Un diácono consagrado

Hechos 6:8-15 

En una de las paredes de un castillo medieval en las afueras de Londres, había este letrero:

    Me dices Maestro pero no me obedeces. Me dices luz y no me  ves. Me dices “El Camino” y no          me sigues. Me dices vida y no me quieres. Me dices sabio y no me escuchas. Me dices justo y no      me amas. Me dices rico y no me pides. Me dices eterno y no me buscas. Me dices lleno de gracia      y no me confías. Si yo te condeno, no me culpes.

Esas palabras no describen a Esteban, porque él fue verdaderamente un diácono consagrado a Jesucristo.

I. El esplendor de Esteban
Hay un vocablo que utilizan para describir a Esteban y lo usan tres veces y es la palabra “lleno”. Esteban obviamente se rindió totalmente al Señor en su conversión, permitiendo que el Espíritu Santo hiciera algo así como una hoguera en su corazón.

Esteban era un hombre lleno del Espíritu. Hechos 6:5 dice así: “varón lleno… del Espíritu Santo”. Por estar lleno del Espíritu, según verso 10, no lo podían resistir. 

El secreto de pocos predicadores no es tanto su preparación académica o su sabiduría natural, sino por ser hombres llenos del Espíritu Santo.

Puedes preguntar: ¿Cómo puedo yo, un predicador o cristiano sencillo como Esteban, estar siempre lleno del Espíritu Santo? Pidiéndole todos los días a Dios que te llene. Haciendo a un lado tu voluntad y decidiendo hacer la de Dios. Buscando respuestas a tus oraciones en la Palabra de Dios, leyéndola con regularidad. Es necesario un ingrediente: aceptar con humildad la voluntad de Dios para tu vida.

Esteban era un hombre estable
En Hechos 6:5 leemos: “…y eligieron a Esteban, varón lleno de fe”. Esteban tenía fe y creía en Dios tanto que estaba listo para morir por él.

Cierta vez un gran científico de nombre Michael Faraday se enfermó. Cuando concluyeran que su enfermedad era terminal, un grupo de amigos científicos fueron hacerle una visita. No fueron tanto para hablar de ciencia como para dialogar acerca de la muerte. Uno de ellos le dijo: “Sr. Faraday, ¿cuales son sus especulaciones en cuanto al futuro?” Con una sorpresa evidente a todos, replicó: “¡Especulaciones! No tengo ninguna. Descanso en las certidumbres”. Luego citó a 2 Timoteo 1:12, que dice: “…porque yo sé a quien he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”.

Si creemos en los demás pasajes de las Escrituras también debemos creer en las promesas de Dios acerca de la salvación y la eternidad. Es fácil predicar o citar la Palabra de Dios, ¿pero de veras la creemos?

Esteban era un hombre fuerte. En Hechos 6:8 leemos: “Y Esteban lleno de gracia y de poder hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo”.  El poder divino estaba en él, no para exaltarle sino para exaltar a Jesucristo y lo utilizaba para llevar gentes a Cristo.

II. El sermón de Esteban
 

A. El contenido de su sermón

Hechos 7:2: “Y el dijo: Varones hermanos y padres, oíd: el Dios de la gloria…”

1) El contenido del sermón de Esteban era acerca del Señor, basado en su Palabra.
2) Esta historia la narra un viejo indio americano de los Siux que asistió al culto de una iglesia. Como el mensaje carecía de sustancia espiritual, el predicador gritaba y pegaba el pulpito para encubrir su falta de preparación. Al terminar el culto alguien preguntó al indio si era creyente y qué le pareció el mensaje. Él pensó por un momento y resumió su opinión lacónica en seis palabras: “Mucho aire. Poca tormenta. Ninguna lluvia”. Sí, cuando se descuida las Escrituras no hay “lluvia”. Solo cuando la predicación la basamos en la Palabra de Dios logramos animar y bendecir a los hermanos.

