Marco León

Cuento     :    MARCO  LEON

 

   Eran dos hermanos casados, uno tenía 6 hijos y el otro 6 hijas, el que tenía varones era rico y el que tenía mujer pobre.  Todos los domingos se juntaban a la hora de misa y al santiguarse mojándose en el agua bendita, decía el rico al pobre:  

”Pobre hermano mío, que Dios te dio puras mujeres  siempre serás un pobre diablo” .

 Al otro domingo  ocurría lo mismo y siempre la misma cantinela, el padre llegaba triste y taciturno a casa, la mayor de sus hijas se preocupaba mucho y un buen día la niña que era  muy inteligente y sagaz le dice:

 “Mira padre no quiero verlo más  triste porque nosotras las mujeres valemos  igual o más que los hombres.   Por favor , arriba el ánimo y dígale  a mi tío el próximo domingo que nos juntemos : el hijo mayor de él y yo y que salgamos a correr mundo , a ver quien triunfa y a quien le va mejor”.

 

         Después de muchos tira y afloja se decidieron los padres y le dieron permiso a sus hijos para que salieran a correr el mundo.   Salieron de la aldea, cada uno con sus bártulos y andando, andando llegaron a un cruce donde se bifurcaba el camino, uno a la derecha y otro a la izquierda.  La niña dio a escoger a su primo: elije, le dijo.

Justo en aquel lugar había una gran piedra en la que se sentó el primo.   Conversaron un rato y la niña le dijo: “mira, aquí nos separamos, como tú tomaste el camino mejor, me iré por el más malo pero ojo aquí mismo junto a la piedra nos juntaremos al cabo de un año y cada uno contará sus experiencias”.

       Andando, andando, llegó a un claro del bosque donde había un pastorcito cuidando sus ovejas.  .  La niña pensaba y pensaba que nadie le iba a dar trabajo  a una mujer, por lo que necesitaba urgente  cambiar  de identidad.   ¡Y qué mejor aquel pastorcito!.

 Decidida se acercó a él y le dijo: “Pastorcito ¿cómo te llamas? “ 

“Marco León”, contestó.

Ay! Cómo me gustaría ser tú!

Pero cómo? Dice el pastor, si tú te ves radiante, mira yo todo andrajoso!.

La niña le dijo: “ay Pastorcito, me harías tan feliz si cambiáramos de ropa, yo te doy me vestido y tú tu pobre traje”.

De ninguna manera ¡ yo no necesito esa ropa, me estorbaría, además no soy mujer!

Pero no importa, dijo la niña, tendrás alguna hermana que estará muy agradecida de tener tan lindo vestido.

Después de mucho se convenció el pastor y los dos se ocultaron en unos matorrales y fueron tirándose las vestimentas, cerca del matorral de la niña llovían pantalones, alpargatas, chaqueta y gorro, por el otro lado enaguas, vestido y  cintas.

Te estoy muy agradecida dijo la niña, desde hoy seré yo Marco León. y al cabo de un año te devolveré tus ropajes y más.

    Ya vestida de hombre, chuteando piedras, silbando, siguió camino Marco León, camina que te camina, ya casi exhausta alcanzó a divisar unas luces, en eso se le alegró el corazón pues vio el más bello de los palacios, nunca sus ojos habían visto semejante construcción.   Subió la escalinata, tocó la aldaba y apareció un criado que al verla tan desastrosa quiso echarla pero ella se adelantó y le dijo: 

“No soy lo que piensas, me llamo Marco León y busco trabajo”. 

 En eso apareció la reina pues las voces llegaron a sus oídos,:

 ¿Qué pasa?

 Ay Majestad! Busco trabajo!

La reina compadecida  le dijo:

“Qué sabes hacer?

De todo.  Dijo ella, se arreglar huerta, jardín, cuidar animales, limpiar armas, etc.

Ah! dice la reina justo estábamos necesitando un jardinero, empezarás a trabajar esta misma tarde.

Cuando se hizo de noche y llegó el príncipe y vio a Marco León, le dijo a su madre:

Madre:”los ojos de Marco León son de hembra y no de varón”.

A lo que la reina contestó: “ya estás tú  con tus ideas descabelladas, cómo puedes juzgar así!

