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Para conocer al joven Varela: Un libro que deben estudiar nuestros maestros


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Felix Varela


Con el libro Felix Varela: Profundidad Manifiesta, Tomo I (Ediciones Universal, Miami, Florida, 2007, su autor, el sacerdote Fidel E. Rodríguez Cuza (Guantánamo, Cuba 1957), nos ha regalado una obra fundamental para comprender, no solo la personalidad y maduración intelectual de uno de los mas grandes pedagogos de la historia de Cuba, sino también un instrumento de suma utilidad para la época determinante de la historia de Cuba, el impacto que en ella tuvo la ocupación de España por la Francia Bonapartista, y tras ello lo que los españoles denominan su guerra de independencia.



Hablo de una guerra que se invertirá de signo con el cruce del Atlántico, cuando los criollos y peninsulares, que por fidelidad a Fernando VII, se negaron a acatar al Rey Pepe Botella, el usurpador del trono español impuesto por Napoleón, le tomen el gusto al mando, sin control metropolitano, y declaren, siguiendo el modelo norteamericano, su propia independencia de los Reyes restaurados, un proceso, complejo y mal enseñado en nuestras escuelas, con resultados tan nefastos a largo plazo como puede ser ese bolivarianismo, mal entendido, con que el gobierno de Venezuela justifica sus experimentos y pseudosocialismo.


La lectura del trabajo por Rodríguez,escrito con gran amenidad, esclarece mucho de lo que necesita saber, y que en la escuela no se creyó pertinente darle a conocer, el cubano apasionado por su propia historia, el amante de las biografías de familias que transitan la mas pura leal españolidad, a ese estado de nueva naturaleza que es la de hombre del nuevo mundo, y por supuesto las innumerables lagunas de quien dese saber de Varela, algo más que lo que todos ya conocen, que fue el hombre que enseñó a pensar a los cubanos.


El estudioso logra su objetivo de manera grata, llevando de la mano al lector, por un largo trecho que va desde las razones sociales del concubinato vivido por su padre con otra mujer, y los hijos que allí nacieron, antes de casarse como Dios Manda con la madre de Varela, hasta los primeros pasos dentro de la política colonial, como Diputado a Cortes en representación de la provincia de La Habana, lo que coincide con el alejamiento de la cátedra, en abril de 1921, lo que lo llevará a madurar su doctrina política pasando del autonomismo y al separatismo, aspecto que no recoge este primer tomo, centrada en la Infancia, Adolescencia y Juventud de Varela.


Paro si bien nos quedamos con menos que a medias con la acción política del sacerdote, en cambio, por lo que conozco, creo que tenemos aquí, como le ha pasado a mas de un desterrado cubano, con el cuadro mas importante de su actividad pedagógica, por eso me atrevería a recomendar la obra como bibliografía curricular de los maestros cubanos, de hoy y del mañana.


Ciertamente su autor le impregna un fuerte hálito ideológico que muchos no compartiremos, más conscientes de que no podría ser de otro modo, dado que es la obra de un investigador comprometido con el Catolicismo, no menos de lo que tuvo el propio Varela, sin que por ello le respetemos menos, lo mejor es concentrarnos en el enorme partido que podemos sacarle, entre otras cosas a la posibilidad que ha tenido el estudioso de consultar las mas variadas fuentes, sintentizando, desde su punto de vista un saber disperso que a todos nos sirve.


Creo que para el estudiante cubano resultará cuanto menos inspirador conocer el modo en que el Joven Varela se hizo de sus primeros títulos académicos, como lo será para el maestro que descubre la iniciación como pedagogo de Varela, la influencia de la ilustración en este que hacer, el papel jugado por una figura fundamental para el progreso intelectual de la isla como fue El Obispo de Espada, de que Varela se convirtió en un auténtico alfil, no solo en el trabajo por reformas el sistema educativo imperante, una reforma en la que nuestro gran maestro utiliza su propia experiencia de alumno machacado por métodos escolásticos que puntaban más a la memoria que a la reflexión, sino sobre todo en el establecimiento de la Cátedra de Constitución, al frente de la cual será nombrado Varela, y que de algun modo resultaba del pronunciamiento revolucionario del General Riego, quien en marzo del 1820 obligó a que Fernándo VII, enterrador de la Constitción de Cádiz, la famosa “Pepa”, a acatar la también liberal Constitución de La Coruña

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Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, más conocido como obispo de Espada,

Con el estudio detenido de esta cátedra nos adentramos en los vínculos que se dan entre magisterio y acción política en los tiempos de Varela.


Fidel Rodríguez va más allá que del simple retrato de la vida que entonces llevó Varela como maestro, y le dedica un acápite del capítulo X a analizar el método pedagógico de Varela a la luz de las modernas teorías sobre la enseñanza. Con ello nos muestra el camino que debemos seguir los maestros cubanos, a la hora de mirar al futuro. Un futuro que se abrirá camino en medio de historias que se repiten con grandes similitudes, y no siempre como tragedia o comedias.


Fray Fidel Enrique Rodríguez Cuza.


Asì lo vemos, por ejemplo en la necesidad que tuvo Varela de enfrentarse a los dogmas educativos establecidos en su tiempo, por la educación que dominaba una religión que el compartía, pero de la que estaba seguro podrían sacarse mejores resultados. Lo mismo ocurre, dentro de Cuba, con la pedagogía marxista, cuyos principios por obligación tienen que compartir los graduandos de las escuelas de Maestros, sin embargo y apartando el debate de que si han de ser estos u otras las bases filosóficas de nuestra manera de enseñar, de lo que no cabe la menor duda es que el maestro, cualquiera que sea su ideología, en última instancia, debe estar dispuesto siempre a innovar, así lo hizo Feliz Varela, y así nos lo muestra su biógrafo en esta obra que de algún modo educa a ese que por profesión eligió la de educar.


Por Carlos M. Estefanía
Maestro de Origen Cubano


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