¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?

 

Mediten en este pasaje de Proverbios:

    Fíate de Jehová de todo tu corazón,
    Y no te apoyes en tu propia prudencia.
    Reconócelo en todos tus caminos,
    Y él enderezará tus veredas. Proverbios 3:5-6


El propósito de la vida siempre ha sido un desafío a todos. No importa lo que hacemos, somos tentados a preguntarnos: “¿Y qué? ¿Que es lo que eso quiere de verdad decir? ¿Es eso lo que debo hacer con mi vida?”

Pablo advierte a los efesios a “que anden como es digno de la vocación con que fueron llamados” (4:1) ¿Has sido llamado? Un amigo entendió lo que significaba ser divinamente llamado. Él se dice un “plomero ordenado”. Este auto concepto revela fallas en el pensar de algunos cristianos, que concluye que Dios llama tan solo a los predicadores, maestros y médicos, dejando a los demás a que elijan lo que les agrade.
    Todos tenemos que tomar decisiones importantes. Por ejemplo: la educación formal, la vocación, el matrimonio y (la más importante), la salvación. Hay una paz enorme en poder decir: “Estoy seguro que esta es la voluntad de Dios”. Sin embargo, todos hemos pasado por épocas de indecisión, sin saber qué hacer, frustrados y desorientados. Lo peor es cuando seguimos adelante, a solas, sin pensar en consultar a Dios. Acabamos por tomar decisiones que solo incluyen a Dios después que las tomamos. La manera de demostrar la presencia de Dios en nuestra vida es buscarle a él en primer lugar. Cuando le confiamos, él “enderezará nuestras veredas”.
    Cuando batallamos con una indecisión, necesitamos reconocer que Dios nos conoce mejor aun que nosotros mismos; él está al tanto de todo, aun lo que no entendemos. Y es él quien nos controla y también a nuestras “circunstancias”. Él quiere ayudarnos y nos proveerá de todo lo que necesitamos en esta vida y en la eternidad.
    Lamentablemente casi siempre pensamos que somos competentes como para tomar nuestras decisiones sin la ayuda de Dios. Como uno que aconseja a parejas jóvenes antes de casarse, he visto a muchachos que se casan con mucha rapidez. Un joven llamó mi oficina un lunes preguntando si yo podría hacer su boda el viernes. Le dije que necesitaba haber llamado por lo menos dos semanas de antecedencia. Al que él contestó: “No me hubiera sido posible ya que la conocí hace dos semanas”.             Algunos se casan precipitadamente y se arrepienten sin prisa. Esos parecen haber pasado más tiempo buscando un carro que una novia, quien será su compañera para siempre.
Hay dos aspectos de la voluntad de Dios, a saber:
    La que se aplica al creyente: cosas por las cuales ni es necesario orar, ya que  conocemos cual es la voluntad de Dios si debemos o no compartir la fe; si debemos o no perdonar; si debemos o no tener convívio con otros cristianos; si debemos o no decir la verdad, etc.
Luego hay decisiones que Dios no nos ha dado guía especifico. Por ejemplo: ¿A qué escuela debo ir, cómo debo invertir mi dinero o dónde debemos ir de vacaciones? Dios puede guiarnos aun en esas decisiones.
 

