Cuarto mandamiento

El sábado de descanso

El cuarto mandamiento es un recordatorio y dice así: “Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó” (Éxodo 20:8-11). Tenemos que dedicar un buen tiempo estudiando este mandamiento ya que ha sido y sigue siendo un punto de controversia y debate entre cristianos y adventistas.

La división del tiempo en la semana de siete días no fue una invención de los judíos. Es muy probable que se haya originado en  Babilonia, pues siete días fueron originalmente días consagrados a los siete dioses o espíritus de los siete planetas. Los romanos, mucho más adelante, asignaron un día a cada uno de los dioses a saber: a Saturno, a Apolo, a Diana, a Marte, a Mercurio, a Júpiter y a Venus. Los nombres que se usa para identificar los días de la semana en Español se originan de los nombres de los dioses mencionados.

Aunque los judíos encontraron las semanas de siete días ya establecida al llegar a Canaán, fueron los responsables por la exaltación del sábado como el día más sagrado de todos los demás días de aquella época. Para un judío el sábado estaba completamente conectado a la historia de la creación. Creó Dios el mundo en seis días y en el séptimo descansó de la obra de la creación. Leemos en Génesis que: “Entonces bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (2:3). Por lo tanto, el sábado era el último de los siete días de la semana. La manera esencial de celebrar el sábado era descansar igual que Dios descansó en el séptimo día.

Así como leemos en el Antiguo Testamento, en los Diez Mandamientos, el cuarto es sobre todo una obra de legislación social y humanitaria, y no parece ser un reglamento religioso. En el mandamiento no hay nada sobre cultos de adoración o servicios religiosos. Lo que está establecido es tan sólo un día de descanso en el cual las personas que trabajaban duro tanto en el hogar como fuera de él se detenían por 24 horas y descansaban. Ni los animales de carga los olvidaron en el día de descanso, como tampoco  excepción para el extranjero o visitante. Todos estaban incluidos en el descanso. En su forma original, el cuarto mandamiento se compone de leyes misericordiosas del Antiguo Testamento, tratándose de una legislación social basada en una creencia religiosa.

Ahora bien, si la creencia de los judíos en cuanto al día de descanso se mantuviese intacta según el original bíblico todo estaría bien, pero no fue así. Principios se transformaron en reglamentos y leyes se hicieron legalismo. Había una razón para esto: Después de siglos de sumisión a naciones más poderosas eliminara de los judíos la posibilidad de un crecimiento numérico y forzó a que se concentrasen en ellos mismos. Sus peritos y expertos en la ley, teólogos, empezaron a estudiar sus leyes bajo un microscopio, por así decir. Y peor aun, se disgustaron con los principios e insistieron en la creación de leyes y reglamentos que controlaban todos los eventos y actividades humanitarias. Ellos desarrollaron una pasión por las definiciones y por la fragmentación de los principios, que por su vez se transformaron en más leyes y más reglamentos.

En ningún otro pasaje bíblico es más evidente esa pasión que en la ley del sábado, la ley que prohibía el trabajo aquel día. Luego empezaron las definiciones. Por ejemplo, empezaron a preguntarse: ¿Qué se entiende por trabajo? Al contestar esta pregunta desarrollaron una lista de 39 clasificaciones llamadas “modelos del trabajo” y cada una de las clasificaciones tenía un gran número de subdivisiones. Un tipo de trabajo prohibido era cargar bultos, llevar cargas. Ahora, ¿qué es una carga, o un bulto? Entonces empezaban a debatir si un padre podía o no cargar a su hijo en los brazos en el sábado. La respuesta fue que sí, excepto si el niño tuviera una piedra en sus manos, pues la piedra era considerada una carga y no el niño. De ahí vino la pregunta inevitable: ¿Qué es una piedra? Y así el tema lo debatían por mucho tiempo sin nunca llegar a un acuerdo satisfactorio.

