Sexto mandamiento

La santidad de la vida 

La Nueva Versión Internacional de la Biblia traduce este mandamiento sucintamente; dice así: “No mates” (Éxodo 20:13). La Versión Reina-Valera traduce con el verbo en el tiempo futuro: “No matarás”. Pero el mensaje es el mismo, o sea, la vida humana es sagrada y hay que respetarla. La desobediencia frecuente a este mandamiento es una señal de que vivimos en una sociedad depravada. Esta también fue la queja de Oseas, al decir: “Oíd la palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra, pues no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. El perjurio y la mentira, el asesinato, el robo y el adulterio prevalecen, y se comete homicidio tras homicidio” (4:1-2). Jeremías escucha la condenación que hace Dios de su pueblo: “Hurtáis, matáis, adulteráis, juráis en falso, quemáis incienso a Baal y vais tras dioses extraños que no habíais conocido” (7:9).

Estoy escribiendo este capítulo a menos de una semana de la destrucción de las torres gemelas del Centro Mundial de Negocios (en inglés: World Trade Center) de Nueva York y también en el mismo día destruyeron parte del Pentágono en Washington. Entre muertos y desaparecidos se calcula unas 3,000 personas. Los asesinos culpables de tantas muertes no tienen respeto a la vida humana porque a parte de causar la muerte a tanta gente, perdieron sus propias vidas. La Palabra de Dios dice: “No mates”.

De cierta forma hay quien diga que no es necesario hacer que se cumpla este mandamiento ya que hay una santidad obvia en la vida humana, que por naturaleza prohíbe la violencia. Mas el motivo principal de este mandamiento, según la Biblia es la historia de la Palabra de Dios a Noé después del diluvio: “

    El que derrame la sangre de un hombre,
    por otro hombre su sangre será derramada,
    porque a imagen de Dios es hecho el hombre. (Génesis 9:6)

Ya que Dios hizo al hombre a su imagen, quitarle la vida a un ser humano es destruir lo más importante y más sagrado del mundo. El mandamiento en si no necesita mucha explicación, justificación o defensa. Sin embargo, tres puntos controversiales surgen del mandamiento. Son controversiales según la ética moderna de nuestra sociedad, a saber: ¿Qué tiene que ver este mandamiento con la pena capital? ¿Se puede justificar, aunque sea comprobada su culpabilidad, quitar la vida a un ser humano?

Para poder contestar esa pregunta es importante explicar el entorno del sexto mandamiento y la practica de la ley judaica de aquella época. En el Código legal Judaico no se podía ni sugerir que este mandamiento prohibía la ejecución de un ser humano. La pena capital, bajo ley del pueblo judío era designada a varios crímenes, como por ejemplo:
    1.    Homicidios (Éxodo 21:12; Levíticos 24:17)
    2.    El sacrificio de los niños (Levíticos 20:2), muerte por apedreamiento
    3.    Homicidio accidental, provocado por un golpe que tenía la muerte como meta (Para las personas     involucradas en este delito había ciudades de refugio donde podían esconderse - Números 35:9-28)
    4.    Tener una res peligrosa que había matado a alguien (Éxodo 21:29)
    5.    Dar falso testimonio (Deuteronomio 19:18-21)
    6.    El rapto de una persona (Éxodo 21:16; Deuteronomio 24:7)
    7.    Ofender o herir a un padre de familia (Éxodo 21:15)
    8.    Varios tipos de inmoralidades sexuales tales como:
        a.    Incesto (Levíticos 18:6-18)
        b.    Fornicación (Deuteronomio. 22:21-24)
        c.    Adulterio
        d.    Otros
    9.    Varias infracciones a rituales religiosos
        a.    Brujerías y magia (Éxodo 22:18; Lv. 20:6)
        b.    Idolatrías (Éxodo 22:20)
        c.    Blasfemias (Levíticos 24:10-16)
        d.    Profecía falsa (Deuteronomio 13:5)
        e.    Intrusión de un extranjero a un lugar sagrado (Números 1:51)
        f.    No guardar el sábado (Éxodo 31:14)

