Transformación extrema - manos sucias

Santiago 2:14-26 

Jesucristo quiere hacer una transformación extrema en nuestras manos, y lo primero que hace es ensuciarlas. Quizás te sorprendas porque lavar las manos es algo que aprendemos desde niños. Pero, ¿por qué es que Jesucristo espera que sus seguidores tengan manos sucias?

He aquí el problema: Santiago dice: “la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”. (v.17) Y luego dice: “la fe sin obras está muerta”. (v.26) Santiago quiere decir que aun en el primer siglo había aquellos que tenían la fe solo de palabra. La fe falsa no es nada menos que una profesión sin la practica, o estudios bíblicos sin la aplicación. Esta no es la fe que salva. Las buenas obras son una evidencia de que somos salvos por fe.

Nota: Es importante mencionar que la salvación de un cristiano es por fe. Santiago escribió su epístola a personas ya convertidas y por lo tanto omite los cinco pasos a la salvación. Desde antes de bautizarse los cristianos viven por fe. Por que de nada valen los cinco pasos a la salvación sin no hay fe. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” (Efesios 2:8)

¿Has visto las manos de un mecánico después que éste repara un motor? Están inmundas. Si el mecánico me dijera que durante todo el día anduvo reparando un carro y sus manos estuvieran tan limpias como las mías, seguramente no estaría diciendo la verdad. De la misma manera, si tenemos las manos muy limpias Jesucristo tiene motivo para dudar nuestra fe.

¿Qué tal una clases de natación donde se enseña pura teoría? ¿Aprenderán a nadar sus alumnos? Si tan solo nos dedicamos a estudiar por estudiar, sin intenciones de poner nuestros estudios en practica, somos iguales a los que aprendían a nadar solo a través de la teoría, sin entrar en el agua.

Una fe sin obras es igual a una creencia sin benevolencia
¿Cuál es la naturaleza de una fe autentica? ¿Es el creer mental o intelectualmente en ciertas doctrinas o es una creencia que se evidencia en la conducta del ser humano? Santiago enseña que la segunda respuesta es la correcta.

Leer Santiago 2:14-17
Santiago pregunta: “¿Qué tan buena es una fe sin obras?” La respuesta es de  esperarse: no es nada buena. Si la creencia sin la benevolencia no alimenta al hambriento o viste al desnudo, ¿cómo puede esa fe salvar el alma? Un pensador cristiano dijo: “La vida más vil es la que es sensitiva únicamente a sí misma”. La fe sin las obras está muerta.

En Lucas 10 leemos sobre un doctor de la ley que cuestionaba a Jesucristo sobre los requisitos para la vida eterna. (Nota: estos eran los requisitos de salvación para un judío) Cristo contesta su pregunta con otra pregunta: “¿Qué dice la ley?” El doctor le contesta que debería amar a su prójimo. Jesucristo le dice que la respuesta estaba correcta. Pero el doctor de la ley insiste en fastidiar a Cristo preguntándole algo obvio: “ ¿Quién es mi prójimo?” Jesucristo le contesta contándole la conocida parábola del buen Samaritano.  ¿La conocen?

Tanto Santiago como Jesucristo están de acuerdo que una creencia real lleva a la benevolencia. La fe genuina hace que la persona se involucre en la vida de otros hermanos para asegurarse que, con sus manos, puede suplirle sus necesidades. Advertencia: al involucrarte en la vida de alguien para auxiliarle, te ensuciarás las manos.

El credo sin la conducta (Leer Santiago 2:18-19)
Eso de: “Tú tienes fe, y yo tengo obras”, ha sido mal interpretado. La persona de hecho dice: “Una persona tiene fe y la otra hace obras. Es una declaración de que la fe y las obras no están naturalmente conectadas. Es posible tener una sin la otra. A eso Santiago contesta con un desafío: “Muéstrame tu fe sin tus obras,” En el idioma original “muéstrame” = compruébela. Santiago, en realidad dice: “Si alegas que tienes fe sin obras, entonces compruébemelo” La pregunta, o el desafío no le contestan porque la fe no se puede comprobar aparte de la acción. Lo que creemos debe influenciar nuestra conducta.

