormenta, nuevamente como un ciervo

mojándose del luto

un hombre entre los dedos, una rabia

de arena tras las bocas de la muerte,

...porque sé que desconoces...

la costa entre el infierno en los Estados de Sitio,

y el olor del amoniaco y el éter recubriéndote el espanto

allí donde los valles

y una siembra enferma te concentren,

porque nada sé de ti

que no sean tus muslos hablándome tan altos...

 

que la agitación

                            larga de las luces

—escarcha y limo de volcanes son mi rostro—

rechine tras la edad de los bosques absurdos

y al final se desentierren 20.000 flores negras,

20.000 flores blancas,

20.000 espaldas con capuchas y electrodos:

una líquida mención

a reclusiones bajo régimen de aislamiento [2]

 

         ...Sin camisa apenas

         acribillado de estrellas nueve veces,

         en la madera dientes invisibles [3]

         y el pulmón peleando por una barricada boreal...

 

Porque nada sé de ti

ni el lugar donde te entierran látigo-de-barro,

que la tierra es de los pobres, cer-

vatillo de estaños tu mejilla y plática del tigre

pudriendo los zapatos de mi dios.  [4]

Por eso el oleaje se desliza de tus ojos

parecida tú a ti cuando hablas

(frío adentro) y revives la revuelta

                             de los puños en Mayo

y el reparto de la tierra y la

necesaria expropiación del pan, o su conquista, [5]

         porque el propio jirón del vuelo ha predicado tu nombre 

                                                                 en las matanzas [6]

         porque dices arrasal de arena entre las calles

         porque tú, parecida a ti,

nada eres sino cuerpo en horizonte

                        y recodo de savia y bilis tensa del metal

(ansia tú, toda prodigio

hondo de la boca):

 

                                          ...”destruidnos juntos”.

 



SOBRE LAS NOTAS:
Aclaran o especifican el significado o la referencia de algunas expresiones (generalmente, nombres propios, referencias históricas y citas usurpadas), pero en ningún caso interpretan el texto. Ofrecen, por tanto, lo que en él hay de mínima referencialidad y se muestran radicalmente indiferentes ante lo que en él hay de máxima estremencia semiológica. Sin embargo, algunas de ellas –las menos– sirven de asideros para exclusivamente forzar el sentido de localizadas secciones del poema. En su totalidad (por último), las notas presuponen una invasión, de múltiples presencias, y –con distinta intensidad– arrasan con el texto. (Francis Ponge: «es el vínculo entre la palabra y el poder, el que obliga al poeta a buscar salida en lo real»).

 

[1] necesario detenerse frente al mar es un verso del poeta mexicano Jaime Sabines (del libro Yuria, 1967).

[2] La líquida mención lleva el nombre de Felipe Ondo, dirigente de la Fuerza Democrática Republicana (FDR) de Guinea Ecuatorial, detenido en marzo de 2002 y torturado junto a otras 150 personas en la Prisión de Evinayong. Durante el verano de 2003 le fueron encadenadas las piernas a una pared de su celda, con los huesos fracturados a causa de los malos tratos, en estricto régimen de aislamiento y sin recibir tratamiento alguno para sus lesiones. Acusado de rebelión contra el Estado y sometido a juicios carentes de garantías, Felipe Ondo está considerado preso de conciencia desde junio de 2002.

[3] en la madera dientes invisibles es un verso del poeta Antonio Gamoneda (en Arden las pérdidas,  Barcelona, 2003).

[4] y pudre los zapatos de dios es un verso del poeta argentino Juan Desiderio (en La Zanjita, Buenos Aires, 1996).

[5] expropiación del pan, o su conquista. Ref. a La conquista del pan (1892), de Piotr Kropotkin.

[6] Su nombre predicado es desconocido y ella sola abarca el de las 13 mujeres que durante la mañana del 10 de noviembre de 2004 fueron detenidas y sometidas a brutales palizas tras los ataques de la policía sudanesa sobre el campo de desplazados de Al Geer (Darfur Meridional). Los nombres de estas 13 mujeres –finalmente desaparecidas por las fuerzas policiales– se desconocen por completo.

 

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