El tratado del Sanedrín, en una parte conocida como el Mishnah, menciona las diferentes maneras de aplicar la sentencia de muerte. Había cuatro maneras que eran:

1)    Apedrear – A las personas condenadas las lanzaban de una altitud correspondiente a dos veces su altura. Si la caída no le mataba, le tiraban piedras hasta matarle. Los testigos de la acusación eran los primeros en tirar piedras, que le dejaban caer por arriba.
2)    Quemar – Al condenado lo metían hasta las rodillas en estiércol o alquitrán. Le metían un trapo alrededor de la garganta y luego le ponían brasas en su boca.
3)    Decapitar – Esto lo hacían con una espada o con un hacha. La cabeza del condenado la ponían sobre un cepo. Lo ataban a un poste porque caer muerto, según la Ley era una gran humillación.
4)    Estrangular
– Ponían una bufanda alrededor del cuello del condenado y las puntas las estiraban hasta asfixiarle.

El Mishnah menciona los tipos de muertes correspondientes a cada crimen. Los que eran apedreados y decapitados recibían su muerte correspondiente al crimen cometido.

Sin embargo, debemos mencionar que la Ley de Moisés era misericordiosa y que era casi imposible que llevaran a cabo la pena de muerte. La Ley demuestra la seriedad en que el judaísmo encaraba el pecado; al hacer que cumpliesen la Ley, el judaísmo empleaba mucha misericordia hacia el pecador. Una Ley tan estricta también tenía maneras de proteger la vida humana, como las ciudades de refugio que eran necesarias para que hubiese justicia y también misericordia. Por ejemplo, había en Israel seis ciudades de refugio (véase Josué 20:1-9), que estaban esparcidas de tal manera que eran accesibles de cualquier parte del país, y las separaban unos 45 kilómetros de distancia una de la otra. En estas ciudades la persona que había cometido un crimen era juzgada de manera apropiada, hasta que las investigaciones en cuanto a las circunstancias del delito hubiesen terminado.

En la época del Nuevo Testamento, Palestina estaba ocupada por dirigentes romanos y por lo tanto ya no podían llevar a cabo la pena capital. Aunque el Sanedrín aprobase la ley judaica, su propósito era el de salvar vidas en vez de matar.

Bajo las leyes griegas había ciertos crímenes graves que la persona podía ser condenada a la muerte, a saber: los asesinatos, las traiciones, los sacrilegios y la falsificación de la moneda.

Pero la inquietud más grande era esta: ¿Es la pena capital, o pena de muerte un castigo apropiado para un país considerado cristiano? Antes de contestar esta pregunta debemos considerar los castigos en general. ¿Cuál es el propósito de un castigo? ¿Para qué sirve?:

1.    Toda sociedad tiene sus leyes que son la base que sostiene a una sociedad. Sin leyes se desintegraría la sociedad, pues las leyes protegen a la persona débil de los hombres malos.

2.    En segundo lugar, si alguien hubiese cometido algún delito que resultaba en la muerte o  lesión de otra persona, era necesario hacer una restitución. Sería imposible vivir en una sociedad donde permitiesen a los criminales a lucrar con su crimen.

3.    En tercer lugar, el castigo es necesario como un impedimento, para demostrar a cualquiera que esté pensando en cometer algún delito, que esto no le convenía. El castigo servía, como todavía sirve, tanto a los criminales como también para desanimar a los que están pensando en robar, matar, violar, etc. Había en Palestina una tradición de llevar el criminal al lugar de ejecución por el camino más largo posible. Lo hacían para que todos pudiesen ver lo que pasaba con los que no respetaban la ley. Tanto las ejecuciones por guillotina en Francia como por decapitación en Inglaterra, aparte de castigar al criminal, no eran espectáculos sino que servían de ejemplo a los demás. En la época actual la peor parte de la condena de un criminal es lo que dice la prensa y la opinión pública sobre ellos.
 
