Segundo mandamiento

¡Abajo los ídolos!

Este mandamiento es la prohibición de hacer o adorar a ídolos y dice así: “No te hagas ningún ídolo, ni nada que guarde la semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra” (Éxodo 20:4).

Un ídolo es algo paradójico. En un sentido no hay nada más artificial y más ridículo que un ídolo. Isaías se burla de los que hacen ídolos al decir: “toman un trozo de madera y con una parte hacen un fuego para...” (Isaías 44:14-20); “El herrero toma la tenaza, trabaja en las brasas, le da forma con los martillos y trabaja en ello con la fuerza de su brazo; luego tiene hambre y le faltan las fuerzas; no bebe agua, y se desmaya. El carpintero tiende la regla, lo diseña con almagre, lo labra con los cepillos, le da figura con el compás, lo hace en forma de varón, a semejanza de un hermoso hombre, para tenerlo en casa” (Isaías 44:12,13). El ídolo está siempre parado, incapaz de moverse, aferrado a un sitio igual que un espanta-pájaros en una huerta de legumbres (Jeremías 10:3-5).

La torpeza de los ídolos
No hay una condenación mayor para los ídolos que en el libro apócrifo llamado “La Carta a Jeremías”. El artesano hacía coronas para ídolos de la misma manera que hacía adornos para mujeres. Los sacerdotes de la antigüedad robaban oro y plata de los ídolos para cometer inmoralidades. A los dioses, que también son ídolos, hay que quitarles el polvo todas las mañanas como si fueran muebles. Sus caras se oscurecen por el humo de los templos y tanto los murciélagos como los pájaros, y aun los gatos se acuestan en ellos. Ponles de pie y no se moverán; déjalos caer y no se levantarán. No son nada más que lo que hizo un carpintero o un alfarero. Si hay un incendio, los sacerdotes huyen, pero los dioses se quedan y se queman. Al templo hay que ponerle candado de noche para que los ladrones no les lleven con todo y adornos. Hombres fuertes roban sus vestiduras de oro y piedras preciosas y los ídolos se quedan parados e indefensos. No son superiores a los espanta-pájaros en una huerta donde posan los pájaros. No son superiores a cuerpos muertos tirados a las tinieblas.

Desde un punto de vista, parece increíble que alguien llegue a respetar a un dios hecho por sus propias manos, que tiene que cargarlo siempre que necesite moverse igual que una maleta. Parece increíble que la gente considere algo así tan limitado como un dios, o una criatura divina.

La creación de un ídolo
Por otro lado es muy fácil comprender el proceso utilizado para que un ídolo sea respetado como divino. Dios es Espíritu y como tal es invisible a los ojos humanos. Es difícil para personas sencillas meditar y adorar a un Dios invisible. Entonces los líderes de algunas sectas o religiones, para facilitar la adoración hacen una imagen, que al principio sirve para que las personas al mirarle se acuerden de Dios. Ellos razonan que con la estatua la gente enfoca mejor sus pensamientos en Dios por lo que la imagen representa. Pero poco a poco la estatua cesa de representar a Dios y toma su lugar.

Podemos ver este proceso aconteciendo en el Antiguo Testamento. En el desierto encontramos la narrativa de la manera en que las serpientes atacaban a las personas. Entonces Moisés, bajo instrucciones de Dios, hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un poste. Los que habían sido mordidos por la serpiente miraban a la estatua de bronce y sanaban (Números 21:6-9). Varios siglos después, encontramos que la serpiente de bronce aparece nuevamente aunque por breve tiempo. Pero esta vez encontramos a Ezequiel rompiéndola en varios pedazos porque el pueblo de Dios ya estaba quemando incienso en su honor (2 Reyes 18:4). Y es así que una estatua se transforma en ídolo. Originalmente la serpiente la hicieron como un recordatorio de Dios; pero poco a poco se convirtió en un Dios.

El crucifijo
Hay una comparación a esto en el cristianismo y tiene que ver con el crucifijo, es decir: lo hacen como recordatorio del amor de Jesucristo al morir por nosotros en la cruz, y cada vez que miran la cruz se acuerdan de ello. También sirve, según los expertos, para facilitar la meditación y hacer que la oración sea más real.

