Quinto mandamiento

Honra a padre y madre

El quinto mandamiento dice así: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da” (Éxodo 20:12). Este mandamiento está conectado directamente a la estructura de la sociedad humana. Lo encontramos nuevamente en Levítico en estas palabras: “Cada uno temerá a su madre y a su padre”. (19:3).

Los rabinos judíos, que tenían gran interés en estudiar los textos detenidamente, se fijaron inmediatamente que en el texto de Éxodo el padre viene primero y en Levítico la madre es la que viene primero. Ellos usaban esto para probar que el honor tanto al padre como a la madre deben ser idénticos. Lo explican diciendo: “Sabemos que los hijos honran más a la madre que al padre porque ella les acaricia el rostro. Por lo tanto, Dios pone el honor del padre y también de la madre al mismo nivel. Sabemos que el hijo honra más a la madre porque ésta les enseña la Ley de Moisés. Por lo tanto Dios pone la reverencia a la madre antes de la del padre”. La forma doble del quinto mandamiento, según enseñaban los rabinos, existía para asegurarse de que el mismo honor lo daban al padre y a la madre.

Los dirigentes religiosos judíos solían amenazar con los castigos más severos a las personas que no obedecían este mandamiento. Todas las personas que ofendían a su padre o madre las condenaban a la muerte (Levíticos 20:9; Éxodo 21:17).

La seriedad del mandamiento
Hay dos cosas importantes que vale la pena resaltar aquí: El mandamiento de honrar al padre y a la madre viene directamente seguido de lo que establece nuestro deber con Dios. El castigo al desobedecer a los Diez Mandamientos es el mismo castigo que reciben los que blasfeman en contra de Dios (Levíticos 24:15).

Hay en el Antiguo Testamento varios pasajes que explican este mandamiento. Hay dos referencias a él en Proverbios que dicen: “Al que maldice a su padre o a su madre
se le apagará su lámpara en la más profunda oscuridad” (20:20) y “El ojo que se burla de su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, sáquenlo los cuervos de la cañada
y devórenlo las crías del águila” (30:17). No restan dudas que el castigo era muy severo para los que descuidaban este mandamiento. El Antiguo Testamento del principio al fin reitera la seriedad de este mandamiento.

Hay lindas anécdotas sobre la manera en que los rabinos cumplían este mandamiento. La más linda de todas es la de un rabino llamado Tarfón. En una de ellas dice que cuando la mamá del rabino quiso acostarse en su cama que era muy alta, Tarfón se inclinaba para que su madre se apoyase en él y subiese. En una ocasión las sandalias de su madre se rompieron de tal manera que ya no las podía reparar. Por lo tanto, tuvo que caminar descalza en el patio. Al fijarse, Tarfón ponía sus manos debajo de los pies de su progenitora para que caminara sobre sus manos y no se ensuciara los pies.

Los rabinos creían que la satisfacción y la gloria que sentían al honrar a sus padres era la mejor y más importante que podía existir. Su única queja era: “Todavía no he cumplido con la mitad del mandamiento de honrar a los padres”.

Era importante para Cristo
Jesucristo citó este mandamiento dos veces por su importancia (Marcos7:9-13 y Mateo 15:4-6). En ambos pasajes el Maestro condena a los que no cumplían este mandamiento. Para evitar auxiliar a sus padres, algunos decían que todo lo que tenían lo daban a Dios. Y cuando un padre anciano les pedía auxilio contestaban así: “No le puedo ayudar pues todo lo que tengo lo he dado a Dios”. Pero eso no pasaba de ser un truco muy astuto para evitar auxiliar a sus padres. También Jesucristo citó este mandamiento al joven rico como un mandamiento básico que todo hombre que buscaba la salvación debería seguir (Mateo19:19; Marcos 10:19; Lucas 18:20).