4.    En cuarto lugar, desde punto de vista cristiano, el propósito de un castigo sirve para que la persona reconsidere su vida de pecado y cambie, se rehabilite. Todo castigo para un cristiano debe ser dominado por el amor. No nos referimos al amor sentimental o emocional, sino al amor ágape que significa que se hace todo en beneficio de la persona. Ese tipo de amor con frecuencia incluye el castigo, ¿pues de qué sirve el amor sin la disciplina?

Es obvio que es imposible curar a alguien ejecutándole. La pena de muerte la aplican cuando después de haber agotado todas las demás opciones y de haber dado al condenado todas las oportunidades de cambiar de vida. Hay mucha gente que se opone a la pena de muerte y como cristianos también nosotros. Sólo Dios, que ha dado vida al ser humano tiene el poder de quitarla.

Sin embargo, lo malo es que las mismas personas que están en contra de la pena de muerte están en favor del aborto. Vean que incongruente es su punto de vista: están en contra de la pena de muerte de un criminal culpable y al mismo tiempo están en favor del aborto, de la muerte de un niño inocente. ¡Que Dios tenga misericordia de ellos!

Seamos pacificadores
¿Dónde queda la responsabilidad de los cristianos?:

    1.    En primer lugar debe haber una reconciliación entre los cristianos. No existe una paradoja mayor que dos cristianos que no se lleven bien, que anden en pleitos. Esto no quiere decir que todos los cristianos estemos enamorados unos de los otros. Pero tampoco debe haber pleitos, pues el Señor dijo que seremos bendecidos si somos pacificadores (Mateo 5:9) y no guerreros. Hay que aprender el principio fundamental de cómo amarnos unos a otros entre cristianos.

Si no hay paz entre los hermanos tampoco hay paz con Dios.
 
    2.    En segundo lugar, debe haber reconciliación entre iglesias. Hay mucha diferencia entre los grupos llamados cristianos. Hay quienes han reemplazado la autoridad del Nuevo Testamento, de la Biblia por la autoridad de la iglesia y la alabanza a Jesucristo, a la alabanza a los llamados “santos” y a las vírgenes, etc. Otros grupos religiosos, aunque acepten a Jesucristo como su Salvador no respetan su Palabra ni tampoco la estudian. Sin el estudio y la meditación de la Palabra de Dios jamás llegarán a saber cuál es la voluntad de Dios para su vida o para su iglesia.

Si todos nos humillamos y aceptamos la autoridad del Nuevo Testamento de la Biblia entonces habrá una gran reconciliación entre las iglesias.

He aquí el problema que presenta la posición de pacificador: Estamos absolutamente seguros que el cristianismo exige que renunciemos a la guerra, pero esta renuncia fallará si no trabajamos hacia un reavivamiento espiritual y un renacimiento de la iglesia como un cuerpo capaz de reconciliarse.

El Príncipe de la Paz (Jesucristo) tiene que mantener sus esfuerzos frustrados hasta que el instrumento de la paz (su iglesia) sea purificada y renovada. Pero la renovación de la iglesia no puede suceder sin un compromiso total de cada cristiano.

El mandamiento que prohíbe matar es relevante al día de hoy como lo fue el día que lo instituyó Dios en el monte Sinaí.

Conclusión
La maestra presentó la siguiente situación a los estudiantes. ¿Qué consejo darías a una mujer embarazada, que espera su quinto hijo, basado en los siguientes datos: Su marido tenía sífilis, ella tenía tuberculosis, su primer hijo había nacido ciego, su segundo hijo nació muerto, el tercero nació sordo, el cuarto tenía tuberculosis. La madre está pensando en tener un aborto. ¿Qué opinan Uds? preguntó la maestra a sus alumnos, ¿En vista de estos datos, creen que ella debe tener un aborto? Los alumnos, que no eran cristianos, opinaron que sí, debería abortar. Entonces la maestra anunció que los que opinaron en favor del aborto, ¡tendrían muerto al gran compositor Ludovico Van Beethoven!
 

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