La providencia de Dios

 

Creo de todo mi corazón en la providencia de Dios. Creo que Dios decide tanto los eventos en nuestra vida como también lo que pasa en el mundo. Creo aun más, que Dios controla y guía los eventos de tal manera a bendecir a sus hijos. Es eso lo que quiero decir al hablar sobre la providencia divina. Esta opinión la expresaron hace muchos años en la Convención Constitucional de los Estados Unidos cuando Benjamín Franklin, el conocido estadista, se levantó y se dirigió al General Jorge Washington, en aquella época el presidente de la república, y dijo: “Señor General, he vivido por mucho tiempo, y ya no soy yo quien vive, y cada vez veo más pruebas de esta verdad: que Dios gobierna los negocios de la humanidad... si un gorrión no cae al suelo sin que él se da cuenta, ¿puede que haya algún imperio que se levante sin su auxilio?” Lo que Franklin dijo es algo que todos sentimos y admitimos que Dios gobierna los negocios de la humanidad.

¿Es esto razonable?
Si alguien nos pregunta, ¿Por  qué crees que Dios controla los eventos del mundo para beneficiar a los cristianos? La contestación debe ser esta: “Porque a mí me parece algo razonable”. Vivimos en un mundo creado originalmente para los seres humanos. De toda la creación de Dios el hombre ha sido siempre la obra maestra; los animales, las plantas y todo el mundo material está bajo su control. Dios creó el mundo para suplir las necesidades de los seres humanos. Es razonable suponer que Dios, después de haber creado al hombre y luego el mundo a su alrededor para el ser humano, se fuera y olvidara sus necesidades. 

Si nosotros, los padres estamos al tanto de las necesidades de nuestros hijos, trabajamos con mucha dedicación para proveerles el alimento diario y estamos constantemente ocupados con su bienestar, ¿no es infinitamente más probable que Dios, el que creó al mundo, continuará interesado en las necesidades de sus hijos? La conformidad de nuestro mundo, la semejanza de la naturaleza, contribuyen a lo que yo creo ser un argumento indispensable de que Dios continua al tanto de los problemas humanos.

El testimonio de las Escrituras
Quizás alguien haga esta pregunta: ¿Hay otras razones? Yo contesto: Si, la segunda razón que yo creo que Dios dirige los asuntos del hombre es que él propio lo afirma en el libro inspirado.

En Romanos 8:28 encontramos un pasaje escrito por el apóstol Pablo, inspirado por Dios y que dice así: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Hay en este breve pasaje por lo menos cuatro factores que se destacan, a saber:
    •    “sabemos” – no hay dudas que conocemos, no es cuestión de probabilidad o incertidumbre, sino un             conocimiento absoluto
    •    “todas las cosas” – no se trata de solo unos cuantos eventos en la vida sino todos
    •    “les ayudan a bien” – en que pesen las pruebas, tribulaciones y aflicciones, Dios no permitirá que             la maldad absoluta se apodere de ti. Aunque haya valles en la ruta de la vida, en el final habrá             la cima de un monte. El bien esencial del hombre lo anuncia en esta gran promesa. Dios a todos             ayuda a bien.
    •    “a los que conforme a su propósito son llamados” – No hay promesa, en este pasaje, a los que no             son cristianos, los que no se conforman con los propósitos de Dios.

El poder del amor de Dios
Más adelante, en el mismo pasaje de Romanos, encontramos aun más seguridad que el amor de Dios será manifestado en la vida de sus hijos. Lea Romanos 8:31-35; 37-39.
Es obvio que el apóstol Pablo abogaba que Dios cuidaba y continua cuidando a los suyos. También creía que nada en este mundo podrá separarnos del amor de Dios.
Pero hay otro pasaje, también escrito por Pablo a los creyentes en Corinto, que dice lo mismo: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:17-18) 

Los sufrimientos de este mundo a veces nos derrumba, pero cuando nos detenemos a pensar a quien pertenecemos y adonde vamos, recobramos el animo. Estamos en el camino de un hogar eterno en el cielo, y con la ayuda de Dios llegaremos allá.

El patrón incorrecto
Muchas veces fallamos en nuestras empresas por no confiar que Dios controla las actividades del hombre, sobre todo al ver sufrir a los que se dedican al Padre. A veces una persona mira alrededor y ve sufriendo un hombre honrado, dedicado a Dios. Quizás sea enfermedad o pérdida de un ser querido o cualquier otro tipo de dolor. Luego ve a otra persona prosperando, aunque que no sea justa. Entonces piensa: ¿Cómo puedo creer que Dios bendice a las personas buenas? Hay evidencia que no lo hace. ¿Cómo puedo creer en la providencia divina mientras la evidencia delante de mis ojos esté en contra de ello?