Todavía hay mucho que decir sobre Jesucristo y el quinto mandamiento. Podemos decir que el Maestro lo cumplió meticulosamente. El Señor murió a los 33 años, 30 de los cuales pasó en el pueblo de Nazaret, su lugar de nacimiento. Él que era el Salvador del mundo pasó todos sus años de vida en su tierra natal. ¿Por qué lo hizo? Todo indica que José, el padre carnal de Jesús murió cuando era aun muy joven. No hay mención de José en la historia de la boda de Caná de Galilea (Juan 2:1-11). Ya que José había muerto, Jesucristo como el hijo mayor, el primogénito de su madre, se responsabilizó por sostener a María y sus hermanos menores.

Jesucristo cumplió su deber con sus padres fiel y responsablemente. Aun en la hora de su muerte física (Juan 19:26-27) vemos al Señor en la cruz pensando en su madre. El quinto mandamiento pide que obedezcamos así como lo hizo Jesús.

Los griegos y los romanos

Los griegos y romanos también creían igual que los judíos que debían honrar a sus padres. En su libro titulado Leyes, Platón escribe sobre la importancia de honrar a los progenitores. Tan grande es la importancia de tratar bien a los padres que seguía el honor que daban a los dioses. “Todo hombre honesto”, dijo Platón, “paga sus deudas, y no existe una deuda tan grande que todo niño debe a sus padres que amarles y cuidarles para que tengan una vida sana”. Continúa Platón, “y en toda su vida una persona debe respetar a sus padres y sobre todo en la manera en que les habla”. Según Platón, los hijos deberían asegurarse de que los hijos tratasen bien a sus padres y en su muerte cuidar el sepulcro.

Aristóteles también reconocía su deber de honrar a los padres al decir: “Debemos honrar a nuestros padres de la misma manera que honramos a los dioses”. Es interesante fijarse cuantas veces los grandes maestros de la ética, tanto en el judaísmo como en el Helenismo estaban de acuerdo en este punto.

Se podría decir que ninguna nación jamás insistió en que se honrasen a los padres como hicieron los romanos. Ellos tenían los “patria potestas”, o la ley de los padres, lo que Gayo, el gran jurista romano de la época, dijo y que no hay comparación con ninguna otra nación. Para ellos el padre romano tenía poder absoluto durante toda la vida de su hijo. Mientras vivía el padre, el hijo no podía tener ninguna propiedad, el poder de su padre era absoluto. Y como tenía total autoridad, podía encarcelar, encadenar, forzarle a hacer trabajos duros y hasta matarle. El padre podía usar de sus derechos aun si su hijo fuera famoso o fuera un líder de su pueblo. No había ningún poder legal que pudiese separar el hijo del poder de su padre. ¡Que lastima, no permitir al hijo crecer y ser independiente!

Doquiera que investiguemos sobre este tema en el mundo antiguo, ya sea en el judaísmo, en Grecia o Roma, encontraremos la insistencia de que los padres deben ser honrados y respetados.

Era importante para los cristianos

Encontramos en el cristianismo el mismo principio. Dos veces dice Pablo: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. «Honra a tu padre y a tu madre»—que es el primer mandamiento con promesa—, para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra. (Efesios 6:1-3). Y luego “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor” (Colosenses 3:20).

¿Qué debemos a nuestros padres?
Necesitamos preguntarnos qué significa honrar a nuestros padres, y al empezar nuestra tarea nos daremos cuenta de cómo la relación padres-hijos es delicadamente equilibrada y consiste en lo siguiente:

    •    Agradecimiento – Esto es parte integrante de honrar a los padres. Es verdad que el niño debe su vida por su nacimiento, pero también porque sus padres haber provisto todo en los años en que no podía mantenerse. Si yo hubiera estado sólo, estaría muerto. El ser humano necesita cuidados de sus padres durante un tiempo más largo que cualquier otro animal.

Como padres debemos asegurarnos de no hacer chantaje con nuestros hijos echándoles en cara todo lo que hemos hecho por ellos. Es importante mencionar que al cuidar a su hijo el padre o la madre no hace nada más que su obligación y el agradecimiento debe ser espontáneo y no forzado.

