Qué hacer mientras esperamos

Hechos 1:1-4 

En un aeropuerto, varias personas esperaban su turno para tomar el avión que salía con retrazo. Los pasajeros estaban molestos e impacientes mientras pasaba el tiempo y no llamaban al vuelo. De repente, un señor, con mucha dificultad se acerca al mostrador de la aerolínea, presenta su boleto a la asistenta y dice: “Me urge abordar ese avión y quiero ir en primera clase”. La asistenta, con mucha amabilidad le dice: “Señor, le atenderemos tan pronto sea posible, pero debe esperar su turno igual que los demás”. El pasajero contesta: “¿Sabe usted quien soy yo?” Sin vacilar, la asistenta sonríe mientras toma el micrófono y dice: “Hay un pasajero aquí que no sabe quien es. Si alguien le puede ayudar encontrar su identidad, favor pasar al mostrador 17”.

¿Has alguna vez sido forzado a sentarte y esperar por algo o alguien? Cierta vez, después de trabajar varias horas en un seminario para predicadores, salimos en avión de Torreón rumbo a Mazatlán, donde daría otro seminario. Me acompañaba Miguel Ángel Estrada, ya fallecido. Al hacer escala en Guadalajara nos enteramos que había un frente frío en Mazatlán que no permitía nuestro aterrizaje en aquella ciudad costera aquella noche. Esperamos dos horas en el avión para ver si había cambio en el clima, como no hubo, bajamos al aeropuerto. Luego, esperamos dos horas más haciendo cola para ver si nos proporcionaban un cuarto de hotel donde pernotar. Lamentablemente al llegar nuestro turno ya no había cuartos en los hoteles cercanos al aeropuerto. Aunque estuviésemos cansados y agotados, nos tocó pasar la noche acostados en las sillas del restaurante en el aeropuerto. Por la mañana, esperamos unas tres horas hasta que despejara el tiempo en la costa para permitir la salida del avión. No fue fácil, pero logramos llegar a nuestro destino. Al encontrar a los hermanos que nos esperaban recobramos nuestro ánimo.

Supe que los que viven en la isla de San Pablo, en Alaska, si piden una pizza por teléfono, tienen que esperar tres días hasta recibirla. A mí no me gusta esperar. Estoy aprendiendo a rendir esa parte de mi vida al Espíritu Santo ya que la paciencia es su fruto. Supe también que las personas impacientes son así por ser orgullosas y esperar para ellas es una gran humillación. No obstante, en ciertas situaciones no hay otro remedio que esperar.

Dios nos hace esperar. El Señor casi nunca contesta nuestras oraciones de la misma manera que un soldado raso contesta a su teniente: “Si, mi teniente, lo hago inmediatamente”. A veces Dios contesta inmediatamente y de manera positiva o, basado en su conocimiento dice que no porque ese no es el momento oportuno. Mas casi siempre Dios contesta las oraciones diciéndonos: “¡Esperen!”

Así como no queremos ir en frente de Dios, tampoco queremos ser holgazanes mientras esperamos su respuesta. El tema de hoy es este: “¿Qué hacer mientras esperamos por Dios?”
Empezamos con la historia de los apóstoles viendo a Jesucristo por última vez antes que éste subiera al cielo. El Señor instruyó a los apóstoles a que le esperasen en Jerusalén hasta la llegada del Espíritu Santo. Caminaron todo el día desde el Monte de los Olivos, donde Cristo ascendió, hacia Jerusalén y esperaron en un cenáculo por la promesa de Dios, que Cristo les había dado (v.12). Dice la Escritura que los once apóstoles estaban al lado de la madre de Jesucristo, de sus hermanos y otras personas. El total de las personas que esperaban en el cenáculo eran unos 120, según verso 15.
Todos estaban esperando la promesa de Cristo que les enviaría el Espíritu Santo de Dios. Lo importante que nos fijamos en esta narrativa es que los apóstoles no esperaban sin trabajar. Mientras esperaban hicieron lo que tenían que hacer. Fíjense las tres cosas que hicieron mientras esperaban por Dios:
 