La respuesta está en que pensamos que el mundo es nuestro hogar. Pensamos que las cosas materiales como las riquezas, placeres, etc. sean las cosas más importantes en la vida. Al pensar de esta manera estaremos usando una manera equivocada de valorar las cosas. Nuestra lista de prioridades estará al revés.

El propósito principal de nuestra existencia es dar gloria a Dios y hacernos como él es, según nos sea posible como seres humanos. En este caso, podemos decir que todo lo que le separa de Dios es malo y lo que le acerca a Dios es bueno.

Al aceptar este patrón veremos los eventos del mundo de manera diferente. Es probable que tanto las riquezas, o poder, aun los placeres de este mundo sean estorbos en vez de auxilios. Quizás la pobreza sea mejor que las riquezas, según las palabras del Maestro en Lucas 12:15, que dicen así: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. El Señor también dijo: “Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Mateo 19:24). 

Con frecuencia el materialismo nos aparta de las cosas espirituales y pasan a ser maldición en vez de bendición, no solo por ahora sino por la eternidad. Las riquezas, el poder y los placeres no son necesariamente malos y pueden también ser bendiciones. Todo depende de nuestra actitud en cuanto a ellos, de cómo les utilizamos, si nos apartan o los acercan a Dios.

Es probable que ser sumiso sea mejor que tener control, como también es mejor estar enfermo que sano. Usted dirá: “¡No es posible!” Acuérdense que nuestra responsabilidad principal es honrar y glorificar a Dios. Una persona que pasa varios días en el hospital, con frecuencia e las cosas de manera más clara que cuando tenía buena salud y la vida libre de preocupaciones. No quiero decir que debemos gozarnos al enfermarnos, sino que si aceptamos la enfermedad de manera apropiada, puede ser una bendición.

El merito del sufrimiento
Es a través del sufrimiento que crecemos. Una persona que no ha sufrido es inmadura, pues no ha desarrollado su capacidad mental, emocional y espiritual. Es a través del sufrimiento que aprendemos cómo controlar los deseos de los ojos (1 Juan 2:16), de la carne y el orgullo de la vida. Cosas que antes parecían ser tan fascinantes, después de un periodo de crisis, cuando nos enfrentamos a las cosas reales de la vida, parecen tan frívolas como los adornos de un árbol de navidad.

Hay un pasaje en Hebreos 12:6-11 en que Dios dice que permite el sufrimiento por su amor hacia nosotros. Leámosla: “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”.

El rey David dio un testimonio semejante al pasaje mencionado y dice así: “Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos” (Salmos 119:71). 

He escuchado muchas veces, en mis visitas en las prisiones, a hombres que se han convertido después de su arresto. Cierta vez uno de ellos me dijo: “Doy gracias a Dios por haber sido preso. Gracias al tiempo que he pasado atrás de las rejas de la prisión he tenido tiempo para pensar en Dios, para estudiar y meditar su Palabra y hasta memorizar algunos versos. He podido también ayudar a algunos presos, a ver que sin Dios no hay esperanza en su vida”. Igual que el rey David, la humillación de la prisión ha beneficiado a aquel hombre. 

Dios controla las vidas humanas y al permitir que algo pase en mi vida o en la tuya que sea difícil soportar, es porque él nos ama. Él está por la humanidad, haciendo que crezcamos y nos fortalezcamos para que un día pasemos la eternidad con él.

Ejemplos de la providencia en la Biblia
Un predicador estadounidense del siglo pasado, J. W. McGarvey,  predicó muchos mensajes sobre la providencia divina. El primer sermón fue sobre José en el Egipto, en el Antiguo Testamento. Para concluir, después de explicar detalladamente la vida de José, hizo este resumen: “Por lo tanto, esta es una historia que ilustra bien la providencia de Dios y a través de ella él logra sus propósitos. La persona que estudia la historia de José y no se fija en la providencia de Dios, ha perdido la oportunidad de ver unos de sus grandes propósitos. Y esto es verdad también en la familia de Jacob, y quisiera arriesgarme y decir que se pasa en todas las familias del mundo; se extiende por la manera en que Dios interrumpe nuestros actos, y los de nuestros amigos, tanto los buenos como los malos, y nos encuentra al final de la vida preparados según lo que Dios dispone”. 

