Poder de la humildad

Filipenses 2 

Los que caminan con Dios siempre alcanzan su meta; y la manera de lograrlo es a través de la humildad.

Cuando escuché por primera vez en México la palabra humilde me llamó la atención porque ser humilde en aquel país no es tener el mismo pensar que Jesucristo, sino estar desprovisto de sus bienes materiales, o sea, una persona pobre, necesitada. En ese contexto no es necesario creer o someterse a Cristo.

En la Biblia, una persona humilde no es necesariamente pobre, pues, la Palabra de Dios habla de la humildad como una actitud, una manera de pensar. Una persona humilde es la que depende de Dios y se apoya en él siempre que necesita de algo.

Una de las cosas más notables en toda la Biblia es leer sobre la actitud de nuestro Señor Jesucristo. Pablo escribe estas palabras:

    La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no                 consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente,     tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos (Filipenses 2:5-7).

Sin embargo, la actitud humilde de Jesucristo no tuvo ningún motivo egoísta, o sea, no lo hizo para beneficio propio, sino lo hizo por amor a los seres humanos. Tampoco fue Dios quien lo humilló, sino que fue una actitud voluntaria y de su propia iniciativa. Nadie lo forzó a humillarse o rebajarse.

Aunque sus apóstoles se indignaran y resistieran la actitud humilde de Jesucristo, el Señor no cambió de pensar y reprendió a Pedro seriamente como si al apóstol le estuviera usando a Satanás para tentar a Cristo y cambiar el enfoque de su misión según el Señor la veía. Según el concepto de Pedro, Jesucristo se preparaba para dar un golpe de estado y expulsar a los romanos de la Tierra Santa. Pero el concepto de Jesucristo era diferente, su vida ya no le pertenecía.

¿Tenemos nosotros la actitud correcta?
Pedro aprendió con Jesucristo que para adquirir la humildad tenía que hacer a un lado su orgullo personal, su arrogancia y su egoísmo.

Si queremos seguir las pisadas del Maestro en cuanto a la humildad tendremos que entregarnos a Dios de la misma manera que él lo hizo. Tendremos que rendirnos igual que Cristo se rindió. Pero Jesucristo sabía que sólo en la humildad hay la verdadera grandeza. No quiere decir que la grandeza la recibimos como un intercambio por nuestra humildad. No; la grandeza la disfrutamos porque, al someter nuestra vida a Dios al mismo tiempo estaremos reflejando su grandiosidad.
 
No debemos resistir a las crisis
Quizás tengamos que enfrentar situaciones difíciles como confesar un pecado o intervenir con un hermano que esté en pecado. No entendemos por qué Dios nos ha elegido para desarrollar tan grande misión. Es en esta situación que debemos permitir que el Señor nos enseñe una gran lección sobre la humildad. El pasaje dice:

"Humillense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo" (1 Pedro 5:6). Este es un mandamiento con promesa, o sea, al humillarnos Dios tendrá reservado para nosotros una bendición que la recibiremos en su debido tiempo. La bendición sigue a la obediencia.

La humildad nos la enseña Dios
No se trata de algo que aprendemos con facilidad. Los libros de superación personal sobre este tema raramente dan resultado positivo. Sólo cuando nos ponemos a los pies de Jesucristo podremos empezar nuestro adiestramiento. De todo el fruto del Espíritu de Dios, descrito en Gálatas 5:22, humildad debe ser uno de los más difíciles de aprender. Aprender a ser humilde es hacer a un lado todo lo que hemos aprendido, considerarlo pérdida o estiércol, como lo hizo Pablo (Efesios 3:7), y luego rendirnos a Jesucristo.

Cuando el Señor pidió a Ananías que fuera a encontrarse con Pablo para bautizarle, le dijo algo que enseñaría humildad al futuro apóstol. Dijo el Señor: "Yo le mostraré (a Pablo) cuánto tendrá que por mi nombre". Al leer el libro de Hechos nos enteramos de los peligros y los riesgos a que se expuso Pablo por la misión que Dios le había encargado. Pablo ya no se sentía como una persona importante y arrogante como antes de su conversión, sino como un siervo humilde. En aquel día escribió estas palabras: "... más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos" (Filipenses 2:3). Que gran lección de humildad enseñó Dios a Pablo.

