Un hijo como Jesucristo

Lou Seckler


Casi siempre que hablamos de Cristo mencionamos cosas que ha dicho o hecho. Sus palabras son como aceite para nuestras almas. Sus hechos han servido de inspiración siempre que los leemos. Su vida ejemplar es un modelo que todos queremos copiar e imitar.

Esta vez quisiera enfocar a Jesucristo como hijo. Hay mucho que aprender de nuestro Señor que nos ayudará a ser mejores hijos para la alegría de nuestros padres y para la gloria de Dios. ¿Qué sabemos de Cristo como Hijo?

I. Nació de padres pobres
Podemos ver que los padres de Jesús, al hacer su ofrenda en el templo, ofrendaran aves en vez de mamíferos (Lucas 2:24). La ofrenda de aves es una indicación de que sus padres eran muy pobres. Dios pudiera haber elegido a padres pudientes para traer a su hijo al mundo pero no lo hizo. Quiso probar que la pobreza de Cristo sería enriquecida por el poder de Dios Padre.

También, como hay más pobres que ricos en el mundo, la mayoría puede identificarse con nuestro Señor. Dijo Pablo que por su pobreza somos enriquecido (2 Cor. 8:9)

Comentaristas están de acuerdo que Cristo empezó su ministerio a los 30 años porque tuvo que ayudar en la casa de su mamá. Si de hecho José se murió cuando Jesús era un adolescente, se esperaba que el hijo mayor tomase su lugar como proveedor y protector del hogar. Sabemos que María tuvo otros hijos y que sola no le sería posible mantener la casa. (Mat.12:48) Así que Jesucristo tomó el lugar de José, antes de empezar su ministerio.

II. Perseguido desde niño
Jesucristo no tuvo mucha paz ya que lo perseguían desde su nacimiento. El rey Herodes, al enterarse de que un nuevo rey había nacido, creía que sería alguien que le daría competencia o que tomaría su lugar. Desde entonces quiso matarle. Gracias a la advertencia del ángel, sus padres huyeron al Egipto para evitar que su hijo fuera victima de la ferocidad de un rey asesino que extermina con todos los bebés varones de su reino.

Luego, al empezar su ministerio, también le tuvieron envidia los maestros de la ley porque atraía más gentes que ellos, su mensaje era autentico y sus milagros incomparables. Afinal, según ellos sabían, Jesucristo era tan solo el hijo de un humilde carpintero. “¿No es este el hijo de José, el carpintero?”

Mat. 5: 10 – Bienaventurados los que padecen persecución” En ese pasaje el Señor intentaba proteger a los suyos de las propias cosas que le habían de pasar. Y luego añade (v.11 y 12) Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.

Al empezar los milagros, más aun los líderes religiosos judíos le tenían tanta envidia que estaban listos para matarle. Sin embargo, Jesucristo circulaba entre ellos sin ningún temor porque sabía que su hora no había llegado.

III. Siempre obediente
Nuestro Señor siempre fue obediente, lo que le hizo la persona elegida por Dios para llevar a cabo sus propósitos. Su humildad le hacía obediente. Una persona no humilde, arrogante, jamás aprende nada. Un arrogante cree que ya lo sabe todo.

Jesucristo era obediente a sus padres siempre que su obediencia no interfería con la obediencia a Dios. Cuando de niño, con sus 12 años Jesucristo sabía que debería estar con sus padres y regresar con ellos. Sin embargo, conocía su misión y por lo tanto, era fiel a Dios y leal a su Padre celestial antes de ser obediente a sus padres carnales.

A veces nosotros, que somos los únicos creyentes en la familia, tenemos ese desafío. ¿A quien obedeceremos, a Dios o a nuestros padres? Cada día tenemos que tomar esa decisión. Conviene orar por los padres que todavía no sean cristianos para que cambien su corazón y no interfieran en la vida espiritual de sus hijos.

Como el único creyente en mi familia, en el inicio fue difícil para que mis padres comprendiesen que ahora yo había encontrado una nueva familia, el pueblo de Dios, la iglesia. Sin embargo, todavía por vivir bajo su techo tenía por obligación ser obediente a mis padres carnales.

Cuando María le pide a Cristo que les ayude en la boda, porque había acabado el vino, Jesucristo, a principio parece reacio, pero luego, hace lo que le pide su mamá. (Juan 2:1-11). Era vergonzoso para la persona que dirigía la boda si le acababa el vino antes de acabar la fiesta. Las fiestas del primer siglo duraban a veces una semana en que los invitados comían y bebían. Si se acabase el vino o los alimentos antes de que se fuesen los invitados, era para aquella familia una verguenza. Jesucristo para evitar todo aquello hace su primer milagre. ¿Será que él sabía que tenía poder de hacer milagros?

