Simón, un regateador

Hechos 8:9-25 

Uno de mis mejores amigos, Álvaro Mello, brasileño, evangelista sui generis, con muchas obras establecidas por su trabajo en Brasil, le encanta hacer regateos. Quizás sus antecedentes del Oriente Medio, de parte de su mamá, o la necesidad le ha hecho una persona que, cuando no está persuadiendo gentes para aceptar a Cristo, está regateando: vendiendo o comprando, o cambiando algo, buscando siempre el mejor precio y negocio. Con eso Álvaro ha persuadido personas tanto en Brasil como en los EU para la compra y construcción de lugares de reunión para varias iglesias. Pero el tema del pasaje es regateando con Dios.

Leer el pasaje arriba:
De una manera u otra todos negociamos con Dios. Decimos: “Señor, si me concedes este favor, dejaré de comer chicharrones” (o nos abstenemos de cualquier otra cosa). ¿Por qué será que lo hacemos? ¿Por qué le probamos de esa manera? Vemos en ese pasaje un gran ejemplo de negociar con Dios. Para poder entender mejor el pasaje, examinemos primero al hombre Simón, su motivación y finalmente su significado.

I. Simón, el mago

Le decían mago porque practicaba magia, brujería. No lo escondía. En Samaria todos sabían quien él era. La gente se quedaba tan atónita de sus trucos que se maravillaban. Simón era un hombre tan asombroso que le decían “El Gran Poder”. Hacía mucho tiempo que hacía magias y vivía del dinero que le daba la gente por el supuesto poder que tenía. Todos en su ciudad creían en su poder y en lo que podía hacer por ellos.

Simón era un hombre peligroso, estén seguros de eso. Él daba falsa esperanza a personas y usaba todos los medios, aun los condenables, para lograr su intento. La gente le tenía fe en él en ves de creer en Dios. Parece que Simón quería ocupar el lugar que le cabía a Dios. Simón seguía engañando a la gente. Al llegar los evangelistas un buen numero de personas se entregó a Cristo, incluyendo Simón, quien creyó y se bautizó (8:13). Ahora Simón empezaba una vida nueva en Cristo y la vida antigua no estaba de acuerdo a la vida cristiana. Empezó a acompañar a Felipe, el evangelista, y se enteró del gran poder del Espíritu Santo. Ser cristiano tiene sus ventajas y eso le podía abrir nuevas puertas, nuevas oportunidades para Simón. Con tanto que su vida hubiera cambiado.

Cristianos de trinchera

Dijo un escritor, durante la segunda guerra mundial: “En las trincheras no hay ateos”. Mientras se escondían en las trincheras, con balazos que venían de toda parte, aun la persona más reluctante empezaba a regatear con el Señor diciendo: “Dios, por si a caso existes…” y continuaba: “Dios, si me sacas de esto vivo, yo…” (… y prometían hacer esto o aquello). Pero fe de trinchera raramente dura. Al pasar la crisis, los pensamientos de Dios los hacen a un lado.  El cristiano de trinchera cree que Dios existe solo para emergencias.

II. Las motivaciones de Simón

Leemos en los versos siguientes que Simón se hace cristiano. ¿Por qué, así de sopetón Simón el mago se haría cristiano? ¿Por qué, así de repente Simón abandonaría la buena vida como hechicero para hacerse cristiano? Cambió su varita mágica por la cruz. Cambió sus trucos por oraciones. Cambió el ser el centro de las atenciones por ser un siervo de Dios. ¿Por qué lo haría? ¿Qué quería él del cristianismo? ¿Qué quería él de Dios?

Él mismo lo dice: quería el poder del Espíritu Santo. Quería cambiar un poder por otro. Quería cambiar su Gran Poder por el poder de Dios, pero bajo su mando. Él miró y vio a Felipe, un apóstol, sanando, enseñando y haciendo cosas maravillosas por el poder del Espíritu Santo. Era eso lo que quería Simón: la habilidad de sacar provecho del poder del Espíritu. ¿Y cómo lo lograría? Ya que todos los demás lo tenían, él también quería. Pero, ¿cómo? Con dinero. Según él todo se puede comprar con dinero. ¿De qué otra manera lo lograría? Ya que solo creyentes reales lo recibían, Simón se unió a ellos aunque no creyese en Cristo. Simón era peligroso porque regateaba con Dios por obtener el poder del Espíritu Santo.

