Una esperanza viva

1 Pedro 1:1-5

La iglesia de Jerusalén, la primera que encontramos en el Nuevo Testamento, crecía a ojos vistos. Había conversiones de los judíos, de los gentiles, sacerdotes y también altos funcionarios del gobierno de la época. La adoración al emperador era algo impuesto a todos los que vivían en el territorio que  estaba bajo gobierno romano.  Los que no se hincaban y no trataban al emperador como a un dios, con facilidad perdían la vida. Como los cristianos estaban convertidos a Cristo y le adoraban como el Dios verdadero, no daban al emperador el mismo culto que a Jesucristo. Como reinaba en la época Nerón, en el año 64 d.c. hubo una gran persecución contra los cristianos y la mayoría huyó para salvar la vida. Es a esas personas que Pedro dirige su carta. Personas que estaban esparcidas, algunas quizás escondidas ya que le buscaban para matarles.

Con su carta Pedro les envía un poco de esperanza para seguir adelante y para asegurarles de que ni los demás cristianos ni el Señor se les habían olvidado. Tampoco, los expatriados no habían perdido su ciudadanía en el reino de Dios, ya que Pedro les habla de una “esperanza viva”, de la cuál todos podían depender.

Gente perseguida
En los países donde vivimos, en las Américas del norte, central y del sur, que se sepa no hay persecución porque la persona cree en Dios y en Jesucristo como su salvador. Pero en otros países todavía hay mucho de eso, sobretodo en los países orientales. Cierta vez me comunicaba por Internet con una señora que tenía un nombre chino. Al sentirme un poco a gusto con ella le pregunté si tenía Biblia. Como dijo que no, le ofrecí enviar un Nuevo Testamento en su idioma. Pronto me contestó que por favor no le enviara porque si el gobierno chino se enteraba que ella era cristiana y que recibía literatura religiosa del oeste, le pondrían en la prisión. Supe que hay muchos en la prisión china solo por ser creyente. Eso es persecución.

Otra vez escuché por la radio la noticia de un hombre de Arabia Saudita que estuvo en Londres por primera vez, en un viaje de negócios. En el cuarto del hotel donde estaba hospedado encontró un Nuevo Testamento (dejado por la organización de los Gedeones, que se dedica a repartir el libro sagrado en hoteles). El huésped empezó a leer por primera vez en su vida en Nuevo Testamento y no tardó enamorarse de Cristo. Tan fuerte fue su reacción a lo que leyó que el día siguiente, domingo, buscó a una iglesia y se rindió a Cristo. Al regresar a su tierra, que es totalmente musulmana, donde no se tolera nada más que esa religión. El hombre recién llegado no pudo contenerse y empezó a compartir su nueva fe, su nuevo Dios. Para empezar, perdió su trabajo como alto funcionario del gobierno de su país. Luego, el gobierno le quitó su esposa e hijos. La razón porque me enteré de la historia fue que enseguida irían quitarle la vida y él apelaba al gobierno de los Estados Unidos para que interviniera. No sé si pudo o no seguir viviendo en su país. Eso también es persecución por su fe.

I. Esperanza donde no hay esperanza
Lastima que muchos que viven en nuestra época depositan su esperanza en cosas materiales que, aparte de ser difícil conseguirlas, tampoco son duraderas. El apóstol Pedro les recuerda de que son herederos de una “esperanza viva.” ( Hay los que depositan su esperanza en lo siguiente: 

1. Hay los que ponen su esperanza en la lotería
En primer lugar, la probabilidad de ganar aun parte del premio es increíblemente baja. A los que han ganado, hay pocos que han podido retener parte del dinero ya que lo que viene fácil también sale con facilidad. Muchos de los que han ganado en la lotería en los Estados Unidos han perdido todo: familiares, amigos y hasta posesiones. Algunos se dedicaran a los juegos como en Las Vegas y allí dejaron la mayor cantidad de su dinero.
Hay los que dicen: “¡Como me gustaría ganar en la lotería!” La lotería no es una esperanza viva.

