Prueba e ve que el Señor es bueno

Lecciones del Salmo 34 

Puede que te pase en tu cumpleaños o enseguida a una cita medica, pero es más probable que te pase en el inicio de un año nuevo. Lo que me refiero es la determinación de cambiar o como algunos dicen: tomar la decisión de año nuevo. Algunos se proponen a bajar de peso, a dejar de fumar, otros a buscar un empleo mejor y otros a leer la Biblia diariamente.

Todos, casi sin excepción, hemos querido cambiar o intentar cambiar en el pasado y la mayoría acabó desistiendo. Bajamos de peso pero pronto volvemos a subir; empezamos a leer la Biblia, pero se hace muy pesado y desistimos. Aun cuando el medico dice que si no dejabas los cigarrillos tendrías otro ataque cardiaco y morirías, cambiar un mal habito es casi imposible. Solo con la intervención de Dios.

Sin embargo, sabemos que muchas personas logran cambiar el estilo de su vida. Hay aun personas mayores que cambian. Con frecuencia recibo informes de José Antonio Fernández, de Matanzas, en Cuba acerca de personas que confiesan a Jesucristo como Hijo de Dios y se bautizan. Algunos tienen más de 80 años. Hay los ancianos que se mudan y van a vivir en lugares donde el clima es más templado, lo que también podemos considerar como cambio. Aun en las cosas más sencillas vemos que la gente puede cambiar: Vemos a personas mayores usar el control remoto para cambiar canales de televisión. ¿Por qué no levantan de las sillas y cambian los canales como antes? Veo a ancianos usar teléfonos celulares. ¿Por qué no usan los antiguos teléfonos análogos en vez de los digitales? Tanto las personas mayores como de otras edades, todas pueden esforzarse y cambiar.

Por lo tanto, si estás sentado pensando: me gustan las cosas así como están; no necesito ni quiero hacer ningún cambio. La realidad es esta: quieras o no cambiarás. Pregúntale al pueblo asiático que sobrevivió al tsunami que casi destruyó a once países, si han cambiado. Han cambiado la manera de encarar la vida, seguramente han cambiado radicalmente después de sobrevivir a una catástrofe que mató a más de 200,000 personas.

Estás en las bancas equivocadas si crees que en la iglesia hay una serie de rutinas y nada cambia. ¿Has olvidado que Dios vive para cambiar vidas? Si Dios te elige y te llama no hay nada que puedas hacer para continuar igual. Pablo fue muy claro con los Corintios acerca de ese tema al escribir estas palabras:

    “…nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos                transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu Santo” (3:18)      

    “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son     hechas nuevas” (5:17)

Debo aclarar algo: espero que todos estemos en Cristo y juntos servimos a él y no a Satanás. Concluyo eso porque ambos estamos en la casa de Dios y nuestra vida está bajo control del todopoderoso. Lastima que la gran mayoría de los cambios que vemos, no tan solo en el mundo sino también en nuestras familias, son cosas provocadas por Satanás. Adán y Eva vieron cambios en sus respectivas vidas, pero por culpa de las mentiras de Satanás. Israel, como nación, sufría horriblemente mientras rey tras rey decidía seguir el camino de Satanás, adorando a ídolos falsos e involucrándose en la inmoralidad sexual. Esto no es muy diferente a los cambios que vemos en nuestra era.

Por lo tanto, el primer punto que quiero comunicarte es que no pasarán todo este año sin cambios. Habrá cambios en tu vida y en la mía sin importar si queremos o no cambiar.  Aun si trazamos metas o continuamos viviendo de la manera rutinaria, habrá cambios.

Y si estamos seguros que habrá cambios, por qué no hacerlos para y con Cristo y a su reino, en vez de al maligno.

Hace muchos siglos la iglesia cristiana explicó a sus miembros, por el libro de los Hechos, el propósito de su existencia, un propósito que debería ser también nuestro propósito.

El propósito vino en forma de pregunta: ¿Cuál es el propósito principal del ser humano? Respuesta: “Glorificar a Dios y disfrutarle por siempre”.

La última parte de la respuesta es la que quisiera enfocar en esta lección. La idea de “disfrutar” a Dios puede sonar como algo extraño para nosotros. Sabemos lo que es “temer” a Dios o “amar” a Dios o aun “servir” a Dios. A veces también podemos enojarnos con Dios, con lo hacía David. Pero la mayor parte del tiempo parece que Dios está ausente de la vida del cristiano.

Así, ¿qué es lo que significa disfrutar a Dios? ¿Conoces a alguien que lo disfruta?

El rey David fue una de esas personas que disfrutó a Dios. Y vemos cómo David lo disfrutó en la vida real en 2 Samuel 5:14, donde baila delante del arca de la alianza cuando la trajeron al Tabernáculo en Jerusalén. David estaba tan contento, tan excitado con el Señor por lo que estaba pasando que en verso 14 dice así: “David bailó delante del Señor con todas sus fuerzas”.

No se trataba de un bailarín en un baile pero David bailó con gozo y deleite delante del Todopoderoso y el Dios viviente. Nota también que Dios no estaba presente físicamente para que lo tocara y lo viera, sino solo la presencia del arca que representaba el Señor.

Todos conocemos la narrativa de Jesucristo mientras éste cenaba en casa del fariseo, cuando una mujer trajo un frasco de alabastro lleno de perfume y, llorando empezó a lavar los pies del Maestro y lo enjugó con sus cabellos y luego le besó los pies, y lo ungió con perfume. (Lucas 7:36 y siguientes)

No puede existir una expresión de amor como esa sin un sentido de gozo profundo. Esa vez el Dios viviente estaba físicamente presente.

Abuelos se deleitan y disfrutan la presencia de sus nietos. Salimos para cenar en un restaurante, para celebrar el cumpleaños de alguien o por cualquier otro motivo importante donde disfrutamos una comida buena y compañía agradable. ¿Adónde está el gozo en Jesucristo? Ese es el cambio que me gustaría ver en cada uno de nosotros. ¡Ya que somos de Cristo qué le disfrutemos más y más! 

Satanás intenta engañarnos convenciéndonos que el dinero u otras posesiones pueden tomar el lugar de Dios y ser causa de gran gozo para el cristiano. Pero no es así. Si llegamos a conocer a Dios, como el salmista lo conocía, queremos también ir más allá de las formalidades de una religión tradicional y acercarnos al Señor.

Preguntas para la meditación:

    1. ¿Cuál ha sido el mayor cambio en tu vida después de hacerte cristiano?

    2. Al mirar hacia el pasado, ¿puedes decir que te has transformado?

    3. ¿Cuánto tiempo tarda un cristiano para llegar a la madurez?

    4. Según palabras de Pablo, ¿debemos conformarnos con la vida de siempre?

    5. ¿Qué promesa tenemos acerca de la transformación si estamos en Cristo?

    6. ¿Cuál es el otro nombre para la transformación del cristiano?

    7. ¿Cómo puede el Espíritu Santo de Dios ayudar al cristiano en su transformación?


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