Noveno mandamiento

“porque nada podemos contra la verdad, sino a favor de la verdad”
(2 Corintios 13:8)

La más grande enemiga del cristianismo es la mentira. Una persona mentirosa, que justifica todo a través de la mentira, es un gran problema dondequiera que vaya, en cualquier iglesia que frecuente. El mentiroso tampoco tiene éxito en el campo laboral por no ser una persona confiable. El mentiroso tampoco tiene éxito en las relaciones interpersonales por ser imposible para él ser honesto. El ejemplo de Judas Iscariote es la primera persona que viene a la mente al pensar en un mentiroso.

Al salir de Egipto los Israelitas traían con las costumbres Egipcias muy arraigadas en sus vidas y les hacía falta un cambio radical. El noveno mandamiento era necesario para el pueblo de Dios y poder vivir una vida respetable, para tener un buen testimonio ante los de fuera. Una vez que Jehová eligió a los Israelitas como su pueblo, quiso darles su sistema de ética, para poder funcionar como un pueblo digno de su Dios. Lo que quiso hacer Jehová fue que su pueblo se pareciera a Él. Y para ser parecido a Dios la verdad debe estar siempre presente entre su gente.

Así leemos el noveno mandamiento en Éxodo 20:16: “No dirás contra tu prójimo falso testimonio”. Lo mismo lo repite en Deuteronomio 5:20: “No dirás falso testimonio contra tu prójimo”. Aunque en Castellano, en ambos pasajes leemos “falso testimonio” el original en Hebreo es diferente. En la versión de Éxodo el significado es “mentira” o “ausencia de verdad”. En Deuteronomio es “falta de sinceridad, vacío, frívolo”. Aunque no sea totalmente diferente, su significado en Éxodo tiene que ver con la naturaleza de la evidencia y en Deuteronomio tiene a ver más con el sentido en que lo presenta la Ley.

Fundamentalmente esta Ley tenía que ver con un testigo en un juicio. Es importante mencionar que los judíos tenían verdadero pavor a los testigos falsos y con frecuencia les condenaban.

Para el salmista lo más amargo de su vida era que un testigo falso se levantara en contra de él (Salmos 27:12; 35:11). Leemos muchas veces que el sabio, escritor de Proverbios condena este pecado. Por ejemplo: “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete le son abominables... el testigo falso, que dice mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos (Proverbios 6:16, 19)

Hay muchos pasajes en el Antiguo Testamento que tratan este tema, del testigo mentiroso y siempre advierten en cuanto a la seriedad de su condenación.

El testigo falso
En el Nuevo Testamento el testigo falso es uno de los temas que se repite muchas veces. Todo proviene del corazón: “porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19). En la muerte de Esteban también los encontramos: “Pusieron testigos falsos que decían: —Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la Ley” (Hechos 6:13). Los traidores, en el juicio de Jesucristo fueron testigos falsos que incriminaron a una persona completamente inocente. Así dice el evangelio: “Los principales sacerdotes, los ancianos y todo el Concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús para entregarlo a la muerte, pero no lo hallaron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Pero al fin vinieron dos testigos falsos” (Mateo 26:59-60).

Algo curioso sobre la ley judaica es que la persona que no quiere presentar evidencia en un juicio, cuando la tiene, recibe condenación tan severa como el que presenta evidencia falsa. Es un mandamiento importante que dice que tanto es culpable el que se rehúsa dar evidencias como el que presenta evidencia falsa. El mandamiento dice así: “Si alguien es llamado a testificar por ser testigo de algo que vio o supo, y no lo denuncia, comete pecado y cargará con la culpa” (Levítico 5:1). Tanto peca el que no dice toda la verdad como el que dice mentiras.

La ley de los judíos siempre se esmeraba en presentar un testimonio verdadero y lo buscaban en todas partes. Tres veces dice que la evidencia de un solo hombre no era lo suficiente y que nadie sería condenado con el testigo de una sola persona cuya evidencia no era corroborada. En dos de los casos tienen que ver con la pena capital y dicen así: “Cualquiera que dé muerte a alguien, según la declaración de los testigos morirá el homicida; pero un sólo testigo no bastará para condenar a una persona a muerte”. (Números 35:30). Y en otro verso dice así: “Por testimonio de dos o de tres testigos morirá el que haya de morir; no morirá por el testimonio de un sólo testigo” (Deuteronomio 17:6). En el tercer caso este principio sirve para cualquier delito y  dice así: “No se tomará en cuenta a un sólo testigo contra alguien en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquier ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación” (Deuteronomio 19:15).