I.    Los apóstoles oraban
Hechos 1:14 “Todos éstos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración…”
Hubiera sido más fácil si uno de ellos dijera: “No necesito orar, Dios ya sabe lo que necesito y prometió enviar el Espíritu”. Pero no lo hicieron así. Sino oraron con más tesón que nunca. No deja de ser una gran idea: orar siempre que tengamos tiempo libre. A mi me gusta apartar un tiempo todos los días para la disciplina espiritual de la oración. Una vez que nos dedicamos a la oración diaria ya no podemos detenernos. Aparte del tiempo que paso con Dios mientras camino por las mañanas, también escribo mis oraciones. Utilizo el bosquejo en cuatro partes conocido como A-C-T-S y que consiste en Adoración, Confesión, Tributo y Súplica. El vocablo “súplica” en el idioma original significa buscar, pedir o implorar a Dios, lo mismo que “orar de continuo”.
Los apóstoles sabían que la promesa de Cristo acerca de la llegada del Espíritu Santo estaba para cumplirse. Asimismo perseveraban en oración a Dios para que el Señor la cumpliese. Con frecuencia nos olvidamos que debemos orar mientras esperamos la decisión de Dios. La importancia de perseverar en oración la encontramos en varias páginas de la Biblia. Oramos a Dios acerca de una necesidad y luego pedimos otra cosa, olvidándonos la perseverancia en orar por la primera cosa. La Escritura promete que Dios nos escucha siempre que perseveramos en oración.
La parábola de la viuda y el juez inicuo (Lucas 18:2-7) es una buena ilustración y debe servir de estimulo a todos los que esperamos. La viuda sabía que el juez no se importaría con ella ni con su caso a menos que le pidiese con mucha insistencia. Para librarse de la mujer el juez atendió su petición. No es justo comparar a Dios al juez inicuo porque el Señor no es igual al juez de la parábola. Dios es amor y lo quiere dar a nosotros. La parábola trata de la importancia de la perseverancia, o sea, si un juez ateo hace lo que le piden si lo piden con insistencia, cuanto más Dios que ama a sus hijos.
Algunos de nosotros estamos esperando que Dios nos sane, mientras otros esperan otras cosas. Por ejemplo:
•    Un hermano en nuestra iglesia espera que el Señor le sane de un cáncer que le sigue consumiendo hace mucho tiempo.
•    Una señora, cuyo hijo está combatiendo en la guerra de Irak, ora rogando a Dios por su protección y que le traiga de regreso con vida y salud.
•    Un hombre que perdió su empleo ora a Dios para que le de una nueva oportunidad de servir en alguna firma en su campo de actividad y también así podrá sostener a su familia.
•    Una joven recién-casada ora para que Dios le de hijos y que sean normales.
•    Una mujer viuda ora a Dios para que sus finanzas sean suficientes para la compra de alimentos y medicinas.
•    Un joven universitario ora a Dios pidiendo que le ayude a sacar buenas calificaciones para seguir su carrera académica.
Orar mientras esperamos no quiere decir que molestamos a Dios a que nos conceda todo según le pedimos. Lo que comunicamos a Dios es que hemos puesto nuestra necesidad en sus manos poderosas y confiamos en él. Dios no actúa como el genio de la fábula de la lámpara mágica satisfaciendo los caprichos de su amo. Dios, en su sabiduría nos concede lo que de veras necesitamos y en la hora que ve pertinente. El pasaje de Romanos 8:28 - “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien…” - todavía nos llena de esperanza.
Dijo cierta vez un evangelista: “El cielo está lleno de respuestas que nadie se ocupa en preguntar… la respuesta de Dios está lista; tan solo espera nuestra oración personal y persistente”.
 