    •    Obediencia – Aunque sea la obligación del hijo obedecer a sus padres, los señores no deben convertirse en dictadores o tiranos, y digan con frecuencia: “haz lo que digo, porque te digo que lo hagas”. No se puede exigir del hijo ningún tipo de conducta que los padres no estén dispuestos a cumplir. No se puede ordenar a los hijos que hagan cosas que nosotros no estemos preparados para hacer. ¡Padres, sean razonables!

    •    El respaldo o apoyo – Con esto también honramos a los padres. El hijo debe asegurarse de que sus padres, al llegar a la edad anciana nos les falte nada y que nunca se sientan solos. Este es un deber obvio. Han habido casos en que respaldar a un padre era algo muy pesado. Pero aun cuando uno de los padres pase a vivir con sus hijos tiene que tolerar un sinnúmero de problemas. Casi nunca hay lugar para personas de fuera de la familia en una casa. Es necesario mucha gracia para poder enfrentar todas las dificultades causadas por un padre anciano que vive con su hijo casado. Por otro lado, el padre, por mayor que sea su hijo (a) siempre le tratará como si fuera un niño y eso acarrea problemas serios a ambos.

Todavía hay mucho más que decir, pues tanto el agradecimiento como la obediencia y el respaldo son parte de honrar a los padres. Pero al pasar los años está el ajuste en la relación padre-hijo que con la ayuda de Dios se logrará.

El estudio de este mandamiento no queda completo con sólo mencionar las responsabilidades de los hijos a los padres y que dice así: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da” (Éxodo 20:12). Hay también que citar el consejo a los hijos encontrado en el Nuevo Testamento que mencionamos hace algunos párrafos.

En las citas de Pablo (Efesios 6:1-4; Colosenses 3:20-21) queda bien claro una de las características de la ética del Nuevo Testamento que con frecuencia encontramos. La ética a que nos referimos es la de la reciprocidad, o sea, no enfoca los deberes solo de un lado. Esta ética dicta que si hay expectativas de un grupo de personas también hay expectativas del otro grupo. En los pasajes citados Pablo menciona tanto los deberes de los padres hacia los hijos como de los hijos hacia los padres; siempre hay una obligación recíproca. Quisiera destacar algunos deberes de los padres a los hijos:

1.    El deber básico de nutrir, cuidar y apoyar.
Esto es tan obvio que casi no sería necesario mencionar. Cuando el cristianismo tuvo su inicio, en Palestina, la falta de atenciones a los niños no era considerada un delito. La tradición era la siguiente: al nacer el pequeño lo ponían a los pies de su padre. Si el padre lo tomaba en los brazos y le reconocía como su hijo, le cuidaba y nutría hasta la edad adulta. Por otro lado, si el padre ignorase al niño, sería abandonado y lo echaban fuera de casa.

¿Y que pasaba con los niños indeseables? Muchos morían. A veces una mujer rica, que no tenía hijos lo adoptaba. Lo más común era a que los varones les entrenaban para ser gladiadores y las hembras las entrenaban para ser sirvientas. Algunos niños los llevaban los pordioseros inescrupulosos que les cortaban una mano o un pie para conmover a las personas y les dieran limosnas.

No se puede imaginar que lo mismo ocurra en este siglo en el mundo occidental, pues los niños son muy importantes para los cristianos y nuestros principios se han esparcido por todo el mundo libre. Quizás no fuera necesario hablar de los deberes de los padres a los niños pero en el pasado todo era diferente.

2.    El deber de entrenar y disciplinar
Hay que educar al niño de tal manera que al crecer sea un ciudadano responsable. Los padres judíos tenían que enseñar a sus hijos una profesión. Había el dicho entre los judíos que decía: “ El que no enseña a su hijo una profesión le está enseñando a hurtar”. También el padre tenía la obligación de enseñar a su hijo la Ley de Moisés. No era fácil, en la sociedad judaica, cumplir con las responsabilidades de padre.