2. Hay los que ponen su esperanza en el matrimonio
El matrimonio es algo muy lindo y deseado por muchos jóvenes. Es a través del matrimonio que constituimos la familia, la segunda institución más importante que Dios ha creado. Sin embargo, el matrimonio no es la solución para la soledad, ni para librarse de padres difíciles o cualquier otra solución que exista en la vida de un soltero. Hay tanta preparación para la boda, que dura unas pocas horas, que los novios se olvidan prepararse para el matrimonio, que debe durar toda la vida. El matrimonio no es un toque de magia a un novio problemático. Si al novio le gusta la bebida o a las mujeres de soltero, eso raramente cambiará después de casados. La esperanza que tenemos del matrimonio es falsa. El matrimonio, en vez solucionar todos nuestros problemas, creará nuevos problemas que solo durará con la ayuda de Dios y un compromiso fuerte con Dios.

3. Hay unos que ponen la esperanza en un nuevo tratamiento
Siempre estamos buscando maneras de tratar nuestras dolencias para contrarrestar los alimentos fuertes que ingerimos y la vida estresada típica de la época en que vivimos. Cierta vez fuimos a un médico homeópata, mi esposa y yo, porque teníamos la esperanza que aquel tratamiento nos ayudaría a sanar. Luego me fijé que al tratar problemas digestivos y problemas alérgicos, el médico utilizó las mismas pastillas. Debemos depender y esperar en el médico de los médicos, que es Nuestro Señor Jesucristo. Ir a él primero en oración, buscar un médico alópata que de veras puede ayudarnos. El tratamiento, por mejor que sea no es Dios y no debe ser digno de nuestra esperanza.

4. Hay los que ponen su esperanza en un nuevo líder
Cuando llega la hora de elegir a un dirigente para nuestro país siempre elegimos aquel cuyos valores más se asemejan a los nuestros,  o sea, la persona que considera importante las mismas cosas que nosotros consideramos importantes. Las promesas que hacen los candidatos a la presidencia nos llenan de esperanzas: un país mejor, con una economía más poderosa, bajos impuestos, derechos garantizados, etc. A veces lo logra, pero la mayoría de las veces no.

Hay que recordar que ese mismo hombre no es el salvador. Si no es perfecto o si no es un buen administrador, será una lastima. Pero no es el fin porque no dependemos de él para nuestras bendiciones. Por mejor o peor que sea el presidente, nuestra esperanza no está en un dirigente humano. Sabemos que por peor que sea nuestro líder terrenal, su administración dura unos cuantos años y luego lo sustituyen por otro. Otra razón por la cual debemos depositar toda nuestra esperanza en Dios, porque él jamás cambia.

5. Hay los que ponen su esperanza en la religión
No me refiero a ninguna religión en particular, sino a los que hacen programas de radio o televisión ofreciendo hacer lo imposible. Los más populares insisten que si nos convertimos a su religión seremos las personas más sanas y las más ricas. Lo que no puedo entender es que, si los que se convierten a ellos se hacen ricos, ¿entonces porque es que están siempre pidiendo que les enviemos dinero? Santiago dijo que la religión verdadera es cuidar a las viudas y los huérfanos. No se limita en hacer cultos.

En algunas iglesias dicen sus líderes que si se convierten, todos sus problemas serán resueltos. Eso no es verdad. El Señor nos ofrece una cruz en vez de una corona. Si aceptamos la cruz y la llevamos fielmente en la vida, en el final recibiremos la corona. Mientras vivamos en este mundo tendremos problemas. Si confiamos en Dios, él nos dará fuerzas para enfrentarnos a los problemas. Nuestra la esperanza es que él nos apoyará durante las épocas difíciles.

6. Hay los que esperan en el futuro
Todos nosotros hemos dicho algo así: “En día en que me gradúe haré esto o aquello”. Enseguida de graduarnos decimos: “El día que consiga un buen trabajo…” Algunos dicen: “El día que me case… haré esto o aquello”. Y sigue diciendo: “El día que compre un carro o una casa…” Les puedo asegurar que he pasado por todas las etapas y no hay mucho cambio. No tengo pesares porque Dios me ha bendecido ricamente tanto física como espiritualmente. Pero sí vamos viviendo en el futuro, poniendo nuestra esperanza en lo que ha de venir, no tardaremos en ver la realidad de que hemos perdido gran parte de la vida anhelando el porvenir. Dijo Santiago que no sabemos qué es que nos espera en el futuro. Cristo también nos exhorta que basta con los problemas de hoy. No debemos importarnos con el futuro. Debemos vivir en el tiempo presente. Si hacemos todo lo posible este día, viviendo en el temor del Señor, estaremos bien.