Jesucristo pasa a ser obediente a Dios
Enseguida de su bautismo, Jesucristo escuchó la voz de Dios que le reconocía como Hijo: “16 Tan pronto como Jesús fue bautizado, subió del agua. En ese momento se abrió el cielo, y él vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él.17 Y una voz del cielo decía: «Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.» (Mat. 3:16-17)

Con razón Jesucristo pudo haber enfrentado a las tentaciones de Satanás. Dios le había identificado como su hijo amado. Todos queremos ser amados por nuestros padres. A veces eso no es posible porque o los padres están ausentes o nosotros no estamos presentes. Cualquiera que sea el motivo, sabemos que al rendirnos a Cristo seremos amados como hijos de Dios por adopción. Dijo Pablo a los Efesios:
5 nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, (1:5)

Ya que el Antiguo Testamento era la única Biblia que Cristo leía, podemos estar seguros de que él seguía los principios de Proverbios 4 y 5, donde aprendemos lo que no se debe hacer como hijos varones. Leamos, empezando con Pv.4:1:

IV. Jesucristo fue humilde
Cuando el escriba quiso seguirle, quizás pensando en obtener algo material por ello, Jesús, conociendo su corazón le hace ver la realidad diciendo: “Las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos —le respondió Jesús—, pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostar la cabeza”. (Mat. 8:20)

Al llamarnos la atención para que tengamos el mismo pensar que Jesucristo, Pablo menciona la manera en que el Señor se rebajó para ser obediente a Dios:

(Fil. 2:5-8)5 La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, 6 quien, siendo por naturaleza[a] Dios no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.7 Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza[b] de *siervo y haciéndose semejante a los seres *humanos.8 Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo
y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!

Y como consecuencia de humillarse (y envasiarse)
9 Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo  y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
10 para que ante el nombre de Jesús  se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
 

Hay un pasaje que nos ayuda a identificar con Cristo, porque también padecemos en el proceso de apredisaje:

8 Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer;9 y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen, (Heb.8:8-9)

V. Jesús era fuerte
Desde niño Jesucristo crecía en estatura y gracia y era de gran bendición tanto a su madre como lo era a Dios. En su adolescencia dejó a los doctores de la ley maravillados con su conocimiento de las Escrituras y del poder de Dios. Su mamá se quedaba maravillada con todo lo que decían los profetas acerca de su hijo, guardando todo en su corazón de madre. Lástima que al pintarle, los artistas usan como modelos a mujeres cuyas facciones son suaves y piel clara, casi anemica. Nada está más lejos de la realidad. Jesucristo tenía piel oscura, quemada del sol, y nada de suave. El Señor era hombre de verdad.

Hay por lo menos tres pruebas de que Jesucristo era un hombre fuerte:

1. Sobrevivió 40 días sin comer ni beber y con sed y con hambre fue transportado a un lugar desierto para que Satanás lo probara. Jesucristo resistió todas las tentaciones que el maligno le presenta y sale victorioso por el poder de Dios y de las Escrituras. (Mat. 4)

2. Al llegar a Jerusalén, Jesucristo va directo al templo. Allí encuentra todo tipo de comercio deshonesto. Con un látigo tumba las mesas de los que cambiaban dinero y los que vendían animales para los sacrificios. (Mat. 21: 12-13) Una persona débiil no lo haría.

3. En su crucifixión Cristo pudo llegar al cerro del Golgota, donde tuvo lugar la ejecución de nuestro Señor. Muchos comentaristas están de acuerdo que la mayoría de los reos que eran para ser crucificados no sobrevivían lo azotes, el escarnio, muriendo en el camino al lugar de su crucifixión con la parte horizontal de la cruz a las espaldas. Jesucristo fue caminando, aun con gran dificultad hacia el lugar de la crucifixión.

VI. Jesus era considerado
Como todos sus hermanos eran todavía jóvenes, Jesucristo le pide a Juan que le cuide a su mamá, y también al resto de su familia. En la narrativa de la vida de Jesucristo esta es la ultima mención de su mamá. Aqui vemos que Cristo no quiso dejar su mamá desprotegida. Aun colgado en la cruz el Maestro demuestra consideración a su madre pidiendo al apóstol Juan que la cuidara. Un buen hijo siempre piensa en cómo   
Juan 19:26 -  Cuando Jesús vio a su madre, y a su lado al discípulo a quien él amaba, dijo a su madre: —Mujer, ahí tienes a tu hijo.
27 Luego dijo al discípulo: —Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento ese discípulo la recibió en su casa. 

Conclusión:

Poesía a Jesucristo (a Jesús el Nazareno).

Has sido Jesús
“entre los hombres gigante”.
Tu legado se trasmite
cuál fortaleza esencial
y sin dudas se te admite
como grande entre los grandes.

 Del linaje…la pureza
y de tu amor…la grandeza,
la sencillez, la dulzura,
así como la instrucción
que nos dejan tus palabras,
que alientan nuestras flaquezas.

 Firme en tus convicciones,
sin duda fuiste el maestro
de los que estaban perdidos
por tenebrosos senderos,

los guiaste en su camino
y les diste el “Padre nuestro”.

 Son más de 2000 los años
que de alma en alma perduras.
Que han de ser tus enseñanzas
hasta el fin de la existencia
y que alabamos tu gracia,
como tu temple y tu ciencia.

 Así como bien se asume
que tus virtudes notables
nos dejaron la docencia,
para seguir transmitiendo
-a quienes vienen detrás-
tu doctrina incomparable.

 Y finalmente ensalzamos
la fe que nos has legado,
que es palabra de tu Padre,
que se sostiene por siglos
buscando amor en el mundo
igual como tú has amado.

 Autor: Jorge Horacio Richino.
En Buenos Aires a los 14 días del mes de
Mayo de 2008.
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