Novedades‎ > ‎

Noticias de la prensa naranja

Entrevista del diario Tiempo Argentino

publicado a la‎(s)‎ 26 nov. 2013 12:21 por Gustavo Gottfried   [ actualizado el 26 nov. 2013 12:24 ]

Inicio > Cultura

26.11.2013 | Entrevista a los editores Hilda Fernández Oreiro y Gustavo Gottfried

"Los chicos están mucho más cerca de la poesía de lo que creemos"

 El sello Mágicas Naranjas lanza dos nuevos libros-álbum destinados al público infantil basados en poemas de autores argentinos contemporáneos como Arnaldo Calveyra, Diana Bellessi, Irene Gruss y María Teresa Andruetto.

  
1 2 3 4 5
Info News
Info News
Info News

Por: 
 
Ivana Romero

 Porque poesía e infancia habitan un mismo territorio, queremos recrear ese universo mágico y lúdico, donde las palabras se encuentran con las imágenes y los nuevo lectores con los grandes poetas". Eso es lo que afirman Hilda Fernández Oreiro y Gustavo Gottfried, a cargo de la editorial Mágicas Naranjas, en la contratapa de los textos que publican. Porque bajo esa idea, desde 2011 vienen presentando libros-álbum que combinan poemas de autores argentinos contemporáneos con la mirada de ilustradores capaces de restituirles a las palabras cierto brillo esencial. Así es como en esta colección es posible encontrar obra de Arnaldo Calveyra, Diana Bellessi, Irene Gruss, María Teresa Andruetto y Alicia Genovese. 

Este miércoles y sábado se presentan dos nuevos títulos: Como si yo fuera su novia, de Osvaldo Bossi (con ilustraciones  de Marcelo Tomé), y Noctilucas, de Walter Cassara (con imágenes de Fernández Oreiro y María Valeria Chinnici). La presentación será doble: el miércoles a las 19 en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543) y el sábado, en el Espacio Disparate (Montevideo 1265, en Lanús, donde funciona la editorial). 
Según aclaran Hilda y Gustavo, no se trata de hacer una "traducción" para que los más chicos disfruten de la poesía. Por el contrario, cada libro está compuesto de un único poema, extraído de textos "para adultos" y puesto en página respetando los versos originales (y aún los silencios que son, como se sabe, complemento de lo escrito).
Además, son los autores quienes presentan sus textos. En el caso de Como si yo fuera la novia, Bossi le escribe una carta a los lectores que bien puede funcionar como puerta de entrada a esta colección: "Queridos amigos: no sé si escribo para los niños, pero eso sí, escribo para no dejar de ser un niño, nunca. Sin ir más lejos, una vez, en una escuela de Lanús, donde me invitaron a charlar sobre poesía con los alumnos de cuarto grado, un chico me preguntó: 'Aparte de la poesía, ¿hay algo más en el mundo que te interese?'. Yo le dije que todas las cosas del mundo me interesaban, y que eso ocurría, seguramente, porque la poesía es así, está en todas partes y, sobre todo, en las cosas más pequeñas, como las hormigas que van y vienen –tan laboriosas– por el jardín…"
Hilda y Gustavo explican que, de hecho, Bossi es asesor de la editorial desde su fundación. "Veníamos haciendo talleres de escritura con él y con Walter, que se fue a vivir a España hace unos años. Entonces Osvaldo se transformó en nuestro interlocutor. Le preguntamos si era posible imaginar los textos de estos poetas en una versión ilustrada para chicos. Y él corroboró que sí y nos ayudó a dar forma a la idea original", cuentan. 
El título de la editorial fue tomado del poema "Variaciones de la luz" de Bellessi, que dice en un tramo "y plata y noche hasta que sólo / quedan las luces de tu casa / a veces como mágicas naranjas / dulces y en la soledad amargas”. El poema, además, forma parte de los títulos de la colección. "Al avanzar con el proyecto, nos fuimos dando cuenta de que los chicos están mucho más cerca de la poesía de lo que nosotros creemos: tienen una búsqueda, descubren, nombran las cosas por primera vez. Eso es parecido al trabajo que los poetas hacen", agregan.
Hilda especifica: "Trabajo con chicos, soy psicopedagoga y fui docente. Cuando buscaba poesía, encontraba la más tradicional. Claro que hay títulos hermosos de poetas como María Elena Walsh, Laura Devetach y otros autores argentinos. Pero no son los únicos. Entonces me pregunté: ¿Y estos otros autores? ¿Qué ocurre con aquellos que no escriben para chicos pero que tienen un universo tan rico? ¿Por qué no acceder a sus textos? Así, por ejemplo, en la colección está María Teresa Andruetto, reconocidísima por su trabajo con una literatura para los más pequeños. Pero aquí está incluido un poema de Kodak, que a priori no es para un público infantil." 
Entonces, continúa la editora, el desafío era tejer una red de mediaciones: "Quizás en principio un chico no elija por su cuenta un libro de poemas pero sí en caso de que se le ofrezca una propuesta que le interese. Por eso pensamos en objetos que sean lindos visualmente e incluso al tacto, tanto para chicos como para adultos… Varios grandes nos han confesado que guardan estos libros en su mesa de luz. Es que si a un adulto le gusta, es probable que se sienta más dispuesto a ser facilitador de la lectura. Así que en definitiva apostamos por textos sin edad, bellos y sonoros para todos." 
Y Gustavo aporta: "El uso que hace la poesía de la palabra es casi fundante para pensar cualquier rama del arte, tenga o no que ver directamente con la escritura. Porque se trata de una manera de mirar el mundo. Quien escribe poesía es como si redescubriera y recreara el lenguaje. Por eso hay una comunidad esencial entre los niños y los poetas." «
 
Catálogo
En la Web
La colección completa de libros para chicos se puede consultar en www.magicasnaranjas.com.
 
