Poder del Reino de Dios

 

Jesucristo vino a la tierra con un propósito único, con una sóla misión: la de predicar el reino de Dios. Durante toda su vida terrenal el Maestro tenía una meta singular que era la de establecer el reino de Dios. La importancia del reino era tan grande para el Maestro que tanto sus primeras enseñanzas como las últimas, fueron predicaciones sobre ese tema tan importante (Marcos 1:14-15; Hechos 1:3).

Al leer los evangelios nos damos cuenta de las varias maneras en que el Señor lo presentó: Utilizó parábolas, que eran anécdotas terrenales con paralelos espirituales, para explicar la naturaleza del reino. Por ejemplo:

    ➢    "El reino de los cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo" (Mateo 13:24)
    ➢    "El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo" (Mateo             13:31)
    ➢    "El reino de los cielos es como levadura.... es como un tesoro escondido... es como un                         comerciante que andaba buscando perlas finas" ( Mateo 13:33, 44, 45, 47).

En el sermón del monte el reino de Dios es punto clave. Luego Jesucristo lo resume así: "Mas bien, busquen primero el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas les serán añadidas (Mateo 6:33). Toda su enseñanza tuvo que ver con el reino.

La meta principal de Jesucristo
Tanto los grandes líderes como los grandes pensadores tenían una meta, un enfoque, un pensamiento que les daba dirección a sus vidas. Para Sócrates era la inmortalidad del alma; para Buda era la renuncia a la vida; para Napoleón era la conquista de Europa; para Emiliano Zapata, líder mexicano, era "tierra y libertad" y para Jesucristo era el reino de Dios. Era este el pensamiento que llenaba su mente y su corazón  tanto de día como de noche, y aquel también era el concepto que iría a transformar al mundo. No había en su mente o en su corazón algo que fuera más importante que el reino de Dios.

El enfoque de Jesucristo comparado
Comparemos el enfoque de las enseñanzas de Jesucristo a las predicaciones en las iglesias actuales. ¿Cuál es el tema que predomina en las iglesias de nuestra época? ¿No es la iglesia? La iglesia la predicamos, la identificamos, la examinamos y la plantamos. ¡Pero Jesucristo siempre enfatizó el reino! 

Ahora veamos cuál era el enfoque de la enseñanza bíblica del primer siglo. La mitad de la enseñanza del Nuevo Testamento, desde Mateo hasta Hechos 17, o sea un 45% de la enseñanza neotestamentaria la encontramos en los evangelios. En los cuatro primeros libros del Nuevo Testamento encontramos el reino mencionado más de 100 veces. En comparación, la iglesia la encontramos tan sólo dos menciones. Comparando a la predicación, con la cantidad de enseñanza sobre la iglesia actualmente, llega a ser algo inquietante.

Al empezar a leer el libro de Hechos el tema cambia y encontramos muchas referencias sobre la iglesia. También los demás libros del Nuevo Testamento son cartas dirigidas a las iglesias de aquella época.

¿Qué es lo que indica el énfasis de la predicación sobre el reino?¿Qué significa todo aquello? ¿Por qué hoy se oyen tantos sermones sobre la iglesia y tan pocos sobre el reino de Dios? ¿Por qué es que la iglesia ha tomado el lugar del reino en las predicaciones en las iglesias actuales? ¿Cuál es la diferencia?

El reino no es de este mundo
En la época de Cristo ya había un concepto formado de los reinos terrenales. Al escuchar la palabra reino pensaban en las naciones judaicas, en las divisiones políticas, en los dirigentes, en las jerarquías, etc. La madre de Jacobo y de Juan se acercó a Jesucristo con una solicitud, algo normal en un reino terrenal. Le dijo al Maestro en tono autoritario: "Ordena que en tu reino uno de estos dos hijos míos se siente  a tu derecha y el otro a tu izquierda". Jesucristo al enterarse del error, del concepto equivocado del reino de Dios, les hizo pensar en el reino de una perspectiva distinta.

