Los efectos destructivos de la envidia

 

Leer Santiago 3:16

Quisiera empezar esta lección con algunas anécdotas, que aunque verdaderas parecen ficción:

➢    En la ciudad estadounidense de Ann Arbor, Michigan, un hombre armado se asoma al mostrador de un Burger King a las 7:40 a.m., saca la pistola y pide al empleado que le dé dinero. El empleado dice que no puede abrir la caja registradora sin una orden de alimentos. El ladrón entonces pide un orden de papas fritas. El empleado contesta que no solo venden papas después de las 11:00 a.m. El ladrón, visiblemente frustrado, guarda la pistola y se va.

➢    Arrestaron en Lake City, Florida, a una joven de nombre Karen Lee, de 20 años, por intentar robar a un Hotel en aquella ciudad. Ella estaba armada con tan solo una sierra eléctrica cuyo cable no estaba conectado a la fuerza eléctrica.

➢    Cuando un hombre intentó robar gasolina de un vehículo de recreo, estacionado en una calle de la ciudad de Seattle, él sacó mucho más de lo que esperaba. Al llegar la policía encontró al ladrón enfermo acorrucado al lado del vehículo cerca de un derrame de aguas negras. Un vocero de la policía informó que el hombre admitió intentar robar gasolina pero, por equivocación, metió la manguera en el tanque de las aguas negras. El propietario del vehículo decidió no acusarle de nada pues la risa que le había causado ya era lo suficiente.

➢    Un ladrón, tras romper una ventana de cristal, que quedaba cerca a la acera, logra entrar en un banco. Luego, por no poder acercarse a la caja fuerte y tampoco poder subir por la ventana rota por donde entró, por estar sangrando mucho, agarra el primer teléfono que encuentra y llama... la policía.

Estas y otras anécdotas se encuentran en varios sitios del Internet. El motivo que las he compartido con ustedes es que tienen una cosa en común. A pesar de ser esas personas necias, también tienen otra cosa en común: la envidia. Envidiaron la buena vida de los ricos y decidieron obtener algo que no les pertenecía.

Algunas anécdotas no son cómicas por ser tristes. Me refiero a una noticia en el periódico, acerca un muchacho de 16 años, que todavía estaba en la escuela. Cortando el pelo de varios otros muchachos llegó a ganar lo suficiente como para comprarse un par de tenis Nike, que valen el equivalente a 125 dólares. El sábado siguiente, de noche, le apuntaron una pistola y pidieron que les diera los tenis. El muchacho no tuvo elección y se los dio. A parte de perder sus tenis también perdió la vida, pues los ladrones lo mataron. Todo eso sucede cuando hay envidia en el corazón de las personas.

¿Que es la envidia?
Santiago 3:16 dice: “Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas”. Satanás sabe perfectamente cómo hacernos pecar al plantar en nuestro corazón la semilla de la envidia: querer obtener, a como dé lugar, lo que pertenece a otra persona. Cuando se trata de objetos no es tan serio como cuando lo que se envidia es la mujer del prójimo.  

También Gálatas 5:21 y Romanos 1:29-32 dicen que la envidia es de naturaleza diabólica. 

Cuando la envidia no está bajo control
Al dar riendas sueltas a la envidia no se puede ver a nadie con algo bonito que nos empeñamos en comprar algo idéntico. Por ejemplo, al ver a mi vecino con un carro nuevo, si mi envidia no está bajo control, hago un préstamo con intereses elevados solo por poder tener un vehículo igual al suyo. O si algún hermano sale a la playa de vacaciones y yo no tengo medios de salir de vacaciones el mismo verano, entonces empiezo a criticarle por incurrir en gastos innecesarios.

El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos. (Proverbios 14:30) Así como un cáncer destruye hasta el esqueleto humano, la envidia destruirá tanto a nosotros como a la persona que envidiamos.

La envidia merma la habilidad de examinarnos
La historia de Caín y Abel es un ejemplo típico. Al aceptar la ofrenda de Abel y rechazar a la de Caín hizo que éste se airase y la envidia empezase a brotar en su corazón. Aunque el Señor le advierte a Caín en cuanto a la envidia, preguntándole: “¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.” (Gen 4:6-7)

En vez de hacer caso a la exhortación de Jehová, examinar su situación, Caín deja que su envidia le consuma hasta que mata a su hermano Abel. Caín parecía estar diciendo: “Me gusta lo que tienes, pero no me gusta el hecho de que yo no lo tenga, pero asimismo lo quiero”.

¿Cuántos de nosotros hemos pensado algo así como: ‘Cómo es que Dios responde a las oraciones de mi hermana pero no la mía?’ La envidia ha plantado una semilla en el corazón y si no la controlas florecerá hasta que te consuma. Ya no examinará el motivo de tus oraciones.
Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Santiago 4:3)

Hay los que envidian la familia perfecta mientras la suya se desintegra. Su deber es examinar a su familia y ver lo que puede hacer por mejorar su situación.
Hay los que envidian la fortuna de los ricos. Al contrario, deberíamos examinarnos con preguntas como esta: “Si yo tuviera tanto dinero, ¿en qué lo gastaría? O, ¿cómo me cambiaría la riqueza?”

