La resurrección

Juan 10:17-18

En la referencia bíblica mencionada arriba, Nuestro Señor dice estas palabras: “Por eso me ama el Padre: porque entrego mi vida para volver a recibirla. Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla, y tengo autoridad para volver a recibirla. Este es el mandamiento que he recibido de mi Padre”.

Cristo explica que tiene poder sobre su vida tanto para entregarla como para volver a la vida. Esta es una afirmación muy importante. La muerte hace de todos sus victimas y el gran temor, cuanto a la muerte, es lo que no se sabe, lo que se ignora acerca del más allá. No es tanto la muerte que inquieta a las personas sino cómo o cuando eso pasará. Hace poco tiempo se suicidó una mujer, miembro de nuestra congregación. No se sabe porqué hay personas que e quitan la vida, pero hay muchas que lo hacen sólo por tener miedo a la muerte o, en su caso, por el temor al sufrimiento que precede a la muerte de las personas con enfermedades terminales. Pero Jesucristo controla la muerte, como también controla nuestro destino, incluyendo la muerte y la resurrección a la vida con él.

¿Quién mató a Jesucristo?
Hay una anécdota acerca de la resurrección basada en ese pasaje que dice que nadie ha matado a Jesucristo. Muchos han debatido ese tema y los judíos han sido los culpables. Lógicamente, por el chantaje que hicieron con Pilato y otras cosas, merecen algo de culpa. Otros quieren culpar a los romanos, que también lo merecen porque los líderes de Jerusalén, para agradar a una muchedumbre enojada, ejecutaron a un hombre inocente. Pero si queremos saber quien son los responsables por la muerte de Cristo, basta leer Hechos 2:22-23, donde encontramos las palabras de Pedro. El apóstol pescador echa la culpa a quienes realmente la merecen: “22Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio vuestro a través de El, tal como vosotros mismos sabéis, 23a éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios”. Ese pasaje nos dice que todo lo que pasó tuvo la aprobación de Dios. Aunque lo que pasó fuera horroroso, Dios tenía pleno conocimiento de todo. Eso, por difícil que sea creerlo, lo planeó Dios. Y Jesucristo, en un acto de total obediencia, como un hijo que obedece a la voluntad de su padre, llevó a cabo el plano eterno, entregando su vida y volviendo a recibirla.

Jamás debemos pensar que Jesucristo fue victima de alguna persona o grupo de personas. Tampoco debemos pensar que alguien pudiese matarlo, porque nadie sería capaz de hacerlo. Dijo Jesucristo a Pilato: “No tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera dado de arriba (por Dios). Jesucristo jamás moriría si no quisiese ser obediente a Dios. En otras ocasiones en que querían matarle, pasó por entre ellos sin que le echasen mano porque “su hora no había llegado”.

“Todo está cumplido”                                                                                                                En Juan 19:30 leemos: Al probar Jesús el vinagre, dijo: Todo está cumplido. Luego inclinó su cabeza y entregó el espíritu”. Nadie le quitó la vida; él la entregó. Nadie mató a Jesucristo; él mismo rindió su vida. Jesucristo jamás fue una victima. El Maestro siempre ha sido victorioso. En 2 Timoteo 1:10 leemos: “y ahora lo ha revelado con la venida de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y sacó a la luz incorruptible mediante el evangelio”.
Basado en los pasajes mencionados, Jesucristo tuvo dominio tanto de su muerte como de su resurrección. También nos enteramos que el Señor controló todas las cosas que acontecieron durante su muerte, sepultura y resurrección. Jesucristo jamás abandonó el control de todos esos eventos. Tampoco fue victima. Todo lo que hizo, a parte de su obediencia al Padre, lo hizo por amor a nosotros.
En la descripción de la resurrección de Cristo según el apóstol Juan, no se encuentra mucha énfasis en el dolor o sufrimiento, sino vemos mucha mención de la majestad del Hijo de Dios. La divinidad de Jesucristo está siempre presente en todos los pasajes que leemos acerca de sus últimos días sobre la tierra.