III. La esperanza de los líderes del pasado
1. La esperanza de Jesucristo
El Señor vivía con la esperanza puesta en la resurrección. Parecía que, pese el dolor que pasaría, tanta era las ganas de ser obediente al Padre que él estaba listo. En Jerusalén le esperaba dolor y muerte; era también allí donde le glorificarían. No lo glorificaron cuando se bautizó, aun con palabras animadoras del Padre, identificándole como su Hijo amado. No lo glorificaron al multiplicar los panes y los peces a miles de personas, ni al sanar a varias personas de enfermedades y de demonios. Tampoco lo glorificaron en su primer viaje a Jerusalén. Sí lo recibieron bien y quizás algunos creyeron que era el Señor. Pero lo glorificó Dios Padre, tres días después de su muerte, en su resurrección.

2. La esperanza de Pedro
Tengo la impresión que aparte de ser obediente a su Maestro, Pedro esperaba redimirse de haber negado a su querido Señor. Claro, sabemos que Cristo, al morir en la cruz, fue responsable por su redención. Pero como ser humano, creo que el momento que sigue el cantar del gallo y la mirada de Cristo, fueron momentos inolvidables para el apóstol. La esperanza de Pedro era tan viva, en Cristo, como él mismo lo dice en su epístola. Según la historia a Pedro lo crucificaron los enemigos de la fe. Su ultimo deseo fue que le crucificaran de cabeza para bajo porque no era digno que le crucificaran igual que Jesucristo.

3. La esperanza de Mateo
Mateo era un recaudador de impuestos cuando Jesucristo le llamó. Me imagino la sorpresa de Mateo a que Jesucristo le llamara ya que era abiertamente pecador, odiado por todos por las deshonestidades que cometía en su trabajo. A cada recaudador de impuestos le asignaban a un o dos barrios o colonias de una ciudad. El gobierno romano esperaba una cantidad exis de los impuestos pagados por aquel lugar. Lo que sobraba era para el publicano. Entonces el recaudador sacaba mucho más dinero de lo necesario tanto para el gobierno como para su sueldo. El mismo día en que Jesucristo le llamó Mateo haizo un banquete e invitó a varias personas. Parecía que con eso intentaba restituir a todos lo que había sacado deshonestamente. Sabemos lo que pasó en la casa de Saqueo, cuando Cristo le visitó: devolvió cuatro veces más de lo que había robado de la gente. Parece que Mateo también quiso hacer restitución y en eso estaba gran parte de su

3. La esperanza de Juan
Todo el libro de Apocalipsis, cuyo autor fue Juan, es una esperanza, aunque el vocablo esperanza esté ausente del mismo. Los cristianos del primer siglo que no pudieron huir de la persecución de Nerón (64 d.C.), fueron torturados de varias maneras. Parecía que estaban pagando por sus pecados en duplicata, ya que Cristo ya había pagado por los mismos en la cruz. A los pobres cristianos les tiraban a los leones, les cerraban en el medio, les encendían como antorchas. Todo eso por ser Cristianos y por no hincarse en frente a Cesar. Al leer su carta profética los cristianos sufridos por la persecución de los imperadores romanos, sabían que la “corona de la vida” estaba lista para ellos. Aunque tuviesen que pasar grandes humillaciones aquí en la tierra por la locura de los emperadores, sabían que si fuesen fieles hasta el fin les esperaba una corona eterna. Sí, hay vida después de las persecuciones y torturas y esa vida está en nuestra fe en Cristo.

