¿Por qué es que sufrimos?

 

    Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón     en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera;         8respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi             gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien     en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me         gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando     soy débil, entonces soy fuerte. (2 Co. 12: 7-10)

¿Porque sufre el justo? Para muchos esto parece ser una incógnita sin repuesta. Esta fue la primera pregunta que surgió en mi mente desde los primeros días de mi conversión. Que el pecador sufra no es difícil de explicar ya que “la paga del pecado es la muerte”.  Pero alguien que se entrega al Señor y trata de servirle con todo el corazón pase por tragedias y perdidas irreparables no es fácil entender y mucho menos explicar.

    •    Desde el Antiguo Testamento – hace miles de años, el salmista nos exhorta diciendo: Muchas son las aflicciones que el justo padecerá... mas de todas ellas lo librará El Señor. (Sal. 34: 19) Que el justo sufra no es solamente normal sino que es de esperarse que sufra. Si tu y yo sufrimos es muy probable que eso pruebe que estemos agradando a Dios.

    •    Jesús dijo enfáticamente a sus discípulos y por consiguiente a nosotros también: En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)

    •    Pablo mismo dijo: Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; (2 Timoteo 3:12)

Nosotros en nuestra manera humana de encarar la vida, vemos el sufrimiento como algo negativo, trágico, ilógico, irónico e indeseable. Dios, en su gran sabiduría ve en el sufrimiento un caudal de bendiciones y beneficios. Pondera estas cosas:

    ➢    Mientras nosotros vemos en el sufrimiento y la muerte, Dios ve la vida.
    ➢    Mientras miramos en el sufrimiento solo destrucción, Dios ya está vislumbrando una nueva criatura.
    ➢    Mientras en el sufrimiento solo miramos el dolor, Dios contempla la sanidad.
    ➢    Mientras en el sufrimiento solo vemos derrota, no obstante Dios anticipa la oportunidad.
    ➢    Mientras en el sufrimiento solo vemos ironía, Dios por su lado percibe perfecta armonía.
    ➢    Mientras nosotros solemos evitar el sufrimiento, Dios constantemente se vale de ello para ayudarnos y moldarnos según su voluntad. 

Quizás no lo entendamos, pero Dios tiene un propósito a todo lo que hace. Y al permitir que nosotros como cristianos suframos no está exento de propósito. Según la Escritura hay uno o varios propósitos para el sufrimiento humano. Si vemos al sufrimiento a través de los ojos de Dios encontraremos algunos de sus propósitos. 

El sufrimiento revela el carácter                                                                                                  El aguijón que hacía sufrir a Pablo le enseñó que era orgulloso y soberbio. Quizás sea difícil pensar en Pablo como un arrogante; solo Dios sabe.

Es casi imposible hablar del sufrimiento sin mencionar a Job. En este caso el sufrimiento que le causó la perdida de todo lo que tenia, incluyendo a todos sus hijos. El sufrimiento reveló lo que había en el corazón de Job como su carácter, su firmeza, su fidelidad, su espiritualidad y su madurez.

En la historia tan conocida de Job llega Satanás ante la presencia de Dios y... Jehová dice a Satanás:
¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová. (Job 1: 8-12)

Es muy fácil ser cristiano cuando no hay pruebas; cuando todo va de viento en popa. Es sumamente fácil agradecerle a Dios cuando solo recibimos bendiciones de salud y de tranquilidad. Pero la realidad de lo que somos saldrá a flote tan pronto como empiece a presentarse las dificultades. Nuestro verdadero nivel espiritual se pone en la balanza de la realidad cuando Dios permite que algo malo, terrible, o aun devastador nos suceda. 

En el caso de Job, Dios permitió que perdiera todo incluyendo a sus 10 hijos en un mismo día y hora.  La realidad de su carácter se reveló inmediatamente. Ante la escalofriante realidad de tal tragedia Job se levantó, y rasgó su ropa se rasuró la cabeza en señal de protesta. Luego se postró en tierra y adoró a Dios diciendo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. Y en todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno. Aunque no entendía lo que le estaba sucediendo, sabía que en todo Dios tenía un propósito. El Señor permitió que sufriera Job para demostrar que él era un hombre fiel y que el dolor en lugar de motivarlo a maldecir a Dios, hace que le alabe.  

