Satisfacción en Dios

 

    1 Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra     seca y árida donde no hay agua. 2 Así te contemplaba en el santuario, para ver tu poder y tu gloria.
    3 Porque tu misericordia es mejor que la vida, mis labios te alabarán. 4 Así te bendeciré mientras         viva, en tu nombre alzaré mis manos. 5 Como con médula y grosura está saciada mi alma; y con         labios jubilosos te alaba mi boca. (Salmos 63:1-5)

Un predicador conocido dijo: “Dios es más glorificado en nosotros, cuando somos más satisfechos en él”. ¿Estás de acuerdo con esa afirmación?

Primero veamos lo que significa “glorificar a Dios”. ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué queremos decir cuando hablamos de “la gloria de Dios”? Dios quiere hacerse conocido. Dios quiere jactarse. Bien, para nosotros hacer eso suena arrogante. ¿Por qué? Porque no creemos ser dignos de jactancia. No somos perfectos, pero nuestro Creador lo es. Por lo tanto, él es digno de todo el loor y la adoración. Concluimos que está bien para Dios jactarse.

Hay dos maneras en que Dios se jacta:
    1.    De la naturaleza (Salmos 19:1-2)
    2.    De seres humanos (Efesios 2:1-10)

Esa también debería ser nuestra meta en la vida, o sea, glorificar a Dios. Toda la creación la creó Dios para que le glorificara. Este mundo existe para reflejar la gloria de Dios. Dios no creó al mundo tan solo para alegrarse ya que él está muy contento con él mismo. Dios creo al mundo para hacer conocido su nombre. Fuimos creados para glorificar a Dios. ¿Y cómo lo glorificamos? Una de las maneras más básicas es encontrar satisfacción en él.

El conocido autor inglés C. S. Lewis escribió estas palabras: “Nuestro Señor encuentra que nuestra voluntad no es muy fuerte, sino muy débil. Somos criaturas indiferentes, jugando con alcohol, sexo y ambición, mientras el gozo finito se nos ofrece, así como un niño ignorante que continua haciendo pastel de fango, en los barrios pobres, porque no pudo imaginar qué significa un obsequio de unas vacaciones en la playa. Nos contentamos con muy poco”.

El problema aquí es que el niño jamás entiende. Está totalmente satisfecho en un barrio pobre en vez de en la playa. ¿No es precisamente eso que nos pasa cuando nos sentimos satisfechos viviendo en pecado? Desperdiciamos el tiempo dedicándonos a cosas en vez de dedicarnos a Dios. Hay muchas cosas secundarias en que se puede encontrar mucho placer. Por ejemplo: una esposa fiel, un buen empleo, un buen carro, etc. Todo eso es bueno cuando los ponemos en su propia perspectiva. Cuando dedicamos mucho tiempo a esas cosas y nos deleitamos más en ellas que en Dios, entonces hacemos ídolos de ellos. Esos ídolos demandan más y más de nuestro tiempo y atenciones, llegando a tomar el lugar que le cabe a Dios.

Por ejemplo: a mi me gusta el tenis. Pero cuando eso quita el tiempo que debo dedicar a mi acercamiento a Dios, debo confesarlo. La mentira del pecado es que ofrece la satisfacción que solo Dios puede dar. Dios es el único que puede satisfacernos completamente.

Regresemos a la cita inicial: “Dios es más glorificado en nosotros, cuando somos más satisfechos en él”.  ¿Cómo glorificamos a Dios cuando estamos satisfechos en él? Leamos Salmos 63 para encontrar la respuesta. 

El entorno del Salmo 63 es muy importante para poder entender el capítulo: El rey David estaba sufriendo la persecución de su hijo Absalom. Su hijo quería ser el rey de Israel. Pero había un problema, su padre, David, ya era el rey. Así Absalom, a través de una conspiración, decidió hacerse rey. Nos enteramos de eso en 2 Samuel 15:13, que dice: “El corazón de todo Israel se va tras Absalom”. Por lo tanto, David huye al desierto de Judea y es allí donde escribe este Salmo.

El desierto no es un lugar agradable para un ser humano, con vegetación en abundancia, arroyos y cerros. No. Es un lugar árido, desolado e inhospitable. Aun más serio que las amenazas físicas, David anhelaba volver a adorar a Dios en su templo. David había visto la gloria de Dios y le gustaría verla nuevamente.

He aquí un pequeño bosquejo de los primeros cinco versos:

    1.    David anhela la presencia de Dios (versos 1-2)
    2.    David encuentra satisfacción en Dios (versos 3-5)

Leer verso 1 y después comentar: La palabra “sed” la encontramos 10 veces en el Antiguo Testamento y tan solo dos veces la usan de manera figurada, de tener sed de Dios (aquí y en el Salmo 42). Las demás veces la usan literalmente, por estar deshidratado. El cuerpo humano se compone en 60% de agua. El cerebro es 70% agua; la sangre es 82% agua; los pulmones son 90% agua. Es obvio que el cuerpo humano necesite agua. Podemos suportar unos 40 días sin alimentos, pero sin beber agua solo un par de días. Indudablemente, el agua es vital a la vida humana.