4. La esperanza de Pablo
Fue uno de los escritores bíblicos que más abrió su corazón y permitió que miráramos dentro del mismo. Quizás el rey David fuera algo semejante en su honestidad al escribir. Pablo anhelaba olvidar su pasado y seguir adelante con la obra que Dios le había confiado. Es posible que su pasado fuese como un fantasma que con frecuencia le fustigaba. Por otro lado, otra esperanza de Pablo era ir a Europa. En su carta a los romanos leemos que el apóstol anhelaba estar con los cristianos italianos y también los españoles. Según la Biblia, el apóstol Pablo jamás llegó a ir a España. (Si preguntamos a algún español nos dirá al contrario, ya que creen que Pablo sí llegó a España).
Otra posibilidad de lo que era la esperanza de Pablo sería la madurez de las iglesias que conocía. Dijo que estaba listo para sufrir dolores como las de parto hasta que Cristo fuese formado en los cristianos. La realidad es que no hay obra misionera o evangelistica sin sufrimientos. Los que están al frente de una congregación se gozan y también sufren todo lo que pasa. El misionero sufre varias veces más ya que le duele cuando una de las iglesias que ha iniciado le traiciona. Si el líder de congregación no sufre mientras haya cambios en la iglesia entonces no es el “buen pastor” sino el “asalariado”.

II. La esperanza viva
Dar esperanza al desesperanzado es como dar un vaso de agua fría por ser discípulos de Cristo. Me imagino cómo se sintieron los cristianos perseguidos al recibir la carta de Pedro. Primero el apóstol habla de una esperanza viva que ningún imperador o cualquier otra persona les pudiese quitar.

La esperanza viva, la que Pedro menciona en su carta, tiene que ver con nuestro Dios vivo. Los dioses de la época no eran nada más que pequeñas estatuas de animales que utilizaban en su adoración. El motivo por que adoraban los ídolos era que el pueblo creía que aquellas estatuitas, hechas por ellos mismos, les ayudaba en la cosecha haciendo llover y salir el sol en las épocas necesarias. No tenía mucho que ver con devoción y todo que ver con conveniencia. Esa no era la esperanza viva.

Lo que Pedro quiere decir es que nosotros debemos poner nuestra esperanza en el Señor Jesucristo. El Maestro no es la representación de un animalito como un becerro o un pájaro. Él es el Hijo único del Dios viviente. Cristo venció la muerte al resucitar en el tercer día después del misterio de la resurrección. Cristo vive porque Dios también vive.

Los que han estado en la Tierra Santa y han visitado el lugar donde sepultaron al Maestro se enterarán que están visitando un sepulcro vacío. Hasta cierto punto es una frustración que después del trabajo y gastos para visitar la tumba, al llegar la encuentras vacía. El letrero que lees en aquel lugar son las palabras del ángel a las mujeres que también fueron con la misma ilusión de encontrar al Señor en la tumba pero estaba vacía. Dijo el ángel: “No está aquí. Pues ha resucitado, como dijo”. (Mat. 28:6)

La esperanza que tenemos es viva
Una herencia es algo que recibimos como resultado de la muerte de un pariente que nos incluye en su testamento. La recibimos sin hacer ningún trabajo, solo por ser persona amada del fallecido. Esa es la bendición que recibimos de Dios por gran amor y como resultado de la muerte de Cristo.

La herencia incorruptible
En nuestros días hay mucha corrupción. Empezando con las autoridades del gobierno, la policía, etc. Pero en la época de la dispersión era peor aun. Los cristianos no tenían ningún derecho ya que las autoridades abusaban de los que tenían a Cristo como Señor. Mientras estaban todos juntos en Jerusalén, antes de la persecución, se sentían protegidos en compañía de los demás hermanos. En Hechos dice así: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ningún decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenía todas las cosas en común” (4:32). Ahora que estaban solos se sentiríab abandonados y sin nada. Pedro les recuerda que, aunque ahora estuviésen pasando probaciones, el futuro era próspero. Si estamos pasando por una época difícil de soledad y abandono, ese verso nos da esperanza de que la situación no tardará en mejorar ya que “él que promete es fiel y lo hará”. Dios cumple sus promesas.