Doble presentación
 
Mañana y el sábado se presentan dos nuevos libros de la editorial Mágicas Naranjas: Como si yo fuera su novia, del poeta y narrador nacido en Ciudadela, provincia de Buenos Aires, Osvaldo Bossi (con ilustraciones  de Marcelo Tomé) y Noctilucas, del poeta, narrador, traductor y crítico porteño Walter Cassara (con imágenes de Fernández Oreiro y María Valeria Chinnici). 
La presentación será doble: mañana a partir de las 19, en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543), y el sábado, también desde las 19, en el Espacio Disparate (Montevideo 1265, en Lanús Este, donde funciona la editorial. 

                                                              ---

Fuente: Diario Tiempo Argentino. www.infonews.com

Sigue creciendo nuestro ámbito

publicado a la‎(s)‎ 19 sept. 2013 8:14 por Gustavo Gottfried

Se lanza «POEPLAS», un E-book de poesía infantil 

El 14 de septiembre de 2013, se presentó «POEPLASAntología de Poesía Argentina para Chicos», un libro en formato digital. Los autores leyeron poemas y la banda Únicanuez musicalizó el encuentro. 

    Por Mónica Klibanski

10/09/2013

El sábado 14 se septiembre, se realizó la presentación oficial de «POEPLAS, Antología de Poesía Argentina para Chicos». 

César Bandin RonEduardo Abel GimenezDidi Grau, Iris Rivera y Laura Wittner —algunos de los poetas incluidos en esta compilación—, leyeron sus poemas en público. El encuentro también contó con la participación de Únicanuez, una banda conformada por escritores y editores que musicalizan e ilustran en vivo poemas de la autora María Cristina Ramos

Poeplas, Antología de Poesía Argentina para Chicos

Un espacio virtual para distintas formas de nuestra poesía

«POEPLAS, Antología de Poesía Argentina para Chicos» reúne poemas escritos por diez poetas contemporáneos, ilustrados especialmente para esta edición por un grupo de jóvenes artistas plásticos, miembros en su mayoría del grupo Peces del Desierto, que se de dedica a promover y publicar el trabajo de poetas y artistas plásticos patagónicos. Uno de los rasgos innovadores de esta flamante producción literaria es que forma parte del proyecto virtual poesiaargentina.com. Se trata de la primera obra destinada a los chicos que publican y ya se encuentra disponible en la sección «E-books» y se puede descargar de manera gratuita.

Valeria Cervero, una de las personas que lleva adelante esta plataforma virtual enteramente dedicada a la poesía argentina, contó a educ.ar que el objetivo general que persigue este proyecto es reunir la historia y el presente de la lírica en nuestro país. Fundamentalmente poesiaargentina.com pretende dar cuenta del fenómeno poético local en todas sus manifestaciones y variantes; es así que además de la poesía más canónica comprende la poesía para chicos, y otras expresiones como la poesía visual o el cancionero popular nacional. Sus mentores buscan abarcar todo lo que está pasando dentro de esta movida literaria y darle visibilidad a la poesía que se está produciendo en diversas regiones del territorio nacional, así como a formas de la poesía más experimentales o postergadas. 

Sin duda, las nuevas tecnologías abrieron y facilitaron otros canales alternativos para la circulación de la poesía —más allá de la edición tradicional en papel— y también posibilitaron la expansión del género hacia formas novedosas y muy rupturistas de poesía a partir del mestizaje con el teatro, la música, y el arte digital, ejemplo de ello son la videopoesía y la poesía visual. En este espacio que crearon en la Web el lector encontrará: una enciclopedia virtual de poetas argentinos; una revista literaria; una nutrida agenda con información actualizada sobre eventos y novedades en materia de poesía nacional; y una hemeroteca que recupera y pone en valor textos literarios olvidados que aparecieron tiempo atrás en diversas publicaciones. Acompañan a todos estos materiales: una sección que compila recursos audiovisuales dispersos en internet referidos a destacados poetas; un apartado para enlaces relacionados, clasificados en varias categorías; y una sección de E-books de acceso gratuito. Esta última sección reúne producciones poéticas de diferentes exponentes de nuestra poesía, desde Leopoldo LugonesBaldomero Fernández MorenoEvaristo Carriego, hasta referentes del panorama actual del género, como Martín PrietoIrene GrussOsvaldo Aguirre y muchos más. 

Poesía para nativos digitales

Inicialmente la idea de armar esta antología destinada a los lectores más pequeños —según nos relató Cervero— surgió a partir de una invitación que les hicieron para participar en la 23º. Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil de Buenos Aires. Trabajaron a contrareloj porque disponían de un plazo de mes y medio. La selección de autores e ilustradores estuvo a cargo de Cervero.  El resultado del trabajo producido  se proyectó diariamente en una pantalla  dentro del predio ferial para que pudiera ser leído por los visitantes.  Una vez finalizada la Feria decidieron aprovechar todo ese material y sumarlo a la colección de E-books del sitiopoesiaargentina.com. 

Este libro digital es una iniciativa colectiva. Los poetas José Villa y Juan Desiderio, la diseñadora María Fernanda Katz y el programador Gustavo Manuzza colaboraron con sugerencias, y se ocuparon respectivamente de la edición, el diseño y la programación del E-book. 

La publicación de «POEPLAS, Antología de Poesía Argentina para Chicos» dentro de esta plataforma virtual mayor tan diversa, pone en relación y habilita el diálogo de la lírica infantil con otras obras literarias destinadas a otros públicos. Conecta este material con múltiples búsquedas estéticas y concepciones de la poesía, que trascienden las convenciones de lo «infantil».  

Entre los poetas elegidos por Valeria Cervero figuran nombres de reconocida trayectoria en la literatura infantil y juvenil y otros recién llegados o no tan conocidos todavía. Los lectores se encontrarán con textos de Iris RiveraRuth KaufmanMaría Cristina RamosNelvy BustamanteCésar Bandin RonLaura WittnerDidi GrauEduardo Abel GimenezLuciana Mellado y Roberta Iannamico. Las ilustraciones pertenecen aMarisa EylensteinJulieta LaztraDaniel RoldánMariel FariñaAlejandra FerradaNuria Bolzán yRomina Santos.