Lo que hace David aquí es usar una realidad física, como una ilustración para una condición espiritual en su corazón.

“Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela”. Eso quiere decir que David anhelaba a Dios con todo su ser. Hasta su carne anhelaba a Dios. Eso me parece muy extraño ya que jamás he escuchado esa necesidad de Dios de parte de ningún ser humano. ¿Anhelas a Dios tanto cuanto David? ¿Extrañas a Dios tanto que lo sientes en la carne? ¿Necesitas a Dios como un sediento necesita un vaso de agua?

Otra pregunta: ¿Si el Espíritu Santo saliera de tu cuerpo, lo extrañarías? Obviamente no puede salir ya que nos lo dio Dios para siempre y con él hemos sido sellados. Pero, solo una suposición: ¿Si el Espíritu Santo se marchara, sentirías su falta?

Ya que nuestro cuerpo necesita seriamente el agua, la bebemos todos los días. De la misma manera, nuestra alma necesita desesperadamente de Dios. ¿Si no puedes tener comunión con él, lo extrañas? Si no, ¿por qué no? ¿Por qué es que llenamos nuestro anhelo de Dios con el sexo, con el trabajo y con las posesiones? Aunque estas preguntas nos causan inquietudes, tenemos que hacerlas. Muchas veces no es tanto la respuesta a las oraciones que necesitamos. Lo que nos urge es la presencia inigualable de Dios.

Ningunas de esas cosas son malas, excepto si toman el lugar de Dios. Dios es el único digno de nuestro amor y afecto. Creamos ídolos cuando hacemos las cosas más importantes que Dios.

“Porque mejor es tu misericordia que la vida”. ¿Que quiere decir David en ese verso? Por haber visto la gloria de Dios en el pasado, él le loaba. David estaba tan enamorado de Dios que decidió que le adoraría el resto de su vida. ¿Crees que la misericordia de Dios es mejor que la vida? Si de veras lo creyéramos, ¿como nos pareceríamos? Al escribir estas líneas escudriño mi corazón para ver si de veras lo necesito como mi cuerpo necesita agua.

Enseguida David concluye cuan glorioso y poderoso Dios es y concluye también que fiel había sido en toda su vida y se siente satisfecho. Así lo dice la Nueva Versión Internacional: “Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca”. O sea, la única vez que David encuentra satisfacción es cuando adora a Dios y darle gloria. Solo encontramos satisfacción verdadera en Dios.

¿Has estado tan sediento que nada más que agua te satisface? Después de tomar un vaso te sientes satisfecho y renovado. Los creyentes debemos tener el mismo deseo insaciable de Dios que tenemos por el agua cuando tenemos sed. Esta es la imagen que Cristo quiere comunicar en Juan 4 al ofrecer a la Samaritana el “agua viva”.

¿Cómo encontramos el mismo gozo que encontró David? En primer lugar necesitamos tener hambre de Dios. ¿Y por qué no? Debe ser porque comemos “golosinas” en vez de alimentos sanos. Comparado al suculento amor de Dios, todo lo demás es golosina,.

Si no tenemos hambre y sed de las cosas de Dios, estamos ingiriendo cosas sin valor nutritivo. Debemos primeramente gozarnos en Dios. Leamos Mateo 5:6: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”. El ciudadano del reino de Dios debe primero de todo gozarse en Dios. No hay sustituto. Esa es la única manera de encontrar la satisfacción. Si no tienes hambre de Dios debes hacerte hambriento de él. Debes orar con el salmista en Salmos 119:18: “Ábreme los ojos para que contemple las maravillas de tu ley”.

“Dios ha diseñado la maquina humana para que la propulse él mismo. Él es el combustible que nuestro espíritu ha sido diseñado para quemar, o el alimento que nuestro espíritu ha sido diseñado para alimentarse. No hay otro. Es por eso que no es aconsejable pedir a Dios felicidad sin involucrarse en religión. Dios no puede darnos la felicidad y la paz sin darnos de si mismo, porque aparte de Dios eso no existe. No hay cosa semejante”. C. S. Lewis.

La invitación que les hacemos es la que se encuentra en Salmos 34:8: “Prueben y vean que el Señor es bueno”.

Preguntas para la meditación:

    1. ¿Has alguna vez tenido sed y hambre?

    2. ¿Has alguna vez tenido sed de Dios?

    3. ¿Qué tanta sed de Dios tiene el salmista en este capítulo?

    4. ¿Qué es que le faltaba al autor?

    5. ¿Cómo mantener a Dios siempre presente en nosotros?
   
    6. ¿Será que al mencionar tus bendiciones a los demás puedes garantizar la presencia de Dios?


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