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Plaza mayor de Salamanca

Plaza de estilo barroco, se construye en la primera mitad del siglo XVIII, de 1729 a 1755. De planta casi cuadrada, es cerrada y porticada formándose grandes arcadas sobre las puertas que dan salida a las distintas calles que en ella confluyen.

La plaza se levanta sobre la antigua plaza de San Martín, entorno a la cual se articulaba la vida mercantil, social y lúdica de la ciudad. Pero a comienzos del siglo XVIII esta plaza presentaba una situación de suciedad y abandono deplorable. Este estado chocaba con las ideas reformistas del momento que concebían la ciudad como un espacio ordenado y sano, que debía acoger a la creciente población del momento.

El principal impulsor del proyecto fue el Corregidor Rodrigo Caballeros y Llanes, que expuso en 1728 al consistorio la idea de edificar una nueva plaza que sustituyera a la de San Martín. Las razones que adujo fueron tres: sustituir la vieja plaza por una más majestuosa y acorde con la monumentalidad de la ciudad, ordenar los puestos comerciales bajo soportales para favorecer el tráfico de personas y animales por el centro de la plaza y crear un gran recinto público para acoger todo tipo de espectáculos.


Del proyecto de las obras se encarga en 1729 Alberto de Churriguera, que abandona las mismas en 1735. En esta primera fase se construye el pabellón Real y el pabellón de San Martín. Entre 1735 y 1750 la obra sufre una interrupción motivada principalmente por pleitos con antiguos moradores de la plaza de San Martín. En 1750 se inicia la segunda fase de las obras bajo el mando de Andrés García de Quiñones y se construye el resto de la plaza y el pabellón del Ayuntamiento. La plaza estará definitivamente terminada en 1755.

Hasta 1869 la plaza presentaba un aspecto muy similar al actual, pero en ese año se coloca una diminuta fuente octogonal en el centro de la plaza. Pocos años después la plaza se convirtió en una zona ajardinada, aspecto que mantuvo hasta que en 1954 el alcalde don Carlos Gutiérrez de Ceballos le dio el aspecto que presenta hoy en día.

Presenta una planta irregular que tiende al cuadrado, en su alzado se puede distinguir un pórtico, con arcos de medio punto, sobre el que se levantan tres pisos rematados por una balaustrada con pináculos florlisados. Como concepto, el recinto se acomoda perfectamente a la tradicional plaza castellana en torno a la cual se articula la vida social y municipal de la ciudad. Bajo grandes arcadas confluyen en ella los que eran los principales ejes viarios de la ciudad. El trazado de estas calles se respetó, por ello los principales arcos de entrada no guardan la simetría de otras plazas barrocas.


Pese a todo, la plaza destaca por su gran uniformidad y homogeneidad, siendo el Ayuntamiento el único edificio, que con su mayor altura, rompe esta uniformidad. Fue el Municipio quien tomó la iniciativa de la construcción y quien costeó la mayor parte de las obras, por ello la Casa Consistorial debía ser el edificio más significativo. Consta de un cuerpo inferior porticado con cinco arcos, dos pisos intermedios de balcones y remate en espadaña y cornisa. En comparación con el resto del conjunto, presenta una decoración, más densa y variada, en la que se puede observar una cierta influencia del rococó francés con sus características ondulaciones. En el resto del conjunto los elementos barrocos se concentran en la articulación de las fachadas y recercados de los vanos. El Pabellón Real debe considerarse dentro de este conjunto, ya que salvo el gran relieve de San Fernando y la espadaña con el escudo de Felipe V, comparte la misma iconografía. En aquel momento el pueblo guardaba una devoción a la Monarquía y por ello el Municipio decidió destacar de algún modo al poder real.

En su conjunto, los medallones deben ser considerados como un repaso de la historia de España a través de sus reyes, héroes, sabios y santos. En el lado del Pabellón Real, en el lado este, aparecen representados los monarcas desde Alfonso XI hasta Fernando VI. En el lado del Pabellón de San Martín, el que está enfrente del Ayuntamiento, recoge los grandes guerreros, descubridores y conquistadores de la historia de España. El programa, por razones que se desconocen, está incompleto en los dos lados restantes. Se piensa que el pabellón del Ayuntamiento debía recoger a los grandes santos españoles y el lado oeste debía recoger a los sabios más destacados en las distintas artes. A lo largo del siglo XIX y XX se han colocado nuevos medallones entre los que destacan el de Teresa de Jesús y el de Miguel de Cervantes.

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