II. Los apóstoles estudiaban
Leer Hechos 1:16-20
¡Imagino qué opinarían los apóstoles acerca de Judas Iscariotes! Les aseguro que no entendían porqué aquel hombre hizo lo que hizo. Después de convivir con el Maestro durante tres anos, ser testigo de sus milagros, ser recipiente de su amor, y asimismo lo traicionó. Muchos todavía no lo entienden. Yo no lo entiendo.
Pedro empezó su sermón explicando las Escrituras del Antiguo Testamento que predecían la traición de Judas. Su tiempo de estudio le permitía entender mejor que aunque Dios no hizo con que Judas pecara, profetizó su lugar en el plan de redención del ser humano.

Pedro, en su discurso el día de Pentecostés, usó la prueba más contundente, o sea, la Escritura, para asegurar a los creyentes que la exclusión de Judas y la inclusión de  Matías, el apóstol que le reemplazó, también era parte del plan de Dios.

Después de orar por mucho tiempo y sin obtener respuesta, puede que tengamos dudas si el Señor de veras nos está escuchando. A veces la respuesta a nuestras oraciones la encontramos con facilidad mientras leemos la Palabra de Dios. Muchos no encuentran la respuesta a las oraciones por no leer la Biblia con regularidad. Versos que nunca nos llamaron la atención, en un momento de crisis nos hablan claramente la voluntad de Dios hacia nosotros. ¡La Palabra de Dios es viva!

Es como intentar ensamblar una bicicleta: sin el manual de instrucciones nada lograríamos. Un amigo cuenta la historia de cuando compró una bicicleta para su hijo en una tienda de descuentos pero que venía en varias piezas y necesitaba que la ensamblaran. En la noche de Navidad, mientras dormía su hijo, mi amigo pasó varias horas sudando mientras su hijo mayor leía las instrucciones y le explicaba cómo hacer. Unas veces prestaba atención a las instrucciones y otras no. Al no prestar atención a las instrucciones no podía hacerlo correctamente. Solo cuando se detenía y escuchaba cómo sujetar las ruedas, la cadena, etc. logró ensamblarla correctamente.

La vida es más o menos así: no leemos las instrucciones en el libro de Dios y luego pensamos por qué nos metemos en situaciones en que tenemos que detenernos y empezar todo nuevamente.

Si esperas que Dios te de una respuesta a las oraciones, el mejor consejo que podemos darte es que leas las “instrucciones”, los principios que encontramos en la Palabra de Dios. Al no actuar así mucha gente, aun denominaciones completas, han cometido errores que solo un milagro les ayudará a salir de la confusión en que se encuentran y reparar el daño.

Tenemos el deber de estudiar la Palabra de Dios. En 2 Timoteo 2:15 leemos: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”.           

El estudio de la Palabra de Dios nos ayuda a entender el carácter del Creador. Y al hacerlo entenderemos mejor porqué Dios actúa de la manera en que actúa. Eso también nos ayudará a concluir que estamos aprendiendo a esperar en el Señor. Dijo un comentarista: “Ser ignorante de las Escrituras es ser ignorante de Dios”.

III. Los apóstoles trabajaban
Hechos 1:21-26

Los apóstoles sufrían la falta de un hombre con la traición y suicidio de Judas. Las Escrituras, en los Salmos, dan instrucciones para elegir al que sustituiría a Judas. Fue allí que tuvieron su primera reunión de negocios. Para ser un apóstol, aparte de ser un discípulo fiel del Señor, era necesario por lo menos dos cosas:

1. Haber participado en el ministerio de Jesucristo
2. Haber sido testigo de la resurrección de Cristo

Siento lastimas por los que en nuestra época se conceden el titulo de apóstoles. Eso es imposible ya que nadie que esté vivo hoy podría decir que fue testigo de la resurrección o que recibió ministerio de Jesucristo.