Santiago ilustra el peligro de decir tener una creencia sin una buena conducta. “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”. (v.19) Aquí Santiago se refiere a uno de los credos de la antigüedad de los judíos conocido como el Shemah. Lo encontramos en Deuteronomio 6:4, y dice: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. Esta creencia básica la recitaban los judíos todos los días.
Santiago dice que lo que dicen es bueno y correcto. Sin embargo, hasta los demonios lo creen, y tiemblan. Santiago parecía decirles: Uds. tienen la doctrina correcta, pero también la tiene Satanás. Si Uds. creen en Dios, entonces están en mala compañía porque Satanás también cree. Los comentaristas dicen que el temblor es del temor, lo que es prueba que su creencia es fuerte, intachable. No obstante, su conducta jamás cambia. Ellos tienen una creencia sin aplicación a la vida practica y una verdad sin transformación. Eso prueba que se puede creer en algo de todo corazón sin que ello te llegue a cambiar.

La fe que salva no es la mera aceptación intelectual de una doctrina. Jesucristo enseñó lo mismo al decir: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. (Mateo 7:21)

Un observador inteligente que había escuchado el sermón matinal de domingo y más tarde observaba la conducta de los creyentes, concluyó que observaba dos grupos distintos y dos religiones contrarias. ¿Qué observarían en tu vida si te siguieran a la casa después del culto? ¿Es tu creencia congruente con tu doctrina? Enséñame tus manos.

A.    Una fe con obras es una aprobación con acción
Leer Santiago 2:20-24
Una fe sin obras es muerta. Es como un carro que no camina y una computadora que no computa. Es totalmente inútil. A Abraham lo justificó su fe al ofrecer a Isaac como sacrificio. No está diciendo que la justicia de Abraham vino por sus actos, sino que le consideraban justo, “fue contado por justicia”.

Hay mucha evidencia que Santiago no enseña que la salvación la adquirimos por las obras. Él cita a Gen. 15:6: “Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia”. Dios se acercó a Abraham y le prometió una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena de las playas. Todo eso solo porque Abraham decidió creer en Dios y fue justificado. Su fe le salvó.

Muchos se confunden con la siguiente afirmación de Santiago: “el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”. A principio tenemos la impresión de que Santiago contradice a sí mismo. La realidad es que Santiago cita dos eventos en la vida de Abraham. El relato de cuando Abraham creyó en la promesa de Dios lo encontramos en Génesis 15. El sacrificio de Isaac, su hijo, en Génesis 22 fue la prueba a que le somete Dios treinta años después. “Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham”. (Gn.22:1)

Abraham pasa la prueba de Dios por su obediencia. Con la obediencia al mandamiento de Jehová,  Abraham prueba a Dios que sí tiene fe.

No hay ningún conflicto entre la fe y las obras. En la vida cristiana, esos dos factores van juntos así como inhalar y exhalar. La fe nos hace recibir el evangelio y las obras es una manera de proclamarlo. Fe y obras deben ir mano a mano.

B.    La verdad con la transformación
Leer Santiago 2:25
He aquí una persona que era lo opuesto de Abraham: Rahab. La época que se encontró Abraham con Dios (Gn 15), éste ya era un seguidor de Jehová. Rahab, por otro lado, era pagana, adoraba dioses falsos y no tenía ninguna doctrina para justificarla. Rahab era una prostituta que vivía una vida inmoral.

¿Por qué es que Santiago la menciona? Ella no tenía ni doctrina y ni conducta. Leer Josué 3 para conocer más detalles. “Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz”. (Hebreos 11:31) Rahab es la única mujer mencionada en la lista de los fieles en Hebreos 11. Ella fue una persona de fe y de obediencia.
Cierta vez un hombre y su hijo limpiaban el jardín cuando encontraron un camaleón. Les fue difícil encontrarlo en un monte de hojas oscuras, pues se había hecho igual que las hojas. Lo pusieron en un frasco junto a unas hojas verdes y pronto se hace verde. Luego, para alimentarle, ponen fresas e inmediatamente se hace rojo. Así son muchos cristianos. Actúan conforme el lugar en que se encuentran. Sin embargo, debemos hacer que nuestra luz brille aun en el lugar más oscuro para que demostremos nuestra fe por la obediencia. Enséñame tus manos.
 
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