Tres aspectos                                                                                                                        Hay tres aspectos sencillos en la vida de Jesucristo: su muerte, sepultura y resurrección, que nos ayudan a entender mejor quien mató a Jesucristo. En cada uno de los tres, vemos su poder absoluto de entregar su vida y luego volver a recibirla. Leer Juan 19:16-18:16Así que entonces le entregó a ellos para que fuera crucificado. 17Tomaron, pues, a Jesús, y El salió cargando su cruz al sitio llamado el Lugar de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota, 18donde le crucificaron, y con El a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio. 

En el pasaje arriba vemos la sencillez de los tres versos, el cumplimiento de una profecía cuya precisión es asombrosa. Vemos también en ese pasaje que a Jesucristo lo llevaron los soldados, sin que éste fuera forzado a ir, como si los siguiesen hacia la cruz. Isaías 53:7 dice: “…como cordero, fue llevado al matadero”. No fue como el ganado que es llevado por fuerza, sino con la mansedumbre de un cordero”.
La ley romana dice que hay Vds. días de espera entre el juicio y la ejecución. Hay que esperar dos días si acaso hay otras evidencias. En el caso de Jesucristo, hubo el juicio por la mañana y la ejecución en la tarde del mismo día. ¿Por qué la prisa? Porque la profecía de Isaías 53:8 dice así: “Después de aprehenderlo y juzgarlo, le dieron muerte”. Y fue así. Jesucristo tenían tanto control del proceso de jurisprudencia romana que éstos llegaron a violar sus leyes. 

Profecías cumplidas En el verso 17 leemos que Jesucristo cargó la parte horizontal de su cruz. Y eso cumple con la profecía de Génesis 22:6. Así como el niño Isaac cargó leña que sería usada en su ejecución, Jesucristo también cargó su cruz. Aun en el verso 17 leemos que Jesucristo cargó su cruz hasta el lugar donde le iban crucificar. Jesucristo salió por ser el lugar que usaban para ese fin. En Éxodo 29:14 leemos: “…pero la carne del novillo, su piel y su excremento los quemarás fuera del campamento, pues se trata de un sacrificio por el pecado”. Todos sacrificios por pecados tenían que ser ofrecidos fuera de la ciudad y Jesucristo es el perfecto sacrificio por los pecados. Él cumplió  con todos los requisitos del sacrificio por los pecados. Los romanos no tenían nada que ver con aquello, n I tenían aquel concepto. Lo hicieron porque un día Dios envió al Mesías que cumplió ese requisito.

Lo hicieron los romanos En el verso 18 dice que le crucificaron. Esa fue otra prueba que fueron los romanos que lo hicieron. Los judíos no crucificaban a las personas, sino les apedreaban. Pero a Jesucristo lo crucificaron, a la manera romana de ejecutar a un asesino. No había aquí ninguna conexión con el judaísmo. La profecía acerca de la crucifixión se encuentra en Números 21:6-9 donde leemos que cuando Israel le mordieron las serpientes, Dios mandó que Moisés hiciera una serpiente de bronce y la pusiera en una asta y todos que eran mordidos por la serpiente, la miraban y vivían. Y Cristo dijo en Juan 3:14: “Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre”. Ciertamente que al morir Jesucristo le clavaron en la cruz. Eso era totalmente ajeno a las costumbres de los judíos. Pero lo hicieron para cumplir la profecía.

En Deuteronomio 21:23 dice: “porque cualquiera que es colgado en un árbol está bajo la maldición de Dios”. Y Jesucristo llevó la maldición de todos al ser crucificado, cumpliendo también la profecía. El Señor, colgado en la cruz, padeciendo dolor por sus llagas, por no poder respirar libremente y otras barreras, parecía una victima. Sin embargo, estaba tan sólo cumpliendo su parte en el plan de Dios para justificar al hombre pecador.

Más adelante (Juan 19:18), dice que el Señor murió entre dos criminales. Isaías 53:12 dice: “…y fue contado entre los transgresores”. Al morir Jesús estaría entre criminales, pecadores. Y así fue. 

