Un padre como José

Lou Seckler

No hace mucho tiempo celebramos el día del padre. Esa celebración es algo que ha empezado muy recientemente, quizás inspirada por el día de la madre que tanto se ha popularizado. Tanto el día de la madre como del padre han pasado a ser celebraciones integrantes de nuestra vida y no los podemos ignorar. También no dejan de ser épocas propicias para que la iglesia imparta la enseñanza de cómo debe ser un padre cristiano. He aquí mi aportación:

De todos los personajes que hacen parte del conocido pesebre, José es el que menos se menciona. Quizás por su corta misión en el plan de redención de Dios, José no tuvo las mismas menciones en el Nuevo Testamento como Zacarías, el padre de Juan el bautista. Por ser un sacerdote, a Zacarías lo mencionan varias veces, inclusive su canto de loor a Dios al enterarse de que la profecía anunciada por el ángel, se había cumplido e Isabel, su esposa, daría la luz a un hijo varón.

Por otro lado, José parece permanecer en la sombra de María y luego de su hijo Jesucristo. Sin embargo, José fue un hombre digno de mención y de que lo imitemos como ejemplo de buen marido y padre.

Según algunos comentaristas, es probable que José haya muerto poco después de la adolescencia de Jesucristo. No se sabe porque ni la Biblia ni los escritores de la época lo mencionan. He aquí lo que se sabe:

I. José era hombre honrado
En primer lugar leemos en Lucas que María, su prometida era virgen. (Lc 1:26-27) Eso quiere decir que José era un hombre honrado. Tanto ahora como en el primer siglo ha sido algo que solo un hombre honrado respetaría. En nuestro tiempo el sexo antes del matrimonio parece ser más y más común y aceptable por la sociedad. Las películas lo muestran con frecuencia, pareciendo querer persuadirnos de que el sexo es más un pasa-tiempo o diversión que un regalo de Dios para que lo desfrutemos en el contexto del matrimonio. No importa lo que quiera dictar el mundo, en los ojos de Dios, el pecado sigue siendo pecado.

Esa característica de José de ser honrado, en la lista de calificaciones para una persona servir como anciano lo dicen “irreprochable” (I Tm 3:2; Ti. 1:7) Una persona con esa característica no juega con su carácter ni con la virtud de otras personas. El respeto tanto por su vida como la vida ajena es primordial. Una persona cristiana es irreprochable cuando es responsable, conocedora de Dios y obediente a su Palabra. Sea cual sea la instrucción que viene de Dios, la acepta con humildad y la obedece.

Otra característica de un anciano que es similar a la honradez es marido de una sola mujer (I Tm 3:2). El hombre honrado es monógamo, o sea, mientras viva, siempre tendrá una sola esposa. El amor a Dios y a su familia le impide tener amantes o más que una esposa a la vez. Un amigo tiene en su privado un cuadrito que dice así: “El mayor regalo que un padre puede dar a sus hijos es amar a su esposa”. Y cuando eso no sucede todos sufren.

II. Otra cosa que vemos en José era su obediencia
El ángel le aparece algunas veces. La primera anunciando el embarazo de su prometida por intervención del Espíritu Santo. (Mat. 1:20) Algo que quizás no entendiese cómo sería eso, sin embargo lo aceptó como decisión y sabiduría de Dios. La vida está llena de misterios que aceptamos sin vacilar pero que siguen siendo cosas que no entendemos totalmente y que van más allá de lo que un ser humano, en su limitación puede comprender.

Lo que le decía el ángel que era la palabra de Dios, José lo aceptaba sin hacer preguntas y sin dudar. Por haber dudado del poder de Dios Zacarías perdió su voz durante todo el tiempo en que su mujer Isabel estaba embarazada. Al nacer su hijo Zacarías recobró su voz al decir que su hijo se llamaría Juan. Le decían el bautista, por los bautismos que hacía.