Hay otro refrán que dice: "No hay hijos delincuentes sino padres delincuentes". No sé hasta qué punto este refrán refleja la realidad, pero es importante para el niño tener a sus padres a su lado cuando les necesita. Hay en la policía de Houston un letrero muy irónico que dice lo siguiente:
 
Para los padres - Cómo hacer de su hijo un delincuente - Doce reglas básicas:
    1.      Empiece desde la infancia dándole todo lo que él quiere. Así, él crecerá creyendo que el mundo le debe algo.
    2.      Cuando él (o ella) aprenda palabrotas, ríase de él. Eso le hará pensar que es chistoso.
    3.      Nunca le enseñe ningún principio cristiano. Espere  hasta que él cumpla los 21 años y pueda tomar la decisión que quiera.
    4.      Evite el uso de la palabra no. Al hacerlo podrá desarrollar en el niño un complejo de culpabilidad. Esto le preparará para luego, al crecer y ser preso por el robo de un auto, creer que la sociedad está en contra de él, que le están persiguiendo.
    5.      Recoge  todo lo que él tire al suelo o que deje desorganizado como libros, zapatos, ropa, etc. Haga  todo por él para que aprenda que los demás son sus sirvientes.
    6.      Permítale leer revistas, ver películas y sitios del Internet que quiera. Mucha precaución para que los tenedores y vasos que use sean esterilizados, pero deje que su mente disfrute de toda la basura disponible.
    7.      Practique pelear con frecuencia en su presencia. Así no se sorprenderá cuando sus padres se separen.
    8.      Dele todo el dinero que pida. Jamás permita que él trabaje para obtener algo. ¿Por qué tiene él que pasar las mismas adversidades que pasó usted?
    9.      Satisfaga sus antojitos en cuanto a alimentos, bebidas y comodidad; que todos sus apetitos le sean satisfechos; negarle algo podría llevarle a una frustración dañina.
    10.   Hágase de su lado siempre que haya conflictos con vecinos, con maestros, con policías, etc. Todos ellos son prejuiciosos en contra de tu hijo.
    11.  Al tener el joven enfrentamientos con la policía, discúlpale diciendo: "Jamás logré nada con él".
    12.  Prepárese  para una vida de disgustos. Seguramente los tendrá.

Estas son advertencias con las cuales muchos padres pueden identificarse. No hay nada que reemplace el control y la disciplina de los padres mientras los niños sean jóvenes. Eso es algo que nosotros los padres debemos a nuestros hijos, es una manera de enseñarles amor. ¿Cómo puede un niño honrar a un padre que no sea digno de honor? Ningún padre que evade sus responsabilidades puede esperar que sus hijos le honren. La honra es algo merecido y no impuesto o forzado.

La relación entre padre e hijos debe ser sobre todo una de amor. Si el amor paternal está presente, nada más le faltará. Y si no, entonces nada lo podrá reemplazar.

Conclusión
Hace algunos meses escuché esta anécdota de un predicador humilde y consagrado, cuyo hijo estaba gravemente enfermo. Después que al joven le hicieron una serie de exámenes, dieron al padre la noticia fatal que la enfermedad de su hijo era terminal. El joven se había rendido a Jesucristo aquel mismo año así que el predicador sabía que la muerte le llevaría directamente a la gloria; pero le molestaba tener que comunicar a su hijo la noticia tan triste que pronto fallecería. Luego de haber buscado la ayuda de Dios, a través de varias horas dedicadas a la oración, con el corazón destrozado, fue al cuarto del hospital donde se encontraba el joven enfermo. Primero le leyó un pasaje de las Escrituras y luego pasó unos minutos en oración con su hijo amado. Entonces con mucho tacto le comunicó que los médicos le habían dado tan sólo unos pocos días de vida. “¿Hijo mío, tienes miedo de encontrarte con Jesús?” Preguntó el padre con lágrimas en los ojos. Al que el valiente joven contesta: “Papá, si Jesús es como tú, no tendré miedo”.
 

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