La premisa que guió la selección de los textos incluidos en  «POEPLAS, Antología de Poesía Argentina para Chicos», según nos explicó Cervero, fue buscar textos que apostaran a lo lúdico, que ante todo se tratará de poesía, y no de textos subordinados a objetivos de enseñanza en valores o condicionado a la transmisión de un tema o contenido puntual. Si bien imaginaron como lectores potenciales a chicos a partir de 10 años, la edad no es un parámetro que hayan considerado de manera estricta. De hecho, integran esta obra poemas que no fueron escritos originalmente para niños. 

Al recorrer este E-book, los textos, escritos por diez poetas diferentes, comparten una música y una estética común, imágenes sonoras y visuales que aluden al paisaje, los colores, la naturaleza, los bichos pequeños, todos tópicos frecuentes en la lírica tradicionalmente destinada a la infancia. 

Un entorno amigable para la lectura digital

Tal como nos señaló Cervero, actualmente se están desarrollando y afianzando experiencias interesantes e innovadoras a lo largo del país que revalorizan el lugar de la poesía en la escuela, y que abren vasos comunicantes entre la escuela, los chicos y los modos en que el fenómeno poético se manifiesta más allá de las aulas. Algunos ejemplos que pueden mencionarse en esa senda son: el Festival Poesía en la Escuela que ya lleva cuatro ediciones; el Concurso de Videopoesía, organizado por educ.ar; proyectos acotados a una pequeña comunidad educativa, o a un aula en la que docentes y alumnos inquietos comparten poesías, exploran la obra de un poeta; y muchos más.

Dentro del panorama de las publicaciones impresas en papel, la oferta de libros de poesía para chicos se incrementa poco a poco, sobre todo en los sellos pequeños, más predispuestos a asumir riesgos estéticos y a apostar a proyectos editoriales más de vanguardia. Marcan tendencia en nuestro país: Pequeño editorMágicas naranjasEdiciones del Eclipse; la colección Otra vez; la serie Aerolitos; las Historias de ranos y algunos títulos aislados que se pueden encontrar en los catálogos de editoriales más grandes.  

Por otra parte, paulatinamente los dispositivos de lectura electrónicos —netbooks, celulares, tabletas, e-readers, iPad, iPhones, etc.— a los que tienen acceso los chicos se diversifican, se popularizan y se expanden. Dentro las políticas públicas existen distintos programas que proveen netbooks a las escuelas y capacitan a los docentes en el aprovechamiento didáctico de herramientas tecnológicas. Esa coyuntura propicia el desarrollo de contenidos literarios, y es un eslabón importante que acompaña iniciativas como la de «Poeplas...» en el rubro E-books.

Tanto esta antología poética como gran parte de la oferta disponible todavía está bastante apegada a las características de los libros en papel. Los textos en formato digital reproducen características de las ediciones en papel. Sin embargo al estar alojados en la Web se pueden leer en la red o descargarlos para leerlos sin necesidad de conexión, imprimir, distribuir y compartir por correo electrónico o a través de las redes sociales. 

Sin embargo, el abanico de innovaciones posibles, gracias a los programas actuales de diseño de recursos electrónicos y a los dispositivos digitales de lectura con que se cuenta en el mercado, es aún más amplio. Todavía hay mucho por hacer, mucho más que se podría explotar, en cuanto a interactividad, formas de presentación textual, estructura hipertextual, empleo de lenguajes multimedia, incorporación de realidad aumentada, ruptura de la linealidad en la narración y otras convenciones propias de la literatura tradicional.

La publicación electrónica de «Poeplas...» inaugura probablemente un horizonte para la edición digital todavía mucho más diverso y desafiante.

Elegimos compartir, a modo de gragea, como para tentar a los lectores, el poema «¿De qué color es su río?», escrito por Ruth Kaufman que integra esta antología y que además formará parte del libro «Donde la ciudad termina» que próximamente publicará en papel el sello Pequeño editor.

¿De qué color es su río?

El camionero me mira
toma un trago
no dice nada.

¿De qué color es su río?

Nada.

¿No lo sabe?

¿Qué es el color? dice
el camionero.

¡El color es el color!
rojo verde azul
amarillo
mi dedo
detrás de las manzanas
la remera el limón
como si fuera necesario.

¿Crees que el color
está en las cosas
o en la luz?
¿o en los ojos que miran
las cosas tocadas
por la luz?

¿qué color tienen los ojos
de tu madre?

Me muerdo una uña
lo miro
no dio nada
odio perder
pero no puedo decir gris
ni verde ni marrón.

El color del río
me dice el camionero
es un problema para los ojos
no encuentras palabras
ni ideas
con qué llamarlo.

Como gurí criado frente al río
siempe creí
que todas las cosas valiosas
son así como es el agua
difíciles de ver
casi imposibles de nombrar.

Presentación de Música amable al fin de Gruss/Afonso Esteves y Peras, de Andruetto/Tabbita

publicado a la‎(s)‎ 29 oct. 2012 7:48 por Gustavo Gottfried   [ actualizado el 29 oct. 2012 20:31 ]