El manto dividido                                                                                                               Cuando los soldados (Juan 19:23), después de haber criticado a Jesús, tomaron su manto y lo dividieron en cuatro. Según la historia, siempre habían cuatro soldados presentes en todas crucifixiones, que dividían entre ellos las posesiones de las personas como zapatos, cinturón, sombrero y ropas exteriores. Y así lo hicieron. También había una túnica, sin costura, que no quisieron dividirla. Ver 24 dice que en vez de dividirla entre los cuatro, "echaron suerte” para ver a quien le tocaba la túnica. Aquí encontramos personas rudas, groseras, insensibles, verdugos que, después de terminar su obra sangrienta haciendo lo que siempre hacían, dividiendo las posesiones de la persona muerta, no tenían ni idea que estaban cumpliendo las profecías de la muerte de Jesucristo.. Salmos 22:18 dice así: “Se reparten entre ellos mis vestidos y sobre mi ropa echan suertes”. Los soldados cumplieron la profecía en su precisión y totalidad, sin saber que tal cosa existía. Jesucristo se aseguró que cada detalle de las profecías fuera cumplido. El verso 24 (Juan 19) dice así: “Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura”. Todo se hizo en cumplimiento a la Palabra de Dios.
Según comentaristas bíblicos hay 332 profecías acerca del Mesías cumplidas en Jesucristo. Eso solo se podía lograr con el poder de Dios.

El rey de los judíos                                                                                                                   En el verso 19 (Juan 19) leemos: “Pilato mandó que se pusiera sobre la cruz un letrero en que tuviera escrito estas palabras: JESUS DE NAZARET, REY DE LOS JUDIOS. ¿Será que Pilato creía en eso? Claro que no. Entonces, ¿Por qué lo hizo? Porque, con ese sarcasmo, quería burlarse de los judíos. Otro detalle es que Nazaret era un lugar despreciable. Y que “gran rey” tenían los judíos, colgado en un madero. El letrero era una manera de Pilato burlarse de los judíos. En lugar de decir “rey de los judíos, el letrero era para decir que tipo de crimen cometió Jesucristo. Pero como no había ningún crimen, entonces Pilato aprovechó la oportunidad para burlarse.                                                                                       

En los versos 20 al 22 (Juan 19), leemos: “Muchos de los judíos lo leyeron, porque el sitio en que crucificaron a Cristo quedaba cerca a la ciudad. El letrero, lo escribieron en arameo, latín y griego. No pongas REY DE LOS JUDIOS, protestaron ante Pilato los sumos los sacerdotes judíos. Lo que he escrito, escrito queda – les contestó Pilato”. Aquel hombre cobarde, al mismo tiempo tonto y vengativo, al poner el letrero hizo una afirmación de la verdadera identidad del Hijo de Dios. Aun le letrero lo controló Cristo, usando a un hombre burdo como Pilato, para que a través de él conocieron la verdad.

Jesucristo mantuvo control de todo                                                                                            Más adelante, en el verso 25 (Juan 19), vemos la majestad de Jesucristo y el control absoluto que ejercía sobre todas las cosas y personas. Aun sangrando y sufriendo la agonía de los pecados de la humanidad, es sensitivo a su madre carnal. El verso dice así: “Junto a la cruz de Cristo estaban su madre, la hermana de su madre, María la esposa de Cleofas, y María Magdalena. Casi todas las mujeres en aquel lugar tenían el nombre de María, nombre que significa amargura. Era una amargura para todas ellas.
El verso 26 dice así: “Cuando Jesucristo vio a su madre, y a su lado el discípulo a quien el amaba” (Juan). Según el pasaje, sólo uno de los discípulos permaneció junto a Jesús; los demás se fueron. El Maestro, al enterarse de la presencia de las mujeres que le habían dado tanto apoyo durante su ministerio, no les pidió nada que pudiesen hacer por él. Tampoco se quejaba de su dolor y sufrimiento. Lo que hizo el Señor (versos 26-27), fue presentar a su mamá a Juan para que de ahí en adelante éste la cuidara. Ambos estaban angustiados por lo que había pasado a su Maestro y Jesús pide que se cuiden mutuamente.  Aun en la cruz, el Señor cuidaba las necesidades de las personas que amaba. Eso, sin hablar a la clemencia que extendió al ladrón en la cruz. No, el Señor no era una victima, sino victorioso. 

