Sembrar para poder cosechar

Leer Juan 4:31-38

"Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores". (Juan 4:31-38)

Jesucristo estaba tan enfocado en su misión que nada más le importaba aun algo tan importante como alimentarse. Mientras los apóstoles encontraban satisfacción en comer, para el Señor lo importante era cumplir su misión de establecer el Reino de Dios en la tierra. Y para llevar a cabo una obra tan importante como la de Cristo, era vital una entrega total a la meta de proclamar el mensaje del reino. Asimismo, el Señor encontraba oportunidades de servir a las personas.

A continuación Jesucristo menciona algo fundamental al crecimiento del reino de Dios que es la cosecha. Y para una buena cosecha es vital que se plante mucha semilla. La comparación que hace el Señor entre compartir las buenas nuevas y plantar semillas es un tema que aparece muchas veces en los evangelios porque la mayoría de los que le escuchaban eran agricultores y entendían el proceso básico del cultivo. (Véase también la Parabola del Sembrador en Mateo 13)

La cosecha
Hay mucha énfasis en la cosecha en los medios evangélicos. Todos queremos convertir el mundo. Y con mucha razón pues el mundo está perdido sin Cristo. Por eso, con toda nuestra energía y con la mejor de las intenciones salimos por las calles de las ciudades y de los pueblos "a cosechar". Quizás haya algo de interés de parte de algunas personas con quienes hablamos porque alguien quizá “plantó la semilla en su corazón”. Al contrario, cuando llamamos las puertas lo único que se cosecha es cansancio y frustraciones. Porque la realidad es que no hay cosecha sin antes plantar semillas.

La necesidad de los predicadores y misioneros de presentar resultados palpables de su trabajo a los que les sostienen, hace que no dediquen mucho tiempo en la siembra. Si en el informe del predicador o misionero no incluye conversiones, los dirigentes de la iglesia que le sostiene imaginará que ha pasado que no hubo bautismos.

Un agricultor
Supongamos que un agricultor compre unas tierras cerca donde vives, en una zona agrícola. Enseguida de firmar los papeles, monta en su tractor y le dice a la esposa: “Cariño, hoy voy cosechar algodón”. Para ella esto sería un absurdo porque su marido no había preparado el terreno ni plantado las respectivas semillas sin las cuales no hay cosecha. Si esto hace tanto sentido para el agricultor, a nosotros los evangelistas no tiene ningún significado, pues queremos cosechar a como dé lugar, sin importar si la semilla ha sido plantada o no. Muchos dicen que México o Río de Janeiro está “blanco para la siega”. Si así es, seguramente alguien debe haber plantado la semilla...Pues, sin sembrar no hay cosecha.

Mi dilema
Siempre que regresaba de México o de Brasil donde hacíamos campañas evangelisticas  y no habían bautismos, sentía como si todo el esfuerzo, las energías y los gastos habían sido en vano. Sabía que mis hermanos en los Estados Unidos usan el numero de bautismos en una campaña como factor decisivo para medir el éxito o fracaso de la misma. Hay hermanos que han tenido resultados palpables de sus predicaciones y hay otros que no. Sin embargo, según Isaías 55:11 la Palabra de Dios nunca “volverá vacía”, o sea, la predicación de la Palabra de Dios jamás es en vano.

Cierto día, una hermana me regaló una obra de manualidad que hizo con metal martillado, cuya figura es la de un agricultor del primer siglo, tirando semillas en sus campos. Al obsequiarme el cuadro me dijo que el agricultor de su obra es como yo que voy por toda parte plantando la semilla del evangelio. En ese momento me sentí como si el propio Señor me lo hubiera dicho aquellas palabras. Comprendí que mi misión es la de llevar el evangelio. Hay los que se arrepienten y les bautizamos y hay los que reciben el mensaje del evangelio y luego lo pondera, lo estudia con otro hermano y en seguida se bautiza. Cabe aquí una pregunta, aunque retórica: ¿Cuál es el cristiano más importante para Dios – el que se bautiza durante la campaña o el que se bautiza después de terminar la campaña? Es obvio que para Dios ambos son importantes. Dijo Pablo a los cristianos de Corinto: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. (1 Corintios 3:6)

Plantar semillas                                                                                                                             En su corto ministerio, El Señor iba por toda parte haciendo buenas obras y predicando el reino de Dios. Todas las personas necesitadas que encontraba, suplía sus necesidades de manera maravilhosa. Siempre que utilizaba su poder para sanar siempre atraía buen numero de personas. Quando todas estaban reunidas él Señor les enseñaba acerca del reino de Dios. 

El cristiano actual no tiene el poder de hacer las maravilhas que hizo Cristo. Por lo tanto, tenemos que servir a las personas según sus necesidades a la medida que podemos. Eso nos dará el derecho de hablarle de Cristo y de su salvación. Al encontrar un amigo o un colega de trabajo que esté necesitado de amparo, de ayuda o de alguién que escuche lo que tiene que decir, o que necesite oración, si les hacemos caso estaremos plantando la preciosa semilla que nos dará el derecho de hablarle de Cristo cuando se presenta la oportunidad. En el capítulo 6 de Juan, Cristo sana a un ciego y al hacerlo planta la semilla que luego le permite hablar del reino. Todo el capítulo 6 de Juan lo dedica a ese caso importante. Al leerlo aprenderemos cómo plantar semillas para el reino de Dios.

Conclusión: Este mensaje sirve tanto para el evangelista, para que imite el estilo de Cristo y como resultado aumentar el numero de miembros en su iglesia. También sirve a los miembros para que empiecen a servir a la gente como una manera de plantar semillas. A los visitantes, si alguién plantó la semilla del evangelio en su corazón y quiera entregarse en este día, puede hacerlo.

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