Por Carolina Esses*

Participar en la presentación de estos dos libros es una gran alegría. Se trata de poetas que sigo y admiro, como María Teresa Andruetto e Irene Gruss pero por sobre todo se trata de una idea, la que alienta el proyecto de Mágicas Naranjas, que sintetiza para mí lo más vital de la literatura. Mientras pensaba estas líneas me venía a la mente una frase –quizás inspirada por el título del poema de Irene: Música amable al fin–. Y la frase era: en el principio fue la música. La deseché por rimbombante, por demasiado grandilocuente, por enciclopédica –no podía empezar con una frase así– pero la verdad, no encontré otra. Pensé en mi propia experiencia: me vi leyéndole a mis dos hijos, Lucio de cinco y Mateo de tres, los libros que más les gustan. Los recordé repitiendo las rimas, los juegos de palabras, escuché la voz de Lucio que me decía: ¿mamá desfachatada rima con frazada?, por ejemplo. O a Mateo disfrutando su descubrimiento de la palabra tormenta, entendiendo que “se viene una tormenta” no tiene nada que ver con decir va a llover. Tormenta tiene que ver con palabras como trueno, tremendo, terrible. Y la verdad es que sí: en el principio, en ese primer encuentro que tenemos, cuando somos pequeños y escuchamos literatura, lo primero no es el relato ni la narración, lo primero es la música. La música de las palabras, es decir, el poema. Palabras como raíces que tejen una red subterránea de significados, de imágenes apoyadas en sonidos. No necesitamos mucho: una sola palabra, –explorada, saboreada, su sonido flotando en la oscuridad del cuarto– basta para formar un verso, una página, un libro. Y no es chiste. No es una postura romántica. No es una pose, de esas que piensan al niño como un adulto, un intelectual en potencia –¡no por Dios!-. Es algo, me atrevería a decir, empíricamente comprobado. Los chicos hacen de un relato un poema: repiten sus frases, las cantan, las cambian de lugar según sean los sonidos que les evocan. Una colección, entonces, que elija poemas que no fueron pensados para niños –ni para adultos, llegado el caso–, que fueron simplemente pensados; poemas escritos por lo más representativo de nuestra poesía –Calveyra, Bellessi, Genovese y ahora Gruss y Andruetto: un lujo–, poemas bajo la curaduría nada menos que de Osvaldo Bossi; una colección que envuelva estos poemas con el moño dorado de lo visual, y se los regale a los chicos, es de verdad, un gran acontecimiento.

Empecemos con Peras el título del libro de María Teresa Andruetto. Pero empecemos como si fuésemos niños, imaginemos desde dónde puede leer un niño este poema. Yo, hace unos días, se los leía a mis hijos. La pera era la fruta favorita del abuelo Eugenio, el padre
de mi marido, a quien no llegamos a conocer. Cada vez que en mi casa se corta una pera, jugosa, blanca, amarilla, aparece el universo de Eugenio. Y ahí está, en el poema de Andruetto, la fruta tantas veces saboreada por Lucio y Mateo –por ese abuelo–. Ahí está el agujerito negro que marca el paso del gusano –y mis hijos miraban atentos el potencial camino de un bicho que no veían pero que estaba ahí en el corazón jugoso de la pera, como una presencia a medias amenazante y a medias simpática–. Y ahí está el pasado mítico de la infancia, las dos niñas de pelo corto con sus vestiditos almidonados colgados de las perchas en esas preciosas ilustraciones de Florencia Tabbita. ¿Qué es almidonado?, me preguntaba Lucio y yo quería responderle que almidonada puede ser una persona entera, una persona durita, todo lo contrario a su madre que no sabe planchar ni un repasador mucho menos estar impecable y almidonada. Y todo: el pasado que evoca Andruetto, el momento de cortar la pera, el recuerdo de Eugenio, el significado de la palabra, la madre que les tocó en suerte, todo transcurre en el presente, ese presente vertiginoso de la infancia que ellos se encargarán de ir construyendo como quien construye su mito de origen. Y después la irrupción de los Reyes, claro. Esos tres paquetitos que la imagen ilustra y que nos hablan de la huella de Melchor, Gaspar y Baltazar. ¡Qué corto!, me dijo Lucio cuando terminamos de leer y el más pequeño se hizo eco. Así que volvimos a empezar y nos detuvimos en los mismos lugares que ya eran lugares conocidos. Porque para los chicos –como para el lector de poesía– lectura es sinónimo de relectura.

Con el poema de Gruss arranca otra sorpresa: la sorpresa de lo que parece que se está diciendo mucho antes de empezar el primer verso. A los chicos les llama la atención ese comienzo, cuando la poeta dice “Porque las hojas de ese arbolito brillan todavía…” No es habitual encontrarse con un comienzo así. Abrimos el libro, entonces, pero el libro ya ha empezado –¡qué importa que sea corto o largo, cada poema, cada verso forma parte de algo mucho mayor que nos excede!- y los chicos escuchan con atención lo que va a venir después, eso que dice Gruss sobre un bosque encantado. Mateo en seguida me dice: “no es tenebroso, ¿no hay monstruos?”, no, es un bosque encantado, le digo, donde un arbolito puede brillar, como las luciérnagas que veíamos en Chapadmalal el otro verano y ahí aparece todo el bicherío de Gruss en las ilustraciones de Cecilia Afonso Esteves, abejitas, pollitos, horneros, mariposas y unos circulitos que son el mar a lo lejos o burbujas de mar, y las chicharras, una palabra que de pronto les encanta porque puede rimar con guitarra, me dice Lucio, chicharras y sapos que se ríen del mar cuando es verano todavía. Y entonces aparece la pregunta por el tiempo, ¿cuándo llega el verano, mamá?, me preguntan. Y lo preguntan porque les gusta pensar que verano es sinónimo de mar y aquí está el mar de Gruss, inmenso, lejano pero también pequeño, capaz de escuchar a las chicharras, capaz de ser también gota de agua salada. Y entienden que se trata de un verano que ya ha acabado, un verano que es pasado –como en el poema de Andruetto, Gruss construye aquí su espacio mítico, ideal y todos sabemos que Irene ama el mar– pero que va a regresar, porque se corresponde con el ciclo de las estaciones de manera que vuelve, siempre, como el día llega después de la noche, el almuerzo después de la mañana en el jardín de infantes, la plaza después de la siesta.


Esto es apenas algo de lo que proponen estos libros. Algo mínimo, pequeño como las hormigas que caminan por el borde de la baldosa y que los chicos miran como si se tratara de enormes planetas. Algo inmenso entonces, en tanto los lleva –nos lleva por supuesto– a compartir la experiencia verdadera de la palabra poética. Aunque suene rimbombante entonces me animo a decirlo: al principio fue el poema, la música del poema. Salud a estos libros y a esta bellísima iniciativa editorial.