También en el Nuevo Testamento encontramos la necesidad de dos testigos (Mateo 18:16; 2 Corintios 13:1; 1 Timoteo 5:19; Hebreos 10:28).

Hay otra ley que podía hacer que el testigo titubeara. En un caso donde estaba pendiente la pena de muerte, cuyo castigo era muerte por apedreamiento, al ser condenado, al testigo principal le tocaba empujar la victima a un precipicio y arrojarle una gran piedra. En la muerte de Esteban leemos esta descripción: “Lo echaron fuera de la ciudad y lo apedrearon. Los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba y decía: «Señor Jesús, recibe mi espíritu»” (Hechos 7:58-59). La ley judaica era organizada a fin de que al testigo le forzaban a que dijera la verdad. Los judíos odiaban a los testigos falsos, la ley les condenaba y los reglamentos hacían de todo para que un testigo dijera solamente la verdad.

Lo de los testigos falsos debemos verlo desde un entorno de falsedad en general. El testimonio falso es un tipo de mentira y lo debemos tratar según la Biblia trata el tema de la mentira y la falsedad. Las muchas condenaciones en cuanto a las mentiras y los mentirosos en el Antiguo Testamento demuestra la presencia de aquel pecado y el horror que tenía el pueblo de Dios hacía ello. Hay muchas condenaciones para los mentirosos, a saber:

•    Los profetas condenaron las mentiras
o    Oseas, perplejo con la conducta de su generación, declaró: “Habéis arado impiedad y segasteis iniquidad; comeréis fruto de mentira. Porque confiaste en tu camino y en la multitud de tus valientes” (Oseas 10:13)
o    Isaías tiene mucho que decir en cuanto al problema de la mentira: “Porque vuestras manos están sucias de sangre y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira y habla maldad vuestra lengua. No hay quien clame por la justicia ni quien juzgue por la verdad. Confían en la vanidad y hablan vanidades; conciben maldades y dan a luz iniquidad; (Isaías 59:3-4)
o    Lo mismo ocurrió en los tiempos de Jeremías: “Hicieron que su lengua lanzara mentira como un arco, y no se fortalecieron para la verdad en la tierra, porque de mal en mal procedieron. «Me han desconocido», dice Jehová” (Jeremías 9:3)

•    La mentira se había transformado en algo aceptable

o    El Salmista tiene esto que decir sobre el tema: “Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron. Solamente conspiran para arrojarlo de su grandeza. Aman la mentira; con su boca bendicen, pero maldicen en su corazón” (Salmos 58:3; 62:4)
o    La pasión por la mentira: “Solamente conspiran para arrojarlo de su grandeza. Aman la mentira; con su boca bendicen, pero maldicen en su corazón” (Salmos 62:4)
o    Ese mal era parte integrante de la sociedad: “Vosotros habéis dicho: «Hemos hecho un pacto con la muerte; un convenio hicimos con el seol. Cuando pase el torrente del azote, no llegará a nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira y en la falsedad nos esconderemos” (Isaías 28:15)
•    El resultado de las mentiras es la desilusión
o    “Por tanto, así ha dicho Jehová, el Señor: “Porque habéis hablado vanidad y habéis visto mentira, por eso, yo estoy contra vosotros, dice Jehová, el Señor” (Ezequiel 13:8)
o    “Así ha dicho Jehová: “Por tres pecados de Judá, y por el cuarto, no revocaré su castigo: porque menospreciaron la ley de Jehová, no guardaron sus ordenanzas y los hicieron errar sus mentiras, en pos de las cuales anduvieron sus padres” (Amós 2:4)

•    La condenación al predicador mentiroso
o    Palabra de Jehová: “¿Y habéis de profanarme en medio de mi pueblo por unos puñados de cebada y unos pedazos de pan, matando a las personas que no deben morir y dando vida a las personas que no deben vivir, mintiendo a mi pueblo que escucha la mentira?” (Ezequiel 13:19)
o    La cola del mundo: “El anciano y venerable de rostro es la cabeza; el profeta que enseña mentira es la cola” (Isaías 9:15)
o    Jehová manifiesta su enojo al profeta diciendo: “Falsamente profetizan los profetas en mi nombre. Yo no los envié ni los mandé ni les hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón os profetizan” (Jeremías 14:14)
o    La vergüenza de sus padres: “Y acontecerá que si alguno continúa profetizando, le dirán el padre y la madre que lo engendraron: “Tú no vivirás, porque has hablado mentira en el nombre de Jehová”. Y el padre y la madre que lo engendraron lo traspasarán cuando profetice” (Zacarías 13:3) 