¿Para qué quería Simón el Espíritu Santo? Porque con ese poder Simón podría cobrar un precio altísimo para sanar a cualquier enfermedad e incapacidad. Podría hacer un gran espectáculo cobrando entrada para que todos vieran los milagros que hacía. Podría hacer chantaje a reyes y emperadores y con eso ganar millones. Quizás hasta hacerse rey él mismo. No habría límites para lo que podría hacer. Las posibilidades eran ilimitadas. Quería regatear ese poder a como diera lugar.

Las regateadoras

1) Nuestras respectivas mamás no hesitaban en el momento de regatear. Intentar hacer que los negociantes bajaran el precio de las mercancías era algo común antes de la llegada de las tiendas de departamentos.  Por ejemplo, al ir a un tianguis todos regateamos con el vendedor para que baje el precio de lo que queremos comprar. Pero las mamás, cuyo presupuesto es bajo, tienen que regatear. Dicen: “¿Cuánto cuesta una docena de plátanos?” “Son cinco pesos, señora” contesta el vendedor. “¿Cuál cinco pesos, si la semana pasada, en este mismo lugar,  pagué $4?” regatea mamá. “Esta bien señora, dice el vendedor, se lo dejo por $4”.

2) Jamás compres un televisor portátil de una persona que esté a la puerta y le falta el aliento. (Es obvio que ha estado corriendo de la policía por tratarse de un televisor robado)

III. El significado del error de Simón
Simón creía que a Dios lo podía comprar, para después tener el mismo poder de los apóstoles y con eso ganar dinero. Pedro estaba airado. ¿Cómo era posible que alguien quisiese comprar el don de Dios con dinero? Pedro había hecho posible para que todos los que habían sido bautizados recibiesen el Espíritu Santo. Pero Simón le ofrece lo que hoy llamaríamos en México “mordida” o soborno en cambio del Espíritu de Dios.
En los versos 20-23 Pedro veía un hombre atrapado en el pecado y mal intencionado. Leamos: 20Entonces Pedro le dijo: Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero.  21No tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.  22Por tanto, arrepiéntete de esta tu maldad, y ruega al Señor que si es posible se te perdone el intento de tu corazón. 23Porque veo que estás en hiel de amargura y en cadena de iniquidad. 
Simón era hombre orgulloso que no tenía respeto a Dios para hacer algo bueno. Pronto se enteró del gran error que había cometido intentando regatear con los cristianos acerca del poder de Dios. No se sabe si Simón cambió de pensar o si tan solo intentaba encubrir su error. ¿Quién conoce sus intenciones? Ahora estaba con miedo de Dios por lo que le dijo Pedro. ¿Estaría Simón intentando regatear con Dios para salvar la piel? Como si él dijera: “Señor, sé que te he ofendido, pero si Pedro ora por mi, ¿puedes dejarme ir? ¿Y si Juan también ora por mi, me perdonarás? Simón estaba atrapado en su avaricia. Esa vez el regateo no le salió bien.
Conclusión:
¿Qué podemos aprender con Simón, el hombre que intentó regatear con Dios? Manipulador de Dios, la persona que iba usar poder de Dios en su propio beneficio. ¿Qué se puede aprender con él? La realidad es que también nosotros regateamos con Dios. Decimos: “Señor, si soy promovido… si gano la lotería, daré parte del dinero a la iglesia”. “Señor, si me concedes ese milagro tan solo esta vez…”. Estaremos regateando con Dios de la misma manera que Simón lo hizo. Lo hacemos para lograr lo que queremos.
Está bien pedirle a Dios cosas, no me entiendan mal. Es la actitud que hace la diferencia. La motivación que a veces tenemos podrá ser nuestra perdición.  No hizo Simón una mala solicitud a Dios, pidiéndole el Espíritu Santo. Sin embargo, su motivación era mala. El desafío este día es que al orar a  Dios, pídale que te muestre tu motivación en todo lo que le pides. Qué Dios te enseñe su corazón. Esta semana, mientras oras que escudriñes tu corazón, para que te enseñe quien es Dios y no tan solo lo que quieres de él.
Preguntas para la meditación y repaso:
1. ¿Por lo qué regatea la mayoría de las personas?
2. ¿Por qué era conocido Simón?
3. ¿Cómo hacía su regateo Simón?
4. ¿Qué es lo que tenían los apóstoles que tanto interesaba a Simón?
5. ¿Era Simón bien o mal intencionado?
6. ¿Hubo cambio en la actitud de Simón en el final de la historia?
7. ¿Cómo podemos dejar de regatear con Dios?
 

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