Por lo tanto, ¿cómo decidimos cuál es la voluntad de Dios?
Hay tres fuentes de luz: de dentro, de afuera y de arriba.
La luz de dentro es nuestra razón, el sentido común y la experiencia de la vida.
La luz de fuera es el auxilio y consejo que recibimos de los demás. La persona que rehúsa consejos, rehúsa ayuda. La luz de fuera incluye lo que leemos y las personas que nos aconsejan. Esa guía puede venir de los padres, de maestros,  de predicadores, de amigos o aun de los patrones. Por ejemplo, si sientes ganas de ser maestro, y todos te dicen que eres mediocre como maestro, esa puede ser la manera de Dios de decirte que debes considerar otras opciones. O si lo enfocamos de manera diferente: Si crees que no serías un buen maestro y todos dicen que sí, esa debe ser manera de Dios de decirte que lo debes reconsiderar.
    Es importante que nos comuniquemos con otros creyentes para ver si están de acuerdo. No debemos encerrarnos, sino dar cuentas a los demás, hablar a personas que nos pueden orientar mientras batallamos con indecisiones.
    La luz de arriba proviene de Dios. Al orar hablamos con Dios; al leer la Biblia, Dios habla a nosotros. Nuestra busca de la guía de Dios puede incluir el ayuno. Entonces el Espíritu Santo nos dará sabiduría, visión, conocimiento, discernimiento, mientras aplica los principios de las Escrituras en nuestro día a día. También nos concede paz interior mientras decidimos. Dios es quien controla y puede cambiarnos a nosotros o nuestras circunstancias. Cristo dijo: “...he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar (Apocalipsis 3:8)
    Dios siempre nos concede suficiente luz para dar el próximo paso; pero él no nos da todo el plan. ¡No sería maravilloso si al hacernos cristianos, recibiéramos un libro con toda nuestra vida escrita en él! Pero si así fuera no hacía falta tener fe. La voluntad de Dios es más como un rollo de pergamino que nos permite ver un día a la vez. Encontrar su voluntad es una experiencia que dura toda la vida.
Y cuando no sabes cómo jugar un juego de mesa como Loto, u otro juego, ¿cómo lo aprendes? ¿Intentas aprenderlo solo, o pides que alguien te lo explique, o prefieres leer el libro de reglas? De la misma manera, es importante que confiemos en el autor del libro de la vida.
    Es importante estar atento a lo que hace Dios y ser sensible a sus mensajes sutiles, sus codazos suaves y otras maneras de llamar nuestra atención.
    Había varias personas esperando su turno para una entrevista acerca de un empleo de telegrafista. Los candidatos se sentaron y empezaron a platicar sin darse cuenta de los sonidos que salían de una bocina en volumen bajo. De repente uno de ellos se levantó y fue hacia la oficina de recursos humanos. En pocos minutos regresó y anunció: “Pueden regresar a sus casas; ¡conseguí el empleo!” Mientras empezaron a quejarse, él les explicó diciendo: “Ninguno de ustedes se fijó en el código Morse cuyos sonidos se oía en la sala de espera. El mensaje decía: “La persona a ser empleada debe estar siempre alerta. Él primero a interpretar este mensaje diríjase a mi oficina y será contratado”. La lección es clara: debemos estar siempre sintonizados en el canal de Dios y obedecer su guía.
    Mientras estemos buscando la voluntad de Dios hay que tener en mente que Dios nos cuida en todos los sentidos. Fe indica que confiemos en Dios pese las inquietudes no respondidas, pese un futuro incierto, y enterados que Dios conoce nuestras necesidades mejor que nosotros. Él también conoce cuanta luz necesitaremos para el camino a seguir. Hay que tener paciencia y esperar su voluntad.
Mientras buscamos la voluntad de Dios, sería sabio hacernos estas preguntas:
    •    ¿He pedido la ayuda de Dios?
    •    ¿He confiado en Dios en todas los aspectos de mi vida?
    •    ¿He sido obediente a la voluntad de Dios revelada?
    •    ¿He estado confiado tan solo en mis sentimientos?
    •    ¿He estudiado la Palabra de Dios para que mi mente se transforme?
    •    ¿Hay principios bíblicos que se aplican específicamente a mi situación?
    •    ¿Qué curso de acción me ayudará espiritualmente a mí y a los demás?
    •    ¿He buscado a consejeros confiables y he ponderado sus consejos?
    •    ¿Será que esperar por la voluntad de Dios sería provechoso o perjudicial?
    •    ¿He disfrutado de la paz que mi decisión es correcta?
    •    ¿He decidido obedecer, agradecer y glorificar a Dios?
Quizás no tengamos idea de dónde Dios quiere que estemos dentro de diez años, y desde su punto de vista, no necesitamos saber. Puedes estar seguro que Dios no quiere que nos sintamos perpetuamente frustrados o vencidos. Cuando Dios no contesta, no quiere decir que debemos buscar otras opciones; lo que sí quiere decir es que debemos siempre depender de tres fuentes de luz: Luz de dentro, la de fuera y la de arriba. Siempre confiados que Dios proveerá luz suficiente para el próximo paso.
Oración: Padre soberano, guíanos mientras nos apoyamos en ti. Ayúdenos ver que el conocimiento más grandioso es conocer tu voluntad y el más gran éxito es obedecerla. Qué la luz que tu provees nos guíe en las decisiones, transiciones, planes, metas y esperanzas. Qué te busquemos en todas las etapas de nuestra jornada, y que nuestro peregrinaje lleve gloria a ti. Todo te lo pedimos en el nombre de nuestro salvador. Amén.
 
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