Los ojos de Marco León son de hembra y no de varón, le dijo la reina, para que te convenzas vamos a hacer una prueba. La invitamos esta noche a cenar, pondremos dos sillas, una alta y una baja, si elige la alta es hombre porque a los hombres siempre les gusta sentarse en silla alta; si es mujer por supuesto que escogerá la baja.

 

Cuando Marco León se presentó esa noche eligió la silla alta, para gran frustración del príncipe. Pasaron los días y el príncipe seguía meditabundo. La reina ya no sabía qué hacer con él, hasta que al príncipe se le ocurrió invitar a Marco León a vitrinear. Lo llevó por las tiendas con las ropas más finas. Pero Marco León le respondió “¿para qué me trae, su Majestad por estas tiendas? No me interesan, pero sí me gustaría ver escaparates con armas, quiero ver rifles, escopetas, sables y espadas del mejor acero. Y el príncipe no tuvo más que agachar la cabeza y llevarlo a una armaduría.

 

El tiempo pasó y vino la guerra. El príncipe dijo entonces a su madre “me voy al campo de batalla con la convicción que los ojos de Marco León son de hembra y no de varón. De vuelta me casaré con ella. Pasó un año y se cumplió el plazo que Marco León le había dado a su primo que lo esperaba en la encrucijada de los caminos. Así es que ese gran día, dijo a la Reina, “Majestad, se cumplió el plazo y me voy a mi pueblo”. La Reina insistió para que se quedara un poco tiempo más, hasta que llegara su hijo de la guerra.

 

Marco León ya lo había entendido y antes de marcharse le escribió una larga carta al príncipe diciéndole:

 

“Es verdad, los ojos de Marco León son de hembra y no de varón, soy la mayor de siete hermanos y para conseguir trabajo, me hice pasar por hombre. Con mi primo quedamos en juntarnos a la entrada de mi pueblo, así es que cumplo con mi palabra y me voy. Yo también te quiero con toda mi alma, mi amor es tan grande como el tuyo, te espero en mi ciudad, la calle tanto, número tanto”. Dejó la carta sobre el escritorio del príncipe y se despidió de la Reina.

 

Como no pude convencerlo, le dio de regalo el mejor caballo con los mejores aperos; a su vez una bolsa llena de monedas de oro, joyas finas y otro caballo. Cuando el príncipe volvió de la guerra y no encontró a Marco León se desesperó y quería matarse porque la vida sin ella no tenía objeto. Se dirigió a su oficina a buscar un arma, pero se encontró con la carta. La leyó emocionado y saltando de gozo abrazó a la Reina y le dijo: “Voy en busca de Marco León”. Eligió la mejor carroza los lacayos y las damas de compañía. Los carros abarrotados de regalos y fue en busca de su amor.

 

Mientras tanto Marco León llegó a la encrucijada y se encontró con que su primo todavía estaba sentado en la piedra, pálido, flaco, famélico, con la ropa sucia y cubierto de harapos.

Ella con desplante le recriminó, “holgazán, eso eres. Toma un caballo de los que traigo y escoge un traje. Regresamos a casa enseguida. En cuanto llegaron la noticia corrió de boca en boca. Sus padres y hermanos se llenaron de gozo y en el menor tiempo posible edificaron una casa más linda jamás vista. De dos pisos. Pronto la alhajaron y el padre triunfante y feliz le dijo a su hermano “tú que te vanagloriabas porque tenías puros hijos y me compadecías por tener hijas. Mira en qué ha acabado. Ahora mi hija a triunfado”.

 

Una tarde se divisó una gran polvareda; era la comitiva que llegaba a buscar a Marco León. El príncipe acompañado de damas y caballeros, otros príncipes y princesas de otras comarcas en carruajes de oro y plata en busca de Marco León para llevarla al palacio y realizar allí la boda.

 

Marco León que lo esperaba, lo divisó desde el balcón y se apresuró a bajar y recibir a su adorado.

 

Cuando se encontraron no cabían en sí de gozo, su contento era tan grande como el del pueblo entero. Hubo varios días de fiestas y fuegos artificiales. La familia la acompañó de regreso al palacio donde se celebraron las bodas más suntuosas del siglo y fueron muy felices, comieron perdices y a mí no me dieron porque no quisieron y el cuento se acabó…

 

 

 

 

 

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