Los tres propósitos

Hechos 3:11-18 

Los tres propósitos de señales y maravillas

Un cierto predicador miraba a una nena de edad preescolar que esperaba por sus padres en la puerta de su clase de la escuela dominical. El predicador, queriendo bromear con ella, se acerca y e le pregunta: “¿Cariño, qué es lo que llevas en la mano?” Al que la nena le contesta: “Este es mi libro de historias acerca de “Jonás y la ballena”. “Dime algo”, dijo el predicador en tono de broma, “¿Crees tú en la historia de Jonás y la ballena?”

La nena le contesta: “Claro que creo”. El predicador sigue con sus preguntas: “¿De veras crees a un hombre le traga una ballena, pasa un tiempo dentro de ella y luego sale sin hacerse daño?” La nena le asegura: “Sí, la narrativa está en la Biblia y nosotros estudiamos eso esta mañana en la Escuela Dominical”.

El predicador sigue con sus preguntas algo capciosas: “¿Puedes probarme que esa historia es verdadera?” La nena pensó  por un momento y luego contestó: “Bien, cuando fuere al cielo preguntaré a Jonás”. Y el predicador, todavía en tono de broma le hace otra pregunta: “¿Y si Jonás no estará en el cielo?”

La nena puso las manos sobre la cintura y con una cara muy seria declaró: “Si es así, entonces lo pregunta usted”.

Alguien le preguntó a Jay Kesler, antiguo presidente de Juventud Para Cristo Internacional, “¿Crees que Dios podría crear un pez tan grande que pudiera tragar a un hombre?”. Como presidente de una universidad e inteligencia arriba del promedio, en un mundo en que hemos aprendido a dividir a un átomo e ir a la luna, enviar naves espaciales a Neptuno, ¿será que el Dr. Kesler de veras acredita que Dios pudo haber creado un pez tan grande como para tragar a un hombre?

La contestación del Dr. Kesler fue sencilla, denotando su confianza en un Dios grandioso. Él contestó así: “Te lo voy a decir, no tan solo creo que Dios puede crear a un pez tan grande, como pudo crear el sol, la luna y las estrellas, y si quisiese hasta podría crear un pez con aire acondicionado y alfombrado”.

Creo que todos nosotros diríamos amén a lo que dijo el Dr. Kesler, ¡pero imagino si decimos amén también en cuanto a los milagros que Dios hace en la época actual! 

En esta lección, en Hechos 3, leemos la narrativa de Jesucristo sanando a un pordiosero cojo. Estudiemos el resto del capítulo para ver qué dijo Pedro que era el propósito de las maravillas y señales milagrosas. Dijo Pedro:

I. “Eso no debe sorprendernos”
Hechos 3:11-18 leemos que mientras el pordiosero se mantuvo con Pedro y Juan toda la gente estaba atónita y corría hacia ellos, a un lugar llamado Pórtico de Salomón. Cuando Pedro vio eso les dijo:

“11Y estando él asido de Pedro y de Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió al pórtico llamado de Salomón, donde ellos estaban. 12Al ver esto Pedro, dijo al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto, o por qué nos miráis así, como si por nuestro propio poder o piedad le hubiéramos hecho andar? 13El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y repudiasteis en presencia de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. 14Mas vosotros repudiasteis al Santo y Justo, y pedisteis que se os concediera un asesino, 15y disteis muerte al Autor de la vida, al que Dios resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.16Y por la fe en su nombre, es el nombre de Jesús lo que ha fortalecido a este hombre a quien veis y conocéis; y la fe que viene por medio de El, le ha dado esta perfecta sanidad en presencia de todos vosotros. 17Y ahora, hermanos, yo sé que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros gobernantes. 18Pero Dios ha cumplido así lo que anunció de antemano por boca de todos los profetas: que su Cristo debería padecer.

A. La primera cosa que dijo Pedro después que sanó al hombre fue: “Eso no debe ser una sorpresa”. En la narrativa de Hechos 3 el pordiosero le pidió a Pedro que le diera una limosna, pero Pedro, en vez de darle dinero le dio a Cristo. El pordiosero había pedido algo para sostenerse en su posición actual, pero recibió algo para que cambiara para siempre su situación. El hombre sanó inmediatamente y fue al templo brincando y loando a Dios.

Probó sus piernas y glorificó a Dios por lo que le sucedió. Él sabía precisamente lo que le había pasado aunque los líderes religiosos, que estaban reunidos para orar, no lo creían. Si no creían en milagros, ¿por qué entonces oraban? Siempre que oramos pedimos a Dios por algo que va más allá de nuestro poder de lograrlo, o sea, un milagro.

