Poder del sufrimiento humano

¿Por qué sufrimos? 

Leer Santiago 1:2-4

Si hay algo que los seres humanos tenemos en común es el sufrimiento. El sufrimiento cruza las barreras culturales, raciales y sociales. No hay nadie que no haya pasado o esté pasando por momentos de dolor en la vida. Desde el principio del mundo, cuando Dios expulsó a Adán y Eva del Huerto del Edén, ha habido dolor.

En aquel día dijo el Señor a Eva:
"Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor" (Génesis 3:16).

Dijo Dios al hombre:
"Con penosos trabajos comerás de la tierra todos los días de tu vida" (Génesis 3:17).

El sufrimiento puede venir de varias maneras, por ejemplo:
    ➢    En las enfermedades
    ➢    En la pérdida de un ser querido
    ➢    Pérdida material: destrucción o robo de nuestras pertenencias
    ➢    Puede ser una mezcla de pérdida de seres queridos y bienes materiales.

¿Por qué sufrimos?
¿Por qué permite Dios el sufrimiento? De recién convertido, creía que los creyentes no sufrían, que una vez que se rendía la persona al Señor la vida sería un mar de rosas. Pero eso no es verdad pues todos sufrimos.

El sufrimiento, muchas veces, es una prueba de nuestra fe. El apóstol Santiago, hermano carnal de Jesucristo, enfoca el sufrimiento de manera muy positiva, como si el sufrimiento o las pruebas, fuesen fundamentales para el crecimiento espiritual del creyente. He aquí sus palabras: "Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia" (Santiago 1:2-3).

El testimonio de Job es un buen ejemplo de lealtad a Dios en medio del sufrimiento. Job, el hombre de la antigüedad, jamás quiso apartarse de Dios durante todas las pruebas a que Dios le sometió. Aun después del consejo de su mujer, que le dijo: "Maldice a Dios y muérete!" (Job 2:9), no fue suficiente para que él lo hiciera. Job continuó fiel a Dios durante su sufrimiento. Luego de haber pasado las pruebas Dios le regresó todo lo que había perdido y mucho más.

Si seguimos el consejo de Santiago y encaramos las pruebas como algo positivo, concluiremos que es durante el dolor y el sufrimiento cuando nos acercamos más a Dios. Es en los días de sufrimiento cuando más oramos, pedimos, imploramos al Padre para que nos quite el dolor. Es en la perdida de un ser querido cuando más pensamos en Dios. Es en las épocas de crisis cuando más buscamos guía en la Palabra de Dios, la Biblia Sagrada.
 
El sufrimiento hace que identifiquemos y nos deshagamos de nuestros pecados. La Biblia tiene mucho que decir en cuanto a la disciplina o corrección de Dios al hombre que cree en él. La disciplina, que recibimos de Dios a través del sufrimiento, es también una manera de perfeccionarnos. El escritor de Hebreos lo describe de esta manera: "... aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de someternos, con mayor razón al Padre de los espíritus, para que vivamos? En efecto, nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad" (Hebreos 12:9-10). La disciplina de Dios nos prepara para la entrada a la eternidad. El cielo es un lugar puro y no hay lugar para personas impuras, con pecados.

Los cristianos orgullosos necesitan sufrir, ser disciplinados, para deshacerse del orgullo. Conozco a un hombre que en casi toda su vida fue una persona orgullosa. No dejaba de ser una persona inteligente y lista. Al mismo tiempo, el orgullo le hacía pensar que era superior a los demás. Al hacerse cristiano, pronto se hizo conocido por las buenas clases bíblicas que daba y las poderosas predicaciones que hacía en varios países y en tres lenguas. Luego empezó a hacer programas de radio y unos años después, televisión. No tardó, y su nombre se hizo conocido en toda la iglesia de Cristo en varios países. Sin embargo, Dios le quiso disciplinar, dándole una prueba. Permitió que su hijo mayor, a quien aquel hombre amaba de todo su corazón (y pensaba que, al crecer, sería un predicador),  se hizo drogadicto y alcohólico.

