La vida en el Espíritu

Vivir en el sobrenatural

¿Has pensado por qué es que algunos cristianos jamás excitan en cuando a Dios? Asisten, sirven, ofrendan, pero jamás parecen entender. No se profundizan en el Señor. Su fe es genuina, aman a Dios, pero hay algo claramente ausente en su vida.

Otros cristianos son distintos. No tienen más talento ni son más inteligentes, pero su corazón se deleita en el Señor. Hay una pasión que motiva sus acciones. No dicen que no tienen pecados, pero el pecado acontece con menos frecuencia.

¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué algunos cristianos tienen una fe vibrante y otros no? La clave de la vida genuina es estar lleno del Espíritu, un concepto que yo antes pensaba que jamás se aplicaría a mí. Después de todo, no era carismático y sabía precisamente qué hacer para ser un buen cristiano. Si tan solo me esforzara más, Dios estaría más satisfecho al presentarme en la puerta de perla. 

Como un adolescente, hacía lo mejor posible en cuanto a que los demás decían ser un “asistente fiel del culto y de la escuela dominical”. Y jamás me perdí ni uno siquiera, excepto cuando me enfermaba. “Da 10% a la iglesia”, y yo daba mis 10% de lo que ganaba.

Hacía de todo, y tan bien como se esperaba que hiciera. Sin embargo,  después de un año de estudios en una universidad cristiana preparándome para el ministerio, mi fe se había acabado. ¿Por qué se me había acabado la fe?

La fe, en el fondo jamás fue mía. Enfocaba en la conducta superficial, conducta esa que jamás satisfacía mis anhelos hacia Dios, por un propósito, por algo a que dedicarme, espiritualmente hablando. Cuatro años de investigaciones incesantes revelaron la clave: llenarme del Espíritu. No me refiero a hablar en lenguas, sino el ser movido más allá de la conducta superficial a un acercamiento a Jesucristo como mi Señor, permitiéndole guiar cada paso de mi vida.

Eso de permitir la guía del Espíritu es una elección que hace cada uno, si queremos desarrollar un cristianismo que causa satisfacción profunda. Lamentablemente, no todos los cristianos, creyentes, eligen que les guíe el Espíritu.

Nuestra tendencia natural es esta: Un cristianismo aburrido.

Parafraseando el escritor Thoreau, cualquiera que fuera aun un observador superficial veería que la mayoría de los cristianos viven en el “silencio mediocre”.

Para algunos el cristianismo es un deber. Es bueno y es un deber necesario, pero nada que nos entusiasma. Muchos permiten que les tiren por dos direcciones. 

"De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. 2 Os di a beber leche, no alimento sólido, porque aún no erais capaces; ni sois capaces todavía, 3 porque aún sois carnales. En efecto, habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales y andáis como hombres?"  (1 Cor. 3:1-3 R-V) Pablo divide esos hermanos cristianos en dos grupos: cristianos “espirituales” y cristianos “carnales”. Los carnales tenían a Dios en una mano y el mundo en la otra. Todavía no se habían rendido totalmente a Dios.

Jesucristo describe vividamente a los cristianos medio-comprometidos en Apocalipsis 3:15-16:

    «Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!
    16 Pero por cuanto eres tibio y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

Hubiéramos hablado a los cristianos de Laodicea, estoy seguro de que hubieran proclamado tanto su alianza como su amor a Cristo. Pero eso no bastaba. Jesucristo quería más entusiasmo en sus almas de tal manera que pueda influenciar a todos a su alrededor.

Guiados por el Espíritu                                                                                                               El deleite espiritual lo disfrutamos cuando rendimos a Dios todo nuestro ser, sin excepción; cuando aceptamos las metas y objetivos divinos sin objeción. La pasión viene mientras elegimos tener un solo propósito en nuestro acercamiento a Dios, o sea cuando estamos dispuestos a ir a cualquier lugar o hacer cualquier cosa que Dios espera de nosotros. La Biblia llama eso de ser guiado por o ser lleno del Espíritu. Solo cuando nos llena el Espíritu sus frutos pueden florecer en nosotros.

Tras discutir el fruto del Espíritu en Galatas 5:22-23, Pablo concluye con una descripción poderosa de la distincción entre ser guiados por el Espíritu o ser guiados por la carne, o por uno mismo: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”.

¿Cuál es la solución de estar divido por dos caminos? De acuerdo con Pablo, significa rendirse a Dios o permitir que el Espíritu de Dios guíe en una dirección, un paso a la vez. Gálatas 5:16-17 nos advierte diciendo que o satisfacemos nuestra naturaleza carnal o el Espíritu de Dios. No se puede hacer los dos, y nuestro grado de pasión hacia Dios viene de esa elección.

Llenos del Espíritu                                                                                                                      Me intriga la manera en que Dios reúne todas las cosas. El día de Pentecostés, escucharan el sonido de un viento fuerte, lenguas de fuego tocabaran la cabeza de los discípulos y se llenaron del Espíritu Santo, y hablaron en lenguas (Hechos 2:1-4). Eso creó un alboroto que miles de personas se acercaron para ver qué les pasaba y se maravillaron con el gozo tan grande que expresaban los discípulos.