Seguramente la obediencia a Dios fue algo que pudo inculcar en la vida de Jesucristo. El Hijo Unigénito fue obediente toda su vida y así fue posible para que Dios llevara a cabo con él su plan de redención. Como dice el refrán: “Tal palo tal astilla” es verdad. Un padre obediente y respetuoso solo puede influenciar a sus hijos a que también sean obedientes. Aunque la obediencia a Dios fuera muy inconveniente para una pareja como José y María, estaban listos para obedecer porque era Palabra de Dios. Esa es una gran lección a todos nosotros. Debemos ser obedientes aunque que la obediencia implique sacrificios.

III. José era un buen ciudadano
Al llegar la época del censo, un deber cívico, no hubo dudas en la mente de José (Lc 2:2) y se fueran de su ciudad para cumplir con su deber , con una ley de su país. Hay algunos pasajes que nos instruyen a ser obedientes a las autoridades locales. Aunque que sea difícil, aunque el líder del gobierno donde vivemos sea un tirano, tenemos que “honrar al líder”  (1 Pe.2:17), con nuestra obediencia a las leyes de la tierra. En ese sentido la ley de la tierra y la de Dios se unen formando una sola ley. Cuando hay conflictos debemos optar por la ley de Cristo.

Generalmente, una persona que obedece la ley de Dios también tiene respeto a las leyes de su país. Sabemos que Jesucristo era un buen ciudadano porque pagaba impuestos (si bien que el dinero para ese fin saliese de la boca de un pez - Mat.17:24-27). Ser buen ciudadano es algo que Cristo heredó de su padre carnal.

IV. José era fiel a Dios
Al llegar la fecha de presentar el niño al Templo, José estaba presente con su esposa en un acto de reverencia a la ley de Moisés, periodo en que Cristo vino a mundo. (Lc 2:21)

La tradición dice que Jesucristo era carpintero porque los hijos heredaban la profesión de los padres. Sin embargo, podemos asegurarnos de que todas las Escrituras que Jesucristo tuvo que memorizar para su preparación como judío, las enseñó su padre por ser la manera en que se hacía la endoctrinación entre los judíos en aquella época.

La visita al Templo en cada siete años era un mandamiento importante que José cumplió cuando Jesucristo tenía 12 años. Fue allí que los doctores de la ley se quedaron maravillados con el conocimiento del niño. El camino de regreso, pensando que Jesús estuviese con otros parientes y vecinos que regresaban del Templo caminando, José y María se dieron cuenta de que Jesucristo se había quedado en Jerusalén. En vez de enojarse con Jesús, sus padres demuestran más alivio que enojo al encontrar al niño charlando con los maestros del Templo.

Cierta vez, cuando nos visitaban nuestros parientes de España y hermanos de México, yo andaba ocupado con nuestro hijo mayor cuando sentí la falta de Carlos, que en aquella época tenía unos ocho meses. Yo pensaba que estuviese con mi esposa o con sus abuelos. Mi esposa creía que estaba conmigo pero no era así. Le buscamos por toda la casa sin encontrarle. Como ya nos había pasado lo mismo, cuando Carlos salía, iba al vecino que vivía al lado, hermanos de la iglesia que le trataban bien. Inmediatamente fuimos a nuestro vecino, pero no estaba allí. Nos dividimos y empezamos buscarle por todas las calles cercanas a nuestra casa. Después de algunos minutos de busca ya estábamos aflictos cuando nos ocurrió llamar la policía para ver si alguien lo había encontrado y reportado. En aquella época, en fines de la década de los años 70’s la vida era menos complicada que hoy. Alguien sí había reportado encontrar un niño en pañales por la calle y lo tenía en su casa. Nos dieron la dirección y en pocos minutos fuimos a la casa y los vecinos ya sabían de lo que se trataba y con mucho gusto nos regresó a Carlos sano y salvo. Sucedió que al encontrar la puerta abierta, Carlos montó en su pequeño triciclo y salió calle afuera, probablemente rumbo a un pequeño restaurante, donde preparaban papas fritas que le gustaban. Al encontrarle fue una gran fiesta: le llenamos de besos y con lágrimas que nos escurrían por las mejillas, dimos las gracias a Dios por haber encontrado a nuestro pequeño sano y salvo. Es por eso que podemos identificarnos con José y María cuando encontraran a Jesús en el Templo.