Poco antes de la ascensión del Señor, uno de los apóstoles le hizo esta pregunta: "Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el reino a Israel?" (Hechos 1:16). Su concepto del reino era diferente al de Jesucristo.

Hoy el pueblo de Dios niega que el reino sea secular, sin embargo, sus palabras lo traicionan al predicar y enseñar solamente sobre la iglesia.
El reino de Dios no tiene nada en común con los reinos terrenales con sus luchas por el poder, por los territorios ni por su política. Tampoco está el reino de Dios limitado por el tiempo. Jesucristo tomó la palabra "reino" de su forma terrenal, la purificó, la glorificó dándole una nueva dimensión.

El reino es el dominio de Dios
El significado original de la palabra reino es lugar donde Dios es rey. Si razonamos como Jesucristo entonces concluiremos que lo que él pretendía era formar algo parecido a los reinos terrenales cuyo dominio sería de Dios, guiado y gobernado por el Creador. 

Entonces, ¿qué es el reino de Dios y donde los encontramos? El reino está en todas partes y lo encontramos donde hay hombres y mujeres que respetan a Cristo como el Señor de sus vidas. El reino se encuentra donde hay personas que se han rendido o entregado a la voluntad de Dios, que viven bajo el dominio del Padre celestial. Allí encontraremos el reino.

Ahora podemos entender esta afirmación de Jesucristo: "La venida del reino de Dios no se puede someter a cálculos. No van a decir: ¡Mírenlo acá! ¡Mírenlo allá! Dense cuenta de que el reino de Dios está entre ustedes" (Lucas 17:20,21). Concluímos que el reino es interno, espiritual, del corazón. Cuando Cristo estuvo entre los apóstoles estaba presente el reino, pues Jesucristo vivía bajo el dominio de Dios y le era totalmente sumiso. Y por ser así él era la esencia, la verdadera personificación del reino.

Cada vez que el Señor se movía también se movía el reino. Así fue porque todo lo que él decía estaba en perfecta armonía con la voluntad de Dios. Por eso Jesucristo era tan diferente: no le gobernaban los pensamientos seculares sino la mente de Dios. Jamás tendremos un concepto fiel del reino de Dios a menos que nos rindamos totalmente a la voluntad del Padre.

"!El reino de Dios está cerca de ustedes!" ¿Qué quiso decir Jesucristo con ésto? El dominio de Dios, anteriormente rechazado por el pueblo, ahora se acercaba. La posibilidad de restaurar la fe, la paz, el gozo y la justicia estaba por llegar. Según las palabras del apóstol había esta esperanza: "... porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo" (Romanos 13:17). 

Así lo definió Jesucristo
Siempre me ha gustado la manera en que Jesucristo explica el reino en la oración conocida como El Padre Nuestro. Dice así:

    "Padre nuestro que estás en el cielo                                                                                               santificado sea tu nombre,venga tu reino,                                                                                     hágase tu voluntad                                                                                                                      en la tierra como en el cielo.                                                                                                       Dános hoy el pan cotidiano.                                                                                                         Perdónanos nuestras deudas                                                                                                        como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores                                                          Y no nos dejes caer en tentación                                                                                                    sino líbranos del maligno" (Mateo 6:9-13).

En el verso 10 del pasaje mencionado, Jesucristo utiliza un estilo literario conocido como "paralelismo". Eso quiere decir que la segunda afirmación confirma y explica la primera. El libro de Proverbios tiene muchos pasajes en este estilo. La primera afirmación cuanto al reino en el Padre Nuestro es esta: "Venga tu reino". En este caso la segunda afirmación es: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo". La segunda parte del verso afirma y explica la primera, o sea, el reino es un grupo de personas que vive bajo el dominio de Dios aquí en la tierra y continuará fiel al Señor también en el cielo.

El reino es por naturaleza una acción continua entre Dios y el hombre que incluye el encuentro inicial con Dios. Después de penetrar en el corazón, el reino lucha en contra del dominio, que allí se encontraba por mucho tiempo, y finalmente al rendirse el hombre, el reino pasa a ser para él una vida nueva. ¡Qué gran bendición!