Cuando decidimos ir a cualquier lugar que nos guía el Espíritu, tendremos el mismo gozo. Para Miguel y Lupita, ofrendar sacrificialmente era una barrera. Aunque ambos trabajaban y ganaban bien, les gustaba gastar su dinero. Sufrían de culpabilidad, un sentimineot guiado por el Espíritu para que dieran más.

Luego en nuestra iglesia tuvimos clases acerca del Espíritu Santo de Dios, enfatizando la ofrenda sacrificial como un paso a la obediencia que nos prepara para el crecimiento espiritual. Nos esforzamos para no hacer de eso un requisito legalístico, sino una oportunidad de depender más de Dios.

Tras mucha convicción del Espíritu y oración, Miguel y Lupita hicieron un compromiso voluntario de dar por lo menos 10% de sus ingresos. La decisión foi un momento decisivo para la pareja. Cada uno de ellos se acercó a Dios en poco tiempo, después de haber sometido a lo que el Espíritu les guiaba en esa parte difícil del cristianismo bíblico.

Ellos buscaron la voluntad de Dios más profundamente en cada cosa que planeaban hacer. Su crecimiento y madurez les hizo receptivos a muchos otros ministerios, lo que ambos antes desafiaron y luego les aceptaron y les refinaron.

El deleite espiritual caracterizaba esa su nueva etapa. ¿Qué fue que les abrió los ojos a ese deleite? La respuesta es: la sumisión a la guía del Espíritu Santo de Dios.

Ya que tenemos una idea de lo que es la bendición del gozo que el Espíritu produce, ¿por qué regresar a la vida aburrida, tibia y que resiste a Dios? Miguel y Lupita ciertamente no lo harán. Mientras nos llenamos del Espíritu, queremos conocer Dios aun más. Concluimos que para conocer más a Dios, él tiene que conocer más a nosotros. Es ese proceso que nos trae gozo, mientras nos involucramos en el proceso de toda una vida, de caminar cada paso con el Espíritu Santo de Dios.

El proceso de ser llenos del Espíritu                                                                                    Empezamos el proceso en nuestra conversión. Cuando nos bautizamos tenemos la promesa de que nuestros pecados son perdonados y la promesa del don del Espíritu Santo. Essa docttrina la sacamos de Hechos 2:38 que dice así: “Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo”.

Cuando nos entregamos a Dios el Espíritu Santo pasa a vivir en nosotros. El propósito es ayudarnos a producir en nuestra vida el fruto del Espíritu, según Galatas 5:22-23. Pero para eso es necesario rendirse totalmente a Dios. Creo que los cristianos que no se entusiasman con la obra de Dios es porque no se han rendido 100% a Dios. Quisiera explicar lo que digo con esta ilustración: cuando la casa de mi amigo estaba en remodelación, al terminar la cocina y la sala nos invitó a cenar. Nos gustó ver todo muy bonito y arreglado. Pero nos dijo que no fuéramos al cuarto de huespedes porque no estaba terminado y porque allí guardaban todos los materiales de construcción que usarían en el resto de la obra. Así hacemos algunos de nosotros: compartimos con Dios todos los rincones de nuestro corazón, excepto lo que no queremos que él se entere. Pero poco a poco, empezamos a confiar más y más en Dios y le permitimos escudriñar todo inclusive “el cuarto de huéspedes”.

Todo cristiano puede llenarse del Espíritu, pero ni todos lo hacen. En Efesios 5:18 Pablo simplemente instruye a los cristianos a profundizarse en la vida espiritual diciendo: “No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu”. Caso llenarse del Espíritu fuera algo que pasara automáticamente, Pablo no tenía porque instruir a los cristianos a que fueran llenos del Espíritu. Eso significa que “llenarse del Espíritu” es una decisión de cada cristiano.

Esto es diferente al movimiento carismático de los dones. Llenarse del Espíritu no quiere decir hablar en lenguas o demostrar lo que llaman de los “dones carismáticos”. Las palabras de Pablo en 1 Corintios 12:28-31, indican claramente que no todos somos apóstoles, maestros, profetas, podemos hacer milagros, etc. Pero todos necesitamos estar llenos del Espíritu. Así que estamos hablando de dos cosas distintas. Todos debemos estar llenos del Espíritu de Dios. Si no nos llenamos del Espíritu de Dios viene el espíritu del maligno y nos llena el corazón (Lucas 11:26)

Estar lleno del Espíritu Santo incluye un rendirse a Dios continuo. ¿Qué quiere decir estar “lleno del Espíritu”?  En la gramática griega Efesios 5:18 indica que "ser lleno" no es algo que sucede una vez por todas, y al llenarse una vez termina todo. No. Ser llenos del Espíritu debe ser algo que ocurre repetidas veces para recibir el beneficio máximo.

Cuando nos entregamos a Dios, nos volvemos a comprometernos en poner al Creador en primer lugar y ser la persona que él espera que seamos. También permitimos al Espíritu tener acceso a todos los rincones secretos de nuestro corazón.