Mis lecciones en cuanto a la humildad han sido muchas pero no he aprendido con tanta rapidez como lo hizo Pedro. Fue el sentido de humildad que hizo de Pedro un gran hombre de Dios y un gran embajador del evangelio. Aunque la grandeza de los apóstoles ocurrió a través de los años después de su muerte. Para los apóstoles enfocarse en lo grandioso o poderoso o lo agradable ya no significaba nada. Ellos tenían su enfoque en Dios en vez de sus dones personales o su influencia en la iglesia.

La lección de Santiago
Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes (Santiago 4:6). Aquí Santiago cita a Proverbios 3:34. Este apóstol aprendió directamente de su Hermano Jesucristo lo que significaba ser humilde, pues había convivido con él por más tiempo. Qué difícil debe haber sido ser hermano de una persona tan perseguida, cuyas afirmaciones sobre su persona era motivo de burla de parte de las autoridades religiosas de la época. Es posible también que, con la partida de Jesucristo y la ausencia de José, el padre carnal, Santiago haya tenido que tomar el liderazgo de su hogar.

Humíllense delante del Señor, y él los exaltará (Santiago 4:10).
Sólo cuando el hombre admite su ignorancia puede pedir orientación de Dios. Sólo cuando el ser humano se da cuenta de lo pobre que es en la cosas importantes, llegará a orar por las ricas bendiciones de Dios. Cuando el hombre llega a la conclusión de que no puede realizar nada solo, se postrará delante de Dios y pedirá auxilio.

Un comentarista bíblico dice los siguiente en cuanto a la humildad: Hay en la vida un pecado fundamental que puede ser la base de otros pecados. Se trata del pecado de olvidarnos que somos la creación y que Dios es el Creador. Al llegar a esa conclusión, la persona se acercará a Dios, que es él único que puede suplir las necesidades humanas.

Al depender totalmente de Dios, la persona llegará a ser realmente independiente, al encarar la vida no a través de sus propias fuerzas sino por el poder de Dios. Mientras nos creemos independientes de Dios tarde o temprano llegaremos a la bancarrota o a la derrota espiritual.

Los primeros evangelistas
A los primeros cristianos Jesucristo les estaba preparando para que llevasen el mensaje del evangelio por todo el mundo. Ellos desconocían que su sufrimiento y sacrificio tendría un impacto grandioso a través de los tiempos. Su celo evangelístico todavía nos inspira, después de más de 2 mil años de sus vidas.

Si ellos se hubiesen quedado en Jerusalén el alcance del mensaje de Dios al mundo sería imposible lograrse. Aunque Dios no fuera el autor de sus sacrificios y sufrimientos, él los usó para su honra y gloria. Muchas veces Dios permite que pasemos por crisis para humillarnos, para cambiar nuestras mentalidades y hacer que pensemos como él piensa. Nuestras oraciones tampoco serán iguales que antes, pues, a ejemplo de Jesucristo, el tono de nuestras oraciones sería así: "...pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42). El sufrimiento, el dolor, las criticas, etc, son la manera de Dios de quitarnos el orgullo y la arrogancia.
Cuando nos presenta una crisis tenemos la oportunidad de elegir: o las circunstancias nos endurece el corazón o nos humilla. Si nos humillamos entonces estaremos aprendiendo la perspectiva de Dios y no tardaremos en probar la victoria espiritual. Si, por otro lado, endurecemos el corazón, estaremos desilusionados y amargados y espiritualmente viviremos superficiales. No permitimos que Dios nos ayude a crecer. Para adquirir la humildad que solo Dios concede es necesario profundizarnos en la lectura y meditación de la Palabra de Dios. También, al leer las Escrituras nos entregaremos a su voluntad. Sólo Dios conoce el camino que debemos seguir para lograr la verdadera humildad.

Principios a seguir:
    1. Humillense, pues, bajo la poderosa mano de Dios
La idea es que la poderosa mano de Dios guía a los fieles con la condición de que se humillen y acepten su guía. Como cristianos no debemos guardar resentimientos cuando pasamos por experiencias difíciles en la vida, como tampoco debemos rebelarnos en contra de Dios, pues sabemos que en todo momento nos guía "la poderosa mano de Dios".

Pablo afirmó: "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él todas las cosas?" (Romanos 8:32). Con esta afirmación de Pablo podemos estar seguros que Dios nos quiere mucho y que las experiencias de la vida son para moldearnos y no para que suframos sin motivo. Quizás mientras estemos pasando por crisis no podamos creer que es para nuestro propio beneficio, pero en retrospectiva sabremos que a través del sufrimiento Dios nos estuvo preparando, madurandonos.