El hombre, que por muchos años fue una persona orgullosa por sus logros, no tuvo otra alternativa que enfrentar la situación. Intentó por mucho tiempo cambiar la vida de su hijo, pero sin ningún éxito. Luego, en medio del dolor, sintió un gran consuelo al saber que el sufrimiento por el cual estaba pasando era una prueba de Dios para eliminar de su vida aquel gran orgullo que le hacía pensar que era el único autor de sus logros, sin reconocer que sus dones provenían de Dios.

El sufrimiento como consecuencia
A veces el sufrimiento es la consecuencia de pecados y errores. Jesucristo no cometió errores ni pecados, sin embargo, padeció en la cruz injustamente (1 Pedro 2:19-21).

El sufrimiento más común de una persona que toma bebidas alcohólicas o usa drogas son las pérdidas: Pierde el respeto de su familia, pierde su buena salud, pierde su empleo y mucho más. Una persona que comete adulterio también sufre las consecuencias de su acto al destruir su hogar, destruir a otros hogares y posiblemente contraer una enfermedad venérea. Un ladrón sufre las consecuencias de sus robos. A todos, Dios puede perdonar. Sin embargo, el ladrón tiene que pagar por su daño pasando difíciles décadas trás las rejas de una prisión. Un asesino al matar a alguien, sufre al darse cuenta que ha terminado con una vida, algo que sólo compete a Dios. El sufrimiento aumenta al pensar que ya no podrá cambiar la situación de su víctima.
 
El sufrimiento puede ser una forma de discipulado, para que los que sufrimos nos hagamos más como Jesucristo

Los "santos"
La Palabra de Dios habla de los "santos" como personas vivas y no muertas. Personas que en vez de permitir que su cuerpo disfrute todos los caprichos que estén a su disposición, por obediencia a Dios, optan por disciplinarse y limitar los placeres de la carne. Jesucristo dijo que debemos negarnos, tomar nuestra cruz y seguirle. Para nosotros sería más fácil y cómodo seguir nuestros gustos, caprichos y pasiones. Cuando nos urge decidir entre la diversión y la disciplina, decidimos leer la Palabra de Dios, orar a Él y seguir sus mandamientos.

Dios utiliza el sufrimiento como un proceso de santidad, cuyo desarrollo abarca toda la vida. Eso no significa que seremos canonizados, sino que estamos aprendiendo cómo ser igual a Cristo. Sólo lograremos la santificación o perfección al llegar al cielo. Por lo tanto, no debemos desistir ni desmayar si fallamos en el proceso de agradar a Dios.

A los que estamos involucrados en la enseñanza y la predicación de la Palabra de Dios, el sufrimiento sirve para hacernos más efectivos en el ministerio (Santiago 5:10). Un predicador que ha sufrido tiene más autoridad al aconsejar a un miembro de su iglesia. Al decirle que pudo vencer la prueba con la ayuda de Dios, dará al miembro una nueva esperanza. Nuestro predicador y su esposa, pasaron 10 años de luchas para criar a una niña mentalmente retrasada. Ahora están capacitados como nadie para auxiliar a padres que se encuentran en la misma situación.

Unos amigos nuestros, tras la pérdida de su hija de 18 años en un accidente automovilístico horrible, pueden aconsejar o consolar a otros padres que han perdido a sus hijos.

¿Por qué permite Dios el sufrimiento en su pueblo?
    ➢    A los Israelitas , Dios les permitió que sufriesen para humillarles y para comunicarles que le adorasen solamente a él y no a otros dioses. (Mateo 23:12)

    ➢    Dios permitió que el Rey Uzías fuera acometido de lepra por ser desobediente

    ➢    También envió Dios a Miriam la misma enfermedad que la del Rey Uzías  por el pecado que cometió al criticar a Moisés, el siervo de Dios (Números 12:10)

    ➢    Al rey Asa le envió Dios una enfermedad en su pie por haber rechazado a Dios en su vejez, aunque  hubiera confiado en su juventud. (2 Crónicas 16:12)

    ➢    Dios permitió que una mujer fuera atada por Satanás durante 18 años para usarla como una demostración del poder de Dios. Dios hasta puede usar la obra de Satanás para obtener sus propósitos. Todo lo que nos pasa tiene la aprobación de Dios (Lucas 13:16).
 