•    La mentira profana a Dios
o    Tanto decir como escuchar mentiras profana a Dios: “Y tú, hijo de hombre, pon tu rostro contra las hijas de tu pueblo que profetizan de su propio corazón, y profetiza contra ellas. Di: “Así ha dicho Jehová, el Señor: ¡Ay de aquellas que cosen vendas mágicas para todas las manos y hacen velos mágicos para la cabeza de toda edad, para cazar las almas! ¿Habéis de cazar las almas de mi pueblo para mantener así vuestra propia vida? ¿Y habéis de profanarme en medio de mi pueblo por unos puñados de cebada y unos pedazos de pan, matando a las personas que no deben morir y dando vida a las personas que no deben vivir, mintiendo a mi pueblo que escucha la mentira?” (Ezequiel 13:17-19)
o    Según el salmista, la mentira deshonra al hombre y a Dios: “Contra mí forjaron mentira los soberbios, pero yo guardaré de todo corazón tus mandamientos” (Salmos 119:69)

•    Advertencia a los que practican la falsedad y dicen mentiras:
o    “Ajustaré el juicio a cordel, y a nivel la justicia. El granizo barrerá el refugio de la mentira y las aguas inundarán el escondrijo” (Isaías 28:17)
o    “Pero el rey se alegrará en Dios; será alabado cualquiera que jura por él, porque la boca de los que hablan mentira será cerrada” (Salmos 63:11)
o    “No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos” (Salmos 101:7)
o    En el Nuevo Testamento también se trata este tema:
•    “No entrará en ella ninguna cosa impura o que haga abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27)
•    “Pero los perros estarán afuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y todo aquel que ama y practica la mentira” (Apocalipsis 22:15).

El hombre honesto admite su pecado y pide a Dios que le ayude:
    “Vanidad y mentira aparta de mí,
    y no me des pobreza ni riquezas,
    sino susténtame con el pan necesario,” (Proverbios 30:8)

    “El resto de Israel no hará injusticia
    ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa,
    porque ellos serán apacentados y reposarán, y no habrá quien los atemorice. (Sofonías 3:13)

Al ver algunos pasajes nos enteramos de cómo era común el pecado del testigo falso y como tanto los profetas y los sabios estaban en contra de él.

La procedencia de las mentiras
Es importante que investiguemos cuál es el origen de las mentiras, o sea, por qué es que las personas dicen mentiras.

1.    Hay la mentira que proviene de la maldad:

•    En toda la instrucción de Éxodo hay una amonestación que dice: “No admitirás falso rumor. No te pondrás de acuerdo con el malvado para ser testigo falso” (Éxodo 23:1)
•    “El hombre perverso promueve contienda, y el chismoso separa a los mejores amigos” (Proverbios 16:28)
•    “Como ellos no quisieron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer cosas que no deben. Están atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y perversidades” (Romanos 1:28-29)
•    “pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado por vosotros cual no queréis. Temo que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes” (2 Corintios 12:20)

2.    Hay la mentira que proviene del temor:

•    La persona no dice la verdad para escapar a las consecuencias de algo que ha hecho. Niega haber dicho o hecho algo; en su defensa pone excusas que de hecho son mentiras. Estas son las mentiras que empiezan en la niñez y continúan durante toda la vida.
•    Dijo Moisés: “Pero si así no lo hacéis, entonces habréis pecado ante Jehová, y sabed que vuestro pecado os alcanzará” (Números 32:23). Dice el refrán en mi país que la mentira “tiene piernas cortas” que pronto será alcanzada. Decir la verdad y enfrentar las consecuencias es difícil, pero mejor es un disgusto inmediato que una tristeza prolongada.

3.    Hay la mentira del descuido:

Una persona puede ser siempre incorrecta en sus declaraciones. Ora dice una mentira, ora da un testimonio falso, quizás no tanto deliberadamente como descuidadamente. Un psicólogo dijo que debemos acostumbrar a nuestros hijos, cuando éstos nos explican lo que pasó en una ventana, al relatar dicen que pasó en otra ventana, hay que forzarles a que sean más exactos, porque no se sabe cuándo se apartan de la verdad. La precisión de detalles puede ser una disciplina, pero una disciplina difícil que pocos la aceptan.