Cuando a Jesús lo encontraran en el Templo, no estaba jugando sino tratando de entender la Palabra de Dios. Su interés en la Palabra de Dios empezó en edad temprana, muy probablemente influenciado por la fe de sus padres.

V. Un padre como José
Ser un padre como José no es algo que viene por instinto. Es probable que el abuelo de Cristo, Jacob, aunque nunca lo mencionen, tuvo mucha influencia en José, misma que José tuvo en Jesucristo. Estoy seguro de que, al sentir la falta del niño y regresar al Templo, sus padres no cesaban de orar a Dios pidiendo su guía para encontrarle pronto y bien.

1. Dedicado a la oración
Cuando nuestro hijos están creciendo y empiezan ir a la escuela debemos dedicarnos aun más a la oración rogando a Dios por ellos, por su protección y su guía. ¿Cómo sabemos que José era dedicado a la oración? Porque Jesucristo lo era. Una vez que ya no podremos estar con el niño las 24 horas del día, le entregamos a Dios para que lo cuide. Y él con gusto lo hace porque, según palabras de Cristo: “… de ellos es el reino de los cielos”.

2. Dedicado a los hijos
No es difícil para un hombre engendrar un hijo. Crearle para que sea un cristiano fiel cuesta trabajo. Dice un amigo que aun con todo lo que hacemos no hay garantías de que el niño crecerá y será fiel. Sin embargo, sin estar presente en su vida, sin enseñarle cosas básicas de la fe, la probabilidad de que llegue a ser una persona útil a la sociedad es menor. José era un padre presente, probablemente su taller era al lado de su casa proporcionando a su hijo todo el tiempo posible para enseñarle a vivir fielmente a Dios.

3. Dedicado a la esposa
Con gusto delegamos el trabajo difícil de la creación de un niño a su madre. Es hasta muy conveniente porque así podremos dedicarnos en lleno a nuestro trabajo. Sin embargo, en este caso la prioridad estaría mal, porque dejaríamos a la esposa tanto con los quehaceres de la casa como con la responsabilidad de entrenar al niño. Compete a ambos esa misión de colaborar en la educación espiritual de nuestros hijos.

Hay esposas que por el marido no hacer todo tan bien como ella, no lo permite participar. O a veces por participar y ser severamente criticado, el hombre deja de contribuir su tiempo en el hogar y lo pasa con sus amigos.

Pero, si somos dedicados a la esposa, haremos que gran parte de la disciplina y la enseñaza de los niños sea nuestra responsabilidad.

4. Protector del hogar
Al enterarse de que su familia corría peligro José no vaciló, tomando a ambos, huyó al Egipto donde no le molestaría su enemigo. (Mt. 2:13-14) Diferente a los demás niños, a Jesús lo empezaron a perseguir desde niño. Sin embargo, podemos ver cuando se trataba de proteger su hogar, la carpintería para José pasó a ser algo de menor importancia. ¡Qué gran ejemplo de padre! Uno que protege su hogar. No cabe dudas que José debería tener varios trabajos en su taller que terminar para ganar el pan para su familia. Pero entre dedicarse demasiado a su trabajo en deferencia a su familia, José optó por la familia.

Me acuerdo haber pospuesto un viaje importante relacionado con mi trabajo porque uno de los hijos no estaba bien. Hoy nuestros hijos hacen lo mismo a sus seres queridos porque conocen el orden de las prioridades, lo que es más importante.

Conclusión:
Aunque raramente mencionado, José fue un padre maravilloso. Mucho de lo bueno que hacía Jesucristo lo aprendió de él. Seamos como José para ser más como Cristo.
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