Volviendo a la historia: El pueblo estaba también atónito por lo que pasó. Vieron que el cojo caminaba, brincaba y loaba a Dios, y no le reconocían como el mismo que todos los días en el templo sacaba limosnas. Al enterarse quien era, el pueblo se quedó maravillado y asombrado con el milagro.

Pedro se enteró que la gente creía que él y Juan habían sanado al hombre. El cojo sabía quien le había sanado y le daba gloria, pero el pueblo creía que lo hicieron Pedro y Juan. Por lo tanto Pedro les pregunta por qué estaban sorprendidos. Entonces Pedro les dice que el poder no era suyo, sino de Dios.

Pedro también les dijo que el mismo Dios que resucitó a Jesucristo de los muertos, puede hacer caminar a un cojo. Y Pedro agrega en el verso 18 que los profetas hicieron esa predicción acerca de Jesucristo. Las Escrituras explican que las profecías acerca del Mesías y de sus milagros se realizaron en Cristo. Entonces no debería sorprender a nadie que Pedro rogara a Dios en el nombre de Jesucristo para que éste hiciera milagros. En el verso 6 Pedro dice lo que pasó a ser uno de los versos más conocidos de todo el libro de Hechos, citado hasta por personas que no conocen la Biblia, y que dice así: “Plata y oro no tengo, pero lo que tengo se lo doy. En nombre de Jesucristo de Nazaret, anda”.

Pedro aprovechó la oportunidad para informar a los que solo creían en el Antiguo Testamento y no creían en Cristo, que fue por el poder del ungido de Dios que habían llevado a cabo el milagro. ¿Estaban sorprendidos? Claro que sí. Aunque hubiera tanta evidencia, no lo creían.
 
Y la pregunta que queremos hacernos es esta: ¿Por qué es que nos cuesta tanto creer que Cristo tiene poder para hacer algo sobrenatural como milagros?

II. Pese nuestra falta de fe, Dios tiene poder
Cierta vez se enfermó un hermano en nuestra congregación. Como era un hermano querido y conocido, no tan solo en nuestra ciudad como en otros lugares, varias personas oraron por él. Quizás por falta de fe que Dios les escuchara, se sorprendieron cuando el hermano fue sanado. Algunos intentaron explicar que fue pura casualidad: la medicina que le dieron hizo efecto. Como oramos por él, creemos que su salud se la recobró Dios. La realidad es esta: no importa lo que creen los demás. Lo importante es que Dios sanó al hermano y nuestra fe en él ha crecido.

¿Por qué es que tenemos tanto temor en aceptar el hecho de que Dios opera milagros? La misma respuesta que dio Cristo a los fariseos se aplica aquí: “La realidad es que no creemos en la Escritura ni en el poder de Dios”.

Eso debe hacer con que nos arrepintamos. Los que no creen que Dios pueda operar milagros en nuestra época, la oración para ellos es una pérdida de tiempo. ¿Para qué orar a Dios pidiendo salud, trabajo o ayuda financiera? Algunos dirían que Dios ya sabe lo que necesitamos aun antes de que se lo pidamos. Eso es verdad bíblica (Mat. 6:8). Sin embargo, el mismo Cristo que dijo que ya sabe lo que necesitamos aun antes que lo pedimos, también dijo esto: “Pedí y se os dará…” Aquí en este verso el contexto es distinto.

Hechos 3:19 dice que si no recibimos lo que pedimos a Dios es porque necesitamos arrepentirnos. Eso indica que debe haber algún pecado en nosotros que necesita que lo entreguemos a Dios y que nuestra vida cambie de rumbo. Hay que arrepentirse, rendirse a Dios para que los pecados sean borrados. 

Pedro aprovecha la oportunidad para recordar aquel pueblo que el mismo Jesús que ellos habían crucificado, Dios lo hizo Señor y Cristo. Aunque lo hicieron en ignorancia, asimismo lo hicieron. El apóstol no hablaba a ateos sino a religiosos que asistían regularmente a los cultos de la sinagoga. El propósito del mensaje fuerte de Pedro era para que los que le escucharon se reconciliasen con Cristo.