Tres pasos - tres cosas que hacer                                                                                                  Ahora bien, ¿cómo se abre los rincones del corazón que hemos cerrado hace tanto tiempo? ¿Cómo desarrollamos el deleite en nuestra fe? Nos llenamos del Espíritu Santo de Dios. He aquí los pasos:

1.) Pedir diariamente para que Dios te llene de su Espíritu según las palabras de Cristo en Lucas 11:11-13 que dice así: “¿Quién de ustedes que sea padre, si su hijo le pide[a]un pescado, le dará en cambio una serpiente?12 ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?13 Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!”

Llenarnos del Espíritu es una solicitud que nuestro Padre Celestial está listo para concedernos. Pero debemos pedirle diariamente, según dijo Cristo en Lucas 9:23: “—Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga”. Negarse a uno mismo significa no entregarse a las pasiones de la carne y decidir acercarse más a Dios. Llevar la cruz significa aceptar el curso que Dios establece a nosotros, que ya no somos nuestros dueños. Cada día necesitamos darle a Dios el permiso de hacer cualquier cosa que sea mejor para nosotros y para su reino.

¿Por qué debemos hacerlo diariamente? Porque es muy fácil regresar al viejo hombre y las viejas costumbres y habitos. Muchas de esas cosas las hacemos automáticamente y cada vez que las hacemos estamos cerrando poco a poco la entrada de Dios y de su Espíritu en nuestra vida.

Se acuerdan del estimulo de Pablo de rendirse al Espíritu? “Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu” (Galatas 5:25). Eso no debe pasarnos una vez al día, sino a cada segundo de cada día. A cada momento debemos estar en contacto con Dios. El momento disponible, cuando caminamos solos, en el autobus, en el carro debemos estar con la mente abierta para aceptar la dirección de Dios en nuestra vida. Esa es la clave de rendirse a Dios. Al pedir que nos llene, le pedimos a Dios que nos guíe, que él sea nuestro líder.

2.) Arrepentirse de los pecados. No se puede ser llenos del Espíritu sin antes querer transformarse, para luego buscar la justicia de Dios con todas nuestras fuerzas.

Ser llenos del Espíritu requiere un compromiso del corazón de dejar los pecados y acercarse a lo que es justo. Si una de las misiones del Espíritu es convencer al hombre del pecado (Juan 16:8), ¿cómo poderemos llenarnos del Espíritu si estamos llenos de pecados? Si no nos arrepentimos de nuestros pecados, no seremos llenos del Espíritu de Dios.

3.) No apagar el Espíritu
“No apaguen el Espíritu”, instruye Pablo en 1 Tesalonicenses 5:19. ¿Qué quiso decir Pablo con eso? No luchar en contra a que el Espíritu de Dios quiere hacer en nuestra vida. Que no busquemos escusas de hacer su voluntad. Que cuando Dios quiere que hagamos algo que siempre digamos que sí.

Cuando Dios nos elige para una obra no debemos decir que no, si estamos preparados para hacerla. Dios dijo a Moisés que jamás le llevaría a ninguna parte sin acompañarle o protegerle. Finalmente Moisés dijo que sí. Pero sería preferible haber dicho que sí en el inicio y no intentar negar lo que nos pide Dios. No apagar el fuego del Espíritu quiere decir seguirle y no luchar en contra de él.

Hay una advertencia: Debemos asegurarnos que es Dios quien nos habla. A veces queremos tanto que él nos conceda algo que tenemos la impresión de que es precisamente eso que nos dice. Es importante que sepamos que el Espíritu nos guía, pero primeramente a través de la Palabra de Dios. Es por eso que debemos estar siempre leyendo y escudrinãndo el libro santo. Tenemos que asegurarnos que la guía del Espíritu esté en harmonía con la Palabra de Dios. Si no está, entonces no es del Espíritu.

Siempre que estamos seguros de que el Espíritu está comunicándonos algo, debemos poner toda nuestra atención y seguirle sin vacilar. Eso requiere mucha humildad. Si ya tenemos nuestras opiniones formadas acerca de cómo debemos comportarnos, eso no es caminar bajo control del Espíritu, sino de la carne.

La elección es tuya                                                                                                                      Un escritor dijo: “El mundo todavía no ha visto (aparte de Cristo) a alguien que es santo y totalmente consagrado al Espíritu Santo”. ¿Te has rendido al Espíritu Santo de Dios? ¿Lo permites llenarte y guiarte? ¿Estás listo a descubrir el gozo espiritual que viene de estar lleno del Espíritu?

Mientras sigues la guía del Espíritu, tu pasión por Dios crecerá. Todavía tendrás dudas y temores en tu jornada, pero Dios caminará contigo. Y él nos garantiza que “todo podemos en aquel que nos fortalece” (Fil.4:13)

Con el Espíritu de Dios viviendo en tí, dándote el poder para producir en tu vida su respectivo fruto, podrás lograr todo lo que Dios espera de tí. Quisiera desafiarte a pedir a Dios ahora mismo que te llene de su Espíritu y que lo hagas todos los días, consagrando tu vida a la santidad.

La decisión es tuya.
 
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