(Texto leído por la autora el 26 de octubre en la Casa de la lectura, Ciudad Autónoma de Buenos Aires)



*CAROLINA ESSES (Argentina, 1974) es licenciada en Letras por la UBA. Realizó estudios de Bellas Artes en la Escuela Nacional Prilidiano Pueyrredón. Publicó los libros de poesía Duelo (Ediciones En Danza, 2005) junto a Mercedes Araujo y Cecilia Romana y Temporada de invierno (Bajo la luna, 2009). Sus poemas integran diversas antologías como Hotel Quequén (Ediciones Sigamos enamoradas, 2006) Poetas argentinas 1961-1981 (Ediciones del Dock, 2007), Quedar en lo cantado, selección de poesía contempocontemporánea dominicana y argentina (El fin de la noche, 2009). Como autora de literatura infantil publicó Valerio y la ciudad liviana (Uranito, 2010, ilustraciones Mey!) y la colección "Historias de Pestronio" ilustradas por Graciela Fernández: El circo mágico, El cocodrilo manso, El mar debajo de las baldosas y El concurso de canto (Uranito, 2011). Es colaboradora habitual del suplemento cultural Ñ.

publicado a la‎(s)‎ 29 oct. 2012 7:39 por Gustavo Gottfried   [ actualizado el 29 oct. 2012 7:50 ]


Para sacarle jugo: colección de poesía de Mágicas Naranjas Ediciones

publicado a la‎(s)‎ 17 oct. 2012 15:49 por Gustavo Gottfried   [ actualizado el 28 oct. 2012 17:04 ]

Hace unos días, en una entrevista  que le hicieron, el escritor argentino Eduardo Abel Gimenez  decía algo que me dio que pensar:

Este año me sentí muy identificado y me cambió la vida escuchar a María Teresa  Andruetto, que ganó el Premio Andersen, en un homenaje que se le hizo en la Feria del Libro para grandes… dijo algo que ya había escrito: “No escribimos para chicos”,  lo dijo así, en primera persona plural, “No escribimos para chicos, escribimos para los mediadores. Los que tienen contacto con los chicos y eligen qué darles de leer”. Eso me cambió la vida. Es responsabilidad del mediador encontrar el chico para el cual vaya bien el libro que acabo de escribir.

En esa dirección, considero que el primer mediador es siempre el editor. Al elegir el texto, al pensar la forma del libro, al diseñar la gráfica o al seleccionar un tipo de ilustración ya se están dando los primeros pasos en la dirección del lector.


Para leer la nota completa de Germán Machado, visitá su blog, y más precisamente, hacé click acá.

Un Benteveo en el aire de Boedo

publicado a la‎(s)‎ 7 ago. 2012 20:58 por Gustavo Gottfried   [ actualizado el 7 ago. 2012 20:58 ]

Mágicas Naranjas en "Ell gato escaldado" Av. Independencia 3548 - CABA
    •  Exquisita reseña radial, con lectura incluida. Vale la pena escucharla.

Azar y necesidad del benteveo recomendado por el portal educ.ar

publicado a la‎(s)‎ 7 mar. 2012 9:27 por Gustavo Gottfried   [ actualizado el 7 mar. 2012 10:13 ]


Azar y necesidad del benteveo
Las transformaciones del paisaje, el devenir de las estaciones, los procesos de la naturaleza y los seres que la habitan, son tópicos que pueden leerse en estos versos. Si bien se trata de motivos muy frecuentes de la lírica destinada a la infancia, sobre todo en su vertiente más escolarizada, vale destacar que los versos de Genovese proceden de otra tradición, de otro lugar y responden a una concepción de la poesía y de su función en la sociedad contemporánea claramente distinta. Poco tienen que ver con el lenguaje poético simplón, paternalista y contaminado de pedagogismos que caracteriza los poemas ad hoctípicos, deliberadamente escritos para conmemorar las efemérides del calendario escolar. Los versos de Genovese van en otra dirección y están cargados de ambigüedad, porque para la autora la poesía se caracteriza por su opacidad.
 (Mónica Klibanski)

Hermosa nota de Paula Jimenez a Diana Bellessi (donde además se mencionan nuestros libros)

publicado a la‎(s)‎ 6 ene. 2012 15:14 por Gustavo Gottfried   [ actualizado el 19 oct. 2012 19:53 ]

Ir a la página principal
Viernes, 6 de enero de 2012
logo las12
literatura

Viva voz

¿Para qué sirve la poesía? ¿Qué lenguajes rescata? ¿Quién la lee? ¿De dónde sale? ¿Qué se espera de ella y por dónde circula? La gran poeta Diana Bellessi responde a estas preguntas frecuentes y también a otras más originales que ella misma se plantea, en su reciente libro de ensayos La pequeña voz del mundo (Taurus). La relación con lo social, con los acontecimientos, con los ancestros y con lo útil se revela en esta mirada crítica que por fin ha decidido posarse sobre la que nunca se habla, la poesía, “la idiota de la familia”.