    2. ...para que él os exalte a su debido tiempo
El orgullo tiene su origen en Satanás y la rebeldía es evidencia de la presencia del tentador. La caída del enemigo resultó de su orgullo, de haber rehusado adorar a Dios. El orgullo y la rebeldía son dos enemigos del crecimiento espiritual, son dos cosas opuestas a la humildad y al acercamiento a Dios. El orgulloso cree que no necesita a Dios como tampoco cree que debe compartir con él su vida.

Si nuestras vidas son marcadas por el don de la humildad, todos se enterarán que vivimos muy cerca de Jesucristo.
Esta es la recompensa de un espíritu humilde:
    ➢    Nos acercaremos más a Dios
    ➢    Tendremos un grado más profundo de sabiduría
    ➢    Disfrutaremos las bendiciones tanto materiales como espirituales
    ➢    Tendremos un sentido más profundo de que estamos cumpliendo la voluntad de Dios, lo que causa satisfacción y paz.

La humildad es muy importante para Dios
    1. Sin la humildad no hay salvación. El espíritu de humildad siempre sigue a la salvación.

    2. Todo el fruto del Espíritu, como el amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, etc. son                 profundamente afectados por la humildad.

    3. Jesucristo no puede ser el Señor de nuestra vida si no tenemos el espíritu de humildad.

    4. La falta de humildad denota ausencia de un acercamiento hacia Dios.

    5. Para que la oración sea sincera es necesario la humildad.

    6. La falta de humildad estorba la obra del Espíritu Santo.

     7. Nuestras amistades sufren cuando no somos humildes.

Las bendiciones de la humildad
    A. Es a través de la humildad que nos identificamos con Jesucristo. Durante toda su vida el Señor enseñó que el orgullo nunca debe ser parte de la vida de un creyente. Pablo aconsejó a los Romanos que no fueran orgullosos, sino que fueran solidarios a los humildes (Romanos 12:16). La bendición de ser cristianos es que en la iglesia nos relacionamos con gentes de todas las clases sociales. Por ser un lugar público el edificio de la iglesia atrae personas de antecedentes, clases sociales y nivel económicos diferentes y eso es un desafío a todos los cristianos en cuanto al prejuicio, a la falta de humildad.

    B. Otra bendición de la humildad
Un día, cuando menos esperamos, seremos exaltados por Dios.
No debe haber ninguna otra bendición que se compare a ser exaltado por Dios. Sabemos cómo es agradable cuando alguien nos halaga y dice cosas positivas sobre nosotros. También sabemos como nos sentimos felices cuando alguien reconoce algo que hacemos. Hace unos días, mientras predicaba en Culiacán, México, me regalaron a mi y a Burl Jones, un hermano que viajaba conmigo, una bellísima placa de cristal con agradecimientos y reconocimientos por lo que hemos hecho. Sin dudas, esta fue una ocasión importante.

El verso 6 dice que él (Dios) nos exaltará en su debido tiempo. Si es tan bueno recibir reconocimiento de nuestros hermanos y amigos, !imaginen qué glorioso será recibir una exaltación de nuestro buen Dios! No se sabe cuándo o dónde se llevará a cabo la exaltación, pero no debe haber dudas que es promesa de Dios y que así será. No hay nada comparable a la exaltación de Dios a uno de sus siervos. Humillémonos, pues.

Conclusión
Cierto predicador, que tenía mucho orgullo de sus conocimientos, de su personalidad, le invitaron para predicar en una iglesia muy grande, la cual pretendía invitarle para que fuera su predicador.

El joven evangelista subió al púlpito con mucha auto confianza. Estaba seguro de su elocuencia, de la preparación de su sermón, pero al predicar pudo sentir que su sermón no surtió el efecto que esperaba. Así, el joven predicador bajó del púlpito muy humillado; podía sentir el fracaso de su sermón. No tuvo el éxito que esperaba y eso le dio mucha tristeza.

El hombre que vigilaba el templo era un viejo cristiano muy consagrado. Había observado al joven mientras éste subió al púlpito, le escuchó cuando predicó y también su actitud al bajar. Se acercó al joven predicador y le dijo: "Si hubieras subido como bajaste, bajarías como subiste". ¡Qué gran lección en humildad!

(Para regresar al sitio "Sermones y seminarios", favor hacer click aquí: www.louseckler.blogspot.com