Era prohibido hacer nudos, encender fuego, apagar lámparas, caminar o viajar, o aun preparar alimentos en el sábado. También prohibían sanar en aquel día. En caso de enfermedades o contusiones hacían lo poco que podían para que no empeorase el paciente, pero no lo sanaban. Eran los escribas los que creaban esas leyes y reglamentos y los fariseos las cumplían muy meticulosamente. Como era inevitable cambiaron todo el carácter original del sábado, diferente al mandamiento del Señor.

En vez de ser un día apartado para proteger los derechos, la salud y el bienestar del obrero, pasó a ser un día de prohibiciones con una lista de cosas que no debían hacer que acabó por ser un sin fin de leyes y reglamentos complicados.

Ese proceso continuó durante la época entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Luego, en la dispensación del Nuevo Testamento, el sábado se había transformado totalmente para el judío ortodoxo empedernido. Sin embargo, debemos siempre recordar que el sábado, aparte de ser un día de prohibiciones también era el día de culto en la sinagoga. Para muchos judíos sinceros ese era también el día de culto y no la observación del legalismo que caracterizó al sábado.

Dice la historia que los judíos eran tan fanáticos en guardar el sábado que al estallar la guerra entre judíos y Macabeos, los judíos quedaban inmóviles y eran asesinados a sangre fría sin defenderse por no llevar armas los sábados. También, más adelante en Pompea se quedaban parados mirando a sus enemigos que construían un cerro para atacarles desde arriba. Mientras, los judíos no se movían y morían por no desobedecer la ley del sábado. La ley del sábado era literalmente más querida por los judíos que sus propias vidas.

Con la llegada del cristianismo dos cosas acontecieron: Ya que los primeros cristianos eran de origen judaico en el inicio de la iglesia, es bien probable que adorasen igual que sus padres lo hicieron, aun dando un nuevo significado a la adoración. Estamos seguros que no ocurría a los judíos convertidos al cristianismo que el sábado era todo excepto algo que los cristianos también tenían que guardar.

El día del Señor
Pero había otro día de la semana que era considerado como un día de veras sagrado: el primer día de la semana, por ser el día en que resucitó Jesucristo (Marcos 16:2; Lucas 24:1; Juan 20:1; Mateo 28:1). Quizás algunos de los nuevos cristianos todavía guardasen el sábado, pero para ellos el primer día de la semana llegó a ser el evento más importante de la historia de la humanidad: La resurrección de Jesucristo.

Hay inferencias en el Nuevo Testamento que el domingo pasó a ser el día cristiano de la adoración a Dios. Para el gentil que se convertía al cristianismo, el sábado no era una de las cosas básicas como lo era a los judíos (Hebreos 15:20). Era en el primer día de la semana que se reunía la iglesia para partir el pan en Troas (Hechos 20:7). Era también en el primer día de la semana que los Corintios debían apartar el dinero para la ofrenda destinada a la iglesia de Jerusalén (1 Corintios 16:2). Queda claro que el primer día de la semana se transformó en el día más importante en la vida de los miembros de la primera iglesia.

El sábado fue una institución únicamente judaica, aunque los judíos hubiesen tomado la semana de siete días de los babilónicos y simplemente celebraban el día que el Señor  descansó después de la creación del mundo. Todo lo del sábado empezó como una institución humanitaria, pero con el pasar del tiempo se transformó más y más en un día de reglas y restricciones legalistas y también de prohibiciones, aunque nunca dejó de ser un día de culto para los judíos.

Al principio, los primeros cristianos eran judíos convertidos y lo aceptaron con naturalidad el guardar el sábado, pero hay en el Nuevo Testamento fuertes indicios de que el primer día de la semana, el día de la resurrección o el día del Señor, pasó a ser el gran día de la iglesia fundada por Jesucristo.

En Apocalipsis, el último libro de la Biblia (escrito entre los años 80 y 90 dc), encontramos por primera vez la expresión “el día del Señor”(1:10). Así lo escribe Juan: “Estando yo en el Espíritu en el día del Señor oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta”. En el original griego este pasaje se refiere al domingo como el “día del Señor”. También, la misma expresión puede significar, en el idioma original, el día de la resurrección. A los cristianos, todos los días deben ser del Señor.