"No es cuestión de palabras"
El apóstol Pablo le dio al clavo al decir: "Porque el reino de Dios no es cuestión de palabras sino de poder" (1 Corintios 4:20). Basta ya de palabras; ¡que confiemos en el poder de Dios!

Cuando Cristo vino al mundo había mucho poder del mal. ¿Qué era necesario para contener tanta maldad? La respuesta es: poder; poder para romper el dominio de Satanás sobre la mente y el corazón humano; poder para liberar al hombre de la esclavitud y poder para socorrer al pecador. Era eso lo que necesitaba el mundo.

Podemos preguntar: ¿Haría esto la iglesia? ¿Es este el poder de la iglesia? ¿Es esta la misión de la iglesia? La respuesta es: No. La iglesia no quebrantará los corazones, pero la predicación del reino de Dios sí lo hará. El propósito de la iglesia no es el de quebrantar corazones porque esa no es su meta. Sin embargo, la razón de ser del reino es el dominio de Dios.

Este es el poder que necesitamos para vivir la vida cristiana; poder para destruir al hombre carnal que vive en mi; poder para acabar con el dominio de Satanás en nuestro corazón; poder para librarnos de los celos, de las envidias y del orgullo. También es poder para capacitarnos a perdonar, a amar y a vivir en armonía con nuestros hermanos. ¡Necesitamos de poder para liberarnos! Eso es lo que necesitamos y que el reino de Dios puede suplir. El reino de Dios le dice no a Satanás en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Rey. 

¡Viva la diferencia!
Ahora sí podemos ver la gran diferencia entre la predicación de la iglesia y la predicación del reino. La formación de la iglesia es el resultado de la predicación del reino. Iglesias se forman cuando la gente acepta el mensaje del reino.

La predicación del reino lleva la gente a un cambio radical y como resultado de la predicación del reino se establece la iglesia. La iglesia no puede estar donde existen corazones no quebrantados, donde el viejo hombre, la vieja personalidad, no ha sido repudiada.  No puede existir donde la gente no se somete a la voluntad de Dios. La iglesia no está presente hasta que no se le quite al hombre el poder del mal, hasta que esté listo para aceptar a Dios como su único guía.

Pero cuando el poder de Dios haya destruído el poderío de Satanás, cuando ha destruído el viejo hombre, cuando ha librado las personas del pecado, entonces se ha establecido la iglesia del Dios viviente.
 
¿Cuál es nuestro mensaje?
¿Qué mensaje predicamos a los perdidos? ¿Les predicamos una descripción de la iglesia, una identificación exterior de la misma? Si los que nos escuchan están de acuerdo con la estructura bíblica, si participan de ella, ¿será que se han sometido a la voluntad de Dios? Claro que no.

Lo que la gente necesita es un mensaje de poder. Lo necesitan para deshacerse de las presiones demoníacas, de las supersticiones, de los temores, de la esclavitud del pecado, necesitan de poder para liberarles del mal. ¿No es este el mensaje universal que todos necesitamos?

Afligidos de culpabilidad
El reino exibe a la persona a sus propios pecados. Jesús sabía cómo se encontraba el mundo durante su vida terrenal. El Maestro conocía la naturaleza del pueblo de aquella época. Todos se sentían culpables de haber rechazado el dominio de Dios. Por lo tanto predicaba así: "Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca" (Mateo 4:17).

El arrepentimiento es cabal en la conversión. Debe haber un cambio radical, total, profundo y decisivo en la vida. La doctrina de Dios, o de la Biblia, no puede afectar a una persona que se deja guiar por su vieja naturaleza. Es eso lo que significa arrepentirse: cambiar la vida del reino de pecado, que ha causado culpabilidad moral y que ha rechazado a Dios, al reino de luz de Jesucristo. La ley del pecado genera los celos, las envidias, la codicia, la idolatría y otros pecados.