    ➢    Pablo enseñó con mucha autoridad a sus discípulos. Compartió experiencias vividas en sufrimiento, lecciones estas que no aprenderían de ninguna otra manera (2 Timoteo 3:10).

Jesucristo sufrió y murió por nosotros
A. El Señor jamás pecó. Toda su vida fue un ejemplo de perfección y obediencia a la voluntad de Su Padre. Aunque fuera tentado muchas veces, nunca sucumbió a la tentación. Todo lo que exhibió durante su vida tuvo que aprender de la misma manera que aprende un ser humano (Hebreos 5:8).

Jesucristo fue despreciado por los hombres. Tan grande fue el desprecio que tenían por Jesucristo que le seguían los líderes religiosos buscando algún error en su vida para acusarle. El propio pueblo de Dios de aquella época, los Israelitas, le rechazó y la mayoría no le siguió.

A Jesucristo lo colgaron en una cruz. Dios le permitió morir en la cruz como una demostración de su amor por un mundo de odio y sin esperanza. El apóstol Pablo lo expresa de esta manera: "El que no escatimó ni a su propio Hijo sino que lo entregó por nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto a él, todas las cosas?" (Romanos 8:32). La muerte en la cruz era una muerte vergonzosa, maldita, reservada a los que cometían los crímenes más horrendos (Deuteronomio 21:23). En la cruz Jesucristo pagó por nuestros pecados.

La muerte en la cruz la merecíamos nosotros, pues ésta era la paga por nuestros pecados (Romanos 6:23). Al decir, en la cruz: "Señor, Señor, por qué me has desamparado", Jesucristo estaba pasando por el infierno por nosotros, pues merecíamos morir. Sin embargo, su amor fue tan grande que entregó su vida en nuestro lugar. La segunda parte de Romanos 6:23 dice: "mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor". Con el sufrimiento y el sacrificio de Jesucristo tenemos la promesa de vida eterna.

El Señor resucitó. La historia de amor de Dios al hombre pecador no terminó en la cruz. La gloria del cristianismo no se limita al sacrificio de nuestro Señor en el Calvario. Al tercer día Jesucristo resucitó, apareciendo a centenas de personas. Hoy él está vivo y a la diestra de Dios. A él sea la gloria.

¿Cómo debe ser nuestra reacción hacia el sufrimiento?
    1. El sufrimiento, tanto puede llevarnos a la amargura, a la rebeldía, como puede acercarnos más a Dios y hacernos mejores personas (Hebreos 12:9-11). La elección es nuestra.

    2. El sufrimiento nos enseña que todo proviene de Dios. Nuestros éxitos y logros no son hechura totalmente nuestra sino de Dios (Romanos 8:3-6)

    3. El sufrimiento puede enseñarnos que debemos poner a Dios en primer lugar en la vida. Nos hace valorar al Señor como el autor de todas las bendiciones en vez de confiar tan sólo en nuestros logros.
 
    4. El sufrimiento puede mostrarnos que podemos reaccionar como el sufrido Job después de sus duras pruebas, cuando él dijo a Dios:
"Yo sé que tú lo puedes todo, que no es posible frustrar ninguno de tus planes" (Job 42:2).

He aquí mi oración por Usted, estimado hermano o amigo:
    "Que Dios le bendiga mientras sufre.
    Que Usted pueda concluir que el Dios Todopoderoso es más grande que cualquier sufrimiento, por peor     que sea.
    Que Usted se rinda a Dios y que confiese a Jesucristo como su único Hijo.
    Que decida cambiar de vida, lo que la Biblia llama "arrepentimiento".
    Que, en semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, Usted sea bautizado para         recibir el perdón de sus pecados y el don del Espíritu Santo.
    Y que, al salir de las aguas del bautismo, empiece una vida nueva con Cristo, en compañía de todos         los que le consideran su Salvador y Señor, o sea, los miembros de la Iglesia de Cristo.
    Todo eso lo pido en el santo nombre de Jesucristo. Amén".

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