La esperanza incontaminada
La contaminación es algo que siempre lo conectamos al aire que respiramos. En las ciudades grandes siempre hay mucha circulación y algunas industrias lo que resulta en contaminación. Grandes metrópolis como Ciudad México, São Paulo, Madrid y muchas otras, hay problemas muy serios de contaminación. Luego vienen las campañas para erradicar la contaminación. Las amenazas de que si no controlamos la contaminación no tardaremos en envenenar toda la tierra y no habrá esperanza de vida a nuestros hijos y nietos. Ahora que somos cristianos no debemos contaminar, ni colaborar en eso. En las últimos años esas campañas contra la contaminación han intensificado y con ellas vienen el temor de que si contaminamos la tierra también ponemos en peligro nuestra eternidad con Dios. Pero no es así . Pedro nos asegura que nuestra esperanza no depende si se contamina o no la tierra. La esperanza viva es independiente de la contaminación.

La esperanza inmarcesible
En la primavera siempre abundan las flores silvestres y los jardines se ponen llenos de color y aromas variados. Es muy agradable caminar o por jardines, parques o aun en el campo en esa época del año y desfrutar lo que nos ofrece la naturaleza. En esa época en el estado de Texas abundan unas florcitas silvestres en los campos, de color morado que las llaman “gorrito azul”. Pero no tarda mucho y viene el verano con temperaturas altas, temporadas de sequías, y las flores que eran tan lindas se marchitas y se mueren, acabando la belleza. Aunque las flores se acaben y toda hierba se marchite, nuestra esperanza sigue tan hermosa y tan digna de nuestro gozo. Lo único que tenemos que hacer los cristianos es confiar en Dios.

III. La esperanza del cristiano trasciende este mundo
Los sufrimientos intensos y a largo plazo, son como tener el infierno en la tierra. El problema del desterrado del primer siglo era que su dolor era tan intenso que no había nada en la tierra que le pudiera dar esperanzas. La esperanza del cristiano está “reservada en los cielos para nosotros” (v.4). Cuando algo está reservado nadie más lo puede quitarnos. Igual que una mesa reservada en un restaurante, nuestra esperanza en el cielo tiene el nombre de cada uno de nosotros.

Nos protege el poder de Dios
La protección del cristiano le obsequia el propio Dios como un centinela para que nadie se apodere de la misma. Dios está a la puerta y ningún intruso podrá entrar. Heredará esa bendición la persona que tiene fe y no duda, aun cuando no puede ver al centinela. Eso no quiere decir que nos libra de todo peligro y que al convertirnos regresaremos al paraíso. No. La vida con Dios hace con que luchemos con la ayuda del Señor contra el maligno y todos los dardos que él tira contra nosotros. “Estos confían en carros, aquellos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria” (Sal. 20:7)

El cristiano sufrido del primer siglo creía que ya estaba viviendo en los últimos días. Muchos escritores mencionan esa realidad: “…ya es el último tiempo” (1Juan2:18) y también “en estos postreros días…” (Heb. 1:2). Todo eso indicaba, como debe indicar a nosotros que tendremos que esperar mucho por la llegada del Señor. Lo que los escritores parecen comunicar es que no tardará y estaremos gozando las bendiciones de estar en la presencia del Señor. Y él derramará todas la bendiciones que son nuestras, cerradas con llave hasta que lleguemos.

Conclusión:
Vi por televisión el presidente Bush otorgar una Medalla de Honor a un soldado, o mejor a sus padres, por su acto heroico. En Septiembre del 2006, Ross McGinnis, un soldado raso de 19 años, manejaba el carro del ejército cerca de Bagdad, en la horrible guerra en el Irak. Juntos estaban cuatro soldados en la parte trasera del jeep. De repente, el enemigo les tiró una granada que cayó en el suelo del vehículo. Ross tenía 5 segundos para actuar. El instinto sería abrir la puerta salir del vehículo y salvar su vida. Sin embargo, Ross, para proteger sus cuatro colegas, se tira sobre la granada sacrificando su vida. Así, con aquel acto de valor pudo salvar a los cuatro soldados que viajaban con él. Ese ejemplo es, en pocas palabras el evangelio, explicado muy bien por las palabras que citó el presidente.

En aquella ocasión el presidente Bush citó este verso: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13)

Los padres del soldado, al recibir la medalla de honor, hablaran que su hijo siempre se dedicó a servir y que lo que hizo por sus colegas no les sorprendía. Estoy seguro que ese soldado sabía que su esperanza no era en la tierra, donde hay guerras y destrucción, sino en el cielo donde estará por siempre protegido por Dios.  

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