Por otro lado cuando la tragedia llegó a la esposa de Job, esta mostró lo que había en ella. Aunque sin duda adoraba y servía a Dios juntamente con Job, el sufrimiento descubrió que todo era hipocresía. Al contrario de Job, no solo maldijo a Dios sino que al ver la fidelidad de su marido le dijo a Job: “¿Aun retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete”. Job, cubierto de una espantosa sarna maligna le responde: “Como hablan las personas que no conocen a Dios has hablado”.  

Con tu manera de hablar y reaccionar demuestras quien eres. ¿Recibiremos de Dios solo el bien y el mal no? Cuando el hombre que sufre es fiel en verdad y su amor por Dios es real, no hay dolor, prueba, aflicción o carga que lo haga reaccionar negativamente ante Dios; porque el sufrimiento revela nuestro verdadero carácter. 

Por otro lado, cuando el hombre o la mujer no vive cerca de Dios, el dolor lo revela. Su reacción es siempre negativa; se queja, reniega, se rebela, y hasta abandona a la iglesia. El verdadero cristiano no es así. El cristiano verdadero cuanto más sufre, mas alaba, mas busca a Dios, mas desea servirle; Porque el dolor revela el carácter de cada persona.

El sufrimiento destruye el orgullo                                                                                                 El Señor le reveló a Pablo que el propósito de su sufrimiento era el de mantenerlo humilde. Los humanos tenemos la tendencia a ensoberbecernos cuando Dios nos da alguna bendición o nos usa. Pablo aunque fuese un gran hombre de Dios y que amaba la obra del Señor, no estaba exento del orgullo.

!Cuantos hombres se han perdido a causa de este tirano perverso llamado orgullo! Cuando le   bendijo Dios, o cuando Dios los usó, no pudiendo resistir, sucumbieron ante los poderosos tentáculos del orgullo que sin darse cuenta los asfixió. Salomón, el hombre más rico y sabio de la antigüedad, se enorgulleció y dejó a Dios.

Sansón, el hombre mas fuerte y poderoso, se envaneció y murió en oprobio y vergüenza por ello. Por eso Agur dijo a Dios: “Dos cosas te he pedido, no me las niegues antes que muera. Vanidad (orgullo) palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riqueza mantenme con el pan necesario. No sea que siendo rico me sacie y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? (Pv. 30: 7-9)

Solo Dios sabe si es gracias al sufrimiento por el cual estamos pasando que aun sufriendo continuaremos sirviéndole. Gracias a Dios por ese sufrimiento que nos mantiene humillados, dependiendo de su misericordia, reconociendo que somos pueblo suyo y ovejas de su prado, que él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos.

El sufrimiento nos acerca a Dios                                                                                                  El sufrimiento que sentía Pablo lo llevó a buscar el rostro de Dios con insistencia. “Tres veces he rogado a Dios que me lo quite”, dijo; o sea que dedicó tres periodos de profunda búsqueda en oración y probablemente ayuno. Los tres periodos de intensa concentración en Dios fueron provocados por el sufrimiento que sentía. 

Job, un hombre que obviamente conocía a Dios y le servia, al pasar por tan intenso sufrimiento lo motivó a acercarse a Dios aun más, de manera diferente a lo que estaba acostumbrado. Y como resultado se profundizó aun más en el conocimiento de su Dios. Tal fue la experiencia que tuvo con Dios que tuvo que expresar lo siguiente: “Antes de oídas te conocía mas ahora mis ojos te ven”. El sufrimiento hace con que busquemos a Dios con más frecuencia.

El sufrimiento perfecciona la obra de Dios                                                                                     El dolor de alguna forma moldea nuestro carácter, nos da forma, allana las asperezas, y quema lo indeseable en nosotros. Dios le dijo a Pablo que su poder se perfecciona en la debilidad; a veces lo que Dios quiere perfeccionar en nosotros, requiere de sufrimiento para que lo lleve a cabo. El siervo no se corrige con palabras porque entiende, mas no hace caso. (Pv. 29: 19) Cuantas veces Dios nos a invitado a buscarle más a menudo y a servirle mas de cerca, pero ignoramos su voz.                              

Cuantas veces habrá tenido el Señor que valerse del sufrimiento como el ultimo recurso para llamarnos la atención; porque al contrario no le hacemos caso. Al faraón en Egipto le habló Moisés y rogó por las buenas, y no hizo caso. Dios mandó plagas, enfermedades y pestes. Pero aun así no obedeció, hasta que el dolor y el sufrimiento le atravesaron el alma al ver morir a su hijo.  