4.    Hay la mentira de la jactancia o por lucirse
•    Pocos, por ejemplo, al relatar una experiencia personal pueden resistir la tentación de hacerlo de cierta forma que parezca que sean mejores de lo que serían si sus datos fuesen más correctos. Con frecuencia muchos de nosotros, al relatar lo ocurrido, decimos algo más parecido con lo que quisiéramos que ocurriría en vez de la realidad de los datos.

•    Los jóvenes tienen la tendencia de hacerles parecer peores de lo que son. Un filósofo dijo que los jóvenes tienen temor de ser mejores, más respetables y más inocentes que sus contemporáneos.

•    La verdad más difícil de decir es la verdad acerca de nosotros.

5.    Hay la mentira de los negocios:

•    Este es el tipo de mentira que dicen los vendedores persuasivos y agresivos, la mentira de la publicidad. Es la mentira que dicen para obtener algo en cambio.
•    Hay también la mentira de la propaganda, el tipo de clamor exagerado que hace la persona o el partido para ganar el voto o el apoyo. Se ha dicho que en la guerra la verdad es la primera victima. De un lado está el ejercito de honor y galantería, del otro lado está el que comete atrocidades.
•    El problema con este tipo de mentiras es que es autodestructivo, pues a menos que seamos ingenuos ya no creeremos más en lo que dice el vendedor o la publicidad.
•    El cristiano puede tener éxito en los negocios pero no debe aceptar un éxito que suprima, tuerza o falsifique la verdad.

6.    Hay la mentira del silencio:

•    La manera más fácil de evitar problemas es quedarse callado. Al guardar silencio también podemos indicar que apoyamos a algo cuando en realidad sabemos que estamos equivocados.
•    Si se hubiesen callado, los mártires podrían habrían evitado su martirio. Lo único que necesitarían era sencillamente no decir nada, pero ese fue el tipo de silencio que ellos rechazaron.
•    Al callarnos también evitamos el ridículo. Para evitar exponerse a la risa o al escarnio, la persona miente. Pero este silencio es el refugio de los cobardes lo que no pasa de ser una mentira.

7.    Hay las “medias verdades”:
Siempre es fácil torcer la verdad para que nos convenga, como no hay peligro tan grande como las verdades dichas a medias. Una media verdad es casi siempre más peligrosa que una falsedad.

Pablo se refiere a aquellos de Roma, en el capitulo 6 de Romanos, que habían cambiado la doctrina de la gracia, justificando sus pecados, como si fueran a obtener aun más gracia.

La libertad en Cristo la pueden cambiar por una disculpa al pecado, así como el amor cristiano lo pueden cambiar por una debilidad, un sentimentalismo. De la misma manera, pueden cambiar la disciplina cristiana en legalismo.

8.    Hay las mentiras que decimos a nosotros mismos
No hay cosa más difícil que ser totalmente honesto con uno mismo. Conozco a un cristiano que pide a Dios que le ayude a verse a si mismo así como los demás lo ven. No es que no nos conocemos, es que queremos ser según lo idealizamos en nuestras mentes. Normalmente justificamos en nosotros lo que condenamos en los demás.
Con frecuencia esperamos o demandamos más de los otros que de nosotros. Muchas veces hacemos vista gorda de los defectos en nosotros pero que son obvios a otras personas. También fallamos en fijarnos cuánto herimos y desilusionamos a los demás.

Es difícil vernos tal cual somos, pero más difícil aun es estar al tanto de nuestras motivaciones tal como son.

9.    Hay las mentiras que decimos a Dios
Podemos mentir a Dios al intentar esconder nuestras acciones de él. Pero es tontería obvia intentar engañar a Dios, quien escudriña los corazones y conoce nuestros pensamientos, así como escucha nuestras palabras y ve nuestras acciones.

El antiguo presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, un cristiano evangélico, por estar su esposa enferma, va solo al culto de la iglesia el domingo. Al regresar le pregunta su esposa: “¿Cuál fue el tema de la predicación de hoy?” El presidente, con su pensamiento en la agenda para aquel día, contesta lacónicamente: “El pecado”. La señora, insatisfecha con la contestación tan corta, le pide más detalles. A lo que el presidente le dice: “Creo que habló en contra...” A veces las mentiras son verdades incompletas como esa. Qué Dios nos ayude a decir a tener el valor de decir la verdad cuando sería más comodo decir mentira o media verdad.

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