Al arrepentirse la persona, no lo hace hacia la iglesia sino hacia el dominio absoluto de Dios. Si su arrepentimiento no es hacia el reino, ¿podrá tal persona participar como un miembro del cuerpo, de la iglesia?

El arrepentimiento debe llegar a lo más profundo de nuestro ser; es la confesión de bancarrota emocional, física y espiritual, total, haciendo a un lado todo el orgullo. Debemos hacernos "pobres de espíritu" (Mateo 5:3). Esta es la locura y a la vez la piedra de tropiezo de la cruz (1 Corintios 1:18-25). No tenemos el valor de afirmar: "Tuyo es el reino, el poder y la gloria para siempre".

Jesucristo dijo que el reino de Dios es como un comerciante que buscaba perlas y al encontrar la perla perfecta se enteró que costaba todo lo que tenía. No tuvo dudas: para comprarla vendió todo lo que poseía (Mateo 13:45-46).
¿Entienden, ahora el significado del reino?

También el reino es como un tesoro escondido en un campo. El costo del campo era igual a las posesiones del que lo compró. Luego fue, vendió todo lo que tenía y "lleno de alegría" compró el campo (Mateo 13:44).

¿Lo entendemos?
¿Será que podemos comprender el poder de estas enseñanzas? ¿No está la iglesia cargada de personas no rendidas y no comprometidas? ¿No hay también gente que no entiende por qué siente la culpabilidad verdadera? ¿No hay personas que todavía no se han arrepentido ante el dominio absoluto de Dios? Por eso tenemos personas que se hacen miembros de la iglesia de la misma manera que se hacen parte de un club social. Algunos son persuadidos a ser miembros de "la iglesia correcta" en vez de rendirse a la voluntad de Dios. Les convierten a la iglesia en vez de convertirles a Dios y a Jesucristo.

Creo que el problema lo encontramos en el orgullo y en el egoísmo o en la ambición desmedida del ser humano. Hay en nuestras iglesias muchas personas que conocen la Biblia pero no se rinden a sus enseñanzas. Hay muchos más que no saben lo que les pasa, no conocen el error en que se encuentran.

¡Que prediquemos y nos rindamos al reino de Dios! ¡Que sigamos el ejemplo de Jesucristo en su vida y ministerio!

La predicación del reino
Al predicar el reino de Dios iremos más allá de la superficie de los problemas; iremos al grano. El apóstol Juan lo reconoció perfectamente cuando hizo esta afirmación: "¡Aquí tienen al Cordero del Dios, que quita el pecado del mundo!"
(Juan 1:29).


El evangelio del reino nos libera de un gran número de pecados, llegando a la raíz de nuestro ego y de nuestro orgullo. Pablo da el testimonio de la nueva vida en Cristo al decir: "He sido crucificado con Cristo" (Gálatas 2:20). Cuando nos rendimos a Cristo, Dios se apodera de nuestra vida y como resultado tenemos los frutos de justicia. ¡Qué gozo! ¡Qué bendición!

La gran comisión del reino
El reino de Dios es la parte más importante de la gran comisión. Jesucristo afirmó: "Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:19-20).

La expresión: "bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo es la clave". ¿Qué quiere decir? Quiere decir que nos bautizamos bajo la autoridad y control de Dios. Aquí vemos la belleza del bautismo; la sangre, la autoridad y poder de Dios. Tanto nos separa del pasado como nos pone bajo el poder y dominio de Dios.

La gran bendición de la gran comisión es que su mensaje rescata al ser humano de su naturaleza pecadora, de su autoridad auto impuesta, le libera de sistemas y filosofías humanas. Es un mensaje que transfiere a la persona al "reino de su amado Hijo", en quien tenemos redención, el perdón de pecados (Colosenses 1:13).

¿Cuál es el resultado de ese cambio en la vida de la persona? Al bautizarse, al hacer parte del reino de Dios es algo de suma importancia que le pasa. Así lo explica Pablo: "... si alguno está en Cristo, es nueva creación! Lo viejo ha pasado, ha llegado ya el nuevo" (2 Corintios 5:17). ¿Por qué es nueva creación? Porque del momento de su bautismo en adelante el converso pasa a seguir la voluntad de Dios.