Por Paula Jiménez
/fotos/las12/20120106/notas_12/dbel.jpg

En la esquina de San Juan y Piedras había un baldío. Allí, antes que la sede de la asamblea popular de San Telmo existiera, pilitas de ladrillos y pedazos de troncos oficiaban de asientos y en fanales improvisados se encendían las velas que alumbraban las noches de poesía. Y mientras un grupo de poetas recitaba entre bolsas de cemento y arena, los vecinos vendían empanadas, panes caseros y vasos de vino, y juntaban dinero para construir esa casita asamblearia que ya tiene dos pisos. Fue en una de esas veladas primaverales cuando Diana Bellessi leyó una serie de poemas en los que la palabra “piqueteros” y la palabra “hambre” brillaron con su luz negra. Era el año 2002. Poco tiempo después, en la Fundación Libertaria Argentina (“la FLA”), a pocas cuadras de esa esquina de San Juan, Bellessi presentaría Mate cocido, un libro de poemas que empieza con estos versos: “El destino común / es aquello que vuelve”. Pero antes, apenas un tiempo antes, durante el Festival de Poesía de Rosario, esta escritora santafesina participó de una mesa de debate junto al mexicano Juan Bañuelos y el argentino Luis Tedesco. “¿Para qué sirve la poesía?”, era la pregunta que se les hacía a los tres poetas y a partir de la cual disertaron. Pero este interrogante presuponía una ilusión de utilidad que, pese a la caída estrepitosa del neoliberalismo de los ‘90, aún insistía en sostenerse y hacerse oír en los más diversos ámbitos, entre ellos, el cultural. Entonces La pequeña voz del mundo, la serie de ensayos que Bellessi había comenzado a escribir en 1998, habló. Y frente al público esta voz develó su identidad: no es la voz del poeta, no es la del oficio, no es la del saber, ni la de la experiencia: es la voz de la idiota de la familia, es decir, de la poesía. En “El sentido en el porvenir”, uno de los ensayos del libro, Bellessi explicará: “Idiote, idiota, el que se ocupa de lo íntimo (...) La poesía ha sido considerada la idiota de la familia en el mundo de las artes, en especial de la literatura (...) En las últimas décadas y sobre todo de la mano de las mujeres, el enunciado de que lo privado es público, lo privado es político, idioticos es politikos, se ha vuelto ya insoslayable”.

LA BANDERA DE LO INUTIL

Para Diana, la respuesta a aquella pregunta planteada en el Festival de Rosario no podía ser otra más que poner en cuestión la noción de lo útil y reivindicar, a cambio, la bandera de lo inútil, lo sutil, lo desprestigiado, lo caído en desuso por la imposición de un sistema. “Las tareas de esta voz –dice en uno de los primeros capítulos de La pequeña...–: permanecer atenta a lo inútil, a lo que se desecha, porque allí, detalle ínfimo, se alza para ella lo que ella siente epifanía. Las tareas de esta voz: deshacer las cristalizaciones discursivas de lo útil y tejer una red de cedazo fino capaz de capturar las astillas de aquello que se revela. Atención y artesanía. Las tareas de esta voz: desatarse de lo aprendido que debe previamente aprenderse, y disminuir así los ecos de las voces altas para dejar oír la pequeña voz del mundo.” Ya en las primeras páginas de este libro publicado recientemente por Taurus-Alfaguara, Bellessi instala un movimiento bascular: esta voz no se queda quieta, abreva del habla popular y de los primeros años de la vida, pero también del presente y de la cultura letrada, esta voz va y viene desde el yo al nosotros y del nosotros al yo, inquietamente, en su destino de generosidad infinita.

Muchos de los ensayos de la primera parte de La pequeña voz del mundo, escritos alrededor de 2001, reflejan un estado de creciente preocupación por lo social y lo político, y se entrelazan con una honda reflexión sobre la poesía, irremisiblemente ligada a lo popular. Para Bellessi, la poesía no le da letra a nada, es ella la que se alimenta de los decires de la gente, de esa decantación que comienza en la experiencia vivencial y termina en el lenguaje: “De Mosconi o de Cutral Có, de Guernica o La Matanza, los cartoneros, los que tuvieron vergüenza, pero ya no la tienen, las que dicen: ‘Los míos no morirán’, no hasta que yo pueda, las que dicen: ‘Nuestros chicos se merecen y nosotras también’, los que tienen memoria y tienen presente, escucho una voz tan furiosa, tan tierna y honda, que pocas veces en la ciudad letrada el verso alcanza; quizá fue la de Vallejo y la de Mistral en sus mejores momentos, la de Martí y la de Yupanqui, y la de las chicas y los chicos que empecé a escuchar en los últimos años en la poesía y en la letrística, en las canciones cuarteteras, en la cumbia, en el indomable rocanrol”. Por eso para Bellessi la poesía no es vanguardia sino retaguardia, está detrás de esa voz viva y furiosa que es puro acontecer: la voz del vulgo.

Es diciembre de 2011. Han pasado casi diez años. Estamos sentadas en el sillón de su ya mítico jardín. La tarde es calma y calurosa. La autora de Tener lo que se tiene está agotada de tanto viajar. Acaba de llegar de la Feria del Libro de Guadalajara y está a punto de volver a hacer las valijas para visitar a su familia, en Santa Fe. Tomamos mate entre las hojas verdes y gigantes, las flores, su perra Talita tirada en el piso de baldosas y los pájaros que pían contentos por la llegada del verano. Cuando, en medio de la charla, le pregunto si lo que buscan los poetas con su escritura es regresar al vulgo, su mirada celestísima y relajada abruptamente se torna penetrante: “Los poetas somos vulgo –dice–, todo lo que habla es el vulgo. El resto es letra muerta”.

A lo largo del libro, pero sobre todo en la página 44 de La pequeña voz..., se lee esta rabia que despierta en Bellessi cualquier intento gregario que atine a ubicar a la poesía en la otra orilla. Esa orilla no existe, dirá de mil maneras: esa orilla está también de este lado. “¿A qué le temo más? –se pregunta allí, hacia el final del capítulo 10–. A encubiertos gestos demagógicos. ¿En quién? En mí misma, por supuesto. ¿Y qué detesto más? Que me digan en algún momento que estoy rescatando algo, giros del habla de la gente con la que me crié, o cantos de culturas condenadas, las de los pueblos indígenas, por ejemplo. Como si me picara una víbora, salto y digo: ellos me rescatan a mí. Pero por qué, repito, me enfurece tanto que me endilguen algún rescate, si todos trabajamos con la recuperación de las migajas emocionales y la invención flexible de alguna identidad. Quizá porque la palabra rescate alude a algo perdido o a punto de perderse, y coloca al sujeto que lleva a cabo la acción de rescatar en una posición de no pertenencia, es decir, alude a mi condena de vivir en un ostracismo de clase.”