Cuando un líder de la iglesia nos acusa de haber pecado es para que nos arrepintamos y no perdamos nuestra salvación en Cristo. No es y ni debe ser para desanimarnos a seguir la vida cristiana. No es y ni debe ser para expulsarnos de la iglesia. Pablo dijo que todos pecamos y necesitamos la gracia de Dios. ¿Qué dijo Cristo a los que le llevaron la mujer sorprendida en adulterio?: “El que no tenga pecado alguno que tire la primera piedra”. Debemos exhortar, pero para que el hermano cambie y decida seguir el rumbo correcto hacia Dios y Jesucristo. Jamás lo hacemos para vengarnos o para sentirnos superior al hermano. Puede que en el futuro seamos nosotros los que necesitaremos exhortación.

Algunos, al escuchar la amonestación de un hermano, por ser orgullosos quieren vengarse y jamás regresar a la iglesia. Hay los que buscan a otros hermanos e intentan polarizar la congregación dividiéndola, haciendo que hermanos tomen posiciones: o están conmigo o están con los líderes. Pablo dijo a los Corintios: “¿Por qué no sufrís la injusticia?”

El orgullo llevará mucha gente al infierno. Los orgullosos se niegan la existencia del pecado en su vida y también niegan arrepentirse. Esa es la receta perfecta hacia la perdición de un alma.

III. Los milagros tenían su propósito
Volviendo al texto, queremos decir que los milagros tenían el propósito de llevar a las personas al arrepentimiento y la salvación. En Juan 14:12 Jesucristo dijo estas palabras: “En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre”.

Haremos cosas aun más grandiosas que en la época de Cristo y los apóstoles. Lastima que nuestra fe sea tan superficial. No logramos nada por falta de fe. Nuestras obras pobres reflejan la pobreza de nuestra fe. Una iglesia que tenga fe, hará obras de fe que sean dignas de llamarse iglesia de Cristo.

Importante es mencionar que en el original griego el verbo “sozo” lo usaban en la época de Cristo y quería decir salvar, pero también quería decir sanar. Y “soter” identificaba tanto a un salvador como a un medico.

Desde los tiempos de Jesucristo, sanar ha sido parte de la tradición cristiana. En este siglo sanar lo asocian a falsedad o locura.

Sin embargo, Jesucristo dio vista a los ciegos e hizo que caminaran los cojos, y a través de los siglos innúmeros milagros han  acontecido en el nombre de Cristo. Para los que prefieren no creer en ellos, hay varias alternativas, a saber:

1. La idea de milagros es una ofensa tanto a la razón como a la dignidad humana, por lo tanto, que sepamos ya se han acabado.

2. A menos que haya evidencia médica objetiva para corroborar lo que dicen ser un milagro, puedes deducir que no lo es.

3. Si las autoridades médicas están de acuerdo que una persona se sana y no lo pueden explicar según el conocimiento científico actual, pueden sencillamente considerar como deficiencia de los conocimientos científicos actuales.

4. Si una persona inteligente y honesta se convence, pese todos los argumentos contrarios, que es Dios quien le ha sanado, puedes concluir que su enfermedad, su cura, es puramente sicológica.

Lastima que el orgullo humano, cuando se confronta con el poder de Dios, siempre se siente superior.

Si tu enfoque a ese tipo de saneamiento es menos ideológico y más empírico, siempre encontrarás pruebas.

IV. Ora por ello
Si oras para que alguien se sane, puedes intentar imponerle las manos igual al que a veces Cristo lo hizo. Si tu oración no tiene respuesta, eso tiene más a ver contigo y con tu oración que con el propio Dios.

No intentes demasiado en sentirte religioso, generando algún milagro. Piensa en ti (si es que tienes que pensar en ti) como un tubo tamaño mediano, bloqueado, que un Dios pequeño pueda filtrar algo si te mantienes relajado. Dile a la persona por quien oras que también esté relajada. Eso facilitará la entrada del poder de Dios que hace posible el milagro.

Conclusión:
Si Dios no te da lo que le pides, quizás te estará dando algo distinto.
¿Cómo puedes responder a Dios este día?
1. ¿Necesitas refrigerio?
2. ¿Necesitas arrepentirte?

Estamos aquí para servirte.

Preguntas para meditación y repaso: 

1. ¿Por qué es que no confiamos a las personas que dicen operar milagros?

2. ¿Cuál es el propósito de la oración?

3. ¿Cuál era el propósito de los milagros en la época de Cristo?

4. ¿Tiene Dios poder de hacer milagros en nuestra época?

5. ¿En el Nuevo Testamento, era necesario que las personas tuviesen fe para ser sanadas?

6. ¿Cuánta fe tenía Lázaro cuando Cristo le resucitó?

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