El cumplimiento de la Escritura                                                                                                   En el verso 28 (Juan 28), Jesucristo dijo sencillamente: “Tengo sed”. Al pronunciar esas palabras el Maestro estaba cumpliendo todos los detalles de las profecías. En el Salmo 69:21 leemos: “…para calmar mi sed me dieron vinagre”. Esa era la última profecía que faltaba ser cumplida. Tomaron una esponja y la empaparon en el vinagre, la pusieron en una vara y le dieron de beber. Al darse cuenta que se trataba de vinagre dijo: “Todo se ha cumplido (verso 30). Y en aquel mismo momento expiró.
¿Por qué murió Jesucristo? Murió para que se cumpliese las profecías. El propio se entregó a la muerte. Sabemos que así fue por sus últimas palabras. Cristo no dijo: He terminado mi misión, sino “Todo se ha cumplido”. Hasta el último momento Jesucristo mantuvo control de su vida. Cuando los guardas vieron para ver si estaba muerto, no le rompieron las piernas, porque ya estaba muerto. También porque “romper las piernas” no hacía parte de la profecía acerca de lo pasaría al Hijo de Dios.

Llega el sábado                                                                                                                         El verso 31 dice así: “ Los judíos no querían que los cuerpos permanecieran en la cruz el sábado, por ser éste un día muy solemne”. Como se trataba de  un sábado importante, los judíos pidieran a Pilato que les quebrara las piernas a los crucificados y bajaran los cuerpos. En el verso 33 dice que los soldados, al fijarse que ya estaba muerto no le quebraron las piernas. La preocupación de los judíos era legítima. Según Deuteronomio 21:22-23, no podían permitir que un cuerpo muerto estuviera expuesto en el sábado. Por eso le imploraban a Pilato que quitara el cuerpo de la cruz antes de las seis de la tarde, cuando empezaba la celebración de la pascua. La hipocresía de aquella gente era tan grande que apenas habían muerto aquel que era "el Señor del sábado” y ahora estaban preocupados en cumplir la ley en cuanto a aquel día. Al llegar al cuerpo de Jesucristo, encontraron que ya estaba muerto, pues quería que todo el mundo supiese que ya estaba muerto y que nadie le había quitado la vida. Él la entregó. Para asegurarse de que realmente había expirado, un soldado le abrió el costado con una lanza. Según Marcos 15:44, Pilato estaba muy sorprendido que Jesús ya había muerto.

El Mesías cumplió todas las profecías sin haber quebrado ni siquiera un hueso. En los Salmos hubo predicción y fue exactamente lo que aconteció. El Señor ya estaba muerto. ¿Pero cómo estaban seguros de que estaba muerto? Después de un tiempo de muerto, la sangre que existía en el cuerpo se separa, y por eso después de herir a Cristo en su costado, salió sangre y agua (verso 34) Salmos 69 describe la crucifixión. Empezando con el verso 20 leemos: “Los insultos me han destrozado el corazón”. Podemos decir que Jesucristo murió con el corazón partido.

Jesucristo desamparado                                                                                                          Pero la verdadera muerte de Jesucristo ocurrió cuando él se  separó de Dios, al decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Todo lo que pasaba durante la crucifixión el Señor lo tenía bajo control. Aun después de su muerte, se aseguro que no quebrasen su pierna porque el verso 35 (Juan 19) dice así: “El que lo vio ha dado testimonio de ello, y su testimonio es verídico. Él sabe la verdad, para que también ustedes crean. Esas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura. ‘No le quebrarán ningún hueso’ y, como dice la Escritura: ‘Mirarán al que han traspasado’”.                

Echemos ahora un vistazo a su sepultura. Si crees asombroso que Jesucristo controló su muerte, miremos su sepulcro. En el verso 38 leemos que el discípulo secreto de Jesucristo, José de Arimatea, pidió a Pilato el cuerpo del Señor. José, según los demás evangelios era un hombre rico, miembro del sanedrín y creyente secreto. De repente, José se dirige a Pilato para pedirle el cuerpo del Maestro.
Era las tres de la tarde y los judíos llevaban prisa en sepultarle antes del poniente, que era la hora en que empezaba el sábado judaico. También lo hacían para que se cumpliese las Escrituras. Aunque José fuera un discípulo secreto de Jesucristo, leemos en Marcos 15:43 que: “José de Arimatea se atrevió a presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús”. ¡Qué gran riesgo eso representaba para José, pues con eso pudiera haber perdido su reputación  su lugar de honor en el sanedrín. José era un hombre sabio, rico y también era consejero. Con esa osadía arriesgó perder todo lo que tenía. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué fue José de Arimatea quien  se encargó del cuerpo de Cristo? José poseía una tumba que se encontraba vacía. También, la tumba se ubicaba muy cerca al lugar donde tuvo lugar la crucifixión, para no pasar el tiempo que era limitado. Isaías 53:9 dice: “…Mas con los ricos fue en su muerte” (Reina-Valera).

El Señor necesitaba una tumba en el lugar correcto, y José la tenía. También era para tener una tumba que jamás había sido ocupada para que no hubiera confusión con otros cuerpos. José era la persona indicada para el cumplimiento de la Escritura.

Nicodemo                                                                                                                               En el verso 39 (Juan 19), encontramos a otra persona interesante: Nicodemo, quien había visitado a Jesucristo de noche, llegó con una gran cantidad de especias para ungir el cuerpo de Cristo. Nicodemo trajo lo suficiente como para ungir a un rey. ¿Por qué es que aquellos hombres secretamente arriesgaron todo para colaborar en la sepultura del Maestro? Nicodemo era uno de los mejores maestros de Israel. Y ese mismo maestro, con lo que h izo, comunicó a todos que Jesús era el Cristo (ungido).
En el verso 40 leemos que tomaron el cuerpo, lo envolvieron en lino y especias, según la costumbre de los judíos. Le sepultaron según la Escritura, sin que les escapase cualquier detalle. Otra vez vemos a Jesucristo controlando cada detalle de su sepultura. Cristo mismo dijo: “Tengo autoridad para entregarla, y tengo también autoridad para volver a recibirla” (Juan 10:18). Se refería a su vida.

¡Sorpresa!                                                                                                                       Pasemos ahora al capítulo 20 (Juan) donde encontraremos un relato acerca de la resurrección:
       “1Y el primer día de la semana María Magdalena fue* temprano al sepulcro, cuando todavía estaba*         oscuro, y vio* que ya la piedra había     sido quitada del sepulcro. 2Entonces corrió* y fue* a                 Simón Pedro y al     otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo*: Se han llevado al Señor del             sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto”. (1-2)

Eso denota falta de fe de parte de María. Enseguida, Pedro y Juan corrieron al sepulcro. Al llegar Juan se limitó en mirar hacia dentro, mientras Pedro entró corriendo en la tumba. Ambos vieron las vendas de lino y el sudario que cubría la cabeza del Señor. Si alguien hubiese robado el cuerpo no se detendría para quitarle la ropa. Jesucristo salió de las vendas y sudario sin esfuerzo y se marchó de la tumba sin que nadie se enterase. Eso era prueba que había resucitado de los muertos. Hasta el detalle de la ropa la controló Jesucristo. También entró el otro discípulo (Juan) quien vio y creyó. El verso 9 dice así:     “9Porque todavía no habían entendido la Escritura, que Jesús debía resucitar de entre los muertos”.

No habían estudiado la Escritura y por lo tanto no esperaban la resurrección. Pero creyeron en lo que vieron. Las dos prendas que dejó Jesucristo en la tumba fueron suficientes para convencer a los apóstoles que había resucitado. Este es el mensaje: Jesucristo, quien había entregado su vida, ahora volvió a recibirla. ¿Creen ustedes en eso?

“Yo soy…”
Dijo Cristo en casa de Marta y María:
    25Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, ¿Crees en esto?” (Juan         11:25)

Dijo Pablo:
    9que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre         los muertos, serás salvo;10porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa             para salvación. (Rom.10:9-10)

¿Crees tu esto? ¿Crees que Jesucristo resucitó de los muertos? Entonces debes confesar que Jesucristo es el Señor, arrepentirse de sus pecados, bautizarse para el perdón de los mismos y serás salvo. Así, al llegar la pascua ya no te entretendrán los conejitos o huevitos de chocolate. Para usted, aquel día será un recuerdo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Preguntas para meditación y repaso:

1. ¿Por qué es tan difícil que la gente crea en la resurrección?

2. ¿Es importante o no saber quien mató a Jesucristo?

3. ¿Qué celebraban los judíos el sábado?

4. ¿Cómo se explica que ahora en vez del sábado nos reunimos los domingos?

5. ¿Cuál era el motivo que hacía con que Cristo se sintiera desamparado?

6. ¿Fue Nicodemo el único de los líderes de los judíos que se convirtió?

7. ¿Cómo es posible que los discípulos no creyesen en la resurrección?

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