En La pequeña voz..., Bellessi convierte en ensayo aquello que ya era, y es, sustancia de su poesía, el mundo de intereses que componen su imaginario. El verso funciona en su obra como el puente capaz de reunir tópicos opuestos para la cultura: lo ínfimo y lo inabarcable, la naturaleza y la política, David y Goliat. Poesía lúcida la suya, poesía que esquiva el arquetipo divisionista que condiciona a la humanidad. Si los fragmentos son ilusión de la mirada y el universo funciona al unísono, con sus contradicciones aparentes, con sus diferencias y compatibilidades, ¿en qué cabeza cabría que el poeta –ella, todos los que la escriben–, en consonancia con lo que lo rodea y con una tradición poética en la que se inscribe, quedara aislado, polarizado en un extremo, orgulloso frente a algún gesto de apropiación? “La voz del poema, la voz que el poeta cree su voz”, dice Diana ni bien comienza el libro, advirtiéndonos sobre esta trampa del ego que congelaría al yo personal en el centro de una escena que no le pertenece sólo a él.

EL PELIGRO EN LA VOZ

Pero, ¿qué es esa voz poética, de qué se trata? “Yo es otro”, el enunciado de Rimbaud, está detrás de esto. “El poeta es hablado. Que el yo es otro es eso: uno es hablado por otros. Entonces uno no va a rescatar ni a tirar la soga a nadie. Me parece que la voz de la poesía está siempre en estado de peligro, la mía y la de cualquiera”, dice Diana Bellessi con un mate en la mano, sentada ahora en medio de un jardín que si tiene una particularidad es ésa: el peligro de dejar de ser. Porque un jardín es un ritmo: primero el verde estalla y luego es el tiempo de la hojarasca y más tarde volverá el verde. “He construido un jardín para dialogar / allí, codo a codo en la belleza, con la siempre / muda pero activa muerte trabajando el corazón”, había dicho en su poema “El jardín”. Por eso mismo, ¿qué seguridad podría haber en la poesía si la de la lírica es la voz de un mundo destinado a desaparecer o, cuando menos, a cambiar su estado? Que el yo sea otro no sólo habla de un descentramiento de la conciencia que, a la hora de escribir, aunque crea hacerlo desde la conciencia, le deja paso al caudal cultural que nos precede y a las pulsiones del propio inconsciente individual. El yo es un instrumento de algo más abarcador y trascendente, una porción de vida que nos ha sido concedida y que habla con eso que presumimos nuestra voz. En La pequeña voz del mundo, el enunciado rimbaudiano implica también la identificación con los otros, pertenencia a esa suerte de mandala humano que nos tiene a todos moviéndonos dentro del mismo círculo. Un ir y venir entre la cultura letrada y el vulgo es el sendero circular que sigue la poesía en este juego. “La cultura letrada te otorga el oficio sin el cual no es posible escribir”, dice Diana. Como siempre, su modo de hablar refleja un cuidado y un amor por las palabras que va alcanzando de a ratos un sutil esplendor: “Hay que leer muchos libros y observar muchas cosas para escribir versos que le hablen al corazón de otro. El problema es que te podés quedar en el camino de la adquisición del oficio y escribir sólo desde esa adquisición, y el poema entonces será correcto, pero no tendrá alma. Se habrá aprendido, pero no se desaprendió, en busca de aquella lengua primaria y afectivizada, cuando una pueblada atraviesa el poema. Ahí es cuando somos vulgo. Vulgo con oficio”.

POESIA PARA JUGAR

El libro se divide en dos. Los breves ensayos de la primera parte, intensos y concentrados, están fechados entre 1998 y 2003. La segunda reúne textos más aplomados, de mayor extensión, escritos entre 2004 y 2010. “Son notas que se extienden a lo largo de 12 años –explica Bellessi–. La primera mitad respondió más a un deseo personal, y su escritura es bastante íntima, mientras que la segunda surgió de la obligación de tomar el micrófono público.” Eso que Diana llama intimidad es algo que se percibe como un avance envolvente del texto. Una especie de cono del silencio nos deja a solas con la lectura de estos ensayos, cuyo recorrido, que no es sólo intelectual sino también sensitivo e intuitivo, seguimos con esa misma “atención flotante” que desarrollamos al leer un poema. Lo que sucede es que Bellessi se sumerge en el lenguaje poético para reflexionar sobre la poesía. O quizá sea más acertado decir que en ese registro es donde ella está siempre, y donde también estamos todos porque, según esta autora, reciente ganadora del Premio Nacional, la poesía es una experiencia común: se acerca a lo preverbal y al balbuceo que en el origen de la vida comunica a cada criatura con su madre; la poesía es música y rito comunional. “La experiencia de la poesía surge muy tempranamente en la vida del ser humano –dice en el ensayo En la intimidad del habla–, un momento antes de la apropiación del lenguaje, cuando agrestes aún nos expresamos en el grito, el llanto, la risa (...). Allí sabemos que el lenguaje canta y que no proviene sólo de nuestra cabeza sino también de nuestro cuerpo, del rumor de la sangre y el hálito de nuestra respiración.” Recientemente, Mágicas Naranjas Ediciones acaba de publicar una serie de tres libros de poesía e ilustraciones para los más chicos (aunque no sólo para ellos), éstos son Cartas para la alegría de Arnaldo Calveyra, Azar y necesidad del benteveo de Alicia Genovese y Variaciones de la luz de Diana Bellessi. El proyecto combina el trabajo de un poeta y el de un dibujante, y da por resultado una pequeña obra de arte que tiene como objetivo que la lírica y el mundo infantil reediten su estrechísima relación. “Es un breve poema desglosado a lo largo de sus páginas, con unos dibujos extraordinarios de Pablo Ramírez Arnol –cuenta Bellessi–. Han hecho de poesía para adultos algo con lo que pueden jugar los adultos y los niños. Ellos, que están más cerca del nacimiento del lenguaje, más cerca están de la poesía. Habla y poesía son primas hermanas. El habla es chiflada y dice cosas rarísimas. El poema es un recorte del habla que se enfría y que se vuelve a calentar por una operación mágica: el oficio del poeta. El habla íntima, el habla loca, entre amantes, entre amigos, en la cancha de futbol, en la cama, se parece tanto a la poesía.”