B. El valor del sermón
Hechos 7:51: “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre el Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros”. ¡Que gran valor el de Esteban al exhortarles directa y abiertamente! Advertir personas que tienen piedras en las manos es peligroso. Pero Esteban sabía a que pertenecía al reino de Dios y creía en sus promesas.

1) Un predicador del pasado subía al pupito para predicar cuando le advirtieron que el presidente estadounidense estaba presente. Le rogaron que no dijera nada que fuera inapropiado. Al levantarse empieza a predicar y dice: “Supe que el presidente está presente. Me han pedido que no dijera nada inapropiado. Yo digo, sr. Presidente, que irá al infierno si no se arrepiente”. La congregación se quedó asustada y preocupada sobre cómo reaccionaría el presidente. Después del culto el presidente se acercó al predicador y le dijo: “Hermano, si yo tuviera un regimiento de hombres como usted vencería al mundo”.

2) Esteban era una persona que tenía mucho valor porque sabía que Dios estaba con él mientras predicaba.

C- La convicción del sermón:
Hechos 7:54: “Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él”.

1) Hay un poder tremendo en la Palabra de Dios. Esa verdad la encontramos en la anécdota acerca de unos jóvenes que imitaban a los predicadores mayores ridiculizándoles. De repente, el Espíritu Santo reprendió a uno de ellos. En aquel momento el joven se detuvo, arrepintiéndose de lo que hacía, confesó sus pecados y abrió su corazón a Cristo. Luego los jóvenes se separaron y el muchacho arrepentido se transformó en un cristiano fiel.

III. El apedreamiento de Esteban
Hechos 7:55-56: “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios”.

1) Alguien dijo: “Mientras miraba horizontalmente, Esteban veía que todo malo (las pedradas). Pero, al mirar verticalmente (hacia el cielo) veía que todo estaba bien”.

2) A veces necesitamos algo malo enfrente de nosotros para forzarnos a mirar hacia arriba. Isaías, por las dificultades que pasaba su pueblo con la muerte del rey Uzías, tuvo que mirar hacia arriba y vio a Dios “sentado sobre un trono alto y sublime”.

B. Lo que dijo durante el apedreamiento:
Hechos 7:60: “Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió”.

1) “¿Qué hizo Dios por Esteban?” preguntó un escarnecedor. “Le dio el poder para orar por los que le apedreaban”, contestó el predicador.

2) Solo Cristo puede darnos poder para perdonar; solo Cristo puede darnos el poder de triunfar sobre el temor y la muerte.

C- Lo que Esteban sembró mientras le apedreaban:
Hechos 7:58: “Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo”.

1) Alguien dijo: “Si Esteban no orase mientras moría, Pablo jamás predicaría”. La fe de Esteban en Jesucristo fue la semilla plantada en el corazón de Saulo que luego causaría en él un cambio radical.

2) Pablo, según Hechos 22:20, jamás se repuso de lo que atestiguó en la muerte de Esteban.

Conclusión:
Esteban soportó todo con valor mientras le ejecutaban. Quizás hubiera escuchado las palabras de Cristo, que dijo: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar” (Mat. 10:28) Quizás Esteban estaba prediciendo las palabras de Pablo cuando el apóstol escribió esto: “Para mí vivir es Cristo y morir es ganancia”.   


Preguntas para la meditación y repaso:

1. ¿Cómo podemos describir a una persona llena del Espíritu Santo?

2. Esteban fue uno de los primeros diáconos; ¿puedes mencionar el nombre de los demás?

3. ¿Cuáles eran los requisitos para servir como diácono, según Hechos 6?

4. ¿Qué fue lo que más se destacó en la vida de Esteban?

5. ¿Cuál es la parte del discurso de Esteban que más te impresiona?

6. ¿A quien influenció Esteban por su fe?

7. ¿Cómo se puede desarrollar una fe tan fuerte como la de Esteban?
 

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