Para hacer una elección que fuera de agrado al Señor, los demás apóstoles utilizaron un método común en los tiempos del Antiguo Testamento a través de echar suerte. Pusieran dos piedras en una botella, cada una con el nombre de uno de los dos candidatos al apostolado y la primera que saliese sería la persona elegida.

Matías pasó a ser el que reemplazaría a Judas, completando así los doce hombres que representarían las doce tribus de Israel en el reino de Cristo. Aquí también nos enteramos de que los apóstoles oraban, estudiaban como también cuidaban la organización de su grupo.

Si cuando clamamos a Dios por alguna necesidad y él nos hace esperar, eso no debe paralizarnos ni dejar de hacer lo que necesita que se haga.

El proyecto de un edificio es una ilustración apropiada. Si vamos construir algo igual al edificio que nos abriga empezamos con oraciones y peticiones antes de poner manos a la obra. Alguien dice: “Oraremos y dejaremos los detalles al Señor”, sin contratar un constructor ni recaudar los fondos. 

Todo eso es maravilloso, ¿pero será bíblico? Jesucristo siempre permitió que sus compañeros hiciesen lo que podían antes de intervenir. Por ejemplo:

•    En la boda de Canaán les instruyó a que llenaran las vasijas con agua y luego hizo con que se transformara en vino
•    En el lago instruyó a los apóstoles a que tiraran las redes en la parte más honda y luego las llena de peces
•    En Betsaida pide tres panes y dos peces antes de multiplicarles y alimentar a 5,000 personas
•    Pide a los apóstoles que quiten la roca que tapaba la tumba de Lázaro antes que de hacer el milagro
•    Esperó que bajaran el paralítico por el techo para que le sanara

Dios siempre espera que hagamos lo mejor que podamos y el hace el resto.

David quería mucho construir un templo para el Señor. Sin embargo, Dios le dijo que no sería él sino su hijo quien construiría la casa de Dios. Al enterarse de la voluntad de Dios David pudo haberse sentado y desistido de todo. Sin embargo, empieza a reunir los materiales que su hijo Salomón necesitaría para la construcción de dicho templo. Pueden leer el resto de la historia en 1 Crónicas 28, 29.

Esperar las bendiciones futuras de Dios no nos da el derecho de ser complaciente y no proseguir la obra que él nos ha confiado.

A veces Dios, como un Padre amoroso, nos hace esperar. Un buen padre siempre hace que su hijo espere por las cosas porque el padre sabe que así aprenderá a ser paciente.

Hay los que puedan pensar: Como no he pedido nada a Dios no estoy esperando en él; por lo tanto, eso no se aplica a mí. La realidad es que todos estamos esperando el regreso de Cristo a la tierra. Esa espera se ha iniciado desde que el Señor ascendió al Padre.
Hechos 1:10-11 dice así: “Y estando mirando fijamente al cielo mientras El ascendía, aconteció que se presentaron junto a ellos dos varones en vestiduras blancas, que les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo”.
Y mientras todos esperamos por ese momento glorioso debemos aprender una lección de los apóstoles:
1. Dedicar tiempo a Dios en oración y súplica
2. Estudiar la Palabra de Dios, el manual para la vida diaria
3. Trabajar en la obra que él nos ha confiado
 

Conclusión:
Dice así el profeta Isaías: “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y o se fatigarán“. Esperar en Dios no significa estar de brazos cruzados sin hacer nada. Pero si, significa hacer todo lo que se pueda, de la mejor manera posible pero sin ir adelante de Dios.
 

Preguntas para meditación y repaso:
1. ¿Qué es lo normalmente haces mientras esperas?
2. ¿Qué pasa con nosotros si somos impacientes?
3. ¿Qué esperaban los discípulos de Cristo?
4. En vez de estar esperando al Espíritu con impaciencia, ¿a qué se dedicaron los discípulos?
5. ¿Cómo puede ser eso una lección para nosotros?

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