Los cristianos hemos rechazado el control de nuestra vida y la hemos confiado a Dios. Ahora decimos con Samuel: "Habla, Señor, que tu siervo escucha" (1 Samuel 3:9).

¿Ha habido alguna época en que el mundo necesita tanto de Dios como ahora? La respuesta es obvia: No. Aquellos que de veras son guiados por Dios serán verdaderas "lámparas" al mundo actual (Mateo 5:14) ¿Por qué serán lámparas? Por el simple hecho de que las "lámparas" no reflejan las actitudes, los prejuicios, las diferencias propias de las personas del mundo, si no tienen luz propia.

El evangelio del reino fue lo que predicó Jesucristo para preparar a las personas para el desarrollo y crecimiento de su iglesia, cuya historia la encontramos en el libro de Hechos. Este es el mensaje que establecerá el nuevo gobierno de la iglesia, la nueva creación de Dios.

Nuestra lealtad hacia el reino
En la vida del cristiano el reino debe ocupar un lugar destacado. Nuestra ciudadanía está en el cielo (Filipenses 3:20). Aunque los cristianos seamos patriotas y queremos a nuestro país, es bueno saber que primero somos ciudadanos del reino de Dios y luego somos mexicanos, brasileños, salvadoreños, cubanos o estadounidenses. Nuestra patria eterna no es de este planeta.

Un reino como el de Dios va más allá de las barreras nacionalistas. Su reino es más importante porque destruye las divisiones que antes existían en las razas, pueblos, idiomas, tribus, etc. Ese es el mensaje del reino que Jesucristo vino a la tierra a anunciar.

Que nos unamos, tanto en la iglesia como en el mundo, y luchemos para que la ley de Dios sea difundida en todas partes del mundo.

Hay los que protestan, los que se oponen a los cambios, sean cual sean. Dicen que son meros seres humanos y que no se interesan en ser "nuevas criaturas" como dice a Palabra de Dios. Si lo permitimos Dios nos cambiará; la decisión es nuestra.

¿Será que preferimos que nos gobiernen los movimientos filosóficos mundanos? ¿O preferimos que nos gobierne el Dios Todopoderoso? La respuesta debe ser obvia.

La hermosura del reino
El reino de Dios es como un refugio al mundo atroz en que vivimos. En la comunidad de los cristianos, no importa cuál haya sido su pasado - al entrar en el reino de Dios todo cambia, todo mejora.

    "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se     pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino         para salvarlo por medio de él" (Juan 3:16,17).

El Hijo de Dios no vino para condenar, sino para salvar. También esto es parte del mensaje del reino de Dios.

Conclusión
¿Podemos anunciar este mensaje al mundo? Ya podemos decir a las culturas saturadas de superstición, llenas de temor, con miedo de la luna, del sol, de las estrellas, de las tormentas y decirles que Dios se ha manifestado, que el Creador ha actuado con amor hacia nosotros, que el Todopoderoso nos ha redimido y se ha reconciliado con nosotros a través del sacrificio de Cristo, su Hijo, a quien él envió al mundo, no para condenarnos, sino para salvarnos y decirnos que todo está bien con los que se han rendido a él.

¡Gracias a Dios! Estas sí son buenas nuevas. Este sí es el evangelio. ¡Qué lastima si no lo hemos disfrutado! ¿Cómo puede esto pasar en nuestra época? Hay que luchar de la misma manera que luchó la iglesia primitiva. Así como ellos, jamás desistiremos. Igual que los primeros cristianos que trabajaban y oraban, de la misma forma en que se rendían a la voluntad de Dios, debemos también nosotros dedicarnos de lleno a Dios y no tardaremos en tener el reino en nuestros corazones.

 (Para regresar al sitio "Sermones y seminarios" favor hacer click aquí: www.louseckler.blogspot.com