Todos los días son santos

Por otro lado, el sábado se hizo un día de prohibiciones, guardado con un espíritu legalista. Queda claro que para un hombre un día como aquel era todo lo contrario al evangelio de Cristo. En muchos pasajes leemos que Pablo condenaba a los que guardaban el sábado al escribir estas palabras: “¡Ustedes siguen guardando los días de fiesta, meses, estaciones y años! Temo que talvez haya estado esforzándome en vano” (Gálatas 4:10-11). Pablo insistía que los cristianos no podían involucrarse en cuestiones de festivales, lunas nuevas  o sábados”, abogando que la persona fuerte en la fe no necesitaba días santos, y que para el cristiano todos los días eran santos (Romanos 14:5-6). Podemos estar seguros que en las iglesias donde estuvo el apóstol Pablo hubo grandes campañas para el cambio del sábado legalista al domingo de la resurrección del Señor.

Había una posibilidad teórica que era al mismo tiempo una imposibilidad práctica muy obvia: la de guardar tanto al sábado como el domingo porque el sábado era un recuerdo de la creación, y el domingo por ser un recuerdo de la resurrección de Jesucristo. Pero jamás lo llevaron a cabo ya que era imposible tener dos días santos en la semana; al hacerlo sería mucha interrupción en el trabajo.

En el principio del segundo siglo guardar el domingo, como día del Señor había predominado. El proceso que contribuyó al cambio no se conoce pero el resultado es obvio. En las iglesias consideradas cristianas de hoy las asambleas, la adoración, la participación de la cena del Señor, lo hacen los domingos

El domingo, día de la resurrección del Señor
No restan dudas que a partir del segundo siglo o quizás poco antes, el domingo, el día del Señor, implantó al sábado y ya no habo confusiones. No obstante, no hay ningún indicio que el domingo, el día del Señor, fuera un día de descanso total. El cristianismo, en los primeros días, atrajo a las personas más humildes y con ellas a muchos esclavos. Por lo tanto, era imposible para un esclavo descansar todo un día en una sociedad cuyos líderes eran romanos paganos. Al judío le permitían descansar en el sábado porque los judíos eran una comunidad autosuficiente y, por otro lado, el mundo se había acostumbrado a la idiosincrasia de aquel pueblo. Por ejemplo, de todo el imperio romano, sólo los judíos eran exentos del servicio militar obligatorio. En primer lugar era por la manera que preparaban sus alimentos y en segundo por rehusar llevar armas en los sábados.

Por eso era imposible integrarles en el ejercito. Por esa razón llevó siglos en el mundo antiguo para que el judío respetara la ley del país donde vivía. Prefería respetar su ley inflexible que aceptar las leyes de otros países.

A los esclavos y siervos que habían adoptado la nueva religión jamás les permitían esa libertad. Un paro total en el trabajo el día del Señor no estaba dentro de las posibilidades en el inicio de la primera iglesia. Lo más interesante era que aun en casos que descansar todo un día fuera posible, no lo hacían. Hay también indicios que mientras los cristianos estaban a punto de celebrar el día del Señor, las actividades diarias no les permitían llevarlas a cabo.

El día del Señor

El día del Señor es un gran tesoro para el cristiano y jamás debe ser confundido con el sábado judío. El día del Señor es un día de descanso, según las necesidades de cada persona; el día del Señor es el día de reuniones familiares y amigos; el día del Señor es cuando nos dedicamos con más ahínco al conocimiento, a la lectura y al estudio, a la discusión del significado de nuestra fe. El día del Señor es cuando recordamos a los que están solos y los necesitados, por ser más humildes que nosotros; el día del Señor es el día en que a través del culto de adoración nos damos cuenta de la presencia de Dios y eso nos da el valor de mantener la fe todos los días de la semana.
 

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