Mas el peligro es (y con frecuencia sucede) que el crucifijo mismo lo ven como un objeto de reverencia supersticiosa; se transforma en sus mentes en algo santo. El símbolo es identificado y confundido con la realidad que él mismo representa.

Es aquí donde encontramos la paradoja de la idolatría. Parece ridículo que el ser humano con la mente sana adore a un dios que no se mueve, hecho por sus propias manos. Pero la realidad es que en el principio no hubo ninguna intención de que eso sucediera. El ídolo lo hicieron para representar lo divino y para facilitar a la adoración y hacerla más real. Mas poco a poco la superstición pasa a ser la cosa representada, para ellos el ídolo es el dios.

Al darnos cuenta de lo que es la idolatría y cómo se desarrolla un ídolo, se hace fácil pensar que la idolatría es algo concebible al hombre y a la mujer de hoy. Concluimos que la idolatría es un peligro actual, o sea, disfrazada en una especie de auxilio al culto.

Pero, en vez de auxilio a un culto de adoración llega a ser un estorbo. La idolatría no es una cosa del pasado sino una amenaza del tiempo presente, pues significa que los medios justifican el fin. En el principio el ídolo servía de un recordatorio para auxiliar en la adoración; al final, se hizo un objeto de adoración. El medio se transformó en el fin.

El edificio de la iglesia
Eso pasa con mucha frecuencia en algunas iglesias. Un templo es un edificio donde se reúne un grupo de personas para adorar a Dios; pero la gente llega a adorar el propio templo preocupándose más por el lugar de adoración que por la adoración misma.

Doquiera que los medios se transforman en fines, donde se adoran sistemas de gobierno de la iglesia más que al propio Dios, o se preocupan más por el templo que el bienestar de los miembros, entonces la idolatría existe hoy y es una gran amenaza al cristianismo bíblico.

El otro peligro de la idolatría
El segundo peligro de la idolatría es aun más obvio. La idolatría sustituye un objeto por la persona. La mera esencia de la idolatría es la adoración de un objeto en vez de una persona, o sea, el ídolo muerto ha tomado el lugar del Dios viviente.

El dios de un ser humano puede ser para él la cosa más importante en la vida. Su dios es a quien o a qué él dedica todo su tiempo, sus bienes, sus pensamientos y su energía. Siempre que un objeto pasa a ser más importante para nosotros que un ser humano o que el propio Dios, significa que la idolatría ha entrado en nuestra vida.

También, cuando un objeto pasa a ser más importante que las personas es seguro que los problemas se acercan. En los días de la revolución industrial en los EUA, la era en que inventaron las máquinas industriales, cometieron un gran error del cual los industriales jamás se repusieron. El error fue este: la máquina era reconocida como algo más importante que el ser humano. A hombres, mujeres y niños los consideraban como meros operadores de las maquinas; las cuidaban para que aumentaran los lucros. A las personas las consideraban como objetos y tardó mucho tiempo para deshacer el daño. En algunos países eso es todavía una realidad: los automóviles son más importantes que los peatones.

También en el hogar
El culto a los objetos puede invadir al hogar. Cuando preguntaron a una niña, ¿De qué se componía un hogar? Ella contestó diciendo: “de muebles”. En realidad eso no es lo que constituye un hogar pero es precisamente lo que la gente adora. Una casa más amplia, en un mejor barrio, un aparato de televisión, un carro más moderno, vacaciones en la playa, estas cosas que la gente tiende a pensar que traen la felicidad, pero son meros objetos. Una vida basada en la adoración de objetos es una vida basada en la idolatría. Es importante que nos examinemos para ver si hemos puesto los objetos en primer lugar en la vida.

La idolatría no ha acabado como tampoco es tan solo el error ridículo de los pueblos primitivos. Siempre que los medios continúen justificando el fin, que los objetos sean más importantes que los seres humanos y que algo usurpe el lugar que Dios debe ocupar, entonces la idolatría continuará presente.
 
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