¡Cuántos de nosotros, por medio de alguna crisis, nos hemos acercado más al Señor! A cuantas personas que no conocen a Dios, él las ha estado hablando con dulzura... y no han querido escucharle y entregarse a él. Dios no descansará hasta que se entreguen, y si es necesario, usará el sufrimiento para salvarles.

Dios al hijo que ama madruga a castigarlo. Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. (Hebreos 12: 5-8)

El sufrimiento lleva a la reflexión                                                                                               Las crisis nos obligan a examinar cuidadosamente nuestra conducta para asegurarnos que nada que esté fuera de lugar en nosotros sea la causa de nuestro sufrimiento. ¿Hay pecado en tu vida? ¿Estás viviendo en armonía con la voluntad de Dios? Si no es así, entonces debes hacer un cambio radical en tu vida.

Conclusión:                                                                                                                       Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. (Hebreos 4: 15-16) 

Servimos a un sumo sacerdote que se compadece de nosotros porque él mismo fue tentado en todo y probó toda clase de sufrimientos. Por eso es que Dios sabe lo que es sufrir y es capaz de entender  nuestra cruz. No solo conoce por ser omnisciente, sino porque él mismo lo sufrió en la carne. Cuando pasamos por sufrimientos nunca debemos olvidar a Cristo porque él se hizo hombre y vino a la tierra para mostrarnos lo que es sufrir.

Si pasas necesidades y la incertidumbre del mañana te agobia, recuerde que Cristo, siendo rico se hizo pobre. Nació en un establo y vivió sin nada, no tenía ni una piedra donde recostar su cabeza. Aun en su muerte le sepultaron en una tumba prestada. El Señor conoce tus debilidades y se identifica con tus necesidades porque siempre fue humilde.

Si te traicionan los amigos, seres queridos o aun los familiares, recuerde que a Cristo lo traicionaron aquellos que se decían ser sus amigos. El que le entregó a los romanos fue el más confiable ya que le había hecho tesorero; era de quien menos esperaba. Zacarías 13: 6 dice que cuando le pregunten al Señor ¿qué heridas son estas en tus manos? El responderá “Con ellas fui herido en casa de mis amigos”.

Si se burlan o hablan mal de ti, tu consuelo es que de Cristo dijeron hasta que era hijo de fornicación, y que todo lo que hacia, lo hacia por el poder de Beelzebú. Lo acusaron de cosas que no hizo; le dijeron mentiroso, torciendo lo que él decía para acusarlo. Lo injuriaron, lo desnudaron y se burlaran de él; aun ya en la cruz sufriente le gritaron “si en verdad eres lo que dices ser... bájate de ahí”.

Si te sientes solo, busca a Dios, que fue abandonado por todos sus seres queridos precisamente cuando más los necesitaba. En el momento mas critico de su vida como hombre, colgado en el madero de la cruz, hasta su Padre le abandonó y exclamó ¡Padre por qué me has desamparado! Él sabe lo que es sentirse sólo... completamente sólo. Él comprende nuestra soledad y conoce lo amargo de su sabor.

Si llegaras a padecer enfermedad... Jesucristo, aunque fue perfecto en su humanidad, al ser azotado y crucificado experimentó el dolor y la agonía de la enfermedad. La fiebre que le causaron las muchas heridas, los golpes y azotes fueron una realidad que él vivió. Cristo sabe lo que significa pasar noches en dolor y en la desesperación. El Señor siente cada una de nuestras lagrimas y se identifica con ellas. Él y nadie mejor que él puede entenderte.

En medio de todos sus padecimientos hasta el sol pareció darle la espalda a Cristo pues hubo tinieblas en aquella hora. Quizás nunca en esta vida entenderemos la razón ni el motivo del sufrimiento que estemos atravesando. No obstante Romanos nos recuerda que: A los que amamos a Dios y a los que hemos sido llamados conforme a su propósito todas las cosas no ayudan para bien. Todas las cosas incluyendo a los sufrimientos. 

Todos los dolores, penas, desengaños, amarguras, tristezas y soledades y traiciones que tengamos que pasar, si amamos a Dios y buscamos su propósito para nuestra vida, nos ayudan para bien. Hebreos nos recuerda que como Cristo se identifica con nuestros dolores y los entiende. Además de eso nos invita a acercarnos a su trono de gracia confiando en que Cristo se identifica con nuestro dolor, pues el Señor nos da la misericordia y la gracia que necesitamos para ser fortalecidos.
 

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