I.    La envidia merma la seguridad, nuestra confianza en Dios
En la narrativa de José y sus hermanos en Génesis 37:11, leemos: “Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto”. Una de las cosas más tristes que sucede a un envidioso es que se siente inseguro. Con la envidia empiezas a hacer justicias con las propias manos en vez de permitir que Dios las controle. Otra vez vienen a la mente algo así: “Me gusta lo que tienes, pero no me gusta el hecho de que yo no lo tenga, pero asimismo lo quiero”.

La envidia destruye las amistades
Tanto la seguridad de José como la amistad con sus hermanos la destruyó la envidia. Había también problemas en las relaciones interpersonales entre los hermanos y también entre los hermanos y su padre, el viejo Jacob. Esa gran barrera que existía entre ellos la rompió José al perdonarles.

Al envidiar a los demás nos sonamos amargados en lo que decimos, abruptos en nuestros actos, aparte de los rumores, chismes, calumnias, y la lista continua. La envidia puede cambiarnos de un amigo intimo a un enemigo detestable. También arruina familias, destruye iglesias y comunidades. La envidia arruina el acercamiento que tenemos con Dios.

Hay un proverbio griego que dice así: “Mientras la oxidación deteriora al hierro, la envidia corrompe el hombre.

La envidia merma el respeto a las autoridades
Aarón tuvo envidia de Moisés y en Números 12:2-3 leemos: “Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra”. El Señor está al tanto de la envidia de cada uno.

Coré siente envidia de Moisés y en Números 16:1-3 leemos estas palabras: “Coré hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, y Datán y Abiram hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, de los hijos de Rubén, tomaron gente, y se levantaron contra Moisés con doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de renombre. Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová?”
Salmos 106:16 dice así: “Tuvieron envidia de Moisés en el campamento, y contra Aarón, el santo de Jehová”.

El peligro está en que al envidiar a los que están encargados, nuestros lideres, predicadores, entonces ya no les respetaremos y ya no les obedecemos. ¿Qué significa envidiar a los líderes? Nuevamente repetimos: ““Me gusta lo que tienes, pero no me gusta el hecho de que yo no lo tenga, pero asimismo lo quiero”.

J.    La envidia merma la habilidad de disfrutar lo que tenemos
Y les refirió Amán la gloria de sus riquezas, y la multitud de sus hijos, y todas las cosas con que el rey le había engrandecido, y con que le había honrado sobre los príncipes y siervos del rey.12 Y añadió Amán: También la reina Ester a ninguno hizo venir con el rey al banquete que ella dispuso, sino a mí; y también para mañana estoy convidado por ella con el rey.13 Pero todo esto de nada me sirve cada vez que veo al judío Mardoqueo sentado a la puerta del rey. (Ester 5:11-13)

Los príncipes de Babilonia y Daniel
Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino. Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él. (Daniel 6:3-4)
Hay la fábula del águila que tenía envidia de otra que podía volar más alto que él. Un día el águila detectó la presencia de un cazador con arco y flecha y le dijo: “Ojalá pudieras bajar aquel águila que volaba muy alto”. El cazador le contesta: “Lo haría si tuviera plumas para mi arco”. Entonces el águila envidioso se quita una pluma de ala. El cazador lanza el arco pero no alcanza el águila rival porque éste volaba muy alto. El águila envidiosa, entonces tira otra pluma de su ala y luego otra hasta que había perdido tantas que ya no podía volar. El arquero tomó ventaja de la situación, matando al pájaro indefenso. 

La envidia tanto destruye la capacidad de disfrutar lo que tenemos pero también de ser agradecido por lo que tenemos. Cuantos de nosotros no hemos dicho palabras semejantes a esta: “Ojalá tuviera _____”. Tu lo rellenas. Se nos olvida que como cristianos hemos sido bendecido mucho más de lo que merecemos.

La envidia merma el crecimiento espiritual
1 Pedro 2:1-2 dice así: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, 

Lo que aprendemos al leer este pasaje es que si no nos libramos de todo engaño, hipocresía, envidia y calumnias de todo tipo, no creceremos espiritualmente. Para los que han nacido de nuevo nacimiento, nacimiento ese que proviene de una entrega a Cristo, si hay envidia en su vida, ese crecimiento nunca empezará. La envidia es un pecado mundano y lamentablemente es una de las características más comunes de la sociedad actual. 

Santiago la enfoca así: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. (4:4) ¡Qué golpazo! Una de las reacciones exteriores y resultado de la envidia es un espíritu orgulloso. Fíjate como Números 12:3 describe a Moisés como un hombre humilde, más humilde que cualquier otro en la faz de la tierra.

Conclusión:
Tras estudiar la parábola del joven rico, un hombre hizo esta oración: “Padre santo, después de leer sobre el joven rico y su elección obviamente incorrecta, pero me hizo pensar. No importa cuanto dinero tenía él, sin embargo por vivir en otra época, no podía hacer estas cosas:
➢    Manejar un carro
➢    Tener cirugía
➢    Encender un foco
➢    Comprar penicilina
➢    Ver televisión
➢    Lavar los trastes en agua corriente
➢    Viajar de autobús
➢    Dormir en un colchón blando
➢    Hablar por teléfono 

Por lo tanto, si el joven rico no tenía nada de eso y lo consideraban rico, ¿qué somos nosotros?
La única comparación que un cristiano puede hacer es esta: ¿Cómo seríamos si Dios no nos hubiera bendecido como lo ha hecho últimamente?
 (Para regresar a "Sermones y seminarios haz click aqui: www.louseckler.blogspot.com