Aquella operación entre conjuntos que en matemáticas se llamaba intersección y que mostraba a los ojos de los niños el contenido de una zona que unía dos universos distintos, podría ser una de las imágenes con las cuales graficar algo de la experiencia poética según Bellessi. En tanto esa zona está compuesta de elementos compartidos, éstos son parte, al mismo tiempo, del bagaje individual. Notas inconfundibles de la música personal resuenan sine qua non en el canto colectivo. Si no hay un yo, difícilmente habrá un nosotros, afirmará Bellessi a la hora de hablar de la lírica y ese yo del poeta –escondido detrás de un disfraz (el lenguaje) y expuesto al mismo tiempo en las marcas de su biografía– cobrará firmeza sólo si a través suyo lo otro, lo que le es ajeno y tan propio a la vez, puede ingresar. El yo: una puerta. El yo: un espejo. Y esta posibilidad de “entrar y mirarnos” que se activa durante la escritura o la lectura de un poema, opera también en la traducción. En su ensayo La traducción del poema, Bellessi cuenta la exquisita experiencia que unió su escritura con la de la poeta portuguesa Sofía de Mello Breyner: “La leía en voz alta, la cantaba tratando de pesar su sonido, su melodía, y avanzaba con tal rapidez en los primeros borradores, al igual que en las versiones más finas, como si yo misma hubiera escrito esos poemas en otra lengua. Es difícil de describir esa dicha. El otro es otro, y son sus poemas, uno no lo olvida, y se tropieza aquí y allá con dificultades, más que de traducción, de transcripción, y es muy tramposa una lengua cercana, a veces más que otra distante, pero cuando se es cazado por una voz, o calzado en el tono de una voz, se acierta; todo se resuelve de manera misteriosa, la intuición y un cierto vuelo parejo nos acompañan y quisiéramos que la tarea no terminara nunca”.

Podemos reconocer aquí, en esta amorosidad, el gesto lírico que liga un alma humana con otra, y del que Diana Bellessi nos habla en el ensayo “La lírica ha vuelto a casa”. Si ha vuelto es porque en algún momento no lo estuvo. Sí con fogonazos, aisladamente, lanzando destellos de sobrevivencia ante las tendencias dominantes que buscaban opacarla. Eran los años ‘90 y, en la Argentina, el objetivismo –que adoptó como padre a Joaquín Gianuzzi y que se inspiró en lecturas de un Roland Barthes que teorizaba sobre la muerte del autor o la inexistencia de un yo lírico– instalaba una prohibición: los versos no estaban para que el poeta expresara a través de ellos “su verdad”. El yo se diluía en los objetos, los objetos hablaban por él. Y se le imponían: objeto mata a sujeto. Bellessi, en La pequeña voz del mundo, deja en claro su posición: “Si al yo lírico se lo ha acusado de artificioso, de mentiroso y hasta de confesional, deberíamos recordar que el lenguaje mismo lo es. Toda representación es una ilusión. Y todo lo mirado. El objeto también, recortado por las posibilidades de nuestra percepción (...) Podemos acosar a ese yo lírico, pero abdicar de él es abdicar al mismo tiempo del objeto que contempla (...) porque el objeto y el sujeto se modifican mutuamente, como quedó enunciado en el principio de incertidumbre que sentó las bases de la física contemporánea a principios del siglo pasado”. En este capítulo, Bellessi se ocupa de desandar el camino que condujo a parte de los jóvenes poetas de los ‘90 hacia esa polarización y cita una interesantísima reflexión de Beatriz Vignoli, quien formó parte activa del objetivismo y que hoy encarna, sin embargo, una de las mejores líricas contemporáneas. Sonia Scarabelli u Osvaldo Bossi son otros de los nombres que Bellessi destaca como parte de esa generación que tras haber atravesado las grandes aguas noventistas desembarcaron en los 2000 construyendo una lírica potente y renovada. “El príncipe” es un bellísimo poema de Scarabelli que Bellessi cita sobre el final del libro. Sus versos están dedicados a un ciruelo y la naturaleza de ese cuerpo vegetal se funde a la de la voz humana. Como la de Bellessi se ha fundido en Variaciones de la luz a los colores del cielo o en “Love Story” a una escena remota en la que alguien dice, desde lo más alto de la experiencia humana, que el corazón es una achura que no se vende. Contra toda actitud elitista que la convertiría en gesto vacío, la poesía es sustancia de ese destino común del que Bellessi habla en Mate cocido. “Si somos del mercado, ya no somos poesía –dice–. Si somos de la diminuta escena literaria, tampoco; sólo si somos del mundo y de nosotros mismos en un arduo trabajo de atención, alerta y entrega. La producción llevada a cabo de esta manera no asegura llegar a buen puerto, nada asegura nada, salvo escribir y vivir en la plenitud del riesgo de la vida.”

© 2000-2012 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados

La otra butaca, la de Paraná.

publicado a la‎(s)‎ 4 ene. 2012 18:07 por Gustavo Gottfried   [ actualizado el 4 ene. 2012 18:07 ]

In memorian

publicado a la‎(s)‎ 15 nov. 2011 12:57 por Gustavo Gottfried   [ actualizado el 28 oct. 2012 17:16 ]

Avísame si algo te pica
que yo puedo con mucho gusto
ir a rascarte

si la noche está muy oscura
y se te antojan dulces
con almendras y frutos raros de mi bosque
puedes encantarte

deja de pensar en quien tiene la espada
más filosa
y disfruta como te peino los cabellos

Daniel Oblitas, poeta. 1983-2011

Flora y Céfiro (William-Adolphe Bouguereau)

1-10 of 12