Cierta noche, después de narrar la historia de Ester, McGarvey hizo estos comentarios:
“Hace algunos días estuve en la feria de Chicago, donde vi una máquina de tejer que era una maravilla. Por una parte entraban hilos de varios colores y por otra salían tejidos en figuras muy lindas y de varios colores. Una de ellas decía: “Hogar, dulce hogar”. Y arriba de las letras estaba la música. Todo estaba tejido, incluyendo una casa de campo con árboles, niños jugando, y abajo letra y música, un hombre sentado con su cabeza apoyada en su mano pensando en su hogar distante. Todo salía de la misma máquina que hacía un ruido ensordecedor, pero sin el control de la mano humana. ¿Será que todo aquello era mera casualidad? ¿Sería el resultado de las circunstancias? Por más que lo intentase, no pude explicar cómo hacía, pero vi un patrón en una parte de la máquina, con varios agujeritos y me explicaron que aquel era el patrón que guiaba tan grande máquina y resultaba en aquel trabajo tan bello. No tuve problemas en creerlo. Ahora puedes persuadirme a creer que este trabajo magnifico salió del telar por casualidad, sin el auxilio de nadie, sin planes o dirección, ¿de la misma manera que puedes hacerme creer que esta cadena de circunstancias, de datos, resultado de las promesas fieles de Dios, la liberación de su pueblo, la logró sin él? Dios estuvo presente, mis hermanos. Y tal como me cuesta creer que todas las circunstancias difíciles en mi vida y en la de ustedes, que nos prepara y nos forma, que nos acepta aun cuando somos torpes y pecadores y nos transforma y nos ayuda a crecer hasta que estemos listos para la cosecha – ¿cómo puedo creer que todo lo hace el hombre o es por accidente y no hay la mano de Dios en todo esto?”

Dios gobierna las actividades de los seres humanos.

Una ilustración interesante
El conocido escritor inglés C. S. Lewis, cuyas obras han sido traducidas a varios idiomas, escribió un libro titulado “Milagros”, donde menciona el buen clima de la ciudad de Dunkirk que facilitó un número sorprendente de soldados británicos y canadienses a evacuar las playas antes de que los alemanes les capturaran. Dijo que estaba de acuerdo con los que consideran el clima de “providencial” aquel día y luego dio una ilustración de cómo funciona la providencia de Dios. Para Lewis la providencia divina es semejante a un novelista que prepara los eventos en su libro sólo que en una escala más grande. Leamos:

Supongamos que yo escriba una novela. Al hacerlo tengo que solucionar estos problemas:  (1) El señor “A” debe estar muerto antes del capítulo 15 (2) Es preferible que se muera de repente porque tengo que evitar que cambie su testamento. (3) Su hijo ( la estrella), debe mantenerse distante de Londres por lo menos en tres capítulos. (4) Mi héroe tiene que recoger a la heroína quien la perdió en el capítulo 7. (5) Cuanto al joven “B”, quien debe mejorar de salud antes del final del libro, necesita un choque moral para quitarle su orgullo. (6) No hemos decidido todavía que tipo de profesión ejerce “B”; pero todo el desarrollo de su personaje incluye también darle una profesión y enseñarle a trabajar. ¿De qué manera podré hacer las seis cosas? Creo que lo lograré. ¿Y si invento un accidente de ferrocarril? Con eso el señor “A” puede morir y así termina esta parte. De hecho, el accidente puede ocurrir mientras viaja a Londres a una cita con el notario para que le cambie el testamento. ¿Y puede haber cosa más natural que encontrarle a su hija? Haremos con que esté ligeramente lastimada en el accidente. Eso hará que no llegue a Londres hasta que queramos que llegue. También el personaje principal puede estar en el mismo tren y ser un héroe en el accidente al rescatar a la heroína de un vagón en llamas. Así arreglo el punto número 4. ¿Y cuanto al joven “B”? Haremos de él el ferrocarrilero cuyo descuido ocasionó el accidente. Eso hará que se espabile y le conectará a la trama principal. De hecho, al pensar en el accidente de ferrocarril, con un solo accidente resolveremos seis problemas a la vez”.

Enseguida el escritor se disculpó por las imperfecciones de la ilustración y luego el ejemplo que sugiere cómo tan divina invención maquinar la trama física del universo como para proveer una solución “providencial” a las necesidades de criaturas innumerables.

La única preocupación
Nosotros, si queremos podemos ser partes del plan de Dios y ser bendecido grandemente. Si luchamos en contra de su voluntad no tendremos esperanza de recibir bendiciones. Por lo tanto, al examinar todas las evidencias solo hay una cosa que debemos importarnos. No necesitamos preocuparnos tanto con alimentos, ropa, casa, pues Jesucristo dijo que “no nos afanemos por nuestra vida” (Mateo 6:25). No es por las cosas pasajeras que debemos inquietarnos sino que seamos considerados hijos de Dios. Esta debe ser la única preocupación de la vida de un cristiano, o sea, que hagamos parte de aquellos que aman a Dios. Dijo Jesús: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

Poco después el Señor afirmó: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21). Si amamos a Dios y seguimos sus mandamientos tenemos la promesa de su amor. Dijo Santiago: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos (Santiago 1:22).
Vivimos en el mundo de Dios. Él controla los eventos de este mundo según plan divino. Si somos sabios, haremos parte de aquel plan como una evidencia de nuestro amor y respeto por Dios. Tenemos la promesa divina que el Señor nos cuidará